“Vamos a la cama que hay que descansar, para que mañana
podamos madrugar”
Esto es parte del estribillo de una canción que cantaba la
familia Telerín, que solo recordarán los carcas como yo. Empezaron a desfilar
en los años 70 del pasado siglo en TVE1. Hoy día, los progres de pandereta, que
beben ideologías como si fueran refrescos energéticos, lo considerarían como un
toque de queda encubierto del franquismo, para que los niños pequeños se fueran
a dormir y no urdieran revoluciones con nocturnidad y alevosía.
Pero por muy franquista que fuera el producto, alguna razón
tendría, si atendemos a las recomendaciones que dan los expertos en pediatría. Está
demostrado empíricamente de cojones, que las criaturas deben dormir más horas
que los adultos. Qué menos que 10 horas por la noche según las tablas, para que
sus cerebritos se consoliden y se construyan adecuadamente las autopistas para
que circule el conocimiento.
Las familias de este país no siempre atendieron a esa
recomendación, quizá por eso estemos más retrasados en muchos aspectos, que la
media de Europa del norte. Durante la niñez, en mi casa nos mandaban al catre a
las 09:30 lo más tardar, aunque recuerdo tener amigos a los que dejaban estar
hasta cerca de la media noche, la hora tabú.
Mas, en los tiempos que corren, la hora tabú ha pasado a ser
la hora feliz, la del inicio del desmadre. Pero lo más grave, es que han
incluido en el desmadre a los menores, a pesar los efectos negativos que
acarrea para su salud mental y física. Sucede, precisamente cuando más
información hay al respecto.
El caso es, que hemos pasado de la canción de la familia Telerín,
a la canción de la familia del desmadre, Cubatín. Esto es “Vamos al bareto que
tenemos que privar, para que mañana podamos vomitar”.
Anoche, en el bareto comunitario, un par de niñas que no
llegan a los 6 años, jugaban en la terraza gritando como posesas, mientras sus
padres y sus madres se ponían ciegos de cubatas. Toda una lección de vida para
las criaturas. Así estuvieron hasta rondar la una de la madrugada, en temporada
escolar. Esas pequeñas cuando crezcan, tendrán el cerebro menos desarrollado
que el de un carajo de mar. Solo habrán aprendido de sus padres el habito de
beber, y normalizado el hábito de dar voces y carecer del sentido del respeto y
la educación necesaria para una convivencia en paz. Incluso del sentido del
ridículo, que con el paso del tiempo les cerrará puertas de cara a su
proyección profesional.
Están aprendiendo incluso a no atender a los requerimientos
de los padres, a normalizar la desobediencia, padres ignorantes que se toman a
risa el hecho de que la niña demonio que están mal criando, les responda con
una “grosería graciosa” cuando contravienen sus apetencias. Esto es; niña, ámono
que son la do de la madrugá. Verte ar calaho papá. Y la madre responde jaleando
a la peña del cubata de garrafa; hay que grasiosa e mi niña, arsa que toma, que
toma. Y todos y todas, a palmear como focas, tatatá, tá, tatatá tá… y que se
joda el vecindario.
A los progenitores de mierda como los que frecuentan el bareto
de marras, les parecerán graciosas esas actitudes. Pero cuando las criaturas
alcancen la adolescencia, se van a enterar. Se van a enterar cuando los bichos
que han mal criado lleguen a casa a las seis de la mañana, hasta las cejas de
alcohol y drogas, reclamando que la nevera esté llena y la cena preparada, y exigiendo
que no los despierten hasta las seis de la tarde.
Se van a enterar cuando les exijan la paga por adelantado bajo amenazas. O que
les paguen la fianza por que han sido detenidos por violación, por hacer bulling
a una compañera, por vandalismo, por conducción temeraria bajo los efectos de
las drogas, por agredir a un policía, etc. Entonces, se darán cuenta, de la escoria que forjaron
en la terraza de un bareto. O no, porque estos personajes son tan mezquinos, que,
lejos de asumir su responsabilidad, se la encaliman a la sociedad. La culpa
nunca es de ellos, es del sistema.
En cualquier caso, acabarán pagando la vajilla rota cuando
empiecen a hacerse viejos y sus amebas descerebradas se transformen en adultos sin
escrúpulos. Cuando esas bestias pardas, a día de hoy tan “grasiosas”, se
dediquen a contar los días esperando a que se mueran los papis, para poder repartirse
el botín, o más bien, para disputárselos entre hermanos como hienas. Y vuelta a
empezar, para completar el proceso de una generación de mierda que concluirá con
la decadencia de occidente.
domingo, 24 de octubre de 2021
LA FAMILIA CUBATÍN
jueves, 21 de octubre de 2021
EL JUEGO DEL CAZÓN EN ADOBO
Os
recomiendo la segunda temporada de “El juego del cazón en adobo” que se emitirá
en el Canal de la Petróleo cuando le salga del candil. La primera temporada no,
porque en este caso hay segunda sin primera por eso de que la serie es gaditana
y en Cadi hay que mamá. Obviamente se desarrolla en Cadi, Cadi. Trata de unos
pishas muertos de hambre que malviven del postureo y están entrampados con los
bancos para poder pagar sus coches de alta gama.
