Joder con los archivos fotográficos. Puerto de Bonanza 2001. Anda que no le metí caña a esa Totoyota. Perdí la cuenta de los cabrestantes, maquinillas y artes de pesca que moví con esa carretilla elevadora. El puertecito ya se las traía por aquella época con el tema del narcotráfico. A pesar del ambiente chungo que se respiraba y de que allí no partían peras con nadie, me llevé muy bien con el personal del puerto, aunque algunos recelaban un poco porque pensaban que era un policía infiltrado. Me respetaron sobre todo el día que socorrí a un mecánico que perdió los cuatro dedos de una mano, aplastados por una maquinilla suspendida de una grúa... qué carnicería, y cuanto marinero aguerrido descompuesto. Qué personal más peculiar.
domingo, 17 de junio de 2018
viernes, 18 de mayo de 2018
PÓBRECITOS NARCOS DE LA ATUNARA.
La Atunara (La Línea de la Concepción-Cádiz). Una reportera
le pregunta a un vecino sobre la proliferación del narcotráfico en la zona, y
el fulano responde que el problema de fondo es el paro y que “las pobres criaturitas”
tienen que buscarse la vida de alguna manera.
Aceptemos pulpo como animal de compañía. Aceptemos que una
familia desesperada tenga que recurrir al narcotráfico para comer… Para comer, no para comprarse un
bemeuve, una moto de gran cilindrada, anillos de oro o relojes de lujo.
Además, si el problema de fondo es el paro, sin duda
vinculado a la falta de formación a la altura de la era de las nuevas
tecnologías, los narcos circunstanciales podrían gastar los pingües beneficios
que obtienen de esa actividad, además de en comer sanamente, en formarse para
salir del agujero. Esto es, mamá, papá, me hago un par de portes, y con el
dinero que saque me pago los estudios, puta que es la vida.
Para mi desgracia, soy una de esas personas de cierta edad a
la que la crisis pilló con el paso cambiado, o mejor dicho, nos cambiaron las
reglas del juego convirtiéndonos a pesar de nuestra experiencia, en
trabajadores obsoletos por edad y por una mera cuestión de formas, un nuevo
planteamiento de las actividades profesionales relacionado con el negocio de la
formación, un entramado creado con nocturnidad y alevosía para exigir titulaciones y másteres hasta
para manejar un martillo y un cincel, desmereciendo cualquier titulación o
experiencia profesional anterior. Un entramado en definitiva, creado para que
unos cuantos listillos se enriquezcan a costa forzarnos a entrar por el aro, de
manera que quienes no dispongan del capital necesario, quedarán excluidos del
ámbito laboral o estudiantil, pues la mayoría de estos centros de formación
pertenecen al capital privado, en tanto que los públicos no son más que una
tomadura de pelo para que los políticos de turno se enriquezcan, tal como hemos
comprobado en Andalucía con el tema de los “cursos de formación”.
Por tanto, para salir del hoyo en el que nos han metido,
dado que la formación que exigen hoy día requiere sobre todo inversión, me
vendrían muy bien unos miles de euritos para sacarme la capacitación de piloto
de drones y formarme en algunas de sus múltiples aplicaciones que proporcionan
salidas profesionales muy demandadas, comprarme un dron y de ese modo montarme
la película por mi cuenta “reinventándome” por enésima vez como proclaman estos
listillos de recursos humanos.
Sería maravilloso poder hacerlo, pero como no tengo recursos
económicos, tengo que joderme, y aun así, no me planteo dedicarme al
narcotráfico para costearme esa formación. Sin duda el paro es un problema
descomunal que hay que resolver, pero no es excusa válida para que quienes lo
padecen se dediquen a actividades criminales que generan un daño terrible a la
sociedad. Así que a esas “pobres criaturitas” de la Atunara, que les den leña y los quiten
de la circulación, que doten a las fuerzas de seguridad de los medios y la
autoridad necesaria, y que endurezcan las leyes, porque esos fulanos no tienen
justificación alguna, mucho menos cuando no demuestran intención de salir del
hoyo, pongamos que formándose como pilotos de drones, salvo que sea para
traficar empleando las nuevas tecnologías con la finalidad de comprarse, no
uno, sino tres bemeuves, muchos colgantes de oro, muchos relojes de lujo y
mucha farlopa para consumo propio.
CHIS-TORRA EL CONCILIADOR.
El mamporrero del reino de Montedemonte se coloca en su
puesto presto a encauzar el falo de su majestad con el que pretende darnos por
donde no brilla el sol... eso dicen las malas lenguas españolas. Pero eso no es
así, por eso lo llamo “el conciliador”, pues está claro que nos adora y a sus
tuits me remito;
“Los españoles solo saben expoliar”. Y tiene razón el
hombre, aunque ahí tenemos a la familia de Jordi Montículo y su tres por
ciento, los que pretendían hacernos creer que era descendientes de los
nibelungos, o al señor Arturito Mas, que cuando la cagó, puso al otro que se
cagó y salió por patas poniendo a este, que veremos lo que dura, pues de
entrada, Montedemonte ya le ha puesto fecha de caducidad.
“Evidentemente, vivimos ocupados por los españoles desde
1714”
Es lo lógico que los españoles ocupen su país, no la Gran Bretaña, así que tiene más razón que un santo con esa afirmación. Los españoles seguirán ocupando el territorio que les pertenece como tales, porque así de puto es el derecho internacional… con lo bonito que es fragmentar un territorio a golpe de azadón cuando a unos paisanos se les ponga en el jopo.
Es lo lógico que los españoles ocupen su país, no la Gran Bretaña, así que tiene más razón que un santo con esa afirmación. Los españoles seguirán ocupando el territorio que les pertenece como tales, porque así de puto es el derecho internacional… con lo bonito que es fragmentar un territorio a golpe de azadón cuando a unos paisanos se les ponga en el jopo.
“Los españoles en Catalunya son como la energía: no
desaparecen, se transforman”
También tiene razón, a la vista está que muchos españoles repentinamente se han transformados en catalanes independentistas, aun siendo oriundos de Trebujena, lo cual choca un poco con el discurso supremacista que mantienen algunos, como si procedieran de otra dimensión en la que se es algo distinto a la vulgaridad de ser energía.
También tiene razón, a la vista está que muchos españoles repentinamente se han transformados en catalanes independentistas, aun siendo oriundos de Trebujena, lo cual choca un poco con el discurso supremacista que mantienen algunos, como si procedieran de otra dimensión en la que se es algo distinto a la vulgaridad de ser energía.
“Pobres, hablan español como los pobres”
Y tienen razón una vez más. Hablar un idioma que utilizan
572 millones de personas es otra vulgaridad. Para distinguirse hay que hablar
catalán, para relacionarse con el mundo no, pero para marcar la diferencia y
permanecer en el feudo del monarca “Montedemonte”, sí, y mientras más entonado
y gutural sea el sonido, mejor, que se note esa prevalencia sobre las demás
lenguas. Además eso cuadra con los índices de pobreza mundiales, como poco se
contabilizan 572 millones de pobres, y más que habrá, porque el castellano, esa
lengua tan exigua, lo van a hablar hasta los chinos.
Incluso ha llegado a afirmar que los españoles procedemos de
África, y razón no le falta considerando que Al-Ándalus extendió sus fronteras
hasta más allá de Carcasona, así que a ver qué español niega la mayor, aunque
me temo que eso también incluye a los catalanes. Les iría mejor ser asturianos…
esos sí que fueron cojonudos plantando cara al moro de la morería.
En fin, que el señor Chis-Torra nos aprecia, y aprecia a los
cincuenta y pico porciento de catalanes no independentistas, que sin duda se
van a sentir muy aliviados después de escuchar su discurso neutro y
conciliador. Además, acusarlo de xenófobo resulta injusto ¿Quién carajo puede
sugerir que con esa cara de monaguillo atontao se puede pensar en superioridad
racial?
Ome por dio, para superioridad racial los de Benalup de Sidonia, no esta pobre criatura al servicio de la bragueta del señor Montedemonte que solo pretende caernos bien con sus gracietas.
Ome por dio, para superioridad racial los de Benalup de Sidonia, no esta pobre criatura al servicio de la bragueta del señor Montedemonte que solo pretende caernos bien con sus gracietas.
