martes, 11 de agosto de 2026

CEUTA, MELILLA Y LA MORALINA DE SALÓN

Escuchando a ciertos representantes políticos sobre este asunto, dan ganas de trasladar al resto de las ciudades del país, y en la misma proporción, el problema que hoy asfixia a los ceutíes. Veríamos entonces cuánto tiempo resiste la moralina de salón que se defiende con tanta comodidad desde la distancia, antes de desplomarse ante la cruda realidad de los hechos. Veríamos cómo, en un suspiro, muchos de los que hoy reparten lecciones de solidaridad pasarían a ser tildados de insolidarios por el mero hecho de exigir a su gobierno lo que es de justicia: la defensa de sus derechos, la protección de sus recursos y el derecho a vivir en paz en su propio municipio.

Se apela sistemáticamente al sentimentalismo recordando que son menores, ignorando la capacidad real de acogida y el sentido común. Asumir de forma ilimitada la gestión de miles de menores, cuyo país de origen desatiende deliberadamente, equivale a ceder permanentemente al chantaje de un Estado vecino sin ejercer la autoridad debida. Por eso resulta inevitable pensar que parte de la clase política española parece esperar que la ciudadanía de Ceuta y Melilla termine por resignarse y abandonar su plaza, simplemente porque gestionar la frontera marroquí con firmeza les resulta políticamente incómodo, sobre todo en algunos casos muy particulares. Mientras tanto, se prioriza la agenda estética y el titular fácil, dejando que la soberanía y la viabilidad de las ciudades autónomas se eclipsen, qué cosas, bajo la sombra de la presión marroquí.

Y no conviene perder la perspectiva: Marruecos no es un país falto de recursos. Es un Estado en el que impera la corrupción manteniendo a buena parte de su población en la precariedad, mientras financia grandes estadios, autopistas por el desierto y un costoso despliegue militar que busca afianzar su hegemonía en el Magreb y su parte del Estrecho. Utilizar la desesperación de sus propios ciudadanos como palanca de presión geopolítica sobre España no es un problema de pobreza, sino una estrategia de chantaje institucional ante la que no se puede seguir cediendo.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario