miércoles, 29 de julio de 2026

LA DECADENCIA DEL TATUAJE

Siglo XXI. Una joven se tatuó una sílfide en el brazo: pasaron los años y la sílfide se transformó en una cáscara de plátano maduro. Un joven se tatuó un toro en el pecho: pasaron los años y el toro se transformó en una vaca famélica. Otros se tatuaron su historia en todo el cuerpo: pasaron los años y la historia se desdibujó como un mapa que no conduce a ninguna parte.  

Hubo un tiempo en que la tinta fijaba en la piel lo sagrado o lo imborrable; hoy solo pretende fijar la moda del verano que viene. En un mundo donde la piel dejó de contar historias sagradas para volverse escaparate de modas pasajeras, prefiero la honestidad de un lienzo en blanco. Para qué gastar tinta en vano, si al final nadie se fijará en esas manchas como cortinas que cubren un escaparate desmantelado y polvoriento.

 

 

 

domingo, 12 de julio de 2026

RADIOTELEVISIÓN PÚBLICA DE QUÉ.

Cuando un gobierno cruza una línea roja y normaliza el uso de decretos o mayorías absolutas para controlar un órgano que debería ser de consenso como el caso de la televisión pública, el siguiente gobierno rara vez vuelve voluntariamente a la moderación. Al contrario, suele entrar con la mentalidad de "si ellos lo hicieron y cambiaron las reglas para controlarlo, ahora nos toca a nosotros equilibrar la balanza". Peligroso precedente.

La televisión pública ha pasado a convertirse en un botín de guerra intermitente, hoy día más que nunca, perdiendo por el camino su razón de ser. Lo más sangrante es que toda esa basura ideologizada al servicio de los partidos políticos lo pagamos con nuestros impuestos, como todos los desmanes que llevan a cabo al amparo de esta partitocracia.

El poder no lo tiene el pueblo, lo tienen los partidos. El pueblo vota una lista cerrada impuesta por los dirigentes, el pueblo paga y asume las consecuencias de lo votado como borregos mansos. Están aleccionados para yacer en el redil y la herramienta de la radiotelevisión pública es fantástica para tal propósito, así pues, unos y otros la utilizarán para tal fin. La radiotelevisión pública murió si es que vivió alguna vez, pero nos sigue costando el dinero, nos lo siguen robando impunemente y lo que resulta más grotesco, con el consentimiento de una gran mayoría que cree vivir en una democracia.