domingo, 17 de abril de 2022

QUÉ TAL LAS VACACIONES.

 


- Qué tal las vacaciones Marcelino.
- Uy, han sido maravillosas. Nos levantamos a las cinco AM y llenamos el tanque del coche a tope. Un potosí en gasóleo, aunque bueno, hay que disfrutar, que han sido dos años terribles de soledad y mascarilla, quilla. Pillamos una retención de 40 kilómetros, pero nos entretuvimos documentando con el móvil las dos horas de atasco y lo subimos a la App de Antena P, aportando nuestro granito de arena para esos informativos tan interesantes.
- ¿Y a dónde fuisteis?
- A la costa mediterránea, a una de esas playas al uso. Apenas se veía de la gente que había, pero encontramos un metro cuadrado de arena negra, y ahí nos acoplamos los cinco. Era la mar de entretenido llegar a la orilla abriéndonos paso entre lorzas tatuadas y traseros celulíticos apestando a crema solar. Y el agua estaba la mar de calentita. Decían que por los orines de la gente, pero es un bulo la mar de grande. La mar, en definitiva, en todo su esplendor natural y sostenible.
- ¿Y qué tal la comida?
- Oh, fantástica. Eso sí, teníamos que esperar del orden de dos horas para pillar mesa y nos saquearon la cartera a base de bien por eso del IPC. No estoy muy seguro de lo que comimos porque había más plato con reducciones de salsa, que condumio, pero oyes, es lo que se estila en los gastrobares de hoy. Eso sí, qué ambientazo. Cuanta gente disfrutando del calor, ese que derrite cráneos y solivianta los alerones del personal. Todos sonrientes y felices porque había ganas de olor a humanidad y de insolación.
- ¿Fuisteis a algún museo?
- Por supuesto. Fuimos al museo de ropa interior. Estaba muy concurrido, razón por la cual esperamos cerca de dos horas, pero mereció la pena porque compramos una réplica de los calzoncillos que usó Rodolfo Chiquilicuatre en Eurovisión. Una pasada.
- Y qué tal el regreso.
- Bueno, un poco apenados por lo bien que lo hemos pasado en aquella mierda de playa, comiendo aquella mierda de comida, y visitando aquel museo de mierda. Luego tocó pagar la factura del parking de mierda, y volver a las retenciones de mierda, mientras subíamos nuestros Tictoks de mierda, para ver si nos veíamos en el noticiario de mierda de Antena P. Pero había overbooking de tiktos, y esta vez no salimos. Llegamos a casa pasada la media noche, y hoy, pues aquí estamos, en nuestro trabajo de mierda desde las siete de la mañana -sin contar la hora de retención in itinere- pensando ya en las vacaciones de verano. Porque, sabes, había ganas y volvemos a tenerlas, que es lo más grave.

martes, 12 de abril de 2022

REZAR ADECUADAMENTE

Primero sacaron a las vírgenes para pedirles que lloviese para mitigar la sequía, pero no llovió, al menos en esos días. Cuando llegó Semana Santa las sacaron pidiéndoles que no lloviese, pero cayó fuerte del suroeste, y las procesiones tuvieron que volver a las iglesias a paso legionario. Unos se estaban cabreando porque los pasos no salían, así que los sacaron. Cuando cayeron chuzos de punta y los pasos se pusieron pipando, otros se cabrearon porque decían que no debieron salir. Y se montó lo que se dice un pifostio cofrade de cojones. Y entre medio la Virgen, el Cristo y todos los santos sin saber a qué plegarias atender.
Las cofradías deberían buscarse mediadores más eficientes con las cosas del cielo y las santidades, alguien como el capellán al que condecoró el General Patton. El 22 de diciembre de 1944, la 4ª División Blindada del General de marras estaba a punto de abrir un corredor hasta Bastoña (Francia) para liberar a las tropas estadounidenses, sitiadas por los alemanes en la Batalla de las Ardenas. Pero la cosa estaba complicada porque debido a las nefastas condiciones meteorológicas, la 4ª División no podía contar con el necesario apoyo aéreo.
Patton pilló por banda al capellán y le dijo que dedicara unas oraciones al dios de los aliados, para que mejoraran las condiciones meteorológicas. Dicho y hecho. Al día siguiente amaneció despejado y el apoyo aéreo fue posible. Por esa gesta negociadora con los asuntos del cielo, el capellán fue condecorado con la medalla de bronce al mérito militar.
Algo mal deben estar haciendo los cofrades. O no rezan al dios adecuado, o no son sinceros en las plegarias como lo fueron Patton y su capellán, claros y unánimes al pedir al dios aliado, y no a otro, que se despejaran lo cielos para poder enviar a los nazis al infierno. Así, sin tapujos. Lo que se dice, rezar adecuadamente.