Di que sí Chis-Torras, força al canut, que lo vuestro es
amasar dinero, sobre todo el de los demás, pero apunta bien con el falo del
monarca exiliado, no sea que te lo metas donde no debes… cachondo, que eres un
cachondo.
jueves, 12 de abril de 2018
CADENA PERPETUA POR METER UNA LAGARTIJA EN CLASE.
Siento sana envidia por aquellas personas que hablan con
cariño de sus antiguos profesores, de esos que te orientan para que sigas el
camino correcto y que te marcan con el conocimiento y con el afecto, en vez de
con la palma de la mano o la regla de madera de 100 centímetros.
Yo no tuve esa suerte, a mí me tocaron los de la segunda
variedad, unos sádicos muy dados a recrear el cuadro de Goya “Escena de escuela”
aplicando aquello de la letra con sangre entra. Debieron marcarme bastante
porque después de más de cuarenta años he soñado con uno de ellos, el más
sádico de todos, el que fue mi tutor durante los últimos años cuando cursaba la
EGB.
Se llamaba Don Antonio, cincuenta y tantos años largos, de
pelo canoso peinado hacia atrás a lo José Antonio Primo de Rivera, que dejaba
al descubierto una cicatriz en la frente. Caminaba muy erguido, con las manos
entrelazadas por la espalda, mirando al frente con una altivez que intimidaba.
Solía lucir en la solapa izquierda de su chaqueta, una pequeña estrella dorada
de seis puntas sobre un rectángulo de fondo negro que lo identificaba como ex alférez
provisional, combatiente del bando franquista durante la Guerra Civil, uno de
los que los del bando republicano denominaban popularmente como “estampillado”. Por entonces desconocía el
significado de aquella estrella, eso lo supe años después y entonces me cuadró
tanta mala leche, y para muestra, el botón que os puedo describir con detalle
porque me quedó grabado a fuego.
Corría 1975, yo tenía 13 años y cursaba 7º de EGB. Una tarde
en vísperas de Semana Santa, unos cuantos compañeros de clase jugábamos en un
descampado cercano al colegio mientras hacíamos tiempo para entrar a clase, y
en estas atrapamos a una lagartija que acabó metida en un bote. Por nuestras
cabecitas rondó la espantosa y criminal idea de meterla en clase dejándola en
el lado de las niñas, pues en aquella época, aunque el colegio era mixto, nos
mantenían claramente separados los niños
de las niñas, no fuésemos a pecar.
La pobre lagartija acabó sobre la mesa de una compañera y en cuanto entraron las niñas y la vieron, huyeron despavoridas por la puerta de tal forma que casi se llevaron por delante al entrante profesor de matemáticas, Don Manuel, muy dado a quedarse dormido en clase mientras resolvíamos los problemas en las fichas de Santillana. Éste pegaba poco, pero enseñaba menos, así que no sentimos la llamada de las matemáticas como hubiera sido de desear.
El caso es que Don Antonio ese día no estaba en el colegio por
razones que desconozco, y esa circunstancia nos dio un respiro para
comportarnos como niños, travesuras incluidas. Don Manuel nos echó una
reprimenda tirando a vaga y al cabo del rato dormitaba a la recacha del sol que
entraba por la ventana mientras nosotros resolvíamos los ejercicios de las
fichas con una sonrisa malévola de oreja a oreja, sin pensar que a su llegada,
Don Antonio sería puesto al corriente.
Al día siguiente, antes de lo esperado, apareció por la
puerta, más altivo que nunca y con una grotesca mueca de desagrado que asustaba
al más pintado. Seco como un cardo borriquero, preguntó por los responsables del
asunto de la lagartija mientras nos fulminaba con la mirada paseándola por cada
uno de nosotros. Nos advirtió que como no salieran los responsables de tan
espantoso crimen, el castigo afectaría a todos los alumnos masculinos de la
clase. Algunas de las niñas sonrieron divertidas al ver nuestras caras de
espanto. Los chicos nos miramos pero ninguno se atrevía a dar el paso, pues a
fin de cuentas fue una acción en la que intervinimos unos cuantos y no teníamos
claro quien tenía mayor grado de responsabilidad, si el que la cazó, el que la
metió en clase, el que la puso en la silla o el que la colocó en la mesa…
En cualquier caso yo sabía que había sido uno de ellos,
desde temprana edad me he caracterizado por dar la cara y asumir mi responsabilidad
cuando he cometido errores, así que, no sin temor, me puse de pie y me señalé
como uno de los responsables. Pero Don Antonio sabía que fuimos más de uno e
insistió, hasta que no salgan todos, no sale nadie de clase y el castigo será
ejemplar. Temblón, se levantó Manuel Pozo, uno de mis compañeros implicado en
tan terrible tropelía. Ambos éramos de risa fácil, de esta que intentas
controlar pero no puedes, pero en aquellos momentos sentíamos auténtico pavor.
Nadie más se levantó, el resto se mantuvo en silencio con la cabeza gacha,
entre ellos uno de los que más grado de responsabilidad tuvo, pero ni Manuel ni
yo éramos unos chivatos. Don Antonio se dio por satisfecho y concluyó la
redada.
En aquellos instantes hubiera preferido uno de aquellos
bofetones que Don Antonio solía dar, como el que me arreó un día cuando me
hicieron reír durante el rezo, uno de los peores crímenes que podía cometer un
crío de 13 años en aquella época en la que aún vivía Franco, aunque le quedasen
dos telediarios. Aguanté la risa como pude pero Don Antonio me quincó, y sin
dejar de rezar, me indicó que saliese de mi pupitre y me colocase a su
izquierda. Finalizado el Padre Nuestro, empezó a persignarse… en el nombre del
padre, del hijo y del Espíritu Santo… ¡ZASSS! Remató dándome una de las mayores
bofetadas que me ha dado nadie al margen de mi padre, que también se las
gastaba a base de bien aunque se las diese de simpatizante del comunismo, de
manera que desde temprana edad aprendí que se puede ser muy cabrón con
independencia de la ideología que se tenga. Pero volviendo a Don Antonio, el
día de la redada de la lagartija solo nos dijo que se iba a pensar el castigo
con tranquilidad, y aquello nos acojonó aún más.
Nos tuvo en vilo varios días haciendo honor a su sadismo,
hasta que por fin dictó sentencia. Mi compañero Manuel y yo deberíamos
permanecer de cara a la pared durante el resto del curso a la hora del recreo.
Además, con independencia de los resultados reales obtenidos en los exámenes de
ese trimestre, los cuales aprobé todos, escribió en el boletín de notas “muy deficiente en todas las asignaturas” dando
una bofetada a nuestra nota media del curso, que en mi caso pasó de ser notable
a un escueto suficiente, una mancha que aún persiste en mi expediente académico.
Aquel curso perdí la fe en el sistema educativo.
Los cobardes se fueron de rositas, pero a los que tuvimos la
entereza de dar un paso adelante, de nada nos sirvió el gesto, pues vale que
hubiésemos de permanecer de cara a la pared en el recreo durante el resto del
curso, pero manchar un expediente académico como si se tratara de reseñar unos
antecedentes penales, no tenía perdón del dios al que rezaba aquel maldito
estampillado. Aquel curso también perdí la fe en la justicia.
Lo de mi compañero Manuel solo quedó en eso, que ya era bastante,
pero mi calvario no acabó ahí. Don Antonio hizo llamar a mi padre, al que
conocía porque sus padres, mis abuelos paternos, habían sido compañeros de
profesión de algunos profesores del colegio. Don Antonio relató a mi padre el
crimen que había cometido y las consecuencias que había tenido aquel espantoso
acto en mis calificaciones. A pesar de que mi padre y mi abuela paterna,
severos como un látigo, controlaban mis estudios a rajatabla, pues estudiaba
ante su presencia, lejos de defenderme en lo que a las notas se refiere por eso
de que dañaban mi expediente académico, se limitó a darme una paliza por haber
“mancillado su honor” y me mantuvo castigado en casa durante toda la Semana
Santa… sangre de Cristo, aunque mi padre no creía un carajo en nada ni en nadie
que no fuese en sí mismo, mucho menos en mí.
