viernes, 13 de noviembre de 2020

CELA Á CARGAO

 “Cela á cargao”. A la ley de educación me refiero. Tanto, que eso de “cela á cargao” podría escribirlo tal cual, un alumno aventajado resultante de los efectos producidos por la nefasta Ley Celaá, sin lugar a dudas, la más letal para la educación de las ocho leyes redactadas hasta ahora, que ya es difícil.

Le mete una puñalada a la lengua de Cervantes,  que se extiende por el planeta en la misma progresión que en España se aniquila, y fomenta la promoción de los mediocres, dándoles la oportunidad de pasar de curso pese a no superar los exámenes. Y eso en nombre de la defensa de la enseñanza pública de calidad. Manda ovarios.

De paso se cepilla las ayudas para la educación concertada, que a quien afecta no es  precisamente a la gente pudiente, pues éstos podrán seguir accediendo a la educación privada, como las hijas de la propia Ministra Celaá. Con eso consiguen marcar la diferencia entre una educación de élite para los privilegiados como Celaá, y el desgraciado de Manolo el panadero, que tiene que contentarse con llevar a su hijo Bartolo al colegio público de su barrio, donde lo de menos es esforzarse para pasar de curso. Y es que las élites, que ahora se denominan progresistas, quieren al hijo de Manolo ignorante para que sea más fácil de gobernar.

Y el remate. Al carajo la educación especial. Porque los niños y niñas con problemas de ese tipo tienen que integrarse a hierro y fuego en colegios o institutos donde a día de hoy han convertido el acoso en deporte nacional. Todo muy igualitario.

Y todavía habrá quien se crea a pie juntillas que este gobierno es progresista.

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