Uno de los argumentos más socorridos al que recurren quienes intentan justificar al injustificable, es su impostada «defensa de las pensiones». Lo refieren como un acto magnánimo por parte del amado líder, convencidos de que lo hace por el amor que siente hacia los pensionistas, como si los fondos saliesen de su bolsillo en vez de la sobrecotización aplicada a las nóminas de los trabajadores, entre otros factores.
Va a ser que el amado líder apuesta a caballo ganador, erigiéndose en defensor a ultranza de las pensiones para llevarse a la saca el voto de los pensionistas acojonados. Total, solo tiene que abrir el arcón y repartir; lo que se dice disparar con pólvora del rey. Muy magnánima no parece la acción: es su puta obligación, con independencia de lo que hagan los demás.
Debe de ser la única obligación con la que cumple, obviamente por puro interés
personal. Pero en lo que no reparan estas criaturas encandiladas por el amado
líder es en otros asuntos. De entrada, lo de construir viviendas ha quedado de
lado en la verborrea de la campaña electoral —porque eso es difícil de
cojones—, pero hay otros datos que bien podrían tener en cuenta y caerse del
guindo.
Por ejemplo: que en España hay más de doce millones de personas en riesgo de
exclusión social. En los últimos diez años hemos pasado del puesto 15.º al 5.º
en el ranking sobre la tasa de pobreza de la UE, yendo a la cabeza en pobreza
infantil. La macroeconomía de la que alardea Don Espléndido va como un tiro,
pero la economía doméstica va de puta pena y a peor.
Si los embelesados hicieran un esfuerzo intelectual y de amor propio, reparando
en los asuntos relativos a los ingentes casos de corrupción, el control de las
instituciones (como el TC, la Fiscalía del Estado o los medios de comunicación
públicos), los despropósitos como la gestión de la red eléctrica o la
ferroviaria, el tema de Ceuta, la expansión del narcotráfico y otras mafias,
etcétera, no se caerían del guindo: se les caería el puto guindo encima. Ni qué
decir, si tuvieran en cuenta ese sesgo autoritario subyacente que lo lleva a
quitar de la ecuación a todo aquel que le estorba dentro de su propio partido o
a definirse como la única persona válida para sacar al país adelante a pesar de
sus ocho años de mandato.
Lo más grave es que el mesías de todos estos sin sustancia ha sentado un
precedente que será aprovechado por la ralea que viene a continuación. Algunos
dirán: «¡¡Por eso debes votar al mal menor!! ¡¡Tienes que elegir entre comer
mierda o comer mucha mierda!!»... Qué consuelo. Pues, por lo que a mí respecta,
va a votar un romano: a ver si la peña aprende de una puñetera vez. Seguid
votando, malditos bastardos, y quien no sea resiliente, que se fastidie, porque
va a caer mierda por un tubo sí o sí. Selección natural forever.













