miércoles, 11 de agosto de 2021

EXPERTOS EN AHORRO ENERGÉTICO

 

Expertos en ahorro energético. Se han puesto de moda. Ellos con sus “trucos” para ahorrar energía en pro de la supervivencia del planeta. Hoy he desayunado con uno de estos, un tal A.N. Para la conexión con la cadena de TV de marras, en la que interviene puntualmente, salió vestido con estilo ocasional. O algo asín. Pantalón sport blanco, polo negro con un logo a la altura de la patata. Una N para ser más preciso. Dejaba claro que era su marca y que su marca era él.

Intervino muy dinámico y locuaz, con pose estudiada, dándonos a conocer los “trucos” para conseguir bajar la temperatura 10ºC en el interior de nuestras casas ahorrando energía. Estos espectaculares trucos eran; ventilar la casa a primera hora, bajar las persianas, compartimentar la casa cerrando puertas, no poner el horno ni la secadora durante el día, encender el extractor de la campana de la cocina para sacar el aire caliente, usar ventiladores… y cosas por el estilo.

No voy a entrar en analizar cada “truco” punto por punto porque no acabaría, pero según el señor experto de la N en pecho, si los que viven en Sevilla, Córdoba o Toledo se asan en sus casas, es porque quieren. Fue la presentadora del matinal, la que apuntó el detalle, pero con menos ironía.

-¿Usted cree que esas medidas serían efectivas en Córdoba?- Preguntó.

La respuesta del señor ilustrado en materia de ahorro energético fue maravillosa. Una auténtica revelación. Dijo.

-En ese caso, el uso del aire acondicionado sería imprescindible. Yo vivo en Barcelona y tengo un aire acondicionado con tres splits, y ahora estoy fresquito en mi casa de la sierra.

Un crack el señor N de Navarrete. Y es que, con un aire acondicionado con tres splits y una casa en los Pirineos, cualquiera es experto en esa materia. Si viviera en Córdoba, con un ventilador de tres palas, sin campana extractora en la cocina, con temperaturas de 35º por la noche y 47º a la sombra durante el día, sin correr una brizna de aire, otro gallo le cantaría al señor N. Por cierto ¿Quién pone a funcionar una secadora en Córdoba en pleno verano? Le faltó decir que no encendiéramos la estufa, con la de calor que da eso. Lo más grande es que el señor N vive de eso. N de “no me lo puedo ni de creé”.

 

 

lunes, 5 de julio de 2021

ACTO DE FE

 Me dio por probar el micrófono de búsqueda de Google. En el primer intento, y por poner la búsqueda sencilla, dije BARCA. El buscador de Google entendió MARCA, y me mostró las últimas noticias deportivas publicadas por el periódico de marras.

Pensé, no me habrá pillado el tono de voz. Así que procedí a darle una nueva oportunidad.

Volví a repetir, BARCA. Para mi sorpresa, en este intento el resultado de la búsqueda de Google volvió a estar relacionado con el deporte. El navegador me mostró las últimas noticias relacionadas con el Fútbol Club Barcelona (El Barça). Mí no entender porque, que yo sepa, se pronuncia Barsa, no barca.

Y dicen que los coches circularán solos acatando nuestras órdenes de voz. Habrá que tener fe ciega. Como si lo viera, le ordenas al coche “PARA” entiende “CARA”, y mientras te hace un selfie, te despeña por un acantilado. El hijo de puta.

miércoles, 30 de junio de 2021

INCENTIVANDO A LA MUCHACHADA.

 Llegué harto de coles del currelo, y cometí el delito de encender la TV para ver el noticiario. Titular:

“Bélgica llevará DJs (pinchadiscos de toda la vida) para animar a los jóvenes a que vayan a vacunarse”

Y en las imágenes, un escenario con un mezclador de música de mierda para el pinchadiscos, con foquitos led de colorines y demás. Chúndala que chunda, chimpún chimpón, que no pare la fiesta de la vacunación.En el mismo sentido, en Grecia les pagarán por vacunarse a modo de incentivo. Y en esa línea, algunas iniciativas más en otros países. Miedo me dan las iniciativas que puedan surgir en España por parte de la peña que nos gobierna.Y es que, vacunarse es un sacrificio demasiado grande para la muchachada. Prueba de ello, las imágenes que sacaron de una jovenzuela belga diciendo ay, pero en flamenco, cuando le dieron el pinchacito. Pobrecita. Qué doló.

Veo bien que incentiven a la muchachada, qué diablos. Son tan sacrificados, sacrificadas y sacrificades, que hay que compensarles por su entrega y su compromiso con la sociedad.  Incluso vería bien que recibieran atención psicológica, antes y después de la inoculación de la vacuna. Que prolonguen la terapia unos meses, con revisión posterior cada año, no sea que sufran una recaída emocional por el trauma que provocan las vacunaciones. El síndrome SOGIDEN (Soy Gilipollas de Nacimiento) puede causar estragos si no se hace nada.

Pensándolo bien, que los vacunen con la que más duela. Y después, que les den herramientas para abrir cortafuegos en el monte en pleno verano, supervisados por una versión del sargento Hartman, pero de Algatocín. O eso, o nos vamos a la mierda sin remisión en dos décadas, tirando por largo.

martes, 29 de junio de 2021

VARAS DE MEDIR EL SUFRIMIENTO

 A mí, como a tantos de mi generación, un día me llegó una carta oficial. Venía a decir a groso modo; “Preséntese el día tal a la hora cual en la Comandancia de Marina en Cádiz. De no presentarse, prisión militar”.