Hace muchos años que ambos crían malvas, pero a veces sueño
con ellos. Anoche, como dije al principio, soñé con Don Antonio. Aparecía
igual, con esa planta erguida, mirando altivo hacia el frente como Mussolini,
con las manos entrelazadas en la espalda a la altura del trasero según caminaba.
Pero en el sueño yo era tal cual soy ahora, un tipo forjado por las
experiencias de la vida, curado de espanto, de vuelta de todo. Le hice una
señal al Don Antonio onírico indicándole que se acercara, y con toda calma,
sereno, sin resentimientos, le reproché su actitud, su sadismo, el
comportamiento que tuvo con sus alumnos en general y conmigo en particular. Y
entonces su figura altiva empezó a menguar, a menguar y a menguar hasta
disolverse en la nada…
Sentí una cálida mano sobre mi rostro, era la mano de
Lobita, y entonces con los ojos entre abiertos pensé… he ganado y vosotros
habéis perdido, y si algo he aprendido “gracias” a vosotros ha sido saber amar
a los míos y no dejarme avasallar por nadie.
viernes, 2 de marzo de 2018
Ella estaba a punto de entrar en
Picolita, la emblemática tienda gaditana de artes plásticas donde suele
aprovisionarse de los consumibles a los que tanto partido saca. Desconocía que
yo estaba esperándola por los alrededores mientras hacía tiempo cazando
pajarillos en la Plaza Mina. La vi llegar de lejos, y a medida que se acercaba
a la tienda, observé su gesto.
Se me antojó ilusionado, como
quien espera llevarse una sorpresa, la de la tienda abierta, quizá temiendo que
estuviese cerrada. A fin de cuentas ese establecimiento, superviviente donde
los haya, suele ser la génesis de sus creaciones, un papel, una tinta, un
lienzo, para que su cabecita inquieta dé salida a tanto ingenio. Era preciso
pues, que la tienda estuviese abierta, o quizá sean las elucubraciones de un
padre orgulloso por quien siempre será su pequeña, pequeña pero más valiosa que
un imperio.
El caso es que abandoné a un
gorrión que posaba encantado para mí, y disparé apresuradamente hacia mi hija
Gloria aprovechando el factor sorpresa, qué sorpresa para ella, cuánto regocijo
para mí.
sábado, 10 de febrero de 2018
EL BOTÓN DE MARTINITO… ¡AIT¡
Yo no reparo en ese tipo de
detalles, esto es cosa de mi querida Lobita. Ella observó que cuando le toca
dar el parte meteorológico a Martín Barreiros, el cual siempre sale vestido muy
pinturero, con trajes de corte elegante y ajustados a medida milimétrica, entra
en escena con la americana abrochada, y tras hacer una breve introducción al
parte, décimas antes de volverse al mapa sinóptico que tiene tras de sí, con un
gesto casi imperceptible y con una precisión extraordinaria, se desabrocha el
botón de la americana para dar más libertad de movimiento a sus brazos.
Lobita me decía, mira, mira qué
arte tiene Martinito quitándose el botón de la americana, y cuando se lo
quitaba, Lobita exclamaba ¡ait!
El caso es que ahora estamos los
dos pendientes del gesto del que cariñosamente llamamos Martinito por eso de
que es un personaje bastante correcto y educado, con cara de crío bueno, y cuando
se quita el botón de la americana con precisión alienígena, exclamamos los dos ¡ait!
Nos cae bien ese tipo, es un
comunicador excelente, a la altura de su formación como físico especializado en
dinámica de fluidos, aunque a veces me cabreo con él porque no predice
temporales para el sur del sur. Si pudiese hacer eso de manera deliberada,
Martinito Barreiros sería la leche… ¡Ait!
A VECES ESCUCHO “VOZAS”.
No creo que para visibilizar a
las mujeres sea necesario destrozar el idioma, que ya tiene bastante con el
destrozo al que es sometido en el día a día a manos del común de los mortales,
por no hablar de los malditos anglicismos.
Me consta, entre otras cosas porque
convivo con una mujer excepcional, que las mujeres están dotadas de sobrada
inteligencia como para visibilizarse sin necesidad de caer en el ridículo en el
que ha caído Irene Montero con eso de portavoces y “portavozas”, dando una
vuelta de tuerca más a aquello de
miembros y “miembras”.
Ni Rosalía de Castro, ni Virginia
Wolf, ni Emilia Pardo Bazán, ni Las sinsombrero, entre tantas otras escritoras
feministas que le echan la pata a Irene Montero en lo que se refiere a reivindicar
los derechos de las mujeres en tierra hostil, tuvieron que destrozar sus
respectivos idiomas para reivindicarse, así que de qué va Irene. Si quiere, que
se cambie el apellido por Montera, pero que nos deje en paz.
Además, ha estado poco fina pretendiendo
feminizar la palabra, pues a fin de cuentas el sustantivo “voz” es femenino y
ella lo ha convertido en un adefesio. Si para ser equitativos resulta que vamos
a tener que duplicar las palabras e inventarnos otras para que nadie se sienta
ofendido u ofendida, no vamos a ganar para diccionarios ni para folios a la
hora de redactar un documento. No vamos a ganar para minos en el portaminos, si
el que escribe es un hombre.
No voy a consentir que se me
criminalice por usar el lenguaje con corrección. No voy a permitir que por
referirme a una portavoz en vez de a una “portavoza”, se me tache de machista,
o siguiendo ese criterio tan pobre, como un “machisto”. Ya está bien de
inquisidores y de inquisidoras, ya está bien de confundir al personal, de que cuatro
mamarrachos y mamarachas nos quieran enmendar la plana con chorradas, haciendo
un flaco favor a las causas que dicen defender. Ya está bien, que nos vais a
volver locos, que a veces oigo “vozas” y eso no existe, para bozas, con b de
burro, las marineras.
PERSIANEROS GENOCIDAS.
5 junio de 2017. Campus de la Universidad de Jaén. Edificio
D-2.
- Amos Manolo, que
tenemos faena acumulá, quita los tornillos de la caja de persiana.
- Vale Pepe, amos
allá.
- ¡Anda la hostia!
- ¡Qué pasa¡¡Qué es
eso¡ ¡Fuera bisho, fuera¡
- ¡Pepe, sacude la
tabla que como nos muerdan nos convertimos en vampiros! ¡Zas!¡Zas!
- ¡Qué horró Manué!
Meses más tarde, la fiscalía pide que condenen a los
persianeros a un año y medio de prisión y 130.000 euros de indemnización por
forzar la salida de los murciélagos okupas de día, constituyendo un acto
agresivo calificado como delito contra la fauna, acto en el que cascaron 45
murciélagos de herradura. Me pregunto si la indemnización es para la familia de
los murciélagos afectados, o para que alguno de la administración haga su
agosto saqueando el patrimonio a costa de los persianeros.
Sin duda la justicia ha sido implacable, y ser persianero se
ha convertido en un oficio de riesgo más allá de que les toque cambiar una
persiana en el ático. Ahora tendrán que contar con asesoría jurídica, y hacer
un estudio de impacto medio ambiental previo para cambiar persianas. En caso de
que haya murciélagos, tendrán que acordonar el tambor y paralizar la obra,
llamando a continuación al Ministerio de Medio Ambiente, al SEPRONA o a quien corresponda, además de a un
abogado, no sea que a un murciélago se le pare el corazón a cuenta del primer
golpe en el tambor de la persiana. Sin duda tendrán que implementar sus conocimientos
propios de la profesión, incluyendo otros
relativos a las especies protegidas, impacto medioambiental y
legislación, ya sea general o específica sobre la comunidad de murciélagos, de
herradura para más señas. Ya se encargará algún listo de proponer cursos de a
400 pavos con 5 años de vigencia.
Como si lo viera, hola soy persianero vengo por la oferta de
trabajo. ¿Tiene usted al día el curso de gestión para el tratamiento de
murciélagos de herradura? No. Pues al carajo, se lo saca, 400 pavos y luego ya
veremos, y no se olvide del curso de gestión de zariguellas persianeras.
