jueves, 8 de abril de 2021

 

QUE OS DEN.

Después de 36 años fiel a la “causa”, a pesar de haber dado más de lo recibido, entregué la tarjeta, que fue destruida delante de mis narices casi con desdén. Como colofón, tocó liquidar una vez más, apoquinar en vez de recibir quizá un Rolex de imitación como premio a la fidelidad. Qué menos. Fue un proceso frío y rutinario, ejecutado por una cara desconocida, la nueva estrategia de empresa para no crear vínculos emocionales que compliquen las operaciones incómodas cuando tratan con la clientela de base.

Para la élite del parné tienen tratamiento especial, las gestiones se resuelven en un cómodo despacho VIP, no de pie frente a la caja como en mi caso, atendido por una empleada adusta y desganada. Aquí tienes el certificado, hasta más ver… Como el que ha comprado un cartucho de pipas en un kiosco de otro barrio.

Hablo de una sucursal bancaria evidentemente, del SANTANDER para más señas, el de la familia que tiene un apellido que les viene al pelo, Botín. Con ellos, y con ella al frente, a menos dinero, más comisiones. Del orden de ochenta y tantos euros trimestrales, más de lo que cuesta al año un seguro de automóvil a todo riesgo. Ese dineral solo por tener domiciliada la nómina y el pago de un par de servicios básicos, por ingresar y sacar dinero sin haber tenido números rojos durante esos 36 años.

Recuerdo cuando las cosas iban bien, cómo intentaban engatusarme para que “moviera el dinero” comprando sus productos. Solo caí, por lo pesaos que fueron, abriendo un plan de pensiones cuando nadie leía la letra pequeña. Confiaba en las caras amables que me trataban de tú como si fuese de la familia, aunque en el fondo no me lo creyera; son un banco, no hermanitas de la caridad. Pero había cierto trato y ciertos códigos de confianza. Mas, con el paso del tiempo, las tornas cambiaron y descubrí que el plan de pensiones, en vez de crecer, menguaba. Lo paralicé, y al mirar con lupa la letra pequeña, pude leer a duras penas la palabra “variable”. Esto es, jugaban con mis ahorros. Si salía bien ganábamos todos, ellos mucho más que yo, y si salía mal, las más, solo perdía yo. Últimamente, con la que está cayendo, solo perdía.

Uno es gilipollas, pero hasta ciertos límites, así que acabé buscándome un banco con menos nivel de depredación, y lo primero que hice fue traspasar lo que me quedaba del plan de pensiones, asegurándome de que en el nuevo me lo dejaran como renta fija. Es una mierda de renta, pero al menos me aseguro – aunque con los bancos nada hay seguro- de que no devoran lo poco que me dejaron las otras hienas.

Tan pronto hice el traspaso saltaron las alarmas del SANTANDER, aú aú, y me llamaron sus esbirros. Aunque a estas alturas seas un cliente de mierda, no deja de ser parné que se escapa por los imbornales.

-   Qué tal señor Arroyo ¿Ha dado orden de traspasar su Plan Mierdasantanter a otro banco?

-   Por supuesto.

-   ¿Y a qué se debe?

-   A que el plan me lo están hundiendo en la miseria. Además, ustedes me cobran comisiones por un tubo que no puedo asumir.

-   Ah ¿Pero le cobramos comisiones? – dijo la hideputa, como si no lo supiera.

-   Pues sí, del orden de 340 euros al año y subiendo.

-   No podemos devolverle las comisiones cobradas, pero podemos no cobrárselas en adelante.

-   Pues llegan tarde, ya no hay vuelta atrás, no es nada personal, ya sabe… Además, el paso siguiente va a ser cancelar la cuenta, a mí no me saquean más como agradecimiento a mis 36 años de fidelidad -Con su puta madre, para mis adentros.

Y Y así ha sido. Cuenta cerrada, liquidada, finiquitada, eliminada. Que los Botín se ensañen con otros mercantes desarbolados, que éste prefiere hundirse sin arriar la bandera, a ser preso y remolcado a la guarida de esos corsarios sin escrúpulos que trabajan con la patente concedida por el Estado, que ya se ocupó de lanzar una andanada de leyes para que no podamos guardar el parné debajo de un colchón, y tengamos que tratar por cojones con estos bucaneros. Que os den BANCO DE SANTANDER.

 

 

 

 

 

jueves, 18 de marzo de 2021

UN PUNTITO DE MIEDO

 En relación con esta pandemia, hay quien justifica sus imprudencias recurriendo a la manida frase de que hay que vivir la vida prescindiendo del miedo. Y acerca de esa palabra tabú, miedo, quería hacer una reflexión aprovechando mi actividad onírica reciente.

Anoche soñé que le decía a alguien, mejor que sientas miedo estando vivo, que no sentirlo por estar muerto. O algo así. Y creo que mi subconsciente tiene razón. El miedo es parte intrínseca de todas las especies del reino animal, desde las más tímidas o acobardadas, hasta las más agresivas. Es elemento clave para el éxito de su supervivencia, el disparador de la adrenalina necesaria para la defensa y el ataque.

Por suerte para el ser humano, tenemos la capacidad de discernir entre el miedo infundado que pueda sufrir cualquier otro ser vivo en un momento dado, y el miedo justificado ante la inminencia de una situación peligrosa. Tenemos esa capacidad, si tenemos los conocimientos necesarios, claro está. Por la misma razón, tenemos la capacidad de controlar el miedo evitando que derive en terror. El miedo bajo control nos permitirá afrontar del mejor modo posible una situación peligrosa, porque será el miedo quien la reconozca como tal, y será la calma la que tome cartas en el asunto.