lunes, 28 de febrero de 2022

LA HISTORIA SE REPITE

 No tengo ni pajolera idea de lo que está pasando ni de lo que va a pasar, más allá de lo que puedo percibir con mis limitados medios. Ya sé que cada medio de comunicación sesga sus informaciones y sus opiniones hacia su estado pagador, y hacia la audiencia que le regala los oídos. No hay que ser una lumbrera para darse cuenta. Pero hay cosas que son evidentes por imposibles de ocultar.
Es evidente que las tropas rusas están invadiendo Ucrania, porque se ve en las imágenes que retransmiten todas las cadenas del mundo, con independencia de su sesgo político. Es evidente que Putin ha salido a decir que está dispuesto a tirar de su arsenal nuclear, si las cosas se tuercen en contra de sus intereses ilegítimos.
Es evidente que la invasión de Ucrania es ilegítima desde la óptica de la sensatez y la justicia más elemental, y de las reglas establecidas en el derecho internacional. Que no se cumplan en otras circunstancias no implica que no cumplirlas en este caso esté justificado.
Así que, basándome en esas evidencias, creo que objetivas, tengo claro lo que está pasando y me resulta deleznable, más allá de haya quien esté convencido de la necesidad de una “desnazificación” aunque sea por la vía de un exterminio generalizado, lo cual resulta cuanto menos, muy contradictorio. Así que, en ese aspecto tengo razonablemente claro lo que está pasando.
Sobre lo que va a pasar. Que yo no sea un experto analista, ni un analista a secas, no me quita derecho a expresar mis impresiones, con el debido respeto. Más allá de que se forme un pifostio a escala mundial, algo me dice que a Putin lo acabarán quitando de en medio sus propios paisanos, oligarcas y cúpula militar incluida.
Ucrania es una golosina por sus recursos naturales, y ese es el objetivo de Putin, junto con el refuerzo de su posición estratégica respecto al bloque del oeste. No la “desnazificación”.
Supongo que Putin prometió entregar esa golosina a los oligarcas y a su cúpula militar, con su “operación especial”, que en teoría debería haber sido rápida, contando también con la inoperancia del bloque occidental frente a este tipo de acciones. Pero a la vista está que las cosas se le están torciendo en los dos aspectos, y no creo que a los oligarcas rusos les haga gracia no poder ir a disfrutar de los preciosos yates que tienen atracados en la Costa del Sol.
Tampoco creo que a la cúpula militar le haga mucho chiste, que un Putin desbordado de soberbia, los ridiculice abiertamente, al mínimo titubeo en contra de sus deseos, como hizo poco antes de la invasión con su jefe de inteligencia Serguéi Naryshkin.
Y no creo que a la sociedad civil rusa le haga gracia tener que recibir a su familia combatiente en bolsas de plástico, ni comprobar cómo se incrementa contra ellos la represión del Estado cuando salen a manifestarse a las calles, por no hablar de la hambruna que se puede desatar.
Así que algo me dice que Putin puede acabar colgado boca abajo en una gasolinera de Lukoil. Creo que eso ya pasó en otro país. La historia se repite. Etcétera.
 

 

 

lunes, 21 de febrero de 2022

UELO NO FUNA

Llegó a casa “el mijita” (mi nieto Domi) con un coche en su manita. Tal como entró y vio la vitrina que tengo llena de camiones y coches, se le fueron los ojos y se olvidó del que llevaba. Darle una de aquellas réplicas a escala no era lo más adecuado, sobre todo por el tema de las partes pequeñas, aunque también porque esas réplicas no están pensadas para jugar, pues son piezas de colección.

Pero verlo tan pequeñito, extasiado con tanto colorido y tanta variedad de vehículos, era digno de ternura, así que recurrí a un remedio, término medio, para no romperle el corazoncito. Me saqué de la chistera un taxi Buick Century del 55 de color amarillo a escala 1/18, lo suficientemente tocho como para resistir los posibles embates del pequeñajo. Cuando se lo di, los ojitos se le pusieron como platos.

Le enseñé cómo se abrían las puertas, el capó, el maletero y cómo se abatían los asientos, detalles que fueron toda una novedad para él, a las puertas de cumplir tres años. Pero cuando lo puso en el suelo, y en vez de empujarlo hacia delante, lo movió hacia detrás esperando que al igual que en su cochecito, actuara un resorte que lo impulsara hacia delante, al ver que con el Buick no pasada nada, se quedó con cara de qué diablos pasa aquí.

Se volvió hacia mí, sorprendido y punto frustrado, y me dijo; ¡¡uelo no funa!! lo que traducido al cristiano adulto significa, abuelo, esto no funciona.

Dejó aparcado el Buick Century y pasamos al plan B; montar el circuito de un tren de madera, otro descubrimiento para él, sobre todo con el sistema imantado que enganchaba los vagones. Uelo no funa, y todo un mundo que descubrir a mi lado.


domingo, 13 de febrero de 2022

LOBITA EN LA SIERRA DE PEÑARRUBIA

Estamos en la era del selfi y de la autocomplacencia, en una época en la que se exhibe la propia imagen hasta la saciedad. En plan ¡eh! ¡Estoy aquí! Yo y mis circunstancias, pero ante todo yo. Es legítimo que cada cual disponga de su vida como le plazca, aunque soy de la opinión de que este mundo mejoraría mucho a favor nuestra, si nos fijásemos más en nuestro entorno y en los seres que nos rodean, que en nosotros mismos. Sumirnos en el ensimismamiento, ajenos a otras realidades, es como lanzar un boomerang y darle la espalda.

En materia fotográfica, prefiero seguir tirando de cámara. Con una cámara se ejercitan más las neuronas a la hora de componer una imagen. Prefiero centrar mi objetivo en los parajes por los que transito, en los momentos de acción protagonizados por otros seres, en las personas que me rodean, no digo ya si las llevo en mi corazón como es el caso.

Lobita en la Sierra de Peñarrubia, en lo alto de la pared oriental del Tajo del Molino. Tras ella, a pocos metros, una caída vertical de 90 metros, medidos a partir de curvas de nivel. Al fondo, el castillo de Teba. Mi presencia en la imagen sería irrelevante ante las maravillas que se presentan ante mis ojos, en particular, la de Lobita exhibiendo su eterna sonrisa. Me siento más a gusto asomándome a la ventana de la vida, que mirándome en un espejo.