Allá que fui por cojones, y a las pocas horas de recibir una cartilla a la que llamaban “la blanca”, me “secuestraron” unos tipos muy altos a los que llamaban  calimeros, y me metieron con otros cientos de secuestrados, en un tren con destino al hotel CEIM de Cartagena. Oye, y sin dar explicaciones a mi madre.

Me pelaron al cero, me dieron ropa de color verde, y a partir de aquel día, me pusieron a marcar el paso y a revolcarme por el lodo entre detonaciones, canciones absurdas y gritos en la oreja. Y luego a lavar la ropa, jope, y que quedara impoluta. Tras varios meses de secuestro en Cartagena, me cambiaron de “hotel” junto con alguno de mis “consecuestrados”, trasladándonos a las playas del sur. De veraneo, decían, aunque aún era invierno.

Allí nos llevaron de crucero en buques de guerra en los que, en las navegaciones con temporal, los vómitos y los excrementos flotaban en agua mezclada con orines. Nos mareaban durante tres o cuatro días por el Golfo de Cádiz, o por el Estrecho de Gibraltar, y después nos soltaban de mala manera en la ensenada de Zahara de los Atunes, a bordo de lanchas que casi nunca llegaban a la misma orilla. Con lo que jode mojarse entero en noviembre.

A partir de un lugar llamado cabeza de playa, nos llevaban de excursión al monte. Primero nos trasladaban muy lejos a bordo de camiones o cacharros que volaban, de los que nos hacían bajar en marcha. Siempre con prisas, siempre a gritos, susórdenes, y demás. Después nos hacían regresar al punto de partida a pie, pero dando muchos rodeos, y con muchos sobresaltos por el camino. La línea recta era una utopía.

Caminábamos siguiendo a un tipo con estrellas, día y noche, sin apenas comida, con lo justo de agua, sobrados de sueño, con lo puesto, durante días y días, y más días y más noches. Hedor a humanidad, olor a salitre, a aceite de armas y pólvora, a fogata y a romero. Y muchas ampollas en los pies.Y así, durante 18 meses, secuestrados sin chistar, sin llamar a los papás o a las mamás, sin que hubiera más pandemia que la llamada “todo por la patria”.

A pesar de aquello, salvo algunos pobres diablos con muy mala suerte, la mayoría salimos airosos. Incluso reforzados. Muchos, aprendimos sobre la vida a marchas forzadas, e incluso disfrutamos, a pesar de los muchos momentos adversos. Fueron precisamente los momentos adversos los que forjaron la camaradería entre los compañeros de bien, y el tamiz que separaba a los infames de condición.

No es que fuese una situación idílica. En realidad, era una putada colosal. Pero tuvimos la capacidad de darle la vuelta a la tortilla. Nos recompusimos, y logramos extraer agua, de lo que en principio era lodo. Muchos aún se reúnen para rememorar aquellos tiempos, aunque no es mi caso. Soy rarito para esas cosas. Prefiero dejar el pasado tal como está, guardado en una urna, que luego la gente cambia y llegan las decepciones.

 Y ahora veo en las noticias a la muchachada que se dice “secuestrada” en los hoteles de Mallorca. Decidieron aventurarse a la exposición del puto virus, solo por saciar sus ansias de diversión, y ahora no asumen los riesgos. Les dan de comer, que por malo que sea el rancho, será infinitamente mejor que la bazofia que nos daban a nosotros cuando tocaba comer. Tienen camas, que ya hubiéramos querido en tiempos en los que, con suerte, dormías en una litera, y digo con suerte, porque lo normal era dormir al raso en terreno duro y espinoso, o tirado entre petates y mamparos de un buque. Tienen Tv y tienen sus móviles para conectarse con papá y mamá, y con las putas redes sociales, para convertir en virales sus lloriqueos. Pobrecillos, illas, elles.

“Secuestrados” por 10 días, por el bien de la sociedad, que incluye a sus familias, y no por ese concepto abstracto e impreciso del “todo por la patria” por el que, en mi caso, me retuvieron durante 18 meses y un día. Encima hay que compadecer a la chiquillada, mientras sus papis y sus mamis sufren el atroz cautiverio de sus “pequeños” en un hotel. Tendrían que haberse planteado, puestos a tutelar, si era conveniente dejarles salir de viaje a un destino en el que se vendían todas las papeletas para contraer el puto virus, o quedar atrapados por el caos que trae aparejado. Si al menos fuesen capaces de asumir las consecuencias de sus actos…
Está claro que las varas para medir el sufrimiento varían con el paso del tiempo, lo que no tengo claro es si eso es bueno o es malo. Va a ser malo, me temo. Cada vez peor, sobre todo para ellos, ellas y elles.

 

 

 

jueves, 24 de junio de 2021

PUNTO VERDE, PUNTO ROJO.

 Esta mañana fui a un organismo público para realizar una gestión. Debido a las medidas de contención de la COVID, la entrada a las oficinas estaban reguladas por un guardia de seguridad, ante el que había que identificarse para comprobar que estaba inscrito en la cita previa.

Así procedí, y tras hacer la verificación, el guardia de seguridad me dijo - Échese gel y pase a un punto verde.

Al pronto me quedé pillado con lo del punto verde. Esperaba que me dijera pase a la mesa tal, o a la mesa cual, o que esperara en la sala para tal efecto. Pensé, a ver si me ha tomado por un deshecho y me manda a una sección de reciclaje. Será por la edad.

Para asegurarme, volví a preguntarle, y entonces matizó

– Pase y siéntese en una silla que tenga el punto verde.

Eso tenía lógica, pero resultaba tan obvio, que hubiera bastado que hubiera dicho que esperara mi turno sentado en una silla. Después caí en la cuenta.

Había dos personas en la sala de espera. Una sentada en la primera silla, marcada con un punto verde, y otra sentada justo al lado, obviamente marcada con un punto rojo. Si me hubiera sentado en la silla siguiente marcada en verde, no hubiera cumplido el objetivo de la norma de mantener la distancia de seguridad. Como tengo iniciativa elemental, al parecer una cualidad escasa en estos tiempos, procedí a sentarme en la silla marcada con punto verde de más allá, dejando dos sillas entre esas personas y yo.

Después pensé. Manda narices que a estas alturas haya que explicarle a la gente lo de mantener la separación, en este caso en una hilera de sillas perfectamente diferenciadas. Punto verde sí, punto rojo no.

También me planteé la labor del guardia de seguridad, ya que, siendo consciente de la anomalía que se estaba produciendo, no intervino. Aunque teniendo en cuenta lo “sensible” que se ha vuelto la gente cuando se les conmina a que cumplan con las normas, puedo entender que el guardia se hiciera el sueco, porque para lo que le pagan, y el respeto que tiene la gente a la autoridad, no merece la pena exponerse a follones.

Esto es, punto verde y punto rojo a elegir, y punto en boca por si las moscas, no sea que se revolucione la jauría, masacren al empleado, y encima acusen al “segurata” de abuso de autoridad.

martes, 1 de junio de 2021

SEGUNDA DOSIS

 A vueltas con la Pifia. Esta vez la sanitaria era un poco más alta. Abordó decidida mi hombro de hombre, y estocó en un plis plas sin causar el mínimo dolor. Si acaso con umbral equivalente al de un cólico nefrítico. Pecata minuta. Esta vez tampoco me senté. Sentarse es de blandengues.

En cuanto a las reacciones, en esta ocasión no me ha crecido el cuerno de rinoceronte en la frente, ni se me ha puesto el brazo izquierdo como el de Popeye. Eso sí, se me ha descolgado el cojón izquierdo. Considerando que el cojón derecho se me descolgó con la primera dosis, parece claro que es una reacción de mi sistema inmunológico de los cojones, al virus. Al menos ahora voy equilibrado.

Mis ojos han vuelto a ponerse como los de Marty Feldman, con la novedad de que estoy experimentando la capacidad de detectar gilipollas en un radio de 200 metros. No sé si considerarlo como un super poder, o una maldición. A ver si se me pasa.

Por lo demás, todo anormal. Si hubiera algo normal, empezaría a preocuparme seriamente. Os dejo, que me estoy meando por las orejas. Otro efecto secundario. Pero no temáis, vacunaros lo antes posible. Y recordad. Si sois altos y blandengues, y os va a pinchar alguien bajito, sentaos para que no os la metan doblada. La aguja, o lo que se tercie.

 

 

lunes, 17 de mayo de 2021

LA OBSERVADORA DE HUEVOS (DE CHORLITEJO).

 


Como diría aquel humorista andaluz ya fenecido, esto es un caso verídico. Charlando con una buena amiga, voluntaria en una asociación enfocada a la protección del hábitat del chorlitejo, ave que anida confiada en nuestro litoral arenoso, me contó lo siguiente.

Ubicada en cierta zona de playa, que omitiré por el bien de los chorlitejos, observaba con prismáticos una puesta de huevos, con tan mala fortuna, que en su campo de observación se interponía un nudista con los huevos propios dorándose al sol. Digo con mala fortuna, porque resultó ser un nudista indignado, esa afección que en estos tiempos asola a una sociedad pusilánime y con la piel muy fina. Excepto para carbonizarla al sol y aspirar a un cáncer de piel.

Cuando la vio oteando con los prismáticos, aparentemente en su dirección, el nude de los cojones al sol se sintió observado y se molestó. Se levantó y se dirigió hacia ella, visiblemente indignado (estadio grave de la enfermedad), reclamando su derecho a practicar nudismo sin sentirse observado, tal y tal. Lo de reclamar derechos para sí, sin considerar los derechos de los demás, también está muy extendido, pero no nos desviemos del tema.

Mi querida amiga, persona formada y templada, habituada al trato con don de gentes, le explicó con amabilidad que no le observaba a él (“morsegaba”, como diría uno de Cadi Cadi), que lo que estaba observando era un nido de chorlitejo que se encontraba en las inmediaciones. Le dejó los prismáticos para que lo comprobara con sus propios ojos, y de paso le explicó sus labores como voluntaria, entre las que se encuentra la de concienciar a las personas que transitan la zona, sobre la conveniencia de respetar el entorno durante la época de cría.

Las hembras de chorlitejo no toman especiales precauciones cuando hacen sus puestas, quedando los huevos muy expuestos. Cuando las playas eran vírgenes, eso no suponía un problema, pero desde que se están masificando con presencia humana, estas aves, como tantas especies, están en peligro de extinción debido a la destrucción de sus puestas. Con buenas palabras y mejor didáctica, el nudista indignado se sintió como un imbécil, y se marchó con sus güevos a otra parte.

De haber sido yo le habría dicho sin más, que estaba observando los huevos que había puesto un pajarito…

Probablemente el nude indignado lo habría interpretado erróneamente, y el fin de esta historia habría sido sustancialmente diferente, dando lugar quizá, a la destrucción de un par de huevos expuestos, no de chorlitejo precisamente. A ver si va a resultar que los únicos que tienen derechos son los nudistas, y que los chorlitejos o los observadores de los mismos se la van a tener en enfundar por no molestar a los que doran sus cojones al sol.

 

 

martes, 11 de mayo de 2021

PRIMERA DOSIS

 

Me han puesto la Pifia. Me tocó una sanitaria bajita, que apenas llegaba a mi hombro. Por esa razón me la metió doblada. La aguja. Culpa mía, por no sentarme. Sentarse es de blandengues.

