lunes, 11 de noviembre de 2019


REFLEXIÓN DE UN ABSTENCIONISTA.

Creo que lo llaman, no querías sopa, pues toma dos tazas. También cuadra con eso que dicen, que de tanto mencionar a la bicha, ésta apareció. Pero la puta bicha del extremismo, en todas sus formas, no ha aparecido sin más por una cuestión de mala suerte, o porque nos tengan manía. Tampoco ha aparecido porque un 30% de ciudadanos, entre los que me encuentro yo, se hayan abstenido de votar. Es la izquierda, que tanto se lamenta por el auge de la extrema derecha –aunque no tanto por el auge de otros fascismos localizados al norte y al noreste del país- la principal responsable de este desastre.
El patio trasero de la izquierda española estaba lleno de basura, tanta como en el patio de la derecha moderada. Camparon las ratas a sus anchas y crearon a su vez el entorno perfecto para que las bichas proliferaran. No son culebrillas de mordedura inocua, son áspides con buenas dosis de veneno en sus glándulas, bichas que quizá acaben con las ratas, pero que a su vez, morderán a quienes pretendan aliarse con ellas.
Sería una equivocación pensar que repentinamente, una buena parte del país se ha vuelto fascista. Es el pensamiento simplista que la izquierda nos quiere vender, para evitar hacer autocrítica sobre su mala gestión. Muchos desencantados con la izquierda, han pretendido ejercer un voto de castigo, reforzando las candidaturas de los crótalos, confiando en que acaben con las ratas. Mal asunto… más les habría valido no votar.
Soy partidario de limpiar el patio con una abstención masiva, para que ratas y serpientes mueran por inanición, y podamos plantar un huerto partiendo de cero. Parece que tras cada periplo electoral hay más personas convencidas de que la abstención es el camino. Cada vez hay más gente que no está dispuesta a tomar parte en esta farsa con máscara de democracia. La abstención masiva sí sería un “voto de castigo”. Votar solo supone aceptar el circuito cerrado de la corrupción.
A unos les trasladaríamos el mensaje de que no vamos a tolerar que tengan el patio hecho un estercolero en el que campen las ratas, por mucho que remuevan los muertos del 36, y nos engatusen con un feminismo rancio que no toleran las auténticas feministas, porque consideran que es un insulto a su inteligencia. Mi amada esposa es una de ellas. A los otros, les dejaríamos muy claro que no queremos serpientes en nuestro patio… machistas, xenófobos, racistas, separatistas, fascistas, terroristas…
Y para quienes consideran apestados a los abstencionistas, entre los que me encuentro yo, si los diputados, senadores y ediles de cualquier cámara u ayuntamiento pueden  abstenerse cuando votan, también podemos hacerlo nosotros. Además, el voto es un derecho, no una obligación. No se presten a confusiones, que no les tomen por idiotas.

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