Se cruzan
con un cachondo, nieto de Carlos el Legionario, que pasea por la calle Pelota
con tres copas encima, de estas de 3500 mililitros, a la venta en Amazon. El nota,
con toda la guasa, les propone un macabro juego. Consiste en pedir cuarto y
mitad de cazón en adobo, en una freiduría del barrio de La Viña, e intentar
hacer un simpa al grito de viva el Betis. El que consiga salir entero del
barrio, y llegar al Campo del Sur, se tendrá que tirar por los bloques. Si
sobrevive al sarpajaso, pero cae al mar, peor para él, porque allí le esperarán,
clamando venganza, los primos del cazón que acabó en la freiduría. Para más
inri, los escualos son de ascendencia gabacha, de los que estuvieron puteados
por los mosquitos en El Trocadero, mientras las gaditanas se hacían tirabuzones.
O algo así.
Como los julais
entrampados con el banco, pasaban más hambre que un maestro de escuela del
siglo XIX para poder dar de comer a sus Audis cupés, y además, iban cargaditos
de alcohol y otras sustancias descolocantes absorbidas por las narices,
aceptaron el juego y se tiraron en plancha.
En fin, todo
muy absurdo, pero grasioso de cohone, tanto, que la serie surcoreana de los
calamares congelados se va a comer un carajo con el éxito mortal de la muerte
que va a tener “El juego del cazón en adobo”. Un bastinaso de serie que destronará
a las del Nesflis ese, y a la madre asiática que las parió. Atentos al candil
de la Petróleo.
lunes, 18 de octubre de 2021
UNA DE PULPO
Me dice Lobita, que la Jane Fonda ha venido a España y se ha escandalizado porque consumimos pulpo. Dice que cómo es posible que cometamos la atrocidad de comernos seres tan inteligentes y emocionales como los octópodos. Se ha escandalizado tanto, que va hacer una campaña contra el consumo de pulpo, con lo cual más vale que no aparezca por Fisterra, porque le van a dar la del mismo.
Con tanta idiotez importada de los Estados Unidos, a este paso me veo a los pescadores evaluando las capturas, además de por su calibre, por su nivel de coeficiente intelectual. Anda Jane, quédate en USA, que la idiotez es muy contagiosa, y de idiotas vamos sobrados en nuestro país. Hazte un video de fitness para manatís, y que te los compre el nieto de Ho Chi Min. Ahora mismo voy a abrir una lata de calamares inteligentes en su tinta, aunque sea por joder.
sábado, 16 de octubre de 2021
viernes, 1 de octubre de 2021
EL DILEMA DE LA ISLA
Va y dice la moza del flequillo tieso, que lo que se está generando con la llegada de la lava al mar, es una isla. Un geólogo le corrige; no señora, no se trata de una isla, se trata de un delta. Una isla es una porción de tierra rodeada de agua por todas partes, menos por el cielo, salvo que llueva.
La del flequillo, con esa sonrisita también marca del programa, sonrisita de suficiencia y de chufla en plan me resbala todo como la lava, viene a decirle al geólogo; hombre, señor, no nos pongamos tiquismiquis con los tecnicismos, que estamos abrumados con tanto lenguaje técnico.
Y es que saber la diferencia entre una isla y un delta es algo que no está al alcance de todos y todas. Incluso ni de todes. Eso solo lo saben los científicos y los privilegiados del fascismo casposo que estudiamos en la EGB. Creo que en 3º curso ya sabíamos diferenciar una isla de un istmo, o de un delta, y un cabo geográfico, de un cabo de la legión.
martes, 28 de septiembre de 2021
LÓGICA APLASTANTE
Los medios de comunicación hablan de destrucción cuando se refieren al volcán de Monte Viejo. Pero, hasta qué punto lo es ¿Y si se trata de un acto de autodestrucción, en lo que al factor humano se refiere? Tenemos la insana costumbre de anteponer nuestros intereses ignorando a la dinámica universal. Nos consideramos el centro del Universo, y pretendemos que todo gire en torno a nosotros, cuando no somos más que el resultado surgido a partir de una mota estelar. Hablando en plata, somos el resultado de un cuesco galáctico.
Con el asunto del volcán sucede lo mismo. Los habitantes de la isla
perdieron la perspectiva, dando por hecho que sus intereses estaban por encima de
la dinámica natural del territorio. Que la fertilidad de la tierra, dada por el
volcán, les pertenecía con carácter definitivo porque así lo reflejan unas
escrituras y el catastro.