No dolió más que un cólico nefrítico, así que, tranquilidad. En cuanto a las reacciones, parece que me está creciendo un cuerno de rinoceronte en la frente, y tengo el brazo izquierdo como el de Popeye. Lo normal en estos casos. Cuando me vacunaron contra la poliogilipollitis C, me pasó lo mismo. El cuerno se caerá con el tiempo, y el brazo recuperará su volumen normal.

Lo que me escama es que se me ha descolgado el cojón derecho, aunque eso puede ser consecuencia de que me los están tocando desde hace mucho tiempo. Lo que no tiene explicación es lo de los ojos. Los tengo fuera de las órbitas, como si se me hubiera roto la escafandra y me viese expuesto a la atmósfera cero. Como los ojos del actor aquel… Marty Feldman.

Por lo demás, todo normal. No hay motivo para preocuparse. Bueno, os dejo que ha llegado la UVI móvil y me tienen que meter un chute de epinefrina, que se me ha enfriado la oreja izquierda y no reacciona. No temáis, vacunaros lo antes posible. Sentaros si sois de estatura elevada, para que no os la metan doblada. La aguja.

 

jueves, 6 de mayo de 2021

LA ILUSIÓN DE VACUNARSE

 

El martes me vacunan. No quepo de gozo. Solo de pensar en ello experimento una erección. En las orejas. Estoy encantadísimo de la muerte de que me inoculen las cagadas de virus para que mi cuerpo serrano las somatice. Además, es un puntazo que te peguen un puntazo. En el hombro, hombre.

Por si fuera poco me darán un pasaporte sanitario. Qué ilusión. Podré viajar con él desde El Puerto de Santa María a Cádiz, pasando por Puerto Real sin escalas. Incluso podré ir a Trebujena a ver cómo otros comen angulas. Comerlas yo como que no. No tengo parné para eso.

Pero ¿Y el gustazo de vacunarse? Eso lo compensa todo. Home… vacunarse no tiene parangón. No me vacuno de nada desde la mili, y eso es una injusticia. Necesitaba una vacuna como el comer angulas.

Ya lo visualizo… ponga el hombrito hombrecito. Algodoncito con alcohol, estocada entera hasta la bola, e inoculación del brebaje mágico. Una experiencia religiosa.

Si estaremos mal, que ya nos ponemos cachondos aunque sea por una vacuna.

LA IZQUIERDA HACIENDO AMIGOS

 

La izquierda haciendo amigos en Madrid. Es lo más sensato que se les ocurre para recuperar votos, insultar a los votantes. Lo de hacer autocrítica y aceptar la derrota con profesionalidad no va con ellos. Lo más sensato para esta peña es ningunear a la mayoría que se los ha cepillado en las urnas con una participación abrumadora. Tacharlos de ignorantes, de borrachos, de fascistas, e incluso de nazis, que ya hay que ser mezquino para hablar de nazismo con tanta ligereza. Vallecas ya no es lo que era para esta “élite intelectual” han pasado de ser el pueblo, a ser unos indignos apestados. Ahora se entiende lo de Galapagar. Qué  mal perder, qué poca gallardía y qué cortedad de miras.

Los enemigos de la izquierda son ellos mismos. Se la han cargado con sus malas artes, con su incompetencia y con su mala leche reconcentrada, que converge con la mala leche reconcentrada de la extrema derecha. Se han convertido en el Red Bull de la derecha, dándoles alas.

Decir que se jodan por perder las elecciones es una gilipollez. Se han asegurado el sustento para los restos y van a vivir como curas a costa nuestra a pesar de los destrozos que están provocando en todos los órdenes. Lo más grotesco del asunto, es que están convencidos de que tienen la autoridad moral e intelectual, de que están en posesión de la verdad absoluta, y dan a entender que quienes no están con ellos, están contra ellos. Se lo han puesto a huevo a la derecha.

Quien se jode es la ciudadanía, y dentro de ella, muchos votantes de izquierdas desencantados desde hace demasiado tiempo, que dejaron de votar cuánto menos. Los han dejado sin alternativa. Nos han dejado sin alternativa. Se han cargado los ideales a conciencia y van a conseguir que consideremos un privilegio que nos tachen de fascistas.

 

jueves, 8 de abril de 2021

 

QUE OS DEN.

Después de 36 años fiel a la “causa”, a pesar de haber dado más de lo recibido, entregué la tarjeta, que fue destruida delante de mis narices casi con desdén. Como colofón, tocó liquidar una vez más, apoquinar en vez de recibir quizá un Rolex de imitación como premio a la fidelidad. Qué menos. Fue un proceso frío y rutinario, ejecutado por una cara desconocida, la nueva estrategia de empresa para no crear vínculos emocionales que compliquen las operaciones incómodas cuando tratan con la clientela de base.

Para la élite del parné tienen tratamiento especial, las gestiones se resuelven en un cómodo despacho VIP, no de pie frente a la caja como en mi caso, atendido por una empleada adusta y desganada. Aquí tienes el certificado, hasta más ver… Como el que ha comprado un cartucho de pipas en un kiosco de otro barrio.

Hablo de una sucursal bancaria evidentemente, del SANTANDER para más señas, el de la familia que tiene un apellido que les viene al pelo, Botín. Con ellos, y con ella al frente, a menos dinero, más comisiones. Del orden de ochenta y tantos euros trimestrales, más de lo que cuesta al año un seguro de automóvil a todo riesgo. Ese dineral solo por tener domiciliada la nómina y el pago de un par de servicios básicos, por ingresar y sacar dinero sin haber tenido números rojos durante esos 36 años.