 


 

 

viernes, 4 de febrero de 2022

DE GALLOS Y GALLINAS INCLUSIVAS

 Si un gallo se refiere a los gallos y gallinas de su gallinero, tendrá que decir, nosotros y ellas, no nosotros y nosotras. Que ni un gallo, ni una gallina, pueden ser gallo y gallina a la vez. Esto va por los gallos y gallinas del cacareo inclusivo. Por cierto, gallos y gallinas tampoco pueden hablar, no vayamos a liarnos.

domingo, 9 de enero de 2022

SESENTA

 Dormitaba plácidamente en el medio acuoso de mi universo, reducido pero confortable. Del mundo exterior, solo sonidos amortiguados, algunos agradables, pero en su mayoría inquietantes o molestos, y luces teñidas de rojo, como atenuadas por telas de tul que oscilaban movidas por una suave brisa. Estaba sumido en un estado placentero y no tenía interés alguno por averiguar lo que había fuera.

Pero de pronto, el confortable medio acuoso se desvaneció, precipitándose por una especie de desagüe vertical, y unas fuerzas extrañas se empeñaron en expulsarme de mi particular edén, contracciones feroces que presionaban hacia el exterior con ánimo de desterrarme. Mas, yo me resistía y me aferraba a las paredes con uñas y sin dientes, pues todavía no tenía. Mi primera palabra fue, coño.
En el exterior, los sonidos inquietantes se hicieron más notables. Destacaba uno que sonaba así; ¡¡Empuja, empuja!! Las fuerzas extrañas parecían recuperar energías al escuchar esa especie de mantra ¡¡Empuja, empuja!! Pero no eran suficientes para conseguir que yo cejara en el empeño de permanecer en el lugar que consideraba mi territorio.
Hubo un momento de calma tensa en el que dejé de escuchar eso de ¡¡Empuja, empuja!! Pero oía otro sonido no menos inquietante, metálico, como el tintineo de una espada al rozar con su vaina. De pronto, una luz cegadora procedente del exterior, irrumpió por el mismo lugar por el que se fue el medio acuoso en el que pocas horas antes flotaba plácidamente. Una fría corriente de aire, propia del mes de enero, me encogió las pelotas, sensación extraña y desagradable que se repetiría demasiadas veces en los años sucesivos, pues aún no sospechaba que sería buzo. A continuación, irrumpieron dos artilugios metálicos semejantes a raquetas de tenis pero sin redecilla, y me atraparon con saña la cabeza.
Volví a escuchar de nuevo ¡¡Empuja, empuja!! y unos gritos espantosos de la madre que parió, nunca mejor dicho. Instantes después me vi colgado boca abajo de forma humillante, y un mal bicho al que llamaban matrona, me apalizó las nalgas para intentar hacerme llorar. A partir de ahí empezaron los problemas propios de lo que denominamos vida, aunque entre problemas y problemas subyazcan algunas satisfacciones.
De aquello, sesenta inviernos de calendario, año MCMLXII como escribiría un romano. Yo cabeza abajo, y en La Habana, Cuba y La Unión Soviética firmando un protocolo para intercambiar 60 millones de dólares durante ese año, antesala de la crisis de los misiles. Y es que, en la delgada línea de las crisis me he bandeado siempre, eso sí escapando por los pelos. Por cierto, hay que ser gilipollas para celebrar cumpleaños en edad adulta.
 

 

 

 

lunes, 29 de noviembre de 2021

LECTORES TRANSVERSALES

Hay personas que leen en diagonal, no sé si por las prisas, o quizá, condicionadas por sus sesgos ideológicos y sus prejuicios. Se centran en la parte del texto con la que no están de acuerdo y se desentienden de la parte en la que puede haber coincidencias de criterio.
A continuación, opinan partiendo de esos textos sacados de contexto, y sin venir a cuento, montan la marimorena de la indignación, polemizando por asuntos que no vienen al caso del referido texto. A poco que nos descuidemos, sutilmente nos endosan la etiqueta que nos clasifica como aquello que ellos repudian, haciendo gala de una supuesta superioridad moral.
Estas personas no suelen tolerar el más mínimo desliz. O lo que leen concuerda al 100% con su criterio, o no hay nada que rascar, ya haya solo un 10% de discrepancia. Esto puede ocurrir incluso cuando, en sus ansias de réplica, omiten al leer una sola coma del texto original. Por ejemplo: Donde escribo “no, me gusta la democracia” hay quien lee “no me gusta la democracia” y a continuación te tacha de fascista. Y se te queda la cara de Mister Bean cuando no entiende lo que está pasando.
Puede que en ocasiones se deba a que el texto escrito se preste a confusión debido a una mala redacción, incluso a la falta de una coma, que la exposición de los hechos relatados o de las ideas expresadas estén afectadas por una sintaxis deficiente. También puede deberse a una deficiencia en la comprensión lectora. Pero en otros muchos casos sospecho, que no afirmo, puede deberse a la influencia de dogmas ideológicos o prejuicios que propician que los sometidos a ellos, vean enemigos, amenazas o incorrección de cualquier tipo, por todas partes.
Por todo lo anterior, procuro leer los textos de pe a pa, línea por línea, más de una vez si es preciso, y documentarme antes de dar una réplica vaga e imprecisa y salirme por las de Villadiego. Es lo suyo. Si a pesar de ello meto la pata, pido disculpas y aquí paz y después nos tomamos unas cañas, que también es lo suyo.    
 