Respecto a los responsables del campus, que son quienes
contrataron el servicio, en el parte de trabajo advertían de la posibilidad de
que hubiese murciélagos en la caja del tambor, y digo yo, si lo sabían, por qué
no llamaron primero al organismo que se dedica a velar por las especies
protegidas, en vez de enmarronar a dos operarios que vete a saber si sabrán que
los murciélagos de herradura, no es que sean caballos voladores. Y en cualquier
caso, ¿Por qué no recomendaron en el parte que el trabajo se hiciera por la
noche?
En cuanto a la sanción, a la vista está que las multas y las
condenas no son proporcionales a lo que está sucediendo en este país. Aquí sale
mucho más caro espantar a unos murciélagos para poder hacer tu trabajo, que
violar a una mujer o saquear las arcas del Estado por puro placer. Sale más
caro asustar a un animal, que abrir un bar sin licencia si cuentan con un
amiguete en el ayuntamiento, aunque se ponga en riesgo la salud de la clientela
y se pasen el impacto medioambiental por sus cojones cocineros.
Lo que está claro es que a estos dos desgraciados no se les
va a olvidar cómo es un murciélago de herradura, y que para otra, la persiana
la va a reparar el decano con los cuernos.
miércoles, 7 de febrero de 2018
LA HUMANIDAD ESTÁ DE ENHORABUENA.
La humanidad está de enhorabuena porque ha lanzado al
espacio un coche “tripulado” por un maniquí llamado Starman. Es un descapotable
eléctrico, ecológico de cojones, aunque técnicamente, dado que no tiene
utilidad alguna en el ámbito en el que está, no pasará de ser basura espacial,
qué paradoja.
La humanidad está de enhorabuena porque ha lanzado al
espacio un Tesla Roadster, mientras en las tres cuartas partes del planeta
Tierra, los desheredados tienen que recurrir en el mejor de los casos, al
empleo de bestias famélicas para tirar de sus destartalados carromatos.
La humanidad está de enhorabuena pues, descapotable al
margen, se acerca más a la colonización de un planeta desierto, cabeza de playa
para que unos cuantos elegidos lleguen más lejos mientras dejan a la mayoría
atrás, muertos de hambre y con el planeta hecho unos zorros.
La humanidad está de enhorabuena, porque volviendo al
descapotable errante, lleva inscrito un mensaje destinado a que lo reciba la
posible vida inteligente que lo encuentre, un mensaje que literalmente dice “Made
on Earth by humans” en inglés, en la tercera lengua más hablada después del
chino y del castellano. El conjunto viene a significar, mirad lo que somos
capaces de hacer, enviamos al espacio un descapotable con un maniquí llamado
Starman y nos disponemos a colonizar un planeta desierto, cuando apenas
valoramos el que ya tenemos. Ya puestos, a lo de “Made on Earth by humans” añadiría “Semos cojonudos” pero en español,
que en otros idiomas la cosa pierde chicha.
Para finalizar, Amazon
está de enhorabuena, porque dentro de relativamente poco ampliará su negocio de
paquetería y creará la opción Amazon Prime Space, para enviar mercancías al
planeta rojo, que en realidad es gris como el futuro que nos depara.
En fin, que la humanidad está de enhorabuena, oiga, y por
eso voy a dormir más tranquilo, pues un maniquí llamado Starman, en memoria del
Bowie que está en los cielos, surca vigilante el espacio con ese mensaje… “Made
on Earth by humans” con dos cojones. De ser recibido por la peña alienígena, probablemente
los animará a invadirnos y exterminarnos por gilipollas, por ser tan
adelantados para algunas cosas, y tan retrasados para lo fundamental.
martes, 16 de enero de 2018
TATADIOS
Unas veces toca un gato, otras un
perro y otras un bicho tan feo como este, porque los feos también tienen
derecho a tener su oportunidad. Salí al balcón a recoger ropa tendida y me lo
encontré en el suelo acarajotado por las bajas temperaturas. Le entré por
estribor, y el teresiano, como si tuviera un radar por cabeza, la giró 90º y me
miró en plan, no me fastidies cabrón.
¿A dónde vas tatadiós? Le
pregunté. A dónde cojones quieres que vaya con este frío, me respondió ¿No ves
que apenas me tengo en pie para rezar? Acto seguido volví a entrar en casa para
coger la cámara y dar testimonio del peculiar insecto.
Aquí estoy otra vez tatadiós. De
nuevo dirigió la mirada hacia mí como diciendo, está visto que, en el mejor de
los casos, me vas a tocar los cojones un rato.
Hombre tatadiós, no te pongas
así, solo te voy a pegar un fogonazo a bocajarro con el flash para guardar un
recuerdo y después veremos qué hacemos contigo, porque no parece que estés muy
cómodo en este erial de gélidas losas.
Venga va, respondió, dispara ya
cojones, que estoy jiñado de frío y a este paso preferiría que me devorase una
hembra aunque fuese sin las preliminares del fornicio.
Así que le pegué el fogonazo y
acto seguido lo cogí con delicadeza y lo posé en las ramas del falso pimiento
que hay junto al balcón, ese que como no poden pronto, acabará haciéndose un
sitio en nuestro dormitorio.
Antes de decirle adiós al
tatadiós, le hice otra foto encaramado en la rama, verde que te quiero verde
como él. El camuflaje era tan perfecto, que por un instante perdí la referencia
de donde lo coloqué. El tatadiós volvió a girar la testa 90º como diciendo vete
a saber qué. Lo mismo, lejos de hacerle un favor, lo jodí más de lo que estaba,
pues andaba flojo de remos, y si se precipitaba al suelo, había un gato curioso
que no paraba de mirar hacia arriba. Si no era el gato, tal vez fuese la
granizada que cayó poco después. Esa manía que tenemos los humanos de meternos
donde no nos llaman, impidiendo que la naturaleza provea con su selección
natural. Si los humanos siguiésemos esas leyes naturales, quizá no habría tanto
gilipollas jodiendo la especie.
Me vino al recuerdo otro tatadiós
al que libré de una muerte segura a manos de unos topógrafos, que al verlo
dentro de la oficina, posado sobre un teclado de ordenador, entraron en pánico
y no paraban de gritar ¡¡Matá ar bisho¡¡ ¡¡matá ar bisho!! Todo porque el pobre
era feo de cojones, y su aspecto provocaba pavor. Aquello fue en la obra de la
termosolar de Morón.
Lo cogí a tiempo de evitar el
linchamiento, mantuve una breve conversación en idioma pawnee para pedirle
disculpas en nombre de mi especie (acto que fue grabado por Néstor), y después
lo liberé como al tal Willy, dejándolo al amanecer sobre un palé de material de
obra. También le hice un par de fotos, un contraluz hacia el sol naciente de
morolandia, donde por cierto, en invierno también hace un frío de tatadiós.
viernes, 12 de enero de 2018
EL NIÑO DE HIELO Y LOS NIÑATOS DE
MANTEQUILLA.
Se llama Wang Fuman y lo han
bautizado en las redes como el niño de hielo. Tiene ocho años, vive en Yunnan, en
una zona fronteriza con el Tíbet, y cada día tiene que recorrer caminando más
de cuatro kilómetros para llegar a su colegio rural, una hora de caminata de
ida, y otra de vuelta, una caminata infernal. Ha trascendido en los medios
porque su profesor le hizo una fotografía cuando llegó a su clase con síntomas
de congelación, tras afrontar temperaturas de 9º bajo cero, temperaturas que
son habituales en la zona.
Pero ni la distancia, ni las
bajas temperaturas, ni la carencia de ropa adecuada, disuaden al pequeño para
ir a estudiar. Tiene ocho años, pero tiene manos de octogenario por las
reiteradas lesiones provocadas por las congelaciones. Las veo en una
fotografía, las tiene apoyadas sobre un examen de matemáticas puntuado con un
99 sobre 100. Quizá, al trascender su historia, su suerte cambie para bien,
aunque con esta sociedad tan proclive al efecto gaseosa, nunca se sabe.
Ahora voy a contar otra historia paralela, también de actualidad. Son tres o cuatro, no sé cómo se llaman ni tengo interés en saberlo. Subieron con un todo terreno muy guais hasta el Angliru (Asturias) para fardar de coche y de aventura. Una nevada los pilló en bragas, y pese a que estaban bien alimentados y apenas distaban cuatro kilómetros cuesta abajo de un lugar en el que podían refugiarse y comer caliente, optaron por llamar al 112 para que les “rescataran”, porque “están en su derecho”.