Así que Juan sin miedo no es ningún valiente, es un temerario, un engreído insolidario que crea situaciones de riesgo que paradójicamente tienden a poner en peligro a los demás. Generalmente, cuando el lobo trinca por sus partes a Juan sin miedo, poniéndole de manifiesto la cruda realidad antes de darle matarile, pasará directamente de la ausencia de miedo, al terror; ojos desorbitados con las venas a punto de reventar, pérdida de fluidos corporales, clamando por su vida y pidiendo un cura para salvar su alma aún habiendo sido ateo.

No se trata de vivir acobardados, pero hay que hacer caso razonable a los miedos razonables, para afrontar los riesgos razonablemente. Mejor un puntito de miedo en vida, que un Juan sin miedo muerto prematuramente.

 

 

 

viernes, 15 de enero de 2021

LÍNEA DE MUERTE

Andan de reformas en la casa de enfrente. Un primer piso.  Están cerrando la terraza parcialmente para incorporarla al salón. Levantaron uno de los tabiques, y quedaba repellarlo por la parte exterior. Con el tabique aún fresco, los albañiles apoyaron una escalera sobre el mismo, para acceder desde la calle con el fin de rematar la faena.  Uno de ellos se colocó un arnés de seguridad de los buenos, con dos líneas de vida con sus correspondientes mosquetones homologados, para estar siempre sujeto cuando haya que cambiar de anclaje.

El tipo subió por la escalera, pero no alcancé a ver los anclajes de seguridad por ninguna parte. Me temí lo peor. Efectivamente, vi que el tipo enganchó uno de los mosquetones en el peldaño más alto de la escalera a la altura de sus manos, y el otro, en el peldaño que quedaba por debajo de sus pies en la misma escalera.

Esto es, por si no me explico; si el tipo se hubiera caído, habría arrastrado con él la escalera cayéndole encima, y si se hubiera escurrido la escalera, habría arrastrado consigo al albañil cayendo encima de la escalera. Apenas serían 4 metros de altura, pero podrían ser suficientes para  acabar mal parado. Como dijo Lobita cuando se lo enseñe, más que una línea de vida, podría haber sido una línea de muerte.  Pero lo que cuenta es que tenía colocado el arnés de seguridad ¿no?

Casos como este, en obras de mayor envergadura, de estas que tienen técnicos de seguridad con muchos cursos pero muy poca idea, los he visto a espuertas y aún peores. Para escribir un libro. Quizá me anime.

 

miércoles, 25 de noviembre de 2020

CUENTOS DE NAVIDAD PARA UNA SOCIEDAD INMADURA

 

El mantra “Salvemos la Navidad” puede dar lugar a que la noche del 5 de enero, en vez de los Reyes Magos con sus camellos, lleguen los Jinetes del Apocalipsis con sus caballos y sus vientos de destrucción. Es lo que tiene bregar con una sociedad inmadura, carente de empaque para afrontar las crisis con determinación, una sociedad caprichosa y mal criada.

Cuando constato en los medios de comunicación esos comportamientos, siempre me remonto a una crisis infinitamente más terrible como fue la 2ª Guerra Mundial. Por ponernos en situación, el Blitz nazi sobre Inglaterra que comenzó en septiembre de 1940 y que dio lugar a 8 meses de bombardeos consecutivos que buscaban desmoralizar al pueblo inglés.

Evidentemente, una de las primeras medidas que se toman en esas situaciones es la de establecer un férreo toque de queda, fuera luces, y la movilización de todos los civiles para destinar sus esfuerzos a la defensa del país, en aquel caso, contra el virus del nazismo. Es decir, los civiles no movilizados en el frente, tenían que producir diariamente de sol a sol y de sol a luna, de lunes a lunes, cobrando en especias a través de las cartillas de racionamiento. Y sin chistar la boca. El sacrificio por el bien común es lo que tiene.

¿Alguien imagina a Winston Churchill dirigiéndose a su pueblo en noviembre de 1940 en términos de “salvemos la Navidad? Esto es, en directo desde la BBC,  señores y señoras,  hemos constatado que  desde que apagamos las luces por la noche, la curva de víctimas por los bombardeos ha empezado a descender, por tanto, tontos, si mantenemos esa curva descendente durante todo noviembre, lo mismo podemos encenderlas en Navidad y celebrarla juntos entorno al gran abeto de Trafalgar Square. Y no os preocupéis por Hitler, que seguro cae bajo el influjo del espíritu navideño y acaba cantando con nosotros Noche de Paz, Stille Nacht como diría Adolfito. Además, la toma de Berlín será en Enero, un paseo militar.

Pues eso. Serían cuentos de Navidad para una sociedad inmadura, y si en aquella época hubieran sido así, hoy día estaríamos desfilando al paso de la oca, ¡¡links, rechts, links, rechts!¡

¡¡AR INH!!

 

 

 

viernes, 13 de noviembre de 2020

CELA Á CARGAO

 “Cela á cargao”. A la ley de educación me refiero. Tanto, que eso de “cela á cargao” podría escribirlo tal cual, un alumno aventajado resultante de los efectos producidos por la nefasta Ley Celaá, sin lugar a dudas, la más letal para la educación de las ocho leyes redactadas hasta ahora, que ya es difícil.

Le mete una puñalada a la lengua de Cervantes,  que se extiende por el planeta en la misma progresión que en España se aniquila, y fomenta la promoción de los mediocres, dándoles la oportunidad de pasar de curso pese a no superar los exámenes. Y eso en nombre de la defensa de la enseñanza pública de calidad. Manda ovarios.

