viernes, 29 de marzo de 2024

COMO POLLOS SIN CABEZA

Hoy día la gente viaja como pollos sin cabeza. Emprenden el viaje pensado en el siguiente, y entre viaje y viaje, depresión. Ya no existe el factor sorpresa, ni siquiera parece que lo busquen. Van a donde van todos, en tromba, mismos escenarios, mismas fotos, saturación de aforos. Todo está geolocalizado, planificado con patrón estándar, guiado para ser conducidos al paisaje viral de turno.
La población de las ciudades turísticas es desplazada a la periferia porque los alquileres y el precio de las viviendas se dispara. Los bares de toda la vida se transforman en “gastrobares” y estrellas Miguelín, y los locales de los comercios en alojamientos turísticos. La vida se encarece, las poblaciones se vuelven ruidosas por las noches, no hay descanso para sus habitantes.
Los parajes naturales se convierten en parques temáticos, se asfaltan las veredas, se escalonan los desniveles, los paneles informativos y los vallados afloran como champiñones en la umbría. Los rastros de basura llegan hasta las cimas más altas, y la gente hace cola para coronarlas.
Estelas en el cielo, a porrón. En vez de señalar lo evidente, el tránsito de millones de turistas de un lado a otro del planeta, lo achacan a los “chemtrails” y las conspiraciones cósmicas, cuando todo es más fácil de determinar que eso, se trata de turismo masivo. Y con los turistas, el tránsito de cepas víricas, que se desplazan por el planeta como nunca.
Puestos de trabajo precarios, de muchas horas en el tajo por sueldos mínimos, y muchos días en el paro fuera de temporada. Ya no se admite a los viejos y dignos camareros de antaño, no es país para viejos, solo buscan jóvenes al límite de sus recursos, que tienen que vivir con sus padres o compartir piso, incluso cama en una terraza.
Los recursos naturales explotados al extremo, el consumo de agua y electricidad superando las capacidades de las poblaciones, las depuradoras no dan a bastos, los vertederos de basura tampoco. La lista de despropósitos se hace interminable, pero lo más grotesco de todo es que lo denominen “turismo sostenible” y que la gente se queje de que el planeta se va a la mierda, pero que no haga lo más mínimo para evitarlo… como pollos sin cabeza.

 


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