Visto con el prisma de un científico, descartando el factor
humano, lo que estaríamos viendo sería el proceso de construcción de una isla
que gana terreno al océano. Pasado un tiempo, una vez asentada y enfriada la
lava, seríamos testigos del inicio un ciclo de colonización biológica, que
daría lugar a lo que conocemos como vida. Por tanto, siendo objetivos, el
volcán no destruye, construye. Es una réplica a pequeña escala, del proceso que
originó el planeta que hoy conocemos.
En cualquier caso, la destrucción la padecerían los elementos
ajenos al proceso que nunca debieron haber estado ahí, a menos que se asuma el
riesgo que conlleva, como lo asumen otras culturas que habitan zonas con
actividad volcánica intensa. Esto es, lo que el volcán nos presta, el volcán
nos lo quita, para volver a ser renovado después. Demos gracias al volcán. Pero
claro, esa dinámica de pensamiento no casa con la que tenemos los occidentales,
más dados a exigir sin dar nada a cambio.
Llevado al entendimiento más elemental, sería como construir
una casa en mitad de la vía del tren, porque resulta que ese lugar tiene unas
vistas preciosas. Y cuando pasara un convoy de mercancías y la arrasara,
señalásemos al ferrocarril como elemento destructor, cuando en realidad habría
sido un acto de autodestrucción por parte nuestra por construir la casita en
mitad del trazado ferroviario que favorece al progreso del ser humano.
El planeta no es nuestro, y mucho menos, podremos dominarlo.
Lo más que podemos hacer es adaptarnos a su dinámica determinando el grado de
riesgos que queremos asumir, y minimizándolos en lo posible. Si decidimos
construir nuestra casa junto al mar en una zona sujeta a actividad sísmica, nos
expondremos a que sea arrasada por un tsunami, o quizá a perderla por la subida
del nivel del mar debido al derretimiento de los casquetes polares. Si la
construimos en mitad de un precioso bosque, podemos perderla en un incendio. Si
lo hacemos junto al cauce de un río, estaría expuesta a las riadas. Si es en
una isla con actividad volcánica, correremos el riesgo de perderla bajo la
lava. Si la construimos en la vía del tren…
Quizá mejor buscar el término medio; unos cientos de metros
apartados del mar, en un claro del bosque, apartados del margen de un río,
fuera del radio de acción de un volcán “durmiente”, fuera de las vías del tren…
Me parece de una lógica aplastante, nunca mejor dicho.
viernes, 24 de septiembre de 2021
LA CORRESPONSAL
Ayer vimos “La corresponsal”, una película basada en la vida y la muerte de la mítica reportera de guerra estadounidense, Marie Colvin. Debido a su celo profesional, perdió el ojo izquierdo en una escaramuza en Sri Lanka, y años después, perdió la vida en Homs, mientras cubría la guerra en Siria, una guerra de la que, por cierto, no se ha vuelto a hablar.La legendaria reportera del parche a lo Moshé Dayán, era tan intrépida, que pocos se atrevieron a formar equipo con ella, salvo el reportero de guerra Paul Controy, con el que compartió tajo, y que sobrevivió con heridas, al ataque en el que pereció ella.
Marie pretendía despertar conciencias enseñando al mundo el horror que producía la guerra entre la población civil. Sus comunicados los hacía desde primera línea, tanto, que se sospecha que su muerte en Homs se produjo tras ser localizado por las tropas de Bashar al-Ásad, el lugar desde el que retransmitían. Perteneció a una raza de corresponsales que se extingue por falta de relevos y por el cambio de coyuntura en materia de comunicación. Esa vida no estaba pagada entonces, y mucho menos lo está ahora. No estaba pagada económicamente, y tampoco reportaba una vida de satisfacciones. Trabajaban en el infierno de los campos de batalla a nivel de pelotón, superando un miedo atroz, al que solían ahogar en alcohol y drogas. Marie fumaba y bebía como un cosaco. Todas las noches la visitaban los fantasmas de las personas que vio morir, y cuando regresaba a su hogar, no se ubicaba, experimentando los síntomas propios del shock postraumático que experimentan los soldados que regresan del frente. Pero como sucede con las adicciones, el cuerpo le pedía regresar a los infiernos, y quizá lo de descubrir al mundo las atrocidades de la guerra, solo fuese una vaga justificación.
En cualquier caso, personajes como Colvin, descartado el dinero por mal pagados, se movían gracias a un motor interior que dejó de fabricarse hace tiempo. Ya no los fabrican con aleación de coraje, valores, y compromiso.Además, las formas de comunicación han cambiado, por desgracia a peor. Hoy día el “reporterismo” se basa fundamentalmente en las imágenes que toman los propios protagonistas o los testigos directos de la tragedia. Graban con sus celulares, videos que son subidos en tiempo real a los medios de comunicación y a las redes sociales. Después son comentados por periodistas cómodamente sentados en sus platós de televisión, mientras emiten las escenas en bucle, o las comentamos nosotros para dejar nuestra patética impronta en las redes, sin conocimiento y sin causa.