De paso se cepilla las ayudas para la educación concertada, que a quien afecta no es  precisamente a la gente pudiente, pues éstos podrán seguir accediendo a la educación privada, como las hijas de la propia Ministra Celaá. Con eso consiguen marcar la diferencia entre una educación de élite para los privilegiados como Celaá, y el desgraciado de Manolo el panadero, que tiene que contentarse con llevar a su hijo Bartolo al colegio público de su barrio, donde lo de menos es esforzarse para pasar de curso. Y es que las élites, que ahora se denominan progresistas, quieren al hijo de Manolo ignorante para que sea más fácil de gobernar.

Y el remate. Al carajo la educación especial. Porque los niños y niñas con problemas de ese tipo tienen que integrarse a hierro y fuego en colegios o institutos donde a día de hoy han convertido el acoso en deporte nacional. Todo muy igualitario.

Y todavía habrá quien se crea a pie juntillas que este gobierno es progresista.

viernes, 6 de noviembre de 2020

ACTIVIDAD ONÍRICA MADRUGADA 6 NOV 2020. ARENA EN EL REVÓLVER

La noche ha sido intensa, mucho más de lo que he podido retener al despertar. Yendo a lo que recuerdo, estaba en el interior de un coche, de noche. Unos polis malos, americanos para más señas, se acercaban para darme matarile, pero me adelanté en la virada. Liquidado el asunto, salí del coche esgrimiendo una Remington del 12 y al poco me encontré con mi amigo Víctor Crespo, que andaba por allí.

-Oye, cuánto te costó sacarte el carné de conducir- le pregunté.

-Veinte mil pavos- respondió.

-Qué disparate.

Luego caí en la cuenta de que tenía carné, que solo tenía que renovarlo. A Víctor le perdí el rastro en las tinieblas, su elemento a fin de cuentas, así que no me inquietó. Seguí mi andanza nocturna, aún con la del 12 encima. Entonces fui testigo de una escena que da cierta consistencia a este disparate onírico.

 

Un hombre enorme de raza negra, de estos apretados pero con cara amable, entró en escena. Se llamaba Obongo o algo así, según me pareció escuchar, un nombre que no existirá salvo en mi sueño. Conversaba con gesto grave con la que parecía su esposa. Ella le preguntó que dónde había estado. Él sacó un revólver de un bolso, y al abrir el tambor, en vez de balas, salió arena. Arena de una playa sudafricana.

La mujer interpretó aquello como una infidelidad, pues al parecer cuando Obongo partió, no habló de ir a Sudáfrica, sino a otro lugar que desconozco. Obongo no negó la mayor ni dio explicaciones a su esposa. Se limitó a guardar silencio, y claro, quien calla otorga. Ella dio por hecho que en Sudáfrica había otra mujer, y que Obongo fue a darle encuentro para tener una aventura. Una aventura en una playa sudafricana.

A la esposa de Obongo se le partió el corazón en ese instante, y se marchó despechada. Él, también con el corazón roto, la dejó marchar sin más, pensando que con el tiempo, ella, cuyo nombre no supe, tal vez olvidaría al infiel Obongo, y podría rehacer su vida con otra persona. A mí también se me debió partir el corazón en el sueño, pues estuve algo inquieto. Para el organismo, aquella era una situación real.

Tras un impasse onírico que no puedo precisar, supe lo que había sucedido en realidad. Obongo no había sido infiel a su amada esposa. Estuvo en una playa sudafricana para ver la mar por primera y última vez. Lo decidió cuando le dijeron que tenía un cáncer terminal. Prefirió no decirle nada a su mujer, dejándola creer que le había sido infiel para que lo odiara. Una vez transformado ese odio en indiferencia, su amada esposa podría liberarse y tener otra oportunidad para rehacer su vida con otra persona, o quizá sola. Obongo debía intuir que si le decía que estaba a punto de morir, ella permanecería al pie de su tumba llorando su muerte para los restos, y él no quería eso para ella. Lo que parecía una infidelidad, era un acto de amor supremo.

La moraleja de esta parte del sueño quizá sea que lo importante no es que nos recuerden por lo que hemos hecho, incluso estando bien. Lo importante es que hagamos lo correcto aun dando la impresión a los demás de que no es así. Ya se encargará el paso del tiempo de poner las cosas en su sitio, o quizá no. A lo que no le encuentro sentido es al revólver del que cayó la arena de una playa sudafricana, ni porqué era de Sudáfrica y no de Conil. Pero en la dimensión onírica las cosas son así.

Seguí mi periplo onírico, esta vez junto a mi amigo Nano. Un escorpión multicolor de unas dos cuartas de tamaño, se nos cruzó por delante. Nano lo empaló con su cuchillo de monte, lo troceó y nos lo comimos. Esto último no es tan excepcional. Cosas peores hemos comido en la vida consciente.

 

 

domingo, 18 de octubre de 2020

RHIZOSTOMA LUTEUM

 

RHIZOSTOMA LUTEUM

La fotografié el pasado 7 de septiembre de 2020 cuando irrumpió en la dársena del muelle 1 de la base naval de Rota, junto a la popa del destructor estadounidense USS Donald Kook. En esos instantes solo sabía que era lo que era obvio, una medusa. Pero me gusta indagar sobre aquello que me llama la atención, y puestos a ello he sabido lo siguiente, que me ha resultado bastante sorprendente.

Se trata de una Rhizostoma  luteum, una especie de medusa atlántica relativamente poco conocida, que fue avistada por primera vez  en 1827 por dos naturalistas gabachos, un tal Jean René Constant Quoy, y un tal Joseph Paul Gaimard, cuando surcaban las aguas del Estrecho de Gibraltar a bordo de L’Astrolabe. Después de aquel avistamiento, no se la volvió a ver más hasta el año 2013 cuando un grupo de científicos, comandados por la científica Laura Prieto, perteneciente al Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (CSIC) confirmó la presencia de esta especie en el Mediterráneo.