 

 

 

domingo, 28 de noviembre de 2021

LOS IDIOTAS Y EL NOMENCLATOR

Habrá quienes estén encantados con el cambio del nomenclátor masivo en Cádiz, para estar en la línea de una supuesta “memoria histórica”, y digo supuesta, porque en más de un caso, han confundido churras con merinas, lo cual no es sorprendente dado el nivel intelectual que tiene esta peña.
Que una calle se llame Pe o se llame Pa, me la trae al pairo. Como si se llama cota 237. La función principal de un nomenclátor es determinar de forma consensuada la ubicación de una vía, un domicilio, un organismo público, una empresa, etc. Homenajear a Pepe o a Pepa, es accesorio, tanto que podrían utilizarse nomenclaturas tipo Quinta Avenida, evitando gilipolleces varias.
En cualquier caso, lo que me jode no es que la calle Pe, pase a llamarse Pa. Lo que me jode son los efectos colaterales que conlleva, que por cierto, afectan de lleno a mi familia. Según leo para ponerme al día tenemos:

  • Hay que ir al Ayuntamiento para confirmar el cambio de dirección de todos los impuestos de las tasas municipales (IBI, limpieza, agua…) Lo mismo con los recibos de la luz.
  • Hay que hacer lo propio con Hacienda, y con Tráfico, porque en el hipotético caso de que una multa sea enviada a la dirección antigua, se extraviará, y esa circunstancia no nos exime de su pago, ni de los probables intereses de demora.
  • Hay que cambiar la tarjeta de la Seguridad Social para evitar problemas a la hora de gestionar trámites.
  • Respecto a la vivienda, hay que notificar el cambio de denominación en el Registro de la Propiedad para evitar problemas en una futurible operación de venta del inmueble, previo paso por el notario (pasta tracatrá) para modificar las escrituras.
  • Los edificios que tengan rotulada la dirección en sus portales, tendrán que cambiarlos obviamente, con el consiguiente gasto para las comunidades de vecinos.
  • Los que tengan un comercio -y no me refiero a las grandes superficies precisamente- tendrán que cambiar también toda la publicidad, los albaranes, las tarjetas de presentación y toda la pesca.

Y ya no entro en cuestiones como el pifostio que se montará con el reparto del correo, o el simple hecho de que el ciudadano que sabía a donde había que acudir cuando le decían vaya a la glorieta Ingeniero Juan de la Cierva, le digan, vaya a la glorieta Shoso de la Bernalda.
Todo esto supone para el ciudadano un coste en tiempo y dinero, que a buen seguro no va a asumir el Ayuntamiento de turno, aunque a la larga, también repercutiría en el ciudadano.  A pesar de ello hay quienes están encantados con la iniciativa impulsada por el equipo de desgobierno de ese cenutrio, vago de solemnidad, cuyo nombre voy a evitar de pronunciar por hastío.
Y es que, idiotas que no ven más allá de sus narices, los hay en todas partes. Ya que les gusta tanto la iniciativa, que organicen un crowdfunding para cubrir los gastos, y soliciten voluntarios para hacer las putas gestiones, sobre todo para las personas mayores que no se manejan con las nuevas tecnologías.
Ya solo falta que se produzca otro cambio de gobierno, y otro idiota tenga la ocurrencia de volver a modificar el callejero a modo de revancha. Y los idiotas lobotomizados por las ideologías, a tocar las palmas mientras les rascan el bolsillo para no avanzar en nada. Así, con todo.

 

 

 

 

 

jueves, 25 de noviembre de 2021

TANQUETA

 

Tanqueta

1. f. Vehículo militar ligero, blindado y con armamento, normalmente sobre ruedas y de mayor movilidad que el tanque.

El de la Policía Nacional, ni es un vehículo militar, ni tiene armamento, aunque esté basado en un B.M.R. de origen militar. Es un vehículo antidisturbios de intervención de carácter civil, utilizado en todas las democracias del mundo, salvo en Liechtenstein (Es lo que tiene tener la 3ª renta per cápita del planeta).
Estos vehículos no se utilizan para arrollar manifestantes como en la plaza de Tiananmen. Se utilizan para que las unidades policiales puedan abrirse paso entre las barricadas, generalmente incendiadas. Los indignados por esto no pretenderán que abran las brechas con las Fias Ducato, aunque a más de uno le gustaría que lo hicieran así para ver como arden también los furgones con los efectivos policiales dentro.
La policía no interviene para impedir el derecho a manifestarse. La policía interviene cuando cuatro mierdas revientan las manifestaciones legítimas, provocando disturbios, impidiendo el derecho a la libre circulación del resto de los ciudadanos, y comprometiendo su seguridad. En Cádiz no funciona la teoría de la conspiración de que son infiltrados de ultraderecha, porque conocemos de sobra los caretos de los que forman las algaradas, y sobre ellos escribiré en otra ocasión.
La policía actual no es un cuerpo represor franquista. Los policías y las policías, son trabajadores públicos que han tenido que opositar, mujeres y hombres que se han buscado el porvenir para sacar sus vidas adelante, no por cuestiones ideológicas. Son servidores públicos que reciben órdenes del gobierno de turno, a través del Ministerio del Interior. Como todos, tienen sus obligaciones, pero también sus derechos, entre ellos el derecho a su seguridad personal. La policía no puede hacer frente a las algaradas con porras de goma espuma, ni furgonetas con el frontal de plástico.
Los políticos con cargos en el gobierno, en las autonomías o en las alcaldías, que no respaldan a las fuerzas de seguridad en general, en el estricto cumplimiento de su misión, deberían ser apartados de su cargo. En cualquier caso, no son merecedores de estar en él. Alcaldes como er Kishi, por ejemplo, alentando a las hordas a quemar las calles de su propia ciudad. Como el puto Nerón.
Estaría bien hacer un experimento social para ver cuánto tardan alcaldes y “alcaldas” populistas como er Kishi o Colau en llamar a las fuerzas del orden, cuando una algarada de gente descontenta con su gestión, les hagan una pira delante de sus ayuntamientos o de sus domicilios, al grito de guerra, guerra, guerra. Seguramente dirían que es un ataque a la democracia por parte de la ultraderecha, y que por tanto estaría justificada la intervención policial (a su servicio). Se abren las apuestas.