Más que noticias, son imágenes que se consumen como bolsas de pipas. Tan pronto resultan impactantes, como se olvidan, porque es imposible asimilar tanta sobre información. Las tragedias hay que digerirlas para que se asienten en el estómago de la consciencia, pero no da tiempo. Como en las orgías gastronómicas, nos vemos obligados a vomitarlas para dejar espacio a las que llegan inmediatamente después. El resultado final es que nos insensibilizamos ante el horror, hasta que la tragedia nos pilla de lleno.Quizá con Marí Colvin, muriera la estirpe de reporteros que empezó a tener notoriedad a partir de las dos guerras mundiales y de nuestra guerra civil. Un modo comprometido de comunicar, con la esperanza de crear conciencia, de buscar la verdad. Pero con irrupción de las nuevas tecnologías y con el nuevo estado de conciencia/inconsciencia de la sociedad actual, carente de valores elementales e ideales sólidos, estos reporteros ya no tienen cabida.
Resulta caro enviarlos a las zonas de conflicto para tomar fotografías, y lo que puedan redactar sobre el terreno, ya no interesa tanto. Resulta mucho más barato recopilar imágenes tomadas por los soldados en el frente, por las ONGs, e incluso por las propias víctimas, que quizá no tengan para comer, pero a las que paradójicamente, nunca les falta un celular y una conexión a internet. Lo de menos es crear conciencia. Lo que cuenta es engrosar el prime time de las televisiones con imágenes dramáticas, aderezadas con comentarios de tertulianos expertos en todo que no saben de nada, como el maestro Liendres.
De qué sirve la Nikon que llevaba Paul Controy, habiendo celulares funcionando full time por todo el planeta, y drones capaces de sobrevolar volcanes. De qué sirve crear conciencia como pretendió Marie Colvin, si apenas quedan almas dispuestas a dejarse concienciar, más allá de darle a un puto like en las redes sociales.
lunes, 6 de septiembre de 2021
EL PRESI GUAPO DICE (SOBRE LA BAJADA DE LA LUZ)
El presi guapo dice que está barajando ideas para bajar la
luz. En vez de poner la lámpara en la mesita de noche, habrá que ponerla en el
suelo. Mañana.
VUELVEN LOS CUENTOS CLÁSICOS
Lo más parecido en la actualidad a la expresión “que viene el coco” es la de “que viene la factura de la luz”. La diferencia estriba en que, en vez de aterrar a los niños, aterra a los adultos. También quería resaltar el razonable parecido de la tercera vicepresidenta con la bruja Piti. Por cierto. El buzón se me antoja como la casita de chocolate, ya sabéis, la de Hansel y Gretel. Lo mismo lo abro, y la puta factura se me come la mano. Parece que vuelven los cuentos clásicos de terror.
viernes, 27 de agosto de 2021
AFGNISTÁN. VERDADES INCÓMODAS
¿De verdad alguien cree que los soldados de la coalición fueron a Afganistán para salvar a los afganos? Que yo recuerde, formaron parte de la maquinaria de represalia por los casi 6000 muertos provocados por Al Qaeda el 11 de septiembre de 2001.
Invadieron el país militarmente, e implementaron una campaña
tipo ganar corazones y mentes, para tener contentos a los caciques proclives a
colaborar con los miembros de la coalición, y de paso, tranquilizar las
conciencias de los estadounidenses. Y sobre todo la de los europeos, muy dados
a rasgarse las vestiduras y escurrir el bulto a la hora de tomar medidas
incómodas.
A los españoles nos contaban, que nuestro ejército iba en
misión humanitaria. Y todos tan contentos. Menos los militares, que muerden el
polvo en el tajo a sangre y fuego. Y si pierden los miembros, o se les va la
cabeza por el estrés postraumático, les espera otra batalla, ésta, burocrática
contra su propio Estado, para que les reconozcan el valor y los derechos
propios de los heridos en combate. Por regatear, el gobierno español regateó
hasta el color de las medallas, que si distintivo amarillo o distintivo rojo, por
ese matiz cicatero de si cayeron en una acción humanitaria o en combate.
Entre tanto, la ciudadanía afgana seguía padeciendo penurias
inasumibles, y así ha sido durante los últimos 20 años y lo que resta. Así ha
sido, a pesar de que los medios de comunicación occidentales nos mostraran
mujeres paseando sin burka por Kabul, que no, por cualquier poblado del
territorio afgano. Paseando sin burka, yendo al colegio o al trabajo, o chicas
youtuberas al más puro estilo occidental. Y cómo no, reporteras occidentales
fardando de cabellera y look occidental, las mismas que en estos días se
pusieron un velo para escenificar el drama, personificado en ellas mismas, que
viste mucho de cara a la noticia y al prestigio personal.