Al parecer hay confirmados más de 150 avistamientos en los últimos 17 años, esto es, parece ser que no ha sido vista demasiadas veces, y al parecer he sido uno de los pocos afortunados que la ha visto, junto con mis compañeros de trabajo. Es de gran tamaño, dicen los científicos que puede llegar a pesar del orden de 40 kg y tener un diámetro de más de 60 cm. Los brazos orales pueden alcanzar los 2 metros de longitud. Esta que os muestro tenía una longitud aproximada de 1.70 m de largo desde la parte superior de la umbrela (la cabeza para entendernos) hasta el extremo de los brazos orales (tentáculos). La toxicidad de esta especie no es grande.

Dado su interés científico, quienes se dedican a su estudio cuentan con la colaboración de la gente que los avistan. Entre estos organismos científicos está el Centro Oceanográfico de Murcia, perteneciente al Instituto Español de Oceanografía (IEO) que pone a disposición el siguiente correo electrónico medusa@mu.ieo.es para reseñar esos avistamientos, pues están particularmente interesados por la irrupción de esta especie atlántica en el Mediterráneo.

Yo aportaré mi granito de arena enviándoles la foto con la ubicación y la temperatura del agua, que en aquellos momentos era de 24ºC. Animo a que lo hagáis también vosotros si la veis, sobre todo los que vivís en Madrid, Soria, Ciudad Real o Talavera de la Reina. Sería la leche ver una en uno de esos lugares.

 



viernes, 16 de octubre de 2020

SIN SALUD NO HAY ECONOMÍA

 

Así reza el eslogan simplón -como todos los eslóganes políticos- que  algunos políticos repiten como un mantra. Lo hacen para lanzar balones fuera ante su incapacidad de buscar  soluciones efectivas para un problema complejo. Es un eslogan inconsistente en el que orden de los factores, no altera el producto, pues sin economía tampoco hay salud.

Esto es, a fulano, que regenta el local X o trabaja en la empresa Y, le vienen con el mantra y le dicen que tiene que cerrar el chiringuito, o que lo van a despedir de la empresa, sin tener claro si va a cobrar el ERTE, el paro, o no. En definitiva, a fulano le van a reducir sustancialmente los ingresos, o se va a quedar sin ellos directamente, lo que le llevará a tener que adoptar economía de guerra y estará sometido a una tensión brutal ante la incertidumbre.

La economía de guerra implica, que fulano y familia tendrán que comer menos y mal. Implica el riesgo de que fulano no pueda afrontar los gastos de alquiler o de la hipoteca y acabe desahuciado. También aumenta el riesgo de sufra ansiedad, de que entre en depresión y tenga que recurrir a ansiolíticos que lo sanarán por un lado y lo joderán por otro. Eso si no se arroja antes a las vías del tren o por los bloques del Campo del Sur.

Si se destruye la economía, sobre todo de los sectores más vulnerables de la sociedad, indefectiblemente afectará a la salud de los mismos. Si se destruye la economía en general, a ver quién va a pagar los impuestos para sostener la sanidad, las prestaciones sociales, las pensiones… ¿Los ricos con cuentas en Suiza? ¿Google? ¿Coca Cola?
 Ya me diréis qué mierda de eslogan es ese, sino un modo de no dar las explicaciones pertinentes para optar por una solución real y escurrir el bulto. Un modo de tomarnos el pelo por parte de unos políticos con rostro de hormigón armado de alta resistencia de 120 mega pascales.

ACTIVIDAD ONÍRICA 16 OCTUBRE DE 2020

 

ACTIVIDAD ONÍRICA 16 OCTUBRE 2020

“La casa del amor es un lugar al que todos quieren regresar”

Así rezaba el estribillo de un rock and roll onírico que no sé si existirá en la realidad consciente. Una cama enorme y mullida con sábanas floreadas, dos personas haciendo el amor (me reservo los detalles), y alrededor de la cama, un descomunal escenario bélico tipo ofensiva del Tet.  También, una piscina de aguas claras en la superficie, pero llena de residuos en el lecho, lo que se dice, un escenario engañoso.  

Y ese estribillo que se repetía machaconamente con acordes a lo Creedence, pero en castellano,   que recuerdo con especial lucidez.

“La casa del amor es un lugar al que todos quieren regresar”

Todo esto sin meterme nada en el cuerpo, lo juro por mis ancestros. Si acaso, el menta poleo de antes de dormir.

jueves, 1 de octubre de 2020

CRÓNICA DE UNA EXTINCIÓN

 

CRÓNICA DE UNA EXTINCIÓN.

Entrada la noche, leía en la cama un libro sobre torres vigía y corsarios moriscos en el Mediterráneo, mientras Lobita veía la tele. En estas escuché por el pasillo un trotecillo de pies descalzos, tucutún tucutún. Pensé, Lobita corre despavorida por algo. Efectivamente.

Estando Lobita sentada en el sofale suplente, el que suelo ocupar yo, un grillo osó pasear por su sofale titular como Pedro por su casa. Lobita entró en pánico, a la par que en cólera, y llegó corriendo al dormitorio exigiéndome que capturara al intruso y lo ejecutara sumarialmente. De mala gana aparté el libro y me levanté para estudiar la situación sobre el terreno, más que nada para salvar la vida al pobre grillo. Pero el grillo se ocultó en alguno de los cinco mil resquicios del salón, y a esas horas no era plan de hacer una batida salvaje.

Me puse duro y le dije a Lobita que no eran horas, y que además no estaba dispuesto a ejecutar al pobre grillo, que como mucho, lo deportaría. Lobita se metió refunfuñando en la cama, con la inquietud de que el grillo se le posase en la oreja mientras durmiese. Le dije que ya lo buscaría por la mañana, que lo más probable era que se fuese por donde había venido.