 

 

domingo, 21 de noviembre de 2021

INCURSIÓN EN EL PUERTO DE GIBRALTAR

 


Hace poco concluí la lectura de “El italiano” la última novela de Pérez-Reverte, inspirada en hechos reales acontecidos durante la Segunda Guerra Mundial. Se desarrollaron en el entorno de la Bahía de Algeciras, con el punto de mira de sus protagonistas puesto en Gibraltar. Lo recomiendo.

El caso es, que cuando leí sobre las incursiones de los buzos de combate de la Décima Flottiglia MAS con sus torpedos SLC en el puerto de Gibraltar, me vino a la memoria el día que realicé un levantamiento batimétrico en ese mismo escenario, a bordo de la “Carla”, una lancha que empleábamos para esos menesteres. Tal como se aprecia en la autorización nominativa que adjunto, fue el 18 de enero de 2006. Relato en primera persona del singular, porque aquel trabajo lo realicé solo, patroneando la embarcación y manejando los equipos de recopilación de datos del levantamiento batimétrico. No es lo habitual, pero era lo que había por eso de la reducción de costes, que siempre recae sobre los mismos.

Me encargaron la realización de batimetrías en dos zonas. La primera, en el área restringida a la navegación localizada en las inmediaciones de la cabeza de pista del aeropuerto de Gibraltar, la 09 (a poniente). La segunda, en una pequeña dársena del puerto del peñón, conocida como Gun Wharf, en todo el bebe de la base naval británica.

El día de la batimetría en el Gun Wharf, boté la “Carla” por la rampa del puerto deportivo de La Línea. Después de instalar los equipos para sondar, me dirigí navegando hacia Gibraltar, poniéndome en contacto con la torre de control por el canal de trabajo, el cual no recuerdo. Ellos estaban avisados con antelación por el cliente que solicitó el trabajo.

La Carla estaba pintada de color naranja butano para que se pudiera identificar desde lejos. Cuando trabajábamos en zonas restringidas o conflictivas como era el caso, notificábamos su presencia a las autoridades, y gracias a ese color estridente, éstas la identificaban visualmente con rapidez, como sucedió con los gibraltareños, lo cual simplificaba las cosas. La torre me autorizó para entrar en aguas territoriales que los de la pérfida consideran suyas, previo paso por la oficina del puerto, ubicada en el North Mole (dique norte en castizo). Entregué la documentación del barco y la mía, y me dieron la autorización materializada en un documento, para poder trabajar en la zona asignada.

A continuación, me dirigí navegando hacia la dársena del Gun Wharf, dejando a estribor el dique rompeolas denominado Detached Mole que también sirve de muelle de atraque. El equipo de posicionamiento que utilicé era un DGPS MAX, que en la obra marítima de la ampliación del puerto de Algeciras en la que también trabajaba por esas fechas, utilizábamos empleando el sistema georreferenciado de alta precisión (+- 2cm) denominado RTK (Real Time Kinematic) cuya estación base estaba instalada en las oficinas de la U.T.E. de dicha obra.

Pero la telemetría, necesaria para enviar la corrección de los datos de posición en tiempo real, no alcanzaba hasta Gibraltar, y no tenía autorización para instalar la base del R.T.K. en territorio británico, así que tuve que emplear otro sistema denominado WAAS (Wide Area Augmentation System) no tan preciso, pero bastante aceptable. Mas, desde que entré en la zona portuaria, noté una notable pérdida de calidad de la señal GPS, contando con apenas tres o cuatro satélites, lo que deteriora la precisión que se exige para hacer un levantamiento batimétrico.

Aunque lo asombroso sucedió poco después, cuando me encontraba a la altura de la mitad del South Mole (dique sur en castizo) que también me quedaba a estribor, dique en el cual suelen atracar los submarinos nucleares cuando vienen a reparar. En ese punto, el DGPS MAX se quedó literalmente frito. Pensé que se trataba de un problema técnico, pero al dar la vuelta sobre mi estela, volvió a recuperar la señal, aunque seguía siendo de mala calidad. Viré de nuevo 180º, y al llegar al mismo punto, volví a perder completamente la recepción de satélites.

En vista del problemón, me puse en contacto telefónico con el cliente y le expliqué la situación. Me dijo que me mantuviera a la espera, que iba a realizar unos trámites de carácter oficial. Al cabo de un rato me llamó y me dijo que “el problema” estaba resuelto “parcialmente”, que probara. Me puse en marcha, y efectivamente comprobé que volvía a tener recepción de satélites, no pasaban de cuatro, lo que seguía comprometiendo la calidad de los datos de posicionamiento.

Volví a llamar al cliente para decirle lo que había, y me dijo que no quedaba otra, que la precisión de la señal GPS  estaba capada por tratarse de un área de seguridad, que hiciera lo que pudiera. Al cliente le bastaba con tener una aproximación de cómo estaba el fondo de la dársena del Gun Warf, y eso fue lo que pude proporcionarle.

Como durante la Segunda Guerra Mundial, Gibraltar sigue siendo un punto estratégico sensible desde el punto de vista militar. Ni qué decir, que no se me ocurrió sacar la cámara de fotos, no fuera que acabara en una mazmorra de la roca, pendiente de una sentencia a la horca por espionaje, pues tanto uno de los muelles del Gun Wharf, como parte del South Mole, pertenecen al M.O.D. (Ministerio de Defensa de la pérfida Albión).

El caso es, que si hubiera podido leer “El italiano” por aquellas fechas, hubiera mirado aquello con otros ojos, con más atención, incluso bajo el mar, con los datos que me proporcionaba la sonda, aunque en ese trabajo no pude emplear la sonda multihaz, que hubiera sido lo suyo.