Son jóvenes, de manos cuidadas a
base de cosmética, van a la moda. Los veo en una fotografía en la que están
sentados en un coche de alta gama con asientos de cuero. Al trascender su
historia, para unos han quedado como auténticos gilipollas, y para otros, tan
gilipollas como ellos, han quedado como víctimas de un estado opresor en el que
hay “ciudadanos de segunda” eso sí, con todo terrenos de primera. Probablemente
no hayan aprendido la lección y serán gilipollas toda su vida, pero son
gilipollas con suerte y con derechos.
Menudo contraste, como de la
noche al día.
jueves, 11 de enero de 2018
KIT ANTI NEVADA.
No seré yo el que dé la cara por
el gobierno del PP compuesto por una estirpe de incompetentes, al mismo nivel
que otros gobiernos del pasado, pues con la clase política que tenemos, ya se
sabe. Pero a colación del kit de marras, que ha sido objeto del cachondeo
general, incluidos los medios de comunicación, tengo algo que decir.
En primer lugar, que ese choteo
generalizado no hace más que recalcar el grado de ignorancia del personal,
sobre todo de los medios de comunicación que plantean jocosamente dónde se meten
las paletas.
Para mí no es una novedad ese
kit, lo he llevado de siempre, adaptado a mis necesidades, sobre todo por
razones de trabajo cuando tenía que tirar de 4x4, pero como no me ha ocupado
tanto espacio como afirman estos indocumentados, lo sigo llevando en mi coche
convencional adaptándolo a las circunstancias, porque es obvio que llevar
cadenas en verano camino de Sevilla, es una gilipollez. Y empiezo a desglosar
lo más llamativo.
La pala… llevo una, pero no es
una pala de obra como la que muestran los gilipollas de los medios, es una pala
plegable tipo zapapico, de las que llevan los soldados de infantería en su
mochila, que apenas ocupa 20 centímetros cuadrados. ¿Una estupidez? Que se lo
pegunten a más de un listillo a quienes he echado una mano, no ya en la nieve,
sino por quedarse atascado en un camino de tierra a pie de playa en pleno
verano. El único inconveniente es ese, que el que tiene la pala, cava.
La linterna… llevo dos, pero no
es una linterna de cuatro pilas de petaca, son dos pequeñas linternas que caben
en un puño cerrado pero que dan una luz del carajo.
Botiquín… llevo uno, y lo he
tenido que utilizar en más de una ocasión, pero no se trata de un maletín
medicalizado de los que lleva el SAMUR, evidentemente. Ocupa bien poco para lo
útil que puede ser en el instante menos esperado.
Un silbato… llevo uno, qué
casualidad. Ocupa lo que ocupa un silbato, nada ¿Su utilidad? No será la
primera vez que alguien se sale de la carretera y acaba en un barranco fuera de
la vista de los conductores, y por estar atrapado, no puede llamar la atención
de ninguna de las formas. De hecho conozco un caso de un motorista que cayó a
un campo de trigo y no fue encontrado hasta una semana después… muerto.
Manta… llevo un poncho liner militar,
que plegado cabe en uno de los bolsillos del asiento trasero de cualquier
coche, junto a los chalecos reglamentarios. Si alguien se cuestiona la utilidad
de una manta en la carretera en un momento dado, es que le falta un hervor.
Gorro y guantes… tres cuartos de
lo mismo. ¿Qué ocupa eso? Cuántas veces dice alguno, uy, si tuviera un gorrito.
El mío va en el salpicadero.
Traje de agua… Evidentemente en
agosto no lo llevo, pero en invierno he perdido la cuenta de las veces que me
ha sacado de un apuro. ¿Qué ocupa plegado? Apenas nada.
Las cadenas… Lo dicho, si voy a
Sevilla en verano, dudo que las meta, pero incluso cuando no nieva pueden
resultar útiles.
Cable de carga para baterías…
anda que no.
Caja de herramientas… pues
algunas básicas no están de más, no hace falta llevar el soporte que llevan los
del París Dakar.
Lo de llevar barritas energéticas,
frutos secos y el agua, pues si vas a realizar un viaje largo, por qué no
¿Cuánto ocupa eso?
No se menciona un extintor, pero
yo llevo uno, y una navaja multiusos, y algunas barras de luz química en la
guantera… ¿Cuánto me ocupa todo eso? Lo suficientemente poco, debidamente
distribuido, como para que quepan todas las maletas que se pueden llevar dentro
de un coche de tipo medio, dentro de lo razonable. Así que no entiendo tanta
jocosidad y me preocupa tanto ignorante suelto, de los que para salir a hacer
footing, no dudan en colocarse toda suerte de aparatejos como si fuesen a la
luna.
De ese listado, lo único que me
parece un poco excesivo es llevar una emisora de radio, en primer lugar porque
para operar con ella es necesario tener la licencia correspondiente, pues lo
que faltaba ya, es que el gilipollas de turno, se pusiese a pisar los canales
de emergencia en plena crisis para decir, sáquenme de aquí que estoy en el
Angliru en pijama de rayas, cuatro por cuatro dieciséis, cambio.
En fin, que el que la lleva la
entiende, que yo conozco a uno que llevando un 4x4, lo atascó en la playa,
subió la marea y se quedó sin coche, todo porque no tenía un abrelatas y salió
a buscar uno. Pero esa historia la contaré otro día.
miércoles, 27 de diciembre de 2017
COMO EN UN CUENTO NAVIDEÑO.
Día 24 por la mañana. Mi hija
Gloria nos contó que había soñado con perros, sin que sospecháramos que se
trataba de una premonición. Después del desayuno, al Grinch le tocó ir a por una
bombona de butano, así que fui a la gasolinera más cercana donde las
distribuyen habitualmente, pero resultó que las bombonas se habían agotado, de
manera que tuve que ir a otra que estaba en casa dios. Me dije, ya empezamos
con la ironía navideña.
Circulaba por la carretera A-2001 en dirección a Sanlúcar de Barrameda, y al llegar a la primera curva a derechas, a la altura del PK 0.5 después del recinto ferial, vi las marcas en el asfalto de un accidente sucedido días atrás, en el que una mujer que se dirigía al centro penitenciario a visitar a dos hijos encarcelados, se estrelló contra un autobús escolar, pereciendo en el acto. Qué putada, pensé, otra ironía del “milagro” navideño.
Ochocientos metros más adelante, atisbé a cierta distancia un pequeño animal, que por la relativa lejanía confundí con un gato. Caminaba errante por el centro de la calzada mientras una serie de coches que se dirigían en dirección contraria a la mía, esquivaban al animal in extremis. Esperaba que el animal, que al poco reconocí como un perro pequeño, cruzara a un lado u otro de la carretera, pero seguía corriendo en zigzag por la mediana en dirección hacia mí en una trayectoria suicida.
Eché un rápido vistazo por los retrovisores, y tras comprobar que no venía ningún vehículo más alegre de lo razonable, puse las luces de emergencia y reduje considerablemente la velocidad para no cepillarme al pobre animal, y de paso alertar a los demás para que hiciesen lo propio. Ya de cerca, comprobé que se trataba de un cachorro de podenco de unos cuatro o cinco meses, de color blanco y canela y con un collar… Pensé, eres carne de neumáticos, si paso de ti estás perdido.
Me aparté a un lado de la carretera,
pues afortunadamente había espacio suficiente para no interferir el tráfico y no
generar una situación de riesgo. Tal como abrí la puerta, el pequeño perrillo,
que ya me había rebasado y seguía por el centro de la carretera en dirección
hacia El Puerto, se percató, y siguiendo tal vez su instinto, dio media vuelta
y se dirigió directamente hacia mí agachándose en actitud sumisa, con temor,
pero a la vez como si supiese que no le quedaba otra que agarrarse a algo para
salir de aquel infierno, aunque fuese un clavo ardiendo. Para no intimidarlo y
evitar que del susto saliese huyendo hacia la carretera, permanecí sentado y lo
atraje haciéndole carantoñas y extendiéndole las manos para que las oliese, y
en cuanto lo tuve a mano, lo atrapé y lo metí en el coche.