Respecto a los soldados afganos, acumulaban pagas sin cobrar,
porque allí impera la corrupción, y los caciques que manejan el cotarro se lo
llevan calentito. Como los 150 millones de dólares que se ha llevado el
presidente del “gobierno legítimo” en su huida, abandonando a su pueblo para
vivir cómodo en su exilio. Así que, en términos generales, de motivación para
combatir el mal por parte de la tropa afgana, cero. Como en Vietnam.
Y como en Vietnam, era cuestión de tiempo que se revirtiera un
proceso fallido en origen, por esa manía de imponer la filosofía de vida que
tenemos los occidentales, y a la vez, pretender sacar tajada del conflicto. Como
no han salido las cuentas, abandonan el escenario que, atendiendo a precedentes
históricos, no debieron ocupar nunca. Afganistán se invade en un plis plas. Lo
imposible hasta el momento, es defender la plaza y salir vivos del intento.
Los norteamericanos se largan sin complejos. Si anduvieran
con escrúpulos, no serían la primera potencia mundial. La vieja Europa se
retira también, aunque “escandalizada”, responsabilizando a los estadounidenses,
pero sin asumir más riesgos de los imprescindibles. Así en plan, oh, los
yanquis dejan tirados a nuestros queridos afganos, y nuestros muertos y heridos
han caído en saco roto.
En saco roto de qué. ¿A caso no sabían que iban, sino a dar
soporte a una acción de represalia? Era a eso a lo que fueron, por mucho que
nuestros cínicos gobiernos nos vendan la moto de que fueron a repartir galletas
entre los afganos.
Y a día de hoy, desde el paralelo 36ºN hasta las latitudes de Tromsø, todos, estamos escandalizados que te rilas, reclamando que se haga
todo lo posible para traer de vuelta a todos los afganos que se pueda, y más.
Pero de boquilla. En diez días, esto tendrá el grado repercusión que tiene
ahora el conflicto de Siria, o el del Sahel. Cero.
Puestos a ser tan espléndidos, por qué no pedirles a
nuestros gobiernos europeos, que envíen a Afganistán tropas a tutiplén, para
dar matarile a los malos y rescatar de sí mismos a los afganos. Esto es, aceptemos
una subida de impuestos brutal para financiar la cruzada, y asumamos que
nuestros conciudadanos en edad militar, participen en la contienda,
contando con que regresen a sus casas metidos en una bolsa de plástico o
mutilados. Así, con dos cojones y dos ovarios, o con los mismos volatilizados,
como hicieron los aliados en la 2ª Guerra Mundial para combatir el nazismo.
Conociéndonos, va a ser que no. Es más cómodo
responsabilizar a los yanquis y hacernos los suecos. Va a ser que, como estoy
haciendo yo en estos instantes, soltemos nuestra cagadita de indignación en las
redes sociales, y concluido el noticiario, pasemos a la peli con refresco y
palomitas, tan ricamente sentados en el sofale.
martes, 24 de agosto de 2021
EL BATERÍA TRANQUILO
Vaya. Nos ha dejado el batería tranquilo. El contrapunto sereno de sus Satánicas Majestades. El ángel infiltrado. El del gesto impasible que marcaba el ritmo, con la misma modestia que si condujese un tranvía.
Me agradaba ese tipo. A pesar de haber sido fundamental, no gustaba de acaparar protagonismo. Era la estructura reforzada, que oculta bajo las chapas del fuselaje de los Rolling, evitó su desintegración cuando entraban en barrena por la lucha de egos.
Me gustaba de él, eso que ahora tanto se denosta en favor de lo zafio, su clase en todos los sentidos. Ordinarios vestidos de Armani los hay a patadas, y no se trata de eso.
Destacaba sin destacar. Destacaba su saber estar, sin que se notara su presencia más de lo imprescindible. Su acción se resumía en un discreto movimiento de muñecas, suficiente para sostener el ritmo endiablado de la banda. Y ese gesto impasible.
Ahora que caigo en la cuenta, solo me llevaba 20 años y pocos meses. Aunque no tengo propensión a la idolatría, se desmoronan mis referentes, en este caso de la música. Ley de vida que hay que asumir con la misma serenidad con la que tocaba el batería tranquilo.
Adiós Charlie Watts, feliz viaje con tu tranvía, y que Dios salve a los Rolling, porque ya no serán lo mismo sin ti. Es el fin de una era.
sábado, 21 de agosto de 2021
FIESTA PERMANENTE
Los que necesitan fiesta permanente, y consumir y viajar compulsivamente, lo necesitan para llenar su vacío existencial. Les quitas la fiesta, el consumo y los viajes a granel, y no son nadie. Veréis qué panorama cuando el cuerpo no les resista más fiestas, o el bolsillo no les dé para consumo y viajes, y no sepan qué hacer con sus miserables vidas.