 

 

 

 

 

 

jueves, 11 de noviembre de 2021

PROTECCIÓN DE DATOS

 

Pongamos que entro en una mutua para hacerme el chequeo anual obligatorio para trabajar en cualquier empresa. La recepción está justo al lado de la sala de espera, sin que medie pared, biombo o similar. Con la sala de espera atestada de extraños que me observan por simple inercia, la administrativa me pregunta a viva voz, nombre y apellidos, D.N.I. fecha de nacimiento, domicilio, empresa para la que trabajo, número de teléfono y correo electrónico. A continuación, me proporciona un número por el que me avisarán, para evitar que me llamen por mi nombre y preservar mi identidad. Podemos estar tranquilos pues.

domingo, 24 de octubre de 2021

LA FAMILIA CUBATÍN


“Vamos a la cama que hay que descansar, para que mañana podamos madrugar”
Esto es parte del estribillo de una canción que cantaba la familia Telerín, que solo recordarán los carcas como yo. Empezaron a desfilar en los años 70 del pasado siglo en TVE1. Hoy día, los progres de pandereta, que beben ideologías como si fueran refrescos energéticos, lo considerarían como un toque de queda encubierto del franquismo, para que los niños pequeños se fueran a dormir y no urdieran revoluciones con nocturnidad y alevosía.
Pero por muy franquista que fuera el producto, alguna razón tendría, si atendemos a las recomendaciones que dan los expertos en pediatría. Está demostrado empíricamente de cojones, que las criaturas deben dormir más horas que los adultos. Qué menos que 10 horas por la noche según las tablas, para que sus cerebritos se consoliden y se construyan adecuadamente las autopistas para que circule el conocimiento.
Las familias de este país no siempre atendieron a esa recomendación, quizá por eso estemos más retrasados en muchos aspectos, que la media de Europa del norte. Durante la niñez, en mi casa nos mandaban al catre a las 09:30 lo más tardar, aunque recuerdo tener amigos a los que dejaban estar hasta cerca de la media noche, la hora tabú.
Mas, en los tiempos que corren, la hora tabú ha pasado a ser la hora feliz, la del inicio del desmadre. Pero lo más grave, es que han incluido en el desmadre a los menores, a pesar los efectos negativos que acarrea para su salud mental y física. Sucede, precisamente cuando más información hay al respecto.
El caso es, que hemos pasado de la canción de la familia Telerín, a la canción de la familia del desmadre, Cubatín. Esto es “Vamos al bareto que tenemos que privar, para que mañana podamos vomitar”.
Anoche, en el bareto comunitario, un par de niñas que no llegan a los 6 años, jugaban en la terraza gritando como posesas, mientras sus padres y sus madres se ponían ciegos de cubatas. Toda una lección de vida para las criaturas. Así estuvieron hasta rondar la una de la madrugada, en temporada escolar. Esas pequeñas cuando crezcan, tendrán el cerebro menos desarrollado que el de un carajo de mar. Solo habrán aprendido de sus padres el habito de beber, y normalizado el hábito de dar voces y carecer del sentido del respeto y la educación necesaria para una convivencia en paz. Incluso del sentido del ridículo, que con el paso del tiempo les cerrará puertas de cara a su proyección profesional.
Están aprendiendo incluso a no atender a los requerimientos de los padres, a normalizar la desobediencia, padres ignorantes que se toman a risa el hecho de que la niña demonio que están mal criando, les responda con una “grosería graciosa” cuando contravienen sus apetencias. Esto es; niña, ámono que son la do de la madrugá. Verte ar calaho papá. Y la madre responde jaleando a la peña del cubata de garrafa; hay que grasiosa e mi niña, arsa que toma, que toma. Y todos y todas, a palmear como focas, tatatá, tá, tatatá tá… y que se joda el vecindario.
A los progenitores de mierda como los que frecuentan el bareto de marras, les parecerán graciosas esas actitudes. Pero cuando las criaturas alcancen la adolescencia, se van a enterar. Se van a enterar cuando los bichos que han mal criado lleguen a casa a las seis de la mañana, hasta las cejas de alcohol y drogas, reclamando que la nevera esté llena y la cena preparada, y exigiendo que no los despierten hasta las seis de la tarde.
Se van a enterar cuando les exijan la paga por adelantado bajo amenazas. O que les paguen la fianza por que han sido detenidos por violación, por hacer bulling a una compañera, por vandalismo, por conducción temeraria bajo los efectos de las drogas, por agredir a un policía, etc.  Entonces, se darán cuenta, de la escoria que forjaron en la terraza de un bareto. O no, porque estos personajes son tan mezquinos, que, lejos de asumir su responsabilidad, se la encaliman a la sociedad. La culpa nunca es de ellos, es del sistema.
En cualquier caso, acabarán pagando la vajilla rota cuando empiecen a hacerse viejos y sus amebas descerebradas se transformen en adultos sin escrúpulos. Cuando esas bestias pardas, a día de hoy tan “grasiosas”, se dediquen a contar los días esperando a que se mueran los papis, para poder repartirse el botín, o más bien, para disputárselos entre hermanos como hienas. Y vuelta a empezar, para completar el proceso de una generación de mierda que concluirá con la decadencia de occidente.
 

