domingo, 21 de noviembre de 2021

INCURSIÓN EN EL PUERTO DE GIBRALTAR

 


Hace poco concluí la lectura de “El italiano” la última novela de Pérez-Reverte, inspirada en hechos reales acontecidos durante la Segunda Guerra Mundial. Se desarrollaron en el entorno de la Bahía de Algeciras, con el punto de mira de sus protagonistas puesto en Gibraltar. Lo recomiendo.

El caso es, que cuando leí sobre las incursiones de los buzos de combate de la Décima Flottiglia MAS con sus torpedos SLC en el puerto de Gibraltar, me vino a la memoria el día que realicé un levantamiento batimétrico en ese mismo escenario, a bordo de la “Carla”, una lancha que empleábamos para esos menesteres. Tal como se aprecia en la autorización nominativa que adjunto, fue el 18 de enero de 2006. Relato en primera persona del singular, porque aquel trabajo lo realicé solo, patroneando la embarcación y manejando los equipos de recopilación de datos del levantamiento batimétrico. No es lo habitual, pero era lo que había por eso de la reducción de costes, que siempre recae sobre los mismos.

Me encargaron la realización de batimetrías en dos zonas. La primera, en el área restringida a la navegación localizada en las inmediaciones de la cabeza de pista del aeropuerto de Gibraltar, la 09 (a poniente). La segunda, en una pequeña dársena del puerto del peñón, conocida como Gun Wharf, en todo el bebe de la base naval británica.

El día de la batimetría en el Gun Wharf, boté la “Carla” por la rampa del puerto deportivo de La Línea. Después de instalar los equipos para sondar, me dirigí navegando hacia Gibraltar, poniéndome en contacto con la torre de control por el canal de trabajo, el cual no recuerdo. Ellos estaban avisados con antelación por el cliente que solicitó el trabajo.

La Carla estaba pintada de color naranja butano para que se pudiera identificar desde lejos. Cuando trabajábamos en zonas restringidas o conflictivas como era el caso, notificábamos su presencia a las autoridades, y gracias a ese color estridente, éstas la identificaban visualmente con rapidez, como sucedió con los gibraltareños, lo cual simplificaba las cosas. La torre me autorizó para entrar en aguas territoriales que los de la pérfida consideran suyas, previo paso por la oficina del puerto, ubicada en el North Mole (dique norte en castizo). Entregué la documentación del barco y la mía, y me dieron la autorización materializada en un documento, para poder trabajar en la zona asignada.

A continuación, me dirigí navegando hacia la dársena del Gun Wharf, dejando a estribor el dique rompeolas denominado Detached Mole que también sirve de muelle de atraque. El equipo de posicionamiento que utilicé era un DGPS MAX, que en la obra marítima de la ampliación del puerto de Algeciras en la que también trabajaba por esas fechas, utilizábamos empleando el sistema georreferenciado de alta precisión (+- 2cm) denominado RTK (Real Time Kinematic) cuya estación base estaba instalada en las oficinas de la U.T.E. de dicha obra.

Pero la telemetría, necesaria para enviar la corrección de los datos de posición en tiempo real, no alcanzaba hasta Gibraltar, y no tenía autorización para instalar la base del R.T.K. en territorio británico, así que tuve que emplear otro sistema denominado WAAS (Wide Area Augmentation System) no tan preciso, pero bastante aceptable. Mas, desde que entré en la zona portuaria, noté una notable pérdida de calidad de la señal GPS, contando con apenas tres o cuatro satélites, lo que deteriora la precisión que se exige para hacer un levantamiento batimétrico.

Aunque lo asombroso sucedió poco después, cuando me encontraba a la altura de la mitad del South Mole (dique sur en castizo) que también me quedaba a estribor, dique en el cual suelen atracar los submarinos nucleares cuando vienen a reparar. En ese punto, el DGPS MAX se quedó literalmente frito. Pensé que se trataba de un problema técnico, pero al dar la vuelta sobre mi estela, volvió a recuperar la señal, aunque seguía siendo de mala calidad. Viré de nuevo 180º, y al llegar al mismo punto, volví a perder completamente la recepción de satélites.

En vista del problemón, me puse en contacto telefónico con el cliente y le expliqué la situación. Me dijo que me mantuviera a la espera, que iba a realizar unos trámites de carácter oficial. Al cabo de un rato me llamó y me dijo que “el problema” estaba resuelto “parcialmente”, que probara. Me puse en marcha, y efectivamente comprobé que volvía a tener recepción de satélites, no pasaban de cuatro, lo que seguía comprometiendo la calidad de los datos de posicionamiento.

Volví a llamar al cliente para decirle lo que había, y me dijo que no quedaba otra, que la precisión de la señal GPS  estaba capada por tratarse de un área de seguridad, que hiciera lo que pudiera. Al cliente le bastaba con tener una aproximación de cómo estaba el fondo de la dársena del Gun Warf, y eso fue lo que pude proporcionarle.

Como durante la Segunda Guerra Mundial, Gibraltar sigue siendo un punto estratégico sensible desde el punto de vista militar. Ni qué decir, que no se me ocurrió sacar la cámara de fotos, no fuera que acabara en una mazmorra de la roca, pendiente de una sentencia a la horca por espionaje, pues tanto uno de los muelles del Gun Wharf, como parte del South Mole, pertenecen al M.O.D. (Ministerio de Defensa de la pérfida Albión).

El caso es, que si hubiera podido leer “El italiano” por aquellas fechas, hubiera mirado aquello con otros ojos, con más atención, incluso bajo el mar, con los datos que me proporcionaba la sonda, aunque en ese trabajo no pude emplear la sonda multihaz, que hubiera sido lo suyo.

 

 

 

 

 

 

1 comentario:

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