Los pollazepán van a correr como ríos de sangre para intentar contener los intentos de suicidio, y tendrá que cotizar la madre que los parió, si es que vive.
sábado, 14 de agosto de 2021
EL MAR DEL CHUSMERÍO
Es como estar bloqueado en el Mar de los Sargazos. Velas lacias, sin vida por la ausencia de viento. Calor tropical. Flotando sobre un mar sin más vida que las algas homónimas que impiden ver el fondo.
Solo que, en mi caso, me mantengo a flote sobre un mar de ruidoso chusmerío, empeñado en hacer partícipes a los demás, de su miserable estilo de vida. Esto es, mi fiesta es la tuya, si no te gusta te jodes.
En el Mar de los Sargazos al menos impera el silencio. Qué menos que poder leer un libro en paz, mientras el sol nos mata.
miércoles, 11 de agosto de 2021
EXPERTOS EN AHORRO ENERGÉTICO
Expertos en ahorro energético. Se han puesto de moda. Ellos
con sus “trucos” para ahorrar energía en pro de la supervivencia del planeta. Hoy
he desayunado con uno de estos, un tal A.N. Para la conexión con la cadena de TV
de marras, en la que interviene puntualmente, salió vestido con estilo
ocasional. O algo asín. Pantalón sport blanco, polo negro con un logo a la
altura de la patata. Una N para ser más preciso. Dejaba claro que era su marca
y que su marca era él.
Intervino muy dinámico y locuaz, con pose estudiada, dándonos
a conocer los “trucos” para conseguir bajar la temperatura 10ºC en el interior
de nuestras casas ahorrando energía. Estos espectaculares trucos eran; ventilar
la casa a primera hora, bajar las persianas, compartimentar la casa cerrando
puertas, no poner el horno ni la secadora durante el día, encender el extractor
de la campana de la cocina para sacar el aire caliente, usar ventiladores… y
cosas por el estilo.
No voy a entrar en analizar cada “truco” punto por punto porque
no acabaría, pero según el señor experto de la N en pecho, si los que viven en
Sevilla, Córdoba o Toledo se asan en sus casas, es porque quieren. Fue la presentadora
del matinal, la que apuntó el detalle, pero con menos ironía.
-¿Usted cree que esas medidas serían efectivas en Córdoba?- Preguntó.
La respuesta del señor ilustrado en materia de ahorro
energético fue maravillosa. Una auténtica revelación. Dijo.
-En ese caso, el uso del aire acondicionado sería
imprescindible. Yo vivo en Barcelona y tengo un aire acondicionado con tres
splits, y ahora estoy fresquito en mi casa de la sierra.
Un crack el señor N de Navarrete. Y es que, con un aire
acondicionado con tres splits y una casa en los Pirineos, cualquiera es experto
en esa materia. Si viviera en Córdoba, con un ventilador de tres palas, sin
campana extractora en la cocina, con temperaturas de 35º por la noche y 47º a
la sombra durante el día, sin correr una brizna de aire, otro gallo le cantaría
al señor N. Por cierto ¿Quién pone a funcionar una secadora en Córdoba en pleno
verano? Le faltó decir que no encendiéramos la estufa, con la de calor que da
eso. Lo más grande es que el señor N vive de eso. N de “no me lo puedo ni de creé”.
lunes, 5 de julio de 2021
ACTO DE FE
Me dio por probar el micrófono de búsqueda de Google. En el primer intento, y por poner la búsqueda sencilla, dije BARCA. El buscador de Google entendió MARCA, y me mostró las últimas noticias deportivas publicadas por el periódico de marras.
Pensé, no me habrá pillado el tono de voz. Así que procedí a
darle una nueva oportunidad.
Volví a repetir, BARCA. Para mi sorpresa, en este intento el
resultado de la búsqueda de Google volvió a estar relacionado con el deporte.
El navegador me mostró las últimas noticias relacionadas con el Fútbol Club
Barcelona (El Barça). Mí no entender porque, que yo sepa, se pronuncia Barsa,
no barca.
Y dicen que los coches circularán solos acatando nuestras
órdenes de voz. Habrá que tener fe ciega. Como si lo viera, le ordenas al coche
“PARA” entiende “CARA”, y mientras te hace un selfie, te despeña por un
acantilado. El hijo de puta.
miércoles, 30 de junio de 2021
INCENTIVANDO A LA MUCHACHADA.
