lunes, 2 de marzo de 2026

TURISTAS COMPULSIVOS PILLADOS EN BRAGAS.

En los últimos tiempos, la gente viaja como si no hubiera un mañana. Como si por no viajar fuesen menos persona. Cuanto más lejos mejor y según viajan, ya están planificando el siguiente viaje en función del destino de moda. Incluso se entrampan económicamente para viajar. Se encandilan con las fotos de los folletos y los comentarios de los creadores de contenido. Necesitan viajar a toda costa y tener mascotas para cerrar el círculo del pack del estilo de vida moderno. 

 Pero no piensan en las particularidades del destino, sobre todo si está a tomar por saco y es un país tercermundista. Les basta con que sea exótico para lucirse con los selfis en su muro virtual. No se informan sobre los conflictos que puedan afectar a los territorios por los que van a transitar, sobre los convenios sanitarios y los riesgos que se corren en esa materia del país que visitan. No se informan sobre los índices de criminalidad o accidentes de tráfico, etc. No miran más allá de las fotos de los folletos de las agencias de viajes.

 Luego pasa lo que pasa, como está pasando estos días. La peña viajera que eligió Oriente Medio o destinos que hacen escala forzosa por allí, no se enteró o no quiso enterarse de que el panorama en aquella zona pintaba mal desde hacía semanas. Los han pillado en bragas, que no en Praga. Probablemente, cuando reservaron el viaje de marras la cosa no pintaba tan mal, o sí, pero reservar con tanta antelación tiene sus riesgos y hay que asumirlos.

 La vida no discurre para que todo cuadre con nuestras expectativas de unicornios azules. El asunto no va así. Si te toca la puta haba en el roscón de Reyes, te fastidias y santas pascuas, y da gracias porque no te toque el Baltasar de cerámica y te joda una muela. Si no te mola, no comas roscones.

El caso es que hay 30.000 españoles bloqueados por donde viven los Reyes Magos de Oriente. A los que están por trabajo los quito de la ecuación porque son cuestiones de fuerza mayor, pero a los otros…Ahora llegan los lloriqueos y las indignaciones; que si estamos atrapados en el hotel; que si no tengo suficientes calzoncillos para reemplazar por las cagaleras provocadas por el pánico; que si el consulado no contesta porque están pendientes de los Premios Goya; que si no tengo Pollazepam para aplacar la ansiedad.

 Y ahora, toca organizar evacuaciones a costa del erario público porque unos aventureros de pandereta decidieron visitar el lugar donde Mahoma perdió las chanclas, cuando la coyuntura apuntaba a lluvia de misiles Khorramshahr. Solo el nombrecito acojona.

Si decidieron viajar más que Willy Fog, que asuman las consecuencias. Si no se han enterado de qué va la cosa en este mundo tan volátil, que espabilen. El mundo no es un parque de atracciones. Además, viajar como se hace hoy día está sobrevalorado, cuesta dinero al contribuyente y genera un impacto medioambiental de la leche. Si quieren vivir la vida loca, que fotografíen los misiles surcando el cielo, seguro que son más espectaculares que los fuegos artificiales y los selfis serán virales de la muerte, nunca mejor dicho. Anda que no Mariló.

 

 

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