Recuerdo cuando las cosas iban bien, cómo intentaban engatusarme para que “moviera el dinero” comprando sus productos. Solo caí, por lo pesaos que fueron, abriendo un plan de pensiones cuando nadie leía la letra pequeña. Confiaba en las caras amables que me trataban de tú como si fuese de la familia, aunque en el fondo no me lo creyera; son un banco, no hermanitas de la caridad. Pero había cierto trato y ciertos códigos de confianza. Mas, con el paso del tiempo, las tornas cambiaron y descubrí que el plan de pensiones, en vez de crecer, menguaba. Lo paralicé, y al mirar con lupa la letra pequeña, pude leer a duras penas la palabra “variable”. Esto es, jugaban con mis ahorros. Si salía bien ganábamos todos, ellos mucho más que yo, y si salía mal, las más, solo perdía yo. Últimamente, con la que está cayendo, solo perdía.

Uno es gilipollas, pero hasta ciertos límites, así que acabé buscándome un banco con menos nivel de depredación, y lo primero que hice fue traspasar lo que me quedaba del plan de pensiones, asegurándome de que en el nuevo me lo dejaran como renta fija. Es una mierda de renta, pero al menos me aseguro – aunque con los bancos nada hay seguro- de que no devoran lo poco que me dejaron las otras hienas.

Tan pronto hice el traspaso saltaron las alarmas del SANTANDER, aú aú, y me llamaron sus esbirros. Aunque a estas alturas seas un cliente de mierda, no deja de ser parné que se escapa por los imbornales.

-   Qué tal señor Arroyo ¿Ha dado orden de traspasar su Plan Mierdasantanter a otro banco?

-   Por supuesto.

-   ¿Y a qué se debe?

-   A que el plan me lo están hundiendo en la miseria. Además, ustedes me cobran comisiones por un tubo que no puedo asumir.

-   Ah ¿Pero le cobramos comisiones? – dijo la hideputa, como si no lo supiera.

-   Pues sí, del orden de 340 euros al año y subiendo.

-   No podemos devolverle las comisiones cobradas, pero podemos no cobrárselas en adelante.

-   Pues llegan tarde, ya no hay vuelta atrás, no es nada personal, ya sabe… Además, el paso siguiente va a ser cancelar la cuenta, a mí no me saquean más como agradecimiento a mis 36 años de fidelidad -Con su puta madre, para mis adentros.

Y Y así ha sido. Cuenta cerrada, liquidada, finiquitada, eliminada. Que los Botín se ensañen con otros mercantes desarbolados, que éste prefiere hundirse sin arriar la bandera, a ser preso y remolcado a la guarida de esos corsarios sin escrúpulos que trabajan con la patente concedida por el Estado, que ya se ocupó de lanzar una andanada de leyes para que no podamos guardar el parné debajo de un colchón, y tengamos que tratar por cojones con estos bucaneros. Que os den BANCO DE SANTANDER.

 

 

 

 

 

jueves, 18 de marzo de 2021

UN PUNTITO DE MIEDO

 En relación con esta pandemia, hay quien justifica sus imprudencias recurriendo a la manida frase de que hay que vivir la vida prescindiendo del miedo. Y acerca de esa palabra tabú, miedo, quería hacer una reflexión aprovechando mi actividad onírica reciente.

Anoche soñé que le decía a alguien, mejor que sientas miedo estando vivo, que no sentirlo por estar muerto. O algo así. Y creo que mi subconsciente tiene razón. El miedo es parte intrínseca de todas las especies del reino animal, desde las más tímidas o acobardadas, hasta las más agresivas. Es elemento clave para el éxito de su supervivencia, el disparador de la adrenalina necesaria para la defensa y el ataque.

Por suerte para el ser humano, tenemos la capacidad de discernir entre el miedo infundado que pueda sufrir cualquier otro ser vivo en un momento dado, y el miedo justificado ante la inminencia de una situación peligrosa. Tenemos esa capacidad, si tenemos los conocimientos necesarios, claro está. Por la misma razón, tenemos la capacidad de controlar el miedo evitando que derive en terror. El miedo bajo control nos permitirá afrontar del mejor modo posible una situación peligrosa, porque será el miedo quien la reconozca como tal, y será la calma la que tome cartas en el asunto.

Así que Juan sin miedo no es ningún valiente, es un temerario, un engreído insolidario que crea situaciones de riesgo que paradójicamente tienden a poner en peligro a los demás. Generalmente, cuando el lobo trinca por sus partes a Juan sin miedo, poniéndole de manifiesto la cruda realidad antes de darle matarile, pasará directamente de la ausencia de miedo, al terror; ojos desorbitados con las venas a punto de reventar, pérdida de fluidos corporales, clamando por su vida y pidiendo un cura para salvar su alma aún habiendo sido ateo.

No se trata de vivir acobardados, pero hay que hacer caso razonable a los miedos razonables, para afrontar los riesgos razonablemente. Mejor un puntito de miedo en vida, que un Juan sin miedo muerto prematuramente.

 

 

 

viernes, 15 de enero de 2021

LÍNEA DE MUERTE

Andan de reformas en la casa de enfrente. Un primer piso.  Están cerrando la terraza parcialmente para incorporarla al salón. Levantaron uno de los tabiques, y quedaba repellarlo por la parte exterior. Con el tabique aún fresco, los albañiles apoyaron una escalera sobre el mismo, para acceder desde la calle con el fin de rematar la faena.  Uno de ellos se colocó un arnés de seguridad de los buenos, con dos líneas de vida con sus correspondientes mosquetones homologados, para estar siempre sujeto cuando haya que cambiar de anclaje.

El tipo subió por la escalera, pero no alcancé a ver los anclajes de seguridad por ninguna parte. Me temí lo peor. Efectivamente, vi que el tipo enganchó uno de los mosquetones en el peldaño más alto de la escalera a la altura de sus manos, y el otro, en el peldaño que quedaba por debajo de sus pies en la misma escalera.