Y ahora qué hago contigo Sentencia, le dije, pues si me lo hubiese quedado, así lo habría llamado. Y quien cojones te puso ese collar tan espantoso, color verde turquesa y con un lacito… manda huevos la perrería que te han hecho colocándote ese collar. Dejarlo en la cuneta era sentenciarlo a una muerte casi segura, de manera que el nombre de Sentencia le venía al pelo, pero si lo llevaba a casa, el que corría peligro de muerte era yo.
Como tenía que ir aún por la bombona, y la gasolinera estaba a unos tres kilómetros, pensé que tal vez en ese lugar supiesen de quien podía ser, así que abrigué la esperanza y tras colocar al perro en la parte trasera, me dirigí hacia allí. A la chica que me atendió no le sonaba de nada el perro, ni siquiera por el collar, que vaya tela, como para no reconocer el puñetero collar, así que no pude más que dejarle mi número de teléfono por si alguien aparecía por allí buscando al chucho.
De vuelta a casa no hacía más que darle vueltas a la posible reacción de Lobita cuando me viese aparecer con el perro… Sentencia, le dije, nos va a caer la del pulpo. A ti tal vez no, pero a mí me van a tirar por la ventana cuando entre contigo en brazos. Maldita navidad… maldita la hora en la que te has escapado, o lo que parece más probable, maldito hijo de puta el que te haya abandonado en una carretera para que te conviertan en alfombra.
Sentencia, al que coloqué en el suelo en el lado del copiloto para que fuese más tranquilo, me observaba entre temeroso y aliviado a la vez que posaba su húmedo hociquillo en mi mano derecha, posada sobre la palanca de cambios para tenerlo a mano y darle carantoñas tranquilizadoras con el fin de mitigar el tembleque del susto que aún tenía.
En estas, llegó la hora de la verdad. Con cara de cordero camino del patíbulo, abrí la puerta justo en el instante en el que Lobita aparecía por el pasillo…
¡NO! ¡NI SE TE OCURRA¡ Lobita me comía con la mirada y mis cojones marineros se tiraron por la borda espantados. Mi hija Gloria, que estaba dibujando en su cuarto, al escuchar el alarido loberil, no necesitó ver nada para entender que yo había entrado a casa con algún bicho, así que salió con cara de guasa por la puerta, dispuesta a disfrutar del espectáculo.
Para quitarle hierro al asunto, le dije apresuradamente a Lobita, que saqué al perro de un apuro in extremis, que probablemente tenía dueño y que me pondría en marcha para buscarlo inmediatamente, un, dos, es aro... Así que dejé el perro en casa como si me quemase entre las manos mientras Gloria se partía la caja con la escenita, y regresé cagando leches a la zona donde lo recogí con la esperanza de encontrar a alguien buscándolo, a la par que preguntaba por las casas más cercanas, pero tras una hora dando vueltas, el resultado fue infructuoso.
Era hora de comer y regresé a casa con el acojone pertinente, pero para mi sorpresa, pese a que Lobita amenazaba con ejecutar al perro si se meaba o se cagaba en casa, comprobé que éste se iba detrás de ella con absoluta confianza. Lobita se encargó de comprarle un par de latas de comida perruna, le dio agua y le habilitó una toalla para que se pudiera tumbar. En el fondo sabía que a Lobita le gustaba el perro, y yo albergaba la posibilidad de que si no aparecía el dueño, podría convencerla para que se quedara en casa, una posibilidad, eso sí, remota como el Himalaya.
En El Puerto no encontré veterinarios de guardia, pero se me ocurrió llamar a la policía local para preguntar si tenían escáner de chips para perros, y me dijeron que sí. Paralelamente llamé a una buena amiga, Gloria Esteban, para que me asesorase, pues estaba muy implicada con los animales.
El año pasado la ayudé en la búsqueda de su perro Tango desaparecido en un pinar, pero desgraciadamente apareció muerto en una cuneta. Su respuesta fue clara, “convence a tu mujer para que quiera mucho al perro y yo lo amadrino corriendo con los gastos del veterinario y la comida.” No se quedaba con el perro porque tras la muerte de Tango, adoptó a una gata. Grande mi amiga Gloria.
Con todo, la primera duda que había que despejar era si tenía chip, si lo tenía encontraría al dueño, pero desgraciadamente el escáner de la policía no detectó nada, solo pude dejar mis datos por si lo reclamaban. Mas, dada la hora que era, quienes lo habían “perdido”, no parecían tener mucha prisa en reclamarlo, pues en la policía no había aviso alguno de perro desaparecido. Menudo marrón, pensé.
Previamente había llamado a casa de mi madre, donde teníamos previsto cenar con ella y con mi hermana y su prole. Cogió el teléfono mi cuñado y le dije, oye, que vamos con demora porque he encontrado a un perro en la carretera, tengo que pasar por la policía, y si no tiene chip y no doy con el dueño, tendré que llevar al perro con nosotros porque no es plan dejarlo solo en casa. Me dijo, vale, llámame con lo que sea, que lo mismo nos quedamos con él. Me quedé sorprendido.
Cuando volví a llamar a casa de mi madre, volvió a coger el teléfono mi cuñado. Le dije, el perro no tiene chip, a lo que mi cuñado respondió, nosotros hemos comprado una correa. Me dije, joder, al final va a resultar que lo de los milagros navideños de los cojones va a ser verdad. No puede ser tan fácil. Regresé a casa con el perro y con Gloria, que me acompañó a la policía, y le di la noticia a Lobita. Si no aparece el dueño, parece que se lo quedará mi hermana. Eso la tranquilizó y cesó la tensión, aunque me daba la impresión de que a ella acabaría gustándole el perrito.
Lobita y Gloria empezaron a acicalarse para ir a cenar, y yo aproveché para relajarme un poco, pues no paré en todo el día por la movida del dichoso perro. Estuvo tumbado un rato a mi lado mientras trasteaba en el ordenador, pero poco antes de irnos, salió del cuarto y le perdí la pista en la casa. En estas apareció Gloria apresuradamente por mi habitación con gesto entre divertido y preocupado sabiendo la que se avecinaba, siseándome al oído que el perro acababa de mearse en el sofá preferido de Lobita… Dios, pensé, al final la vamos a cagar Sentencia, nos queda un cuarto de hora, o nos matan o terminamos en la carretera los dos juntos.
Cagando leches salí hacia el salón para comprobar las dimensiones de la micción canina con la esperanza de que no fuese enorme, pero lo era. Empecé a retirar fundas y cojines, temiendo perder los cojones, pero el daño era inocultable y tuve que confesar. Lobita… el perro se ha meado en tu sofale… pero piensa en positivo, esto no volverá a suceder…
La cara de Lobita era un poema, el perro se quitó de en medio, y yo me encomendé a los dioses. Manchó la funda principal, un par de cojines, pero no caló demasiado, así que por ahí me libré. Lavadora de emergencia y a cenar a casa de mi madre mientras Lobita blasfemaba en arameo, eso sí, con mucho estilo.
Llegamos con la tranquilidad de que se iban a quedar con el perro, que ya vieron por fotografías, pero lo que no me esperaba era el impacto que iba a crear en mi hermana y su prole. Al ver a Sentencia se desataron las emociones, mi sobrina empezó a llorar de la emoción y todo eran arrumacos para el perro. Después lo comprendí todo.
Mi hermana y mi cuñado han tenido varios perros, pero con el paso del tiempo fueron falleciendo por cosas de la edad. El último fue Choco, y pasado el duelo, se plantearon adoptar uno, detalle que yo desconocía. Pero mira por dónde el Grinch apareció con uno debajo del brazo, y el hasta entonces Sentencia, acabó convertido en lo que calificaron como el mejor regalo de Navidad de todos los tiempos.
El perro se adaptó enseguida a todo el mundo, parecía que había vivido toda la vida entre nosotros, además se puso a dormir a pata suelta después de zamparse otra lata de comida para perros. Mientras dormía ajeno a todo, empezó a barajarse cómo se iba a llamar. El nombre de Sentencia no iba a colar, sobre todo en lo que a mi sobrina se refiere, pues el asunto del bautizo iba a correr por cuenta de ella. Empezó por Harry. Pensé, mola… Harry el Sucio, pero no cuajó. De Harry pasó a Canelo, de Canelo a Harley, y así sucesivamente. Como no se ponían de acuerdo, sugerí el nombre de Variable, pero tampoco coló, así que me di por vencido, además esa ya no era mi guerra.