Llegué harto de coles del currelo, y cometí el delito de encender la TV para ver el noticiario. Titular:
“Bélgica llevará DJs (pinchadiscos de toda la vida) para
animar a los jóvenes a que vayan a vacunarse”
Y en las imágenes, un escenario con un mezclador de música de mierda para el pinchadiscos, con foquitos led de colorines y demás. Chúndala que chunda, chimpún chimpón, que no pare la fiesta de la vacunación.En el mismo sentido, en Grecia les pagarán por vacunarse a modo de incentivo. Y en esa línea, algunas iniciativas más en otros países. Miedo me dan las iniciativas que puedan surgir en España por parte de la peña que nos gobierna.Y es que, vacunarse es un sacrificio demasiado grande para la muchachada. Prueba de ello, las imágenes que sacaron de una jovenzuela belga diciendo ay, pero en flamenco, cuando le dieron el pinchacito. Pobrecita. Qué doló.
Veo bien que incentiven a la muchachada, qué diablos. Son tan sacrificados, sacrificadas y sacrificades, que hay que compensarles por su entrega y su compromiso con la sociedad. Incluso vería bien que recibieran atención psicológica, antes y después de la inoculación de la vacuna. Que prolonguen la terapia unos meses, con revisión posterior cada año, no sea que sufran una recaída emocional por el trauma que provocan las vacunaciones. El síndrome SOGIDEN (Soy Gilipollas de Nacimiento) puede causar estragos si no se hace nada.
Pensándolo bien, que los vacunen con la que más duela. Y
después, que les den herramientas para abrir cortafuegos en el monte en pleno
verano, supervisados por una versión del sargento Hartman, pero de Algatocín. O
eso, o nos vamos a la mierda sin remisión en dos décadas, tirando por largo.
martes, 29 de junio de 2021
VARAS DE MEDIR EL SUFRIMIENTO
A mí, como a tantos de mi generación, un día me llegó una carta oficial. Venía a decir a groso modo; “Preséntese el día tal a la hora cual en la Comandancia de Marina en Cádiz. De no presentarse, prisión militar”.
Allá que fui por cojones, y a las pocas horas de recibir una
cartilla a la que llamaban “la blanca”, me “secuestraron” unos tipos muy altos
a los que llamaban calimeros, y me
metieron con otros cientos de secuestrados, en un tren con destino al hotel
CEIM de Cartagena. Oye, y sin dar explicaciones a mi madre.
Me pelaron al cero, me dieron ropa de color verde, y a
partir de aquel día, me pusieron a marcar el paso y a revolcarme por el lodo
entre detonaciones, canciones absurdas y gritos en la oreja. Y luego a lavar la
ropa, jope, y que quedara impoluta. Tras varios meses de secuestro en Cartagena,
me cambiaron de “hotel” junto con alguno de mis “consecuestrados”, trasladándonos
a las playas del sur. De veraneo, decían, aunque aún era invierno.
Allí nos llevaron de crucero en buques de guerra en los que,
en las navegaciones con temporal, los vómitos y los excrementos flotaban en agua
mezclada con orines. Nos mareaban durante tres o cuatro días por el Golfo de
Cádiz, o por el Estrecho de Gibraltar, y después nos soltaban de mala manera en
la ensenada de Zahara de los Atunes, a bordo de lanchas que casi nunca llegaban
a la misma orilla. Con lo que jode mojarse entero en noviembre.
A partir de un lugar llamado cabeza de playa, nos llevaban
de excursión al monte. Primero nos trasladaban muy lejos a bordo de camiones o
cacharros que volaban, de los que nos hacían bajar en marcha. Siempre con
prisas, siempre a gritos, susórdenes, y demás. Después nos hacían regresar al punto
de partida a pie, pero dando muchos rodeos, y con muchos sobresaltos por el
camino. La línea recta era una utopía.
Caminábamos siguiendo a un tipo con estrellas, día y noche, sin apenas comida, con lo justo de agua, sobrados de sueño, con lo puesto, durante días y días, y más días y más noches. Hedor a humanidad, olor a salitre, a aceite de armas y pólvora, a fogata y a romero. Y muchas ampollas en los pies.Y así, durante 18 meses, secuestrados sin chistar, sin llamar a los papás o a las mamás, sin que hubiera más pandemia que la llamada “todo por la patria”.
A pesar de aquello, salvo algunos pobres diablos con muy
mala suerte, la mayoría salimos airosos. Incluso reforzados. Muchos, aprendimos
sobre la vida a marchas forzadas, e incluso disfrutamos, a pesar de los muchos
momentos adversos. Fueron precisamente los momentos adversos los que forjaron
la camaradería entre los compañeros de bien, y el tamiz que separaba a los
infames de condición.
No es que fuese una situación idílica. En realidad, era una
putada colosal. Pero tuvimos la capacidad de darle la vuelta a la tortilla. Nos
recompusimos, y logramos extraer agua, de lo que en principio era lodo. Muchos
aún se reúnen para rememorar aquellos tiempos, aunque no es mi caso. Soy rarito
para esas cosas. Prefiero dejar el pasado tal como está, guardado en una urna,
que luego la gente cambia y llegan las decepciones.