Esto es, por si no me explico; si el tipo se hubiera caído, habría arrastrado con él la escalera cayéndole encima, y si se hubiera escurrido la escalera, habría arrastrado consigo al albañil cayendo encima de la escalera. Apenas serían 4 metros de altura, pero podrían ser suficientes para  acabar mal parado. Como dijo Lobita cuando se lo enseñe, más que una línea de vida, podría haber sido una línea de muerte.  Pero lo que cuenta es que tenía colocado el arnés de seguridad ¿no?

Casos como este, en obras de mayor envergadura, de estas que tienen técnicos de seguridad con muchos cursos pero muy poca idea, los he visto a espuertas y aún peores. Para escribir un libro. Quizá me anime.

 

miércoles, 25 de noviembre de 2020

CUENTOS DE NAVIDAD PARA UNA SOCIEDAD INMADURA

 

El mantra “Salvemos la Navidad” puede dar lugar a que la noche del 5 de enero, en vez de los Reyes Magos con sus camellos, lleguen los Jinetes del Apocalipsis con sus caballos y sus vientos de destrucción. Es lo que tiene bregar con una sociedad inmadura, carente de empaque para afrontar las crisis con determinación, una sociedad caprichosa y mal criada.

Cuando constato en los medios de comunicación esos comportamientos, siempre me remonto a una crisis infinitamente más terrible como fue la 2ª Guerra Mundial. Por ponernos en situación, el Blitz nazi sobre Inglaterra que comenzó en septiembre de 1940 y que dio lugar a 8 meses de bombardeos consecutivos que buscaban desmoralizar al pueblo inglés.

Evidentemente, una de las primeras medidas que se toman en esas situaciones es la de establecer un férreo toque de queda, fuera luces, y la movilización de todos los civiles para destinar sus esfuerzos a la defensa del país, en aquel caso, contra el virus del nazismo. Es decir, los civiles no movilizados en el frente, tenían que producir diariamente de sol a sol y de sol a luna, de lunes a lunes, cobrando en especias a través de las cartillas de racionamiento. Y sin chistar la boca. El sacrificio por el bien común es lo que tiene.

¿Alguien imagina a Winston Churchill dirigiéndose a su pueblo en noviembre de 1940 en términos de “salvemos la Navidad? Esto es, en directo desde la BBC,  señores y señoras,  hemos constatado que  desde que apagamos las luces por la noche, la curva de víctimas por los bombardeos ha empezado a descender, por tanto, tontos, si mantenemos esa curva descendente durante todo noviembre, lo mismo podemos encenderlas en Navidad y celebrarla juntos entorno al gran abeto de Trafalgar Square. Y no os preocupéis por Hitler, que seguro cae bajo el influjo del espíritu navideño y acaba cantando con nosotros Noche de Paz, Stille Nacht como diría Adolfito. Además, la toma de Berlín será en Enero, un paseo militar.

Pues eso. Serían cuentos de Navidad para una sociedad inmadura, y si en aquella época hubieran sido así, hoy día estaríamos desfilando al paso de la oca, ¡¡links, rechts, links, rechts!¡

¡¡AR INH!!

 

 

 

viernes, 13 de noviembre de 2020

CELA Á CARGAO

 “Cela á cargao”. A la ley de educación me refiero. Tanto, que eso de “cela á cargao” podría escribirlo tal cual, un alumno aventajado resultante de los efectos producidos por la nefasta Ley Celaá, sin lugar a dudas, la más letal para la educación de las ocho leyes redactadas hasta ahora, que ya es difícil.

Le mete una puñalada a la lengua de Cervantes,  que se extiende por el planeta en la misma progresión que en España se aniquila, y fomenta la promoción de los mediocres, dándoles la oportunidad de pasar de curso pese a no superar los exámenes. Y eso en nombre de la defensa de la enseñanza pública de calidad. Manda ovarios.

De paso se cepilla las ayudas para la educación concertada, que a quien afecta no es  precisamente a la gente pudiente, pues éstos podrán seguir accediendo a la educación privada, como las hijas de la propia Ministra Celaá. Con eso consiguen marcar la diferencia entre una educación de élite para los privilegiados como Celaá, y el desgraciado de Manolo el panadero, que tiene que contentarse con llevar a su hijo Bartolo al colegio público de su barrio, donde lo de menos es esforzarse para pasar de curso. Y es que las élites, que ahora se denominan progresistas, quieren al hijo de Manolo ignorante para que sea más fácil de gobernar.

Y el remate. Al carajo la educación especial. Porque los niños y niñas con problemas de ese tipo tienen que integrarse a hierro y fuego en colegios o institutos donde a día de hoy han convertido el acoso en deporte nacional. Todo muy igualitario.

Y todavía habrá quien se crea a pie juntillas que este gobierno es progresista.

viernes, 6 de noviembre de 2020

ACTIVIDAD ONÍRICA MADRUGADA 6 NOV 2020. ARENA EN EL REVÓLVER

La noche ha sido intensa, mucho más de lo que he podido retener al despertar. Yendo a lo que recuerdo, estaba en el interior de un coche, de noche. Unos polis malos, americanos para más señas, se acercaban para darme matarile, pero me adelanté en la virada. Liquidado el asunto, salí del coche esgrimiendo una Remington del 12 y al poco me encontré con mi amigo Víctor Crespo, que andaba por allí.

-Oye, cuánto te costó sacarte el carné de conducir- le pregunté.

-Veinte mil pavos- respondió.

-Qué disparate.