A la mañana siguiente salimos a la calle. A la vuelta, me entretuve en el trastero mientras Lobita subía a casa. Cuando subí yo, al abrir la puerta me topé con el grillo, que apuntaba su proa hacia la salida, pero completamente inmóvil. Al agacharme para cogerlo me llegó la tufarada a insecticida… ¡¡Lobita!! ¡¡Qué has hecho con el pobre grillo!!

Lobita, entre indignada y con sentimiento de culpa, me dijo con vehemencia que en la lobera solo entran los lobillos, y que de profanar su sofale, ni mijita. Resignado, intentando salvar al pobre grillo inextremis, pensé en sacarlo al exterior para que se ventilase, y así lo hice lanzándolo al césped. Pero me precipité al no caer en que probablemente no sobreviviría, y acabaría convirtiéndose en un manjar envenenado para otras especies.

Entonces pensé. Mira que si llega un mirlo y se come al grillo envenenado, y al mirlo envenenado se lo come el gato cabrón del vecino que también se envenena, y el dueño del gato, que es gilipollas, lo lanza al mar envuelto en una bandera de España fabricada en China, y llega un cazón y se lo come, envenenándose a su vez -a saber si por el gato o por la bandera- y al cazón lo pescan y lo llevan a la pescadería del Mercapollas donde compramos el pescado y acabamos envenenados…

La que podríamos haber liado a cuenta del grillo y la madre que lo parió.

 

 

lunes, 28 de septiembre de 2020

DONDE EL VIENTO DÉ LA VUELTA

 

 

DONDE EL VIENTO DÉ LA VUELTA.

Esta frase se la escuché esta mañana a un pescador de Puerto Real:

"Cuanto más lejos mejor. Donde el viento dé la vuelta"

Donde el viento dé la vuelta... ¿No es genial? Podría utilizarse para enviar a la mierda a alguien de manera elegante... "Vete a donde el viento dé la vuelta". O para emplazarse lejos de algún lugar... "Estoy donde el viento da la vuelta" o "Me voy a donde el viento da la vuelta".

Esto es lo que entiendo por lengua viva, la que emerge de las aguas calmas del mar de manera espontánea, no la que diseñan en los despachos de los políticos o durante una tormenta de ideas de una empresa publicitaria. Que se vayan a donde el viento da la vuelta... bien lejos.

miércoles, 26 de agosto de 2020

PARAISO ANTISISTEMA.

 

PARAISO ANTISISTEMA.

España es el paraíso del antisistema. No hay nada más cómodo que ser antisistema beneficiándote de la parte del sistema que te interesa, y rechazando la que no.

Por ejemplo, puedes permitirte invadir una propiedad privada, no ya de un banco, sino de un propietario del montón, y permanecer como mínimo seis años en su interior. Y luego ya se verá, que queda chicle por estirar. No pagarás un duro de alquiler, ni luz, ni agua, lo cual te permitirá contratar un servicio de alarma para que el propietario no te ocupe la casa mientras, pongamos por caso, te vas de vacaciones a Ibiza. Si el malévolo propietario osara vulnerar tu espacio ocupado, el sistema en contra del cual estás para lo que no te conviene, se encargará de protegerte, metiéndole un puro al propietario por osar recuperar su propiedad. Para eso tienes a los abogados de oficio y a los asesores de Colau, riau riau, aunque no haya toros ni sea Navarra.

Además, tendrás a tu favor a un sector de la clase política al cual hay que estar muy agradecido. Son antisistema como tú pero a otro nivel más guai. Es un nivel al que puedes aspirar en un momento dado, llegando a promocionar hasta obtener una alcaldía e incluso una vicepresidencia. Bendita partidocracia. Esa clase política es partidaria de la ocupación de las casas de los demás, que no de las suyas, porque no son tontos. Por eso toman la precaución de procurarse un sistema de alerta más efectivo, como son las dotaciones de la Guardia Civil. Paradójicamente los rechazan de cara a la galería, pero les proporcionan todos los recursos para que protejan sus casoplones, no sea que los ocupe la extrema derecha. Son unos genios.

También tendrás a tu favor a un sector de la sociedad que se viste de progresismo de pandereta, muy tolerante y comprensivo con tu causa, eso sí, desde la distancia. Para justificar tus acciones, dirán que la mayoría de las casas ocupadas son de los bancos, que los que ocupamos solo queremos emprender y viajar a Ibiza como todo hijo de vecino, y que la libertad consiste en no acatar según qué leyes, esto es, abogar por leyes a la carta. Pero no te fíes de esos apoyos, que la opinión de la gente es muy voluble. Cuando les ocupemos la casita del pueblo que heredaron del fascista de su abuelo, dejarán de apoyarte esos traidores hideputas.

Pero en general puedes sentirte seguro, antisistema. El sistema te protege, castigando a quienes lo respetan. Voy a ocupar la casa del vecino. No tiene alarma y se ha ido a cuidar a su madre enferma a Villa Sequillo del Bodorrio. La alarma la pondré yo, qué cojones, en Antisistema Segur, y como ose entrar en “su mi casa”, se va a cagar. Que yo también tengo derecho a tener segunda vivienda gratis, y él la obligación de contratar a una cuidadora para su madre, influencer y maltratadora a ser posible, por fascista. España es diferente.

martes, 18 de agosto de 2020

LA FOGATA

 

LA FOGATA

En estos tiempos difícilmente puedes decidir me paro aquí a vivaquear y enciendo un pequeño fuego para aliviarme del frío invernal. Hoy día si te pillan, te crujen.

En estos tiempos pocos valoran guardar silencio para escuchar el crepitar del fuego, sentir su calor, o percibir el sonido del propio silencio. Hoy día ponemos más empeño en hacernos escuchar, y por eso nos perdemos tantas cosas.

En estos tiempos se habrían disparado 70 selfies para plasmar esta escena, eso sí, con una calidad técnica abrumadora y referenciada en Google Map. ¿La finalidad? Compartirlas  en las redes sociales con personas a las que, salvo contadas ocasiones, no les importas más allá de otorgar un like a intercambiar por otros tantos. Eso dependerá de lo selectivos que seamos con nuestros contactos/amigos.
Paradójicamente, estas imágenes referenciadas topográficamente, acabarán perdiéndose en la nube virtual, traspapeladas entre millones de instantáneas que se olvidan a los pocos segundos de ser tomadas. Serán olvidadas por quienes las toman y por quienes las visualizan en un par de segundos para pasar a la siguiente tanda. Como si fuesen etiquetadoras láser de una cadena de montaje.

En estos tiempos me reencuentro con aquellos tiempos a través de esta foto descolorida y poco nítida, pero presente después de casi 40 años. Puedo tocarla. Puedo oler la fogata y percibir su calor. No recuerdo la posición exacta del lugar, pero sí su esencia. Incluso recuerdo mi estado de ánimo, que para mí se queda. Puedo volver a guardarla y encontrarla de nuevo.

No digo que fueran mejores tiempos, eran distintos. Pero me identifico más con aquellos que con estos, sobre todo porque me sentía más libre. Y creo que estábamos mejor dotados de la consciencia necesaria para dar cada cosa el valor que merecía. Teníamos el tiempo necesario para concedérselo, pues el mundo giraba más despacio.

Éramos libres para acampar en mitad de la sierra y encender un fuego con responsabilidad, sin tener la sensación de delinquir. Podíamos permitirnos valorar pequeños detalles, como abstraernos escuchando el crepitar de las brasas y disfrutar del calor generado con nuestro esfuerzo. Esa satisfacción de dar brío a la yesca húmeda, después de pasar frío. Nos abstraíamos escuchando el sonido del entorno –el rumor de los árboles, el de un arroyo, el sonido de las lechuzas-  en vez de empeñarnos en hacernos escuchar, cuando en realidad a casi nadie le importa lo que digas o lo que pienses.

Principios de los 80, en algún lugar de la Sierra del Aljibe. Tiempos en los que podías atravesar el parque de los alcornocales de cabo a rabo durante días, sin toparte con nada que no fuese de allí, y con nadie que te pudiese echar de lo que debería ser un territorio libre.

 

lunes, 17 de agosto de 2020

TARJETA SANITARIA POR PUNTOS

 

TARJETA SANITARIA POR PUNTOS.

A ver por dónde empiezo y cómo, porque la cosa tiene miga. Quizá la mejor forma es poniendo un ejemplo reciente como el de la manifestación de Madrid contra las medidas antiCovid, protagonizada por esos seres de luz new age súper Superman tocados por la mano de Buda, que reclaman su derecho a respirar para alcanzar la espiritualidad… o algo así.Por no ser muy cabrón, voy a darles su parte de razón, esto es; tienen derecho a cuestionar la efectividad de las vacunas, la necesidad de ponerse mascarilla, defender las bondades de beber agua de mar, o sostener que la Tierra es plana. Tienen derecho a reclamar lo que quieran, faltaba más. Allá ellos, ellas, o lo que quieran ser o hacer con su cuerpo. Pero siempre y cuando sólo les afecte a ellos.El problema surge cuando esta panda de iluminados pretende imponer su criterio poniendo en peligro la integridad física de los demás, con el peregrino argumento de que hay que creer lo que ellos dicen, en contraposición de lo que dicen quienes han estudiado el asunto, en este caso la comunidad científica.

Es como si el vecino del 2º derecha, que no ha leído un carajo en su vida pero se ha vuelto fan de Tom Cruise y la cienciología, pretendiese convencer a sus familiares para que a su tío Ambrosio -que está chunguísimo de los pulmones- le suministren la milagrosa esencia de sobaco de golondrina que ha comprado en un herbolario, en vez de seguir las recomendaciones del neumólogo, sospechoso de haber estudiado diez años de medicina solo con la finalidad de conspirar contra la humanidad, incluido el pobre tío Ambrosio.

Además hay otra derivada, la desfachatez que tienen estos iluminados de renegar del sistema sin renunciar a sus ventajas. Esto es, no se ponen la mascarilla porque lo consideran inútil o represivo, pero cuando pillen el bicho, se colocarán en primera fila para demandar, mira por dónde, oxígeno. En otros aspectos podemos incluir a los fumadores, a los drogadictos, a los alcohólicos, a los incívicos del volante, e incluso a los que se dedican a practicar deportes de riesgo sin tomar medidas preventivas, que dan por hecho que cuando la cagan, son otros los que por obligación, tienen que exponer sus vidas para sacarlos del marrón.

Pues bien, en base a todo esto, propongo la tarjeta sanitaria por puntos. Que no te pones la mascarilla, x puntos menos. Que reincides, x2. Que fumas donde no debes, otro tanto. Que conduces borracho, a parte detraer los puntos de carné, otros tantos de la sanitaria.Todo, con el objeto de que ante una emergencia sanitaria, sean atendidos con carácter prioritario quienes conserven todos sus puntos, frente a los que tienen menos. Y a quienes agoten todos los puntos porque se la pela el sistema, que los atienda Carlos Jesús, el vidente del planeta Raticulín, o Miguel Bosé, que se ve muy ducho en el tema.  