No hubo llamadas reclamando al perro, a día de hoy no las ha habido, y visto el impacto que produjo, sobre todo en mi sobrina, me dije, ya no hay vuelta atrás, que se hubieran movilizado antes, eso suponiendo que no haya sido el frecuente y triste caso de animalito de regalo rechazado y abandonado con lacito y todo en la carretera. Del mismo modo que me movilicé y fui a la policía tratando de localizar a sus dueños, estos podrían haber hecho lo mismo. Además tengo la absoluta tranquilidad de que el perro estará en las mejores manos, de otro modo no lo habría entregado.
La cena en familia transcurrió con tranquilidad con un invitado inesperado que fue el que más cariño recibió. De vez en cuando se acercaba a mí y me daba la patita, no sé si agradecido. No me jodas, pensé, que te tengo que dejar cuando en el fondo me encantaría quedarme contigo. Pero la vida es así y en cierto modo Lobita tenía razón, tenemos otras responsabilidades que atender y un perro en casa podría complicar las cosas más de lo que están. Hay que ser responsables. Quizá más adelante…
Finalizada la cena, ya entrada la Navidad, Lobita, Gloria y yo regresamos a casa. Por el camino, en el horizonte hacia el oeste, centelleaban rayos que anunciaban la inminente llegada de las lluvias. Me dije, después de todo va a resultar que los milagros navideños existen. El perro ha encontrado un lugar de acogida y además va a llover en Navidad, como me gusta a mí. Aunque un milagro de cojones habría sido poder convencer a Lobita y que a estas horas hubiese escrito un final ligeramente distinto, con un perro llamado Sentencia tumbado junto a mí.
Pero bien está lo que bien acaba, y esta historia, como un cuento navideño noño, ha tenido un final cojonudo para Sentencia, Harry, Canelo o como cojones acabe llamándose el perro, al que espero le quiten ese horroroso collar. Se fue a la Costa del Sol a vivir una nueva vida, y supongo que lo volveré a ver. Espero que para entonces se haya olvidado de mí, pues será señal de que habrá olvidado el horror que experimentó en el PK 1.3 de la carretera A-2001.
No está mal para ser un puñetero
Grinch ¿No?
miércoles, 13 de septiembre de 2017
Le pedí a Lobita que matara a un mosquito que andaba rondando mí cabeza. Me dio dos hostias que me dejaron tibio pero el mosquito seguía revoloteando mi testa. Estoicamente, le pregunté si tenía que pegarme alguna hostia más para rematar la faena. A ella le dio la risa y a mí me picó el mosquito y me quedé con las dos hostias.
Moraleja; a veces es mejor que te pique el mosquito.
Moraleja; a veces es mejor que te pique el mosquito.
sábado, 9 de septiembre de 2017
A GOLPE DE TWITTER.
Los políticos de cualquier condición lo tienen muy fácil hoy día para “movilizar” a las masas, me refiero a movilizarse pero sin levantarse del sofá. Incluso se comunican entre ellos, descalificándose o adulándose sin dar la cara, sin mirarse a los ojos, solo a golpe de twitter. Es incluso la nueva forma de gobernar un país... a golpe de twitter.
Llega uno o una del partido que sea o de la nación que sea, me la pela, y tirando de twitter, suelta una prenda que prende fuego en las redes sociales con una capacidad de propagación que supera a la del éter etílico, reacción en cadena que afecta a esa masa irreflexiva que actúa por impulso, como cuando un perro es replicado por otros perros a nivel de neuronas espejo… ese ladra, pues yo ladro. A partir de ahí, sin molestarse en contrastar, sin reflexionar, sin más, llegan las descalificaciones de todo tipo, las ofensas, las muestras de odio, el fanatismo, las reacciones irracionales, furibundas… a golpe de twitter.
Antes solo había tres opciones para ponerse al día de lo que pasaba en el planeta, escuchar la radio, ver los noticiarios, o leer la prensa, y los políticos estaban obligados a debatir donde les correspondía y del modo que correspondía, de viva voz, en los foros adecuados y dando la cara, no amparándose en un celular. Y a partir de ahí, de un modo menos espontáneo pero más reflexivo, sin esa obsesión por la inmediatez, sin esa obsesión por el minutito de gloria en las redes, el ciudadano que tenía verdadero interés y capacidad para hacerlo, analizaba, contrastaba, y si quería transmitir una protesta o una opinión de cara al público acerca de algo, escribía una carta al director del periódico de marras y se expresaba con educación, porque si no lo hacía, no se la publicaban, tendencias políticas del medio de comunicación aparte.
Hoy día no, hoy cualquier becerro metido a político teclea unas letras desafortunadas para provocar al contrario, que es más fácil que buscar soluciones para que la sociedad funcione, le da al send de las narices, y allá que va la llamarada que prenderá ese depósito de material volátil, el éter etílico (C2H5)20, que son las masas de las redes sociales de hoy, una sociedad inestable emocionalmente, réplica virtual de aquellos que salían a quemar brujas dirigidos por los inquisidores.
Espontáneamente, se dedican a linchar verbalmente a quien sea, a lanzarse las palabras a la cabeza de manera instantánea, a golpe de twitter, porque no hay cojones de hacerlo mirando a los ojos del adversario no sea que éste o ésta, le desarme con una sonrisa o con una hostia bien dada.
El mejor favor que nos podía hacer el Universo, es enviarnos un pulso electromagnético de dimensiones bíblicas que funda los plomos de toda esta mierda de las nuevas tecnologías, y que a partir de entonces haya que tirar de fogata para enviar twitts, o como cojones se escriba, mediante señales de humo. Veríamos cuántos serían capaces de encender un fuego sin ver un tutorial… lo que me iba a reír.
Los políticos de cualquier condición lo tienen muy fácil hoy día para “movilizar” a las masas, me refiero a movilizarse pero sin levantarse del sofá. Incluso se comunican entre ellos, descalificándose o adulándose sin dar la cara, sin mirarse a los ojos, solo a golpe de twitter. Es incluso la nueva forma de gobernar un país... a golpe de twitter.
Llega uno o una del partido que sea o de la nación que sea, me la pela, y tirando de twitter, suelta una prenda que prende fuego en las redes sociales con una capacidad de propagación que supera a la del éter etílico, reacción en cadena que afecta a esa masa irreflexiva que actúa por impulso, como cuando un perro es replicado por otros perros a nivel de neuronas espejo… ese ladra, pues yo ladro. A partir de ahí, sin molestarse en contrastar, sin reflexionar, sin más, llegan las descalificaciones de todo tipo, las ofensas, las muestras de odio, el fanatismo, las reacciones irracionales, furibundas… a golpe de twitter.
Antes solo había tres opciones para ponerse al día de lo que pasaba en el planeta, escuchar la radio, ver los noticiarios, o leer la prensa, y los políticos estaban obligados a debatir donde les correspondía y del modo que correspondía, de viva voz, en los foros adecuados y dando la cara, no amparándose en un celular. Y a partir de ahí, de un modo menos espontáneo pero más reflexivo, sin esa obsesión por la inmediatez, sin esa obsesión por el minutito de gloria en las redes, el ciudadano que tenía verdadero interés y capacidad para hacerlo, analizaba, contrastaba, y si quería transmitir una protesta o una opinión de cara al público acerca de algo, escribía una carta al director del periódico de marras y se expresaba con educación, porque si no lo hacía, no se la publicaban, tendencias políticas del medio de comunicación aparte.
Hoy día no, hoy cualquier becerro metido a político teclea unas letras desafortunadas para provocar al contrario, que es más fácil que buscar soluciones para que la sociedad funcione, le da al send de las narices, y allá que va la llamarada que prenderá ese depósito de material volátil, el éter etílico (C2H5)20, que son las masas de las redes sociales de hoy, una sociedad inestable emocionalmente, réplica virtual de aquellos que salían a quemar brujas dirigidos por los inquisidores.
Espontáneamente, se dedican a linchar verbalmente a quien sea, a lanzarse las palabras a la cabeza de manera instantánea, a golpe de twitter, porque no hay cojones de hacerlo mirando a los ojos del adversario no sea que éste o ésta, le desarme con una sonrisa o con una hostia bien dada.