“Secuestrados” por 10 días, por el bien de la sociedad, que
incluye a sus familias, y no por ese concepto abstracto e impreciso del “todo
por la patria” por el que, en mi caso, me retuvieron durante 18 meses y un día.
Encima hay que compadecer a la chiquillada, mientras sus papis y sus mamis
sufren el atroz cautiverio de sus “pequeños” en un hotel. Tendrían que haberse
planteado, puestos a tutelar, si era conveniente dejarles salir de viaje a un
destino en el que se vendían todas las papeletas para contraer el puto virus, o
quedar atrapados por el caos que trae aparejado. Si al menos fuesen capaces de
asumir las consecuencias de sus actos…
Está claro que las varas para medir el sufrimiento varían con el paso del
tiempo, lo que no tengo claro es si eso es bueno o es malo. Va a ser malo, me
temo. Cada vez peor, sobre todo para ellos, ellas y elles.
jueves, 24 de junio de 2021
PUNTO VERDE, PUNTO ROJO.
Esta mañana fui a un organismo público para realizar una gestión. Debido a las medidas de contención de la COVID, la entrada a las oficinas estaban reguladas por un guardia de seguridad, ante el que había que identificarse para comprobar que estaba inscrito en la cita previa.
Así procedí, y tras hacer la verificación, el guardia de
seguridad me dijo - Échese gel y pase a un punto verde.
Al pronto me quedé pillado con lo del punto verde. Esperaba
que me dijera pase a la mesa tal, o a la mesa cual, o que esperara en la sala
para tal efecto. Pensé, a ver si me ha tomado por un deshecho y me manda a una
sección de reciclaje. Será por la edad.
Para asegurarme, volví a preguntarle, y entonces matizó
– Pase y siéntese en una silla que tenga el punto verde.
Eso tenía lógica, pero resultaba tan obvio, que hubiera
bastado que hubiera dicho que esperara mi turno sentado en una silla. Después
caí en la cuenta.
Había dos personas en la sala de espera. Una sentada en la
primera silla, marcada con un punto verde, y otra sentada justo al lado,
obviamente marcada con un punto rojo. Si me hubiera sentado en la silla siguiente
marcada en verde, no hubiera cumplido el objetivo de la norma de mantener la
distancia de seguridad. Como tengo iniciativa elemental, al parecer una cualidad
escasa en estos tiempos, procedí a sentarme en la silla marcada con punto verde
de más allá, dejando dos sillas entre esas personas y yo.
Después pensé. Manda narices que a estas alturas haya que
explicarle a la gente lo de mantener la separación, en este caso en una hilera
de sillas perfectamente diferenciadas. Punto verde sí, punto rojo no.
También me planteé la labor del guardia de seguridad, ya que,
siendo consciente de la anomalía que se estaba produciendo, no intervino. Aunque
teniendo en cuenta lo “sensible” que se ha vuelto la gente cuando se les
conmina a que cumplan con las normas, puedo entender que el guardia se hiciera
el sueco, porque para lo que le pagan, y el respeto que tiene la gente a la
autoridad, no merece la pena exponerse a follones.
Esto es, punto verde y punto rojo a elegir, y punto en boca
por si las moscas, no sea que se revolucione la jauría, masacren al empleado, y
encima acusen al “segurata” de abuso de autoridad.
martes, 1 de junio de 2021
SEGUNDA DOSIS
A vueltas con la Pifia. Esta vez la sanitaria era un poco más alta. Abordó decidida mi hombro de hombre, y estocó en un plis plas sin causar el mínimo dolor. Si acaso con umbral equivalente al de un cólico nefrítico. Pecata minuta. Esta vez tampoco me senté. Sentarse es de blandengues.
En cuanto a las reacciones, en esta ocasión no me ha crecido
el cuerno de rinoceronte en la frente, ni se me ha puesto el brazo izquierdo
como el de Popeye. Eso sí, se me ha descolgado el cojón izquierdo. Considerando
que el cojón derecho se me descolgó con la primera dosis, parece claro que es
una reacción de mi sistema inmunológico de los cojones, al virus. Al menos
ahora voy equilibrado.
Mis ojos han vuelto a ponerse como los de Marty Feldman, con
la novedad de que estoy experimentando la capacidad de detectar gilipollas en
un radio de 200 metros. No sé si considerarlo como un super poder, o una
maldición. A ver si se me pasa.
Por lo demás, todo anormal. Si hubiera algo normal,
empezaría a preocuparme seriamente. Os dejo, que me estoy meando por las orejas.
Otro efecto secundario. Pero no temáis, vacunaros lo antes posible. Y recordad.
Si sois altos y blandengues, y os va a pinchar alguien bajito, sentaos para que
no os la metan doblada. La aguja, o lo que se tercie.