 

 RECUERDOS DE JUVENTUD

Fotos que aparecen en los lugares más insospechados.  Septiembre de 1985 en el pantano de los Hurones, en una escapada que hice con mi amigo Juanma.Navegábamos a la altura de la Casa del Guarda de Cardela, rumbo hacia donde el río Ubrique  se derrama en el embalse,  cuando  nos encontramos con este ciervo que bajó para calmar su sed. Serían las tres de la tarde, soplaba levante y hacía un calor infernal. Pudo más la sed del ciervo, que su temor por la presencia de esos humanos sin piernas que surcaban el agua.  En mis manos, mi primera réflex, una Zenit fabricada en la ex Unión Soviética.  Buenos ratos para superar tiempos difíciles de manera sana.



miércoles, 12 de agosto de 2020

ACTIVIDAD ONÍRICA. MADRUGADA DEL 12 DE AGOSTO.

 

ACTIVIDAD ONÍRICA. MADRUGADA DEL 12 DE AGOSTO.

Llevaba sobre mis hombros a un niño de unos dos años. Tenía la tez morena, moreno de Bogotá. Entré con él en una lúgubre casa que ocultaba una pequeña cueva. En su interior yacía sentado sobre un sillón un tipo, en apariencia muerto, pero quizá dormido. Tenía dibujada en su boca latina  una plácida sonrisa, muy caribeña, como quien no tuviera cargos de conciencia o todo bajo control. El tipo también era sudamericano, o centroamericano, no sé. Los sueños son confusos.

Bajé al niño de mis hombros y le dije, aquí está tu papá. El papá, que resultó ser jefe de un cártel del narcotráfico, abrió los ojos y asió a su hijo. O resucitó, o no estaba muerto, lo sigo sin saber. Me dirigió una mirada en apariencia agradecida, y me dijo, puedes irte.

No me inspiró demasiada confianza aquella mirada de escualo de los que se meriendan a sus crías, así que me fui cagando leches, saltando de edificio en edificio, casi volando. Primero eran saltos enormes, pero luego iban perdiendo alcance efectivo y a duras penas llegaba a alcanzar las azoteas, así que dejé de saltar en aquella atmósfera azul tirando a gris. Lo de los saltos y los vuelos que pierden intensidad, es muy recurrente en mis sueños.

Llegué a lo que se suponía era mi casa, pero no lo era. Demasiado desorden. Encontré fardos de billetes en pesetas desperdigados en una habitación. Recuerdo que ayer vi en el telediario una noticia sobre las pesetas que aún guardan los españoles. En el sueño, eran una muestra de “agradecimiento” del narco por llevarle a su hijo. Primero, regocijo por verme con esos fajos de billetes que solucionarían mi vida por una buena temporada. Después, decepción, pues eran billetes marcados. El hijoputa del narco me había estafado, lo cual no es de extrañar.

Astilleros, aunque allí no había barcos. Buscaba trabajo y me presenté a una selección. Suba por esa escalera, me dijo una mujer. Escalera de teca, o de alguna madera noble pero muy reseca. La escalera de desmadejaba a medida que iba subiendo, hasta disgregarse como si fueran las ramas de un árbol. Cuando ya no pude ascender más, entré por una puerta que había en el nivel al que llegué. Accedí a un pasillo con mamparos, y cableado y tuberías a la vista, como en un barco, pero no era un barco. En uno de los pañoles del no barco, hasta la colcha de material de todo tipo, unos trabajadores de los astilleros oníricos, saqueaban todo lo que podían. Este tipo de saqueos son bastante comunes en la vida consciente.

Entré por otra puerta que daba a una amplia sala. Era luminosa, luz cálida amarillenta, pero cutre como la estancia de un psiquiátrico de principios del siglo XX. Había personas dispersas sentadas en el suelo o de pie, como guardando las distancias, y una gran mesa de despacho de corte antiguo, tras la que se sentaba un chupatintas al uso. Me presenté ante él, y sin decir nada, se proyectó mi currículo en una holografía, aunque no era mi currículo real. Sin darme oportunidad de abrir la boca, y sin mirarme a la cara, me dijo que no daba el perfil, pero que si no obstante superaba el periodo de prueba, sería contratado.

De fondo se escuchaba un molesto ruido, como el de un soplador de gasolina o una cortadora de césped. El chupatintas de astilleros y la  cutre sala de luz clara amarillenta, se fueron disipando. Empecé a vislumbrar en el duermevela, el  ventilador que cuelga del techo de nuestro dormitorio, girando silencioso. Acababa de regresar al mundo consciente. ¿El ruido? El jardinero de los cojones, que tiene por costumbre empezar la faena bajo mi casa tirando de maquinaria a las 07:30 h de cada mañana.

 

 

jueves, 6 de agosto de 2020

GERENTES GENERALES.

GERENTES GENERALES.

Entro en el perfil de Facebook de un fulano que regenta un bareto de mierda, y en el apartado DETALLES leo;  Gerente general del restaurante “Los Apestados” (Nombre ficticio). Ojo al dato, gerente general. Esto es, si hay un gerente general, es porque supuestamente, en la plantilla del bar hay otros gerentes, por lo que me surge una duda. ¿Cuántos gerentes suele tener un bareto comunitario de mierda con menos papeles que la moto de un hippie?

A continuación, en el apartado formación leo “Ha estudiado HOSTELERÍA Y RESTAURACIÓN en LA CALLE. Entonces empiezo a comprender. Me pongo a bichear entre sus contactos y resulta que también hay otros que son gerentes generales de negocios de mierda, y que todos han “estudiado” en la calle, confirmándose la regla de que Dios los cría y ellos se juntan.

Da mucha seguridad la presencia en un bareto de mierda, de un gerente general que ha estudiado en la calle. Señal de que lo tiene todo controlado, sobre todo a la hora de evitar un rebrote, y no será un rebrote cualquiera, sino un rebrote general, que mola más.

 

 


miércoles, 29 de julio de 2020

VOSOTROS SÍ, NOSOTROS NO.