Luego caí en la cuenta de que tenía carné, que solo tenía que renovarlo. A Víctor le perdí el rastro en las tinieblas, su elemento a fin de cuentas, así que no me inquietó. Seguí mi andanza nocturna, aún con la del 12 encima. Entonces fui testigo de una escena que da cierta consistencia a este disparate onírico.

 

Un hombre enorme de raza negra, de estos apretados pero con cara amable, entró en escena. Se llamaba Obongo o algo así, según me pareció escuchar, un nombre que no existirá salvo en mi sueño. Conversaba con gesto grave con la que parecía su esposa. Ella le preguntó que dónde había estado. Él sacó un revólver de un bolso, y al abrir el tambor, en vez de balas, salió arena. Arena de una playa sudafricana.

La mujer interpretó aquello como una infidelidad, pues al parecer cuando Obongo partió, no habló de ir a Sudáfrica, sino a otro lugar que desconozco. Obongo no negó la mayor ni dio explicaciones a su esposa. Se limitó a guardar silencio, y claro, quien calla otorga. Ella dio por hecho que en Sudáfrica había otra mujer, y que Obongo fue a darle encuentro para tener una aventura. Una aventura en una playa sudafricana.

A la esposa de Obongo se le partió el corazón en ese instante, y se marchó despechada. Él, también con el corazón roto, la dejó marchar sin más, pensando que con el tiempo, ella, cuyo nombre no supe, tal vez olvidaría al infiel Obongo, y podría rehacer su vida con otra persona. A mí también se me debió partir el corazón en el sueño, pues estuve algo inquieto. Para el organismo, aquella era una situación real.

Tras un impasse onírico que no puedo precisar, supe lo que había sucedido en realidad. Obongo no había sido infiel a su amada esposa. Estuvo en una playa sudafricana para ver la mar por primera y última vez. Lo decidió cuando le dijeron que tenía un cáncer terminal. Prefirió no decirle nada a su mujer, dejándola creer que le había sido infiel para que lo odiara. Una vez transformado ese odio en indiferencia, su amada esposa podría liberarse y tener otra oportunidad para rehacer su vida con otra persona, o quizá sola. Obongo debía intuir que si le decía que estaba a punto de morir, ella permanecería al pie de su tumba llorando su muerte para los restos, y él no quería eso para ella. Lo que parecía una infidelidad, era un acto de amor supremo.

La moraleja de esta parte del sueño quizá sea que lo importante no es que nos recuerden por lo que hemos hecho, incluso estando bien. Lo importante es que hagamos lo correcto aun dando la impresión a los demás de que no es así. Ya se encargará el paso del tiempo de poner las cosas en su sitio, o quizá no. A lo que no le encuentro sentido es al revólver del que cayó la arena de una playa sudafricana, ni porqué era de Sudáfrica y no de Conil. Pero en la dimensión onírica las cosas son así.

Seguí mi periplo onírico, esta vez junto a mi amigo Nano. Un escorpión multicolor de unas dos cuartas de tamaño, se nos cruzó por delante. Nano lo empaló con su cuchillo de monte, lo troceó y nos lo comimos. Esto último no es tan excepcional. Cosas peores hemos comido en la vida consciente.

 

 

domingo, 18 de octubre de 2020

RHIZOSTOMA LUTEUM

 

RHIZOSTOMA LUTEUM

La fotografié el pasado 7 de septiembre de 2020 cuando irrumpió en la dársena del muelle 1 de la base naval de Rota, junto a la popa del destructor estadounidense USS Donald Kook. En esos instantes solo sabía que era lo que era obvio, una medusa. Pero me gusta indagar sobre aquello que me llama la atención, y puestos a ello he sabido lo siguiente, que me ha resultado bastante sorprendente.

Se trata de una Rhizostoma  luteum, una especie de medusa atlántica relativamente poco conocida, que fue avistada por primera vez  en 1827 por dos naturalistas gabachos, un tal Jean René Constant Quoy, y un tal Joseph Paul Gaimard, cuando surcaban las aguas del Estrecho de Gibraltar a bordo de L’Astrolabe. Después de aquel avistamiento, no se la volvió a ver más hasta el año 2013 cuando un grupo de científicos, comandados por la científica Laura Prieto, perteneciente al Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (CSIC) confirmó la presencia de esta especie en el Mediterráneo.

Al parecer hay confirmados más de 150 avistamientos en los últimos 17 años, esto es, parece ser que no ha sido vista demasiadas veces, y al parecer he sido uno de los pocos afortunados que la ha visto, junto con mis compañeros de trabajo. Es de gran tamaño, dicen los científicos que puede llegar a pesar del orden de 40 kg y tener un diámetro de más de 60 cm. Los brazos orales pueden alcanzar los 2 metros de longitud. Esta que os muestro tenía una longitud aproximada de 1.70 m de largo desde la parte superior de la umbrela (la cabeza para entendernos) hasta el extremo de los brazos orales (tentáculos). La toxicidad de esta especie no es grande.

Dado su interés científico, quienes se dedican a su estudio cuentan con la colaboración de la gente que los avistan. Entre estos organismos científicos está el Centro Oceanográfico de Murcia, perteneciente al Instituto Español de Oceanografía (IEO) que pone a disposición el siguiente correo electrónico medusa@mu.ieo.es para reseñar esos avistamientos, pues están particularmente interesados por la irrupción de esta especie atlántica en el Mediterráneo.

Yo aportaré mi granito de arena enviándoles la foto con la ubicación y la temperatura del agua, que en aquellos momentos era de 24ºC. Animo a que lo hagáis también vosotros si la veis, sobre todo los que vivís en Madrid, Soria, Ciudad Real o Talavera de la Reina. Sería la leche ver una en uno de esos lugares.