 

 

jueves, 21 de octubre de 2021

EL JUEGO DEL CAZÓN EN ADOBO

 

Os recomiendo la segunda temporada de “El juego del cazón en adobo” que se emitirá en el Canal de la Petróleo cuando le salga del candil. La primera temporada no, porque en este caso hay segunda sin primera por eso de que la serie es gaditana y en Cadi hay que mamá. Obviamente se desarrolla en Cadi, Cadi. Trata de unos pishas muertos de hambre que malviven del postureo y están entrampados con los bancos para poder pagar sus coches de alta gama.
Se cruzan con un cachondo, nieto de Carlos el Legionario, que pasea por la calle Pelota con tres copas encima, de estas de 3500 mililitros, a la venta en Amazon. El nota, con toda la guasa, les propone un macabro juego. Consiste en pedir cuarto y mitad de cazón en adobo, en una freiduría del barrio de La Viña, e intentar hacer un simpa al grito de viva el Betis. El que consiga salir entero del barrio, y llegar al Campo del Sur, se tendrá que tirar por los bloques. Si sobrevive al sarpajaso, pero cae al mar, peor para él, porque allí le esperarán, clamando venganza, los primos del cazón que acabó en la freiduría. Para más inri, los escualos son de ascendencia gabacha, de los que estuvieron puteados por los mosquitos en El Trocadero, mientras las gaditanas se hacían tirabuzones. O algo así.
Como los julais entrampados con el banco, pasaban más hambre que un maestro de escuela del siglo XIX para poder dar de comer a sus Audis cupés, y además, iban cargaditos de alcohol y otras sustancias descolocantes absorbidas por las narices, aceptaron el juego y se tiraron en plancha.
En fin, todo muy absurdo, pero grasioso de cohone, tanto, que la serie surcoreana de los calamares congelados se va a comer un carajo con el éxito mortal de la muerte que va a tener “El juego del cazón en adobo”. Un bastinaso de serie que destronará a las del Nesflis ese, y a la madre asiática que las parió. Atentos al candil de la Petróleo.

 

 

lunes, 18 de octubre de 2021

UNA DE PULPO

Me dice Lobita, que la Jane Fonda ha venido a España y se ha escandalizado porque consumimos pulpo. Dice que cómo es posible que cometamos la atrocidad de comernos seres tan inteligentes y emocionales como los octópodos. Se ha escandalizado tanto, que va hacer una campaña contra el consumo de pulpo, con lo cual más vale que no aparezca por Fisterra, porque le van a dar la del mismo.
Con tanta idiotez importada de los Estados Unidos, a este paso me veo a los pescadores evaluando las capturas, además de por su calibre, por su nivel de coeficiente intelectual. Anda Jane, quédate en USA, que la idiotez es muy contagiosa, y de idiotas vamos sobrados en nuestro país. Hazte un video de fitness para manatís, y que te los compre el nieto de Ho Chi Min. Ahora mismo voy a abrir una lata de calamares inteligentes en su tinta, aunque sea por joder.




viernes, 1 de octubre de 2021

EL DILEMA DE LA ISLA

La del flequillo tieso que cae a la banda de estribor, que exhibe como seña de identidad de su programa. La que llegó tarde y que más vale que no hubiera llegado. La de la secta, no sé si informativa o satánica. Sobre la isla, que tal como lo venden las cadenas amarillistas, la palma en un cuarto de hora.
Va y dice la moza del flequillo tieso, que lo que se está generando con la llegada de la lava al mar, es una isla. Un geólogo le corrige; no señora, no se trata de una isla, se trata de un delta. Una isla es una porción de tierra rodeada de agua por todas partes, menos por el cielo, salvo que llueva.
La del flequillo, con esa sonrisita también marca del programa, sonrisita de suficiencia y de chufla en plan me resbala todo como la lava, viene a decirle al geólogo; hombre, señor, no nos pongamos tiquismiquis con los tecnicismos, que estamos abrumados con tanto lenguaje técnico.
Y es que saber la diferencia entre una isla y un delta es algo que no está al alcance de todos y todas. Incluso ni de todes. Eso solo lo saben los científicos y los privilegiados del fascismo casposo que estudiamos en la EGB. Creo que en 3º curso ya sabíamos diferenciar una isla de un istmo, o de un delta, y un cabo geográfico, de un cabo de la legión.
Y ese es el nivel. Quien me manda merendar con la puta TV puesta. Es más, yo no puse el canal, lo puso Lobita. Creo que adrede. Para escucharme despotricar mientras la infusión me sale por las orejas. Como coladas de lava.

martes, 28 de septiembre de 2021

LÓGICA APLASTANTE

Los medios de comunicación hablan de destrucción cuando se refieren al volcán de Monte Viejo. Pero, hasta qué punto lo es ¿Y si se trata de un acto de autodestrucción, en lo que al factor humano se refiere? Tenemos la insana costumbre de anteponer nuestros intereses ignorando a la dinámica universal. Nos consideramos el centro del Universo, y pretendemos que todo gire en torno a nosotros, cuando no somos más que el resultado surgido a partir de una mota estelar. Hablando en plata, somos el resultado de un cuesco galáctico.

Con el asunto del volcán sucede lo mismo. Los habitantes de la isla perdieron la perspectiva, dando por hecho que sus intereses estaban por encima de la dinámica natural del territorio. Que la fertilidad de la tierra, dada por el volcán, les pertenecía con carácter definitivo porque así lo reflejan unas escrituras y el catastro.

Visto con el prisma de un científico, descartando el factor humano, lo que estaríamos viendo sería el proceso de construcción de una isla que gana terreno al océano. Pasado un tiempo, una vez asentada y enfriada la lava, seríamos testigos del inicio un ciclo de colonización biológica, que daría lugar a lo que conocemos como vida. Por tanto, siendo objetivos, el volcán no destruye, construye. Es una réplica a pequeña escala, del proceso que originó el planeta que hoy conocemos.

En cualquier caso, la destrucción la padecerían los elementos ajenos al proceso que nunca debieron haber estado ahí, a menos que se asuma el riesgo que conlleva, como lo asumen otras culturas que habitan zonas con actividad volcánica intensa. Esto es, lo que el volcán nos presta, el volcán nos lo quita, para volver a ser renovado después. Demos gracias al volcán. Pero claro, esa dinámica de pensamiento no casa con la que tenemos los occidentales, más dados a exigir sin dar nada a cambio.