VOSOTROS SÍ, NOSOTROS NO.

Esta mañana tropecé en el desayuno, con una imagen televisiva en el que se veía a los miembros del gobierno haciendo piña en el hemiciclo. Literalmente. Todos muy pegaditos, hombro con hombro, para dar sensación de solidez supongo.
Pero de nuevo me pregunto dónde queda el ejemplo de lo que ellos predican/imponen al común de los ciudadanos, en este caso, el distanciamiento social. Dónde queda el metro y medio de marras. Simón recomienda no viajes, pero Simón, se va a Portugal cual teniente coronel Kilgore, en plan me sobran cojones para hacer surf en esta playa. Simón recomienda distancia social, pero sus colegas se apretujan en el hemiciclo para parecer más grandes y más ruidosos que sus adversarios políticos. Todo sea por la causa.
Ni qué decir que se lo pueden permitir, pues a estos les harán las pruebas de control a diario. Pero sucede que Simón dice que no es recomendable hacer pruebas de ese tipo a todo el mundo, salvo para ellos, incluidos sus adversarios políticos, pues no nos engañemos, van en el mismo barco, un crucero de lujo con todas las comodidades. Pero a los que navegamos en un esquife, achicando agua como a quien lleva el diablo para no hundirnos, que nos jodan.
Lo más preocupante de todo es cuando Simón dice, y hay personas que aplauden con las orejas, tatuándose en algunos casos su efigie en un muslo, que tiene miga la cosa. Aplauden diga lo que diga, en un sentido y en el antagónico. Eso sí que es preocupante. Si Simón fuese brújula… madrepariós, no íbamos a ganar para imanes para compensar sus desvíos/desvaríos. Pero no olvidemos que Simón no es más que el mensajero, el que recibe los tomatazos en la cara, o las simpatías de los de la fe inquebrantable, capaces de perdonar una tras otra los desmanes su dios, por temor a que venga el demonio.  

miércoles, 15 de julio de 2020

TOTETE WASH


TOTETE WASH

Leo textualmente; “Hand wash, una aplicación de Samsung para recordarnos que nos lavemos las manos”.
Así que no me extrañaría nada que en breve, estos lumbreras de las APPs implementen la versión con las aplicaciones “Cerete wash” para recordarnos la limpieza de los cuartos traseros. O “Cipote wash” para limpiar el caño, y su variante femenina “Totete wash” para que aquello no huela a lonja de pescado en pleno agosto a las tres de la tarde.
Me pregunto qué suerte de estúpidos marranos hay hoy día, para que tengan que crear una aplicación que recuerde aquello que antaño nos inculcaban apenas empezábamos a dar los primeros pasos. Cómo es posible que haya gente capaz de manejarse con aplicaciones que a veces se me antojan complicadas, que necesite un cacharro que les avise cuándo toca lavarse las manos y durante cuántos segundos.
Y así, con todo.

domingo, 5 de julio de 2020

DE BASURA VA LA COSA.


DE BASURA VA LA COSA.

La cosa empieza así. Alguno de los incívicos que tenemos en la urbanización, dejó junto a los contenedores de basura un equipo de música deteriorado, con sus correspondientes bafles, y dos sillas jardín de plástico. Esto es, pasó de llevar ese material a un punto limpio, o de llamar al teléfono municipal para la recogida de enseres. De nada sirve que en las circulares de la comunidad se ruegue permanentemente, que por favor no dejen enseres junto a los contenedores de basura.
Y ahora llega la segunda derivada. A la mañana siguiente, la de hoy para más señas, apareció un operario conduciendo un pequeño vehículo del servicio de limpieza municipal, de estos diseñados para acceder por calles estrechas. Van equipados en su parte posterior, de una cuba para basuras, en el que se lee un rótulo en el que reza “Hagamos El Puerto sostenible”. Siguiendo la filosofía del eslogan, operario se detuvo junto a los contenedores, y en vez de llevarse en el vehículo el equipo de música y las sillas, tiró lo primero al contenedor de orgánicos, dejando las sillas donde estaban. Y ahí siguen.
Puede ser que la función del operario no sea la de recoger todo lo que los incívicos dejan fuera de los contenedores, porque el vehículo no da para eso. Pero en vez de tirar los residuos al contenedor que no procede, podría dar aviso a su departamento para que vinieran a retirarlo. Si no es así, para qué cojones está ¿Para cobrar dos mil pavos por pasearse con el cochecito y tirar al contenedor lo que le salga de los cojones? Cobran incluso más que muchos de los sanitarios que se han dejado el hígado combatiendo el COVID, que se dice pronto, así que, qué menos que se ganen el sueldo como es debido.
Porque esa es otra, la mafia de la basura, y la mafia que impera en el ayuntamiento. Es archiconocido  que el departamento responsable de la limpieza municipal, coloca a dedo a los amigotes de los amigotes, algo bastante normalizado en este país. En el vecindario tenemos a uno de esos operarios señalados con el índice, uno que forma parte del grupito de incívicos que dan la nota en el puto bar comunitario. Cuando está pasado de copas, además de palmear como una foca, se jacta de cobrar 2200 euros por manejar un camión de la basura, chanchullos aparte, y aún le parece poco. Por eso se dedica a hacer enganches de luz ilegales, abusa del riego tirando agua de la comunidad, y medra con todo lo que se le pone a tiro, incluida la comunidad de vecinos.
Y así funciona este país de mierda, en el que la clase política es fiel reflejo de la sociedad que los pone a gobernar, tanto, que el mismo basurero colocado a dedo y que cobra un sueldazo aunque no sepa o quiera hacer bien su trabajo, puede acabar siendo concejal y posicionarse aún mejor para medrar hasta reventar, o hasta que lo pillen en un descuido. Bendita democracia.