 



viernes, 16 de octubre de 2020

SIN SALUD NO HAY ECONOMÍA

 

Así reza el eslogan simplón -como todos los eslóganes políticos- que  algunos políticos repiten como un mantra. Lo hacen para lanzar balones fuera ante su incapacidad de buscar  soluciones efectivas para un problema complejo. Es un eslogan inconsistente en el que orden de los factores, no altera el producto, pues sin economía tampoco hay salud.

Esto es, a fulano, que regenta el local X o trabaja en la empresa Y, le vienen con el mantra y le dicen que tiene que cerrar el chiringuito, o que lo van a despedir de la empresa, sin tener claro si va a cobrar el ERTE, el paro, o no. En definitiva, a fulano le van a reducir sustancialmente los ingresos, o se va a quedar sin ellos directamente, lo que le llevará a tener que adoptar economía de guerra y estará sometido a una tensión brutal ante la incertidumbre.

La economía de guerra implica, que fulano y familia tendrán que comer menos y mal. Implica el riesgo de que fulano no pueda afrontar los gastos de alquiler o de la hipoteca y acabe desahuciado. También aumenta el riesgo de sufra ansiedad, de que entre en depresión y tenga que recurrir a ansiolíticos que lo sanarán por un lado y lo joderán por otro. Eso si no se arroja antes a las vías del tren o por los bloques del Campo del Sur.

Si se destruye la economía, sobre todo de los sectores más vulnerables de la sociedad, indefectiblemente afectará a la salud de los mismos. Si se destruye la economía en general, a ver quién va a pagar los impuestos para sostener la sanidad, las prestaciones sociales, las pensiones… ¿Los ricos con cuentas en Suiza? ¿Google? ¿Coca Cola?
 Ya me diréis qué mierda de eslogan es ese, sino un modo de no dar las explicaciones pertinentes para optar por una solución real y escurrir el bulto. Un modo de tomarnos el pelo por parte de unos políticos con rostro de hormigón armado de alta resistencia de 120 mega pascales.

ACTIVIDAD ONÍRICA 16 OCTUBRE DE 2020

 

ACTIVIDAD ONÍRICA 16 OCTUBRE 2020

“La casa del amor es un lugar al que todos quieren regresar”

Así rezaba el estribillo de un rock and roll onírico que no sé si existirá en la realidad consciente. Una cama enorme y mullida con sábanas floreadas, dos personas haciendo el amor (me reservo los detalles), y alrededor de la cama, un descomunal escenario bélico tipo ofensiva del Tet.  También, una piscina de aguas claras en la superficie, pero llena de residuos en el lecho, lo que se dice, un escenario engañoso.  

Y ese estribillo que se repetía machaconamente con acordes a lo Creedence, pero en castellano,   que recuerdo con especial lucidez.

“La casa del amor es un lugar al que todos quieren regresar”

Todo esto sin meterme nada en el cuerpo, lo juro por mis ancestros. Si acaso, el menta poleo de antes de dormir.

jueves, 1 de octubre de 2020

CRÓNICA DE UNA EXTINCIÓN

 

CRÓNICA DE UNA EXTINCIÓN.

Entrada la noche, leía en la cama un libro sobre torres vigía y corsarios moriscos en el Mediterráneo, mientras Lobita veía la tele. En estas escuché por el pasillo un trotecillo de pies descalzos, tucutún tucutún. Pensé, Lobita corre despavorida por algo. Efectivamente.

Estando Lobita sentada en el sofale suplente, el que suelo ocupar yo, un grillo osó pasear por su sofale titular como Pedro por su casa. Lobita entró en pánico, a la par que en cólera, y llegó corriendo al dormitorio exigiéndome que capturara al intruso y lo ejecutara sumarialmente. De mala gana aparté el libro y me levanté para estudiar la situación sobre el terreno, más que nada para salvar la vida al pobre grillo. Pero el grillo se ocultó en alguno de los cinco mil resquicios del salón, y a esas horas no era plan de hacer una batida salvaje.

Me puse duro y le dije a Lobita que no eran horas, y que además no estaba dispuesto a ejecutar al pobre grillo, que como mucho, lo deportaría. Lobita se metió refunfuñando en la cama, con la inquietud de que el grillo se le posase en la oreja mientras durmiese. Le dije que ya lo buscaría por la mañana, que lo más probable era que se fuese por donde había venido.

A la mañana siguiente salimos a la calle. A la vuelta, me entretuve en el trastero mientras Lobita subía a casa. Cuando subí yo, al abrir la puerta me topé con el grillo, que apuntaba su proa hacia la salida, pero completamente inmóvil. Al agacharme para cogerlo me llegó la tufarada a insecticida… ¡¡Lobita!! ¡¡Qué has hecho con el pobre grillo!!

Lobita, entre indignada y con sentimiento de culpa, me dijo con vehemencia que en la lobera solo entran los lobillos, y que de profanar su sofale, ni mijita. Resignado, intentando salvar al pobre grillo inextremis, pensé en sacarlo al exterior para que se ventilase, y así lo hice lanzándolo al césped. Pero me precipité al no caer en que probablemente no sobreviviría, y acabaría convirtiéndose en un manjar envenenado para otras especies.

Entonces pensé. Mira que si llega un mirlo y se come al grillo envenenado, y al mirlo envenenado se lo come el gato cabrón del vecino que también se envenena, y el dueño del gato, que es gilipollas, lo lanza al mar envuelto en una bandera de España fabricada en China, y llega un cazón y se lo come, envenenándose a su vez -a saber si por el gato o por la bandera- y al cazón lo pescan y lo llevan a la pescadería del Mercapollas donde compramos el pescado y acabamos envenenados…

La que podríamos haber liado a cuenta del grillo y la madre que lo parió.