Maduro se ha convertido en el payaso de la county
jail, en un tipo popular que se hace fotos con miembros de la DEA levantando
los pulgares. Para lo que ha quedado el jaguar de Caracas.
Delcy Eloína Rodríguez -la maletines- toma el relevo,
cambiando el rol de revolucionaria bolivariana por el de títere de Trump, esto
es; take the oil baby o te doy trastrás in the ass. Y Delcy, sumisa, lo invita
a “trabajar juntos”, el gobierno USA encima y el bolivariano debajo mirando pa
Cuenca. En otras palabras, la Eloína, que no la heroína bolivariana, traiciona
al payaso de Maduro pero sobre todo a los pobres desgraciados que, por una
paguita miserable, lo aclaman a los cuatro vientos.
Entre tanto, Corina se queda con el corazón partío con
cara de esto qué e lo que e, heartbroken que diría uno de Arkansas, mientras
sus seguidores, aún afectados por lo vertiginoso de la acción, bailan el joropo
creyendo que la cosa se ha hecho para devolverles la libertad, pobres ilusos.
El panorama internacional, ya se sabe. Abierto el
melón, aunque en realidad ya se abrió con la invasión de Ucrania, Rusia y China
se frotan las manos, tiburones que acuden a la sangre vertida en aguas del
Caribe.
Y en nuestro país qué. Pues nada, el gobierno protesta
con la boquita pequeña, sin pasarse, porque como la cosa salpique más de la
cuenta, van a tener que constituir un juzgado exclusivo para abordar todas las
causas que tienen abiertas.
Las derechas, entusiastas del trumpismo, también con
la boquita pequeña en lo que al entusiasmo se refiere, porque a ver cómo
explican a Corina que la que se queda en Venezuela es Eloína y que después del
petróleo venezolano tocará rebañar el petróleo de Groenlandia, que es de
Dinamarca, que es Europa.
Y las izquierdas izquierdosas, histriónicas y
contradictorias que te rilas, pidiendo la cabeza de Trump… con qué armas. ¿Van
a amedrentarlo tapando las ojivas nucleares con rosas, al estilo de la
revolución lusa? O van a hostigar a la Casa Blanca con una oleada de batucadas.
Y yo qué… Constatando que el mundo está regido por
trileros sin escrúpulos, hace tiempo que me ocupo exclusivamente de proteger mi
metro cuadrado vital y el de mis seres queridos. Ni tengo edad para
revoluciones, y si la tuviera, pasaría de ellas, pues tantas que hubo y aquí
seguimos, con la puñetera casa sin barrer. Cuando suenen tambores de guerra,
calaré la bayoneta y defenderé como pueda ese metro cuadrado, con mi piel por
bandera. Entre tanto, a ver qué nos depara esta serie al más puro estilo
latinoamericano sobre conmociones, traiciones, decepciones, payasos,
abusadores.