En los últimos tiempos, la gente
viaja como si no hubiera un mañana. Como si por no viajar fuesen menos persona.
Cuanto más lejos mejor y según viajan, ya están planificando el siguiente viaje
en función del destino de moda. Incluso se entrampan económicamente para viajar.
Se encandilan con las fotos de los folletos y los comentarios de los creadores
de contenido. Necesitan viajar a toda costa y tener mascotas para cerrar el
círculo del pack del estilo de vida moderno.
Pero no piensan en las
particularidades del destino, sobre todo si está a tomar por saco y es un país tercermundista.
Les basta con que sea exótico para lucirse con los selfis en su muro virtual. No
se informan sobre los conflictos que puedan afectar a los territorios por los
que van a transitar, sobre los convenios sanitarios y los riesgos que se corren
en esa materia del país que visitan. No se informan sobre los índices de criminalidad
o accidentes de tráfico, etc. No miran más allá de las fotos de los folletos de
las agencias de viajes.
Luego pasa lo que pasa, como está
pasando estos días. La peña viajera que eligió Oriente Medio o destinos que
hacen escala forzosa por allí, no se enteró o no quiso enterarse de que el
panorama en aquella zona pintaba mal desde hacía semanas. Los han pillado en bragas,
que no en Praga. Probablemente, cuando reservaron el viaje de marras la cosa no
pintaba tan mal, o sí, pero reservar con tanta antelación tiene sus riesgos y hay
que asumirlos.
La vida no discurre para que todo
cuadre con nuestras expectativas de unicornios azules. El asunto no va así. Si
te toca la puta haba en el roscón de Reyes, te fastidias y santas pascuas, y da
gracias porque no te toque el Baltasar de cerámica y te joda una muela. Si no
te mola, no comas roscones.
El caso es que hay 30.000
españoles bloqueados por donde viven los Reyes Magos de Oriente. A los que
están por trabajo los quito de la ecuación porque son cuestiones de fuerza
mayor, pero a los otros…Ahora llegan los lloriqueos y las
indignaciones; que si estamos atrapados en el hotel; que si no tengo suficientes
calzoncillos para reemplazar por las cagaleras provocadas por el pánico; que si
el consulado no contesta porque están pendientes de los Premios Goya; que si no
tengo Pollazepam para aplacar la ansiedad.
Y ahora, toca organizar
evacuaciones a costa del erario público porque unos aventureros de pandereta
decidieron visitar el lugar donde Mahoma perdió las chanclas, cuando la
coyuntura apuntaba a lluvia de misiles Khorramshahr. Solo el nombrecito acojona.
Si decidieron viajar más que
Willy Fog, que asuman las consecuencias. Si no se han enterado de qué va la
cosa en este mundo tan volátil, que espabilen. El mundo no es un parque de
atracciones. Además, viajar como se hace hoy día está sobrevalorado, cuesta dinero
al contribuyente y genera un impacto medioambiental de la leche. Si quieren
vivir la vida loca, que fotografíen los misiles surcando el cielo, seguro que
son más espectaculares que los fuegos artificiales y los selfis serán virales de
la muerte, nunca mejor dicho. Anda que no Mariló.
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