Llevado al entendimiento más elemental, sería como construir una casa en mitad de la vía del tren, porque resulta que ese lugar tiene unas vistas preciosas. Y cuando pasara un convoy de mercancías y la arrasara, señalásemos al ferrocarril como elemento destructor, cuando en realidad habría sido un acto de autodestrucción por parte nuestra por construir la casita en mitad del trazado ferroviario que favorece al progreso del ser humano.

El planeta no es nuestro, y mucho menos, podremos dominarlo. Lo más que podemos hacer es adaptarnos a su dinámica determinando el grado de riesgos que queremos asumir, y minimizándolos en lo posible. Si decidimos construir nuestra casa junto al mar en una zona sujeta a actividad sísmica, nos expondremos a que sea arrasada por un tsunami, o quizá a perderla por la subida del nivel del mar debido al derretimiento de los casquetes polares. Si la construimos en mitad de un precioso bosque, podemos perderla en un incendio. Si lo hacemos junto al cauce de un río, estaría expuesta a las riadas. Si es en una isla con actividad volcánica, correremos el riesgo de perderla bajo la lava. Si la construimos en la vía del tren…  

Quizá mejor buscar el término medio; unos cientos de metros apartados del mar, en un claro del bosque, apartados del margen de un río, fuera del radio de acción de un volcán “durmiente”, fuera de las vías del tren… Me parece de una lógica aplastante, nunca mejor dicho.

 

 

 

viernes, 24 de septiembre de 2021

LA CORRESPONSAL

 Ayer vimos “La corresponsal”, una película basada en la vida y la muerte de la mítica reportera de guerra estadounidense, Marie Colvin. Debido a su celo profesional, perdió el ojo izquierdo en una escaramuza en Sri Lanka, y años después, perdió la vida en Homs, mientras cubría la guerra en Siria, una guerra de la que, por cierto, no se ha vuelto a hablar.La legendaria reportera del parche a lo Moshé Dayán, era tan intrépida, que pocos se atrevieron a formar equipo con ella, salvo el reportero de guerra Paul Controy, con el que compartió tajo, y que sobrevivió con heridas, al ataque en el que pereció ella.

Marie pretendía despertar conciencias enseñando al mundo el horror que producía la guerra entre la población civil. Sus comunicados los hacía desde primera línea, tanto, que se sospecha que su muerte en Homs se produjo tras ser localizado por las tropas de Bashar al-Ásad, el lugar desde el que retransmitían. Perteneció a una raza de corresponsales que se extingue por falta de relevos y por el cambio de coyuntura en materia de comunicación. Esa vida no estaba pagada entonces, y mucho menos lo está ahora. No estaba pagada económicamente, y tampoco reportaba una vida de satisfacciones. Trabajaban en el infierno de los campos de batalla a nivel de pelotón, superando un miedo atroz, al que solían ahogar en alcohol y drogas. Marie fumaba y bebía como un cosaco. Todas las noches la visitaban los fantasmas de las personas que vio morir, y cuando regresaba a su hogar, no se ubicaba, experimentando los síntomas propios del shock postraumático que experimentan los soldados que regresan del frente. Pero como sucede con las adicciones, el cuerpo le pedía regresar a los infiernos, y quizá lo de descubrir al mundo las atrocidades de la guerra, solo fuese una vaga justificación.

En cualquier caso, personajes como Colvin, descartado el dinero por mal pagados, se movían gracias a un motor interior que dejó de fabricarse hace tiempo. Ya no los fabrican con aleación de coraje, valores, y compromiso.Además, las formas de comunicación han cambiado, por desgracia a peor. Hoy día el “reporterismo” se basa fundamentalmente en las imágenes que toman los propios protagonistas o los testigos directos de la tragedia. Graban con sus celulares, videos que son subidos en tiempo real a los medios de comunicación y a las redes sociales. Después son comentados por periodistas cómodamente sentados en sus platós de televisión, mientras emiten las escenas en bucle, o las comentamos nosotros para dejar nuestra patética impronta en las redes, sin conocimiento y sin causa.

Más que noticias, son imágenes que se consumen como bolsas de pipas. Tan pronto resultan impactantes, como se olvidan, porque es imposible asimilar tanta sobre información. Las tragedias hay que digerirlas para que se asienten en el estómago de la consciencia, pero no da tiempo. Como en las orgías gastronómicas, nos vemos obligados a vomitarlas para dejar espacio a las que llegan inmediatamente después. El resultado final es que nos insensibilizamos ante el horror, hasta que la tragedia nos pilla de lleno.Quizá con Marí Colvin, muriera la estirpe de reporteros que empezó a tener notoriedad a partir de las dos guerras mundiales y de nuestra guerra civil. Un modo comprometido de comunicar, con la esperanza de crear conciencia, de buscar la verdad. Pero con irrupción de las nuevas tecnologías y con el nuevo estado de conciencia/inconsciencia de la sociedad actual, carente de valores elementales e ideales sólidos, estos reporteros ya no tienen cabida.

Resulta caro enviarlos a las zonas de conflicto para tomar fotografías, y lo que puedan redactar sobre el terreno, ya no interesa tanto. Resulta mucho más barato recopilar imágenes tomadas por los soldados en el frente, por las ONGs, e incluso por las propias víctimas, que quizá no tengan para comer, pero a las que paradójicamente, nunca les falta un celular y una conexión a internet. Lo de menos es crear conciencia. Lo que cuenta es engrosar el prime time de las televisiones con imágenes dramáticas, aderezadas con comentarios de tertulianos expertos en todo que no saben de nada, como el maestro Liendres.

De qué sirve la Nikon que llevaba Paul Controy, habiendo celulares funcionando full time por todo el planeta, y drones capaces de sobrevolar volcanes. De qué sirve crear conciencia como pretendió Marie Colvin, si apenas quedan almas dispuestas a dejarse concienciar, más allá de darle a un puto like en las redes sociales.