El mejor favor que nos podía hacer el Universo, es enviarnos un pulso electromagnético de dimensiones bíblicas que funda los plomos de toda esta mierda de las nuevas tecnologías, y que a partir de entonces haya que tirar de fogata para enviar twitts, o como cojones se escriba, mediante señales de humo. Veríamos cuántos serían capaces de encender un fuego sin ver un tutorial… lo que me iba a reír.
miércoles, 23 de agosto de 2017
domingo, 7 de mayo de 2017
CARACENA
Dicen que quien guarda halla, y hurgando por las hojas de un
dietario de mí propiedad del año 1991, hallé esta historia de la que no me
acordaba.
Era martes 26 de noviembre de 1991, y por aquel entonces
trabajaba en una empresa llamada HIDROCARSA, que se dedicaba a trabajos de
topografía e hidrografía a nivel nacional. Según mis anotaciones, aquel día
tocó realizar el levantamiento topográfico de una cañada real conocida como
Cañada del Quejigo, en el término municipal de Alcalá de los Gazules. El equipo
de trabajo estaba formado por uno de los fundadores de la empresa, F. Nuche -
un capitán de navío retirado que llegó a ser subdirector del Instituto
Hidrográfico de Cádiz - por un chaval llamado J. Montiano, y por mí.
El caso es que poco antes de la hora de la comida,
entablamos conversación con un lugareño que pasaba por allí que, al vernos
cargados con los equipos de topografía, se interesó por nuestro trabajo. Era un
señor mayor, 79 años nos dijo que tenía, un personaje muy cordial, lúcido y de
aspecto fuerte como un roble. Le explicamos el trabajo que estábamos
realizando, y aprovechando la virada, le preguntamos si conocía algún lugar
para comer que no estuviese demasiado alejado de la zona de trabajo.
Desplegando toda su amabilidad, se ofreció a invitarnos a comer a su casa, algo
que en principio rechazamos cortésmente, pero insistió tanto, que no tuvimos
más remedio que aceptar.
La casa estaba a unos pocos centenares de metros del lugar
donde trabajábamos, aunque no sabría ubicarla después de tanto tiempo,
pues no lo detallo en el dietario. El caso es que se trataba de una pequeña
casa de campo al uso de lo que se estilaba por allí, estas de anchos muros de
piedra encalada, techo a dos aguas de tejas, y una parra que daba sombra a una
pequeña terraza que había en la parte delantera. Entonces el buen hombre nos
contó una anécdota que nos llamó mucho la atención.
Resulta que aquella casa había sido hasta hacía poco, un
antiguo ventorrillo conocido como “Caracena”, hasta ahí nada fuera de lo común
salvo que el nombre era un poco inusual, pero tenía su razón de ser. Nos contó
que en la primera mitad del siglo XIX, el famoso bandolero Pepe el Tempranillo,
acompañado de algunos de sus hombres, apareció por el ventorrillo y pidieron de
cenar. No se sabe si por un casual o por una denuncia, al poco aparecieron los
migueletes, aquellos soldados a los que tuvo que recurrir el rey Fernando VII
para combatir el bandolerismo.
Evidentemente, cuando irrumpieron los migueletes en el ventorrillo,
se entabló un tiroteo entre estos y los bandoleros que tuvieron que salir
arreando, sin especificarnos si hubo o no bajas en cualquiera de los dos
bandos. El caso es que aquel enfrentamiento le dio la cena a más de uno, sobre
todo a los bandoleros, razón por la cual al ventorrillo se le quedó el nombre
de “Caracena” por eso de que resultó una cena bastante cara.
Aquel hombre nos puso de comer un buen par de huevos fritos
con chorizo, pan de leña y agua fresca de pozo. Según mis anotaciones, nos supo
a gloria, y dudo que hoy día se pueda comer algo tan genuino como entonces, me
refiero a la calidad. También anoté que en la casa había un pequeño patio en el
que correteaba un pollo que solo tenía una pata, pero no parecía echarla de
menos.
Aquel hombre, gentil como nadie, rechazó nuestro intento de
abonar la consumición. Era hombre de palabra, de orgullo sano, de una casta
extinta, todo un señor, y se negó en redondo a cobrarnos nada porque lo
consideraría como una ofensa.
En la actualidad, por lo que he podido ver en internet,
existe una venta que se llama “Caracena”, y que está más o menos por la zona en
la que trabajábamos en aquellas fechas, pero después de 26 años dando
volteretas por el país, no reconozco en lugar. Tampoco me suena para nada la
casa que aparece en las fotos, lo cual no es de extrañar, porque la que yo
conocí ya estaba al borde de la ruina. Al parecer cambió de propietario en el
año 2000, nueve años después de aquella entrañable experiencia.
Lo que sí he encontrado es una alusión a por qué la venta se
llama “Caracena”. La versión, más común que la que nos relató aquel buen
hombre, habla de dos viajantes que pararon en la venta y que se pelearon por
unos huevos fritos con papas, acabando la reyerta con la muerte de uno de ellos.
Alguien de la venta comentó “cara le costó la cena” y de ahí lo de “Caracena”
Pero qué queréis que os diga, yo me quedo con la versión de
aquel señor cuyo nombre no llegué a anotar, lo cual lamento horrores. Era un
señor por derecho, y dudo que nos mintiese, además, me resulta mucho más
plausible una escaramuza entre migueletes y bandoleros, que una pelea a muerte
por unos huevos fritos con patatas. Me fío de aquel señor, lúcido y fuerte como
un roble pese a su edad, me fío más de él que de lo que se pueda encontrar por
internet, y me fío de mi dietario, un acierto ese de escribir a diario, porque
de otro modo no recordaría muchas historias, o si las recordase, acabarían
distorsionándose o diluyéndose en la memoria, y en algunos casos sería una
pena.
lunes, 10 de abril de 2017
Las personas en la sombra, las que están en todas partes salvando el culo a los demás pero pasan inadvertidas.
Las que son llamadas para los entierros y para los dramas de cada hijo de vecino, pero no para las fiestas.
Las que son reconocidas momentáneamente, pero pasan inmediatamente al olvido hasta la siguiente tragedia.Las que solo son recordadas, como Santa Bárbara, cuando truena… cuando sale el sol, ni se las ve ni se las espera.
Más que noble o buena persona, se requiere ser tonto para formar parte de este club selecto, en el que las condecoraciones son como las de la CIA, anónimas, solo que sin estrellas en el muro, tan solo un recuerdo efímero como un estornudo, y a veces ni eso.
Las personas en la sombra. Y no, no me refiero a ninguna profesión, pues si al menos cobraran…
jueves, 6 de abril de 2017
SOBRE CUÁNDO SE ELIMINÓ LA FRONTERA DEL RESPETO.
Nos quejamos de la pérdida de valores, de la falta de
respeto que campa a sus anchas en la sociedad actual, y creo que sé cuándo
empezó todo. Recuerdo en mi época de estudiante, que en el instituto había un profesor
“muy guay” que se dejaba tratar por sus alumnos como un colega más. Tenía barba
muy poblada y el pelo largo a lo Jesucristo Superstar. Vaqueros desgastados,
unas chanclas, una camisa un tanto desarreglada y un zurrón de marroquinería,
completaban su “sello de identidad”
Impartía clases de ciencias naturales, al menos en teoría,
porque en la práctica aquellas clases acababan derivando en un batiburrillo de
ideas que versaban más sobre las “injusticias sociales” que sobre naturaleza.
El caso es que aquel “profe” era un colega más, nos daba un dedo, pero los más
descarados acababan cogiendo el brazo entero, él lo consentía, y claro,
aquellas “clases” acababan desmadrándose, hasta el extremo que los profesores
de las clases adyacentes acababan dando golpes en la pared protestando por
tanto alboroto.
Además nos vendió la moto de que él no suspendía a nadie,
que todo el mundo aprobaría su asignatura, que tó el mundo es güeno, que
esforzarse es una forma de represión, de manera que los más haraganes vieron el cielo
abierto y no se molestaron más en abrir un libro. Además molaba mucho aquel “profe”
porque después de clase se iba a la playa con algunos de sus alumnos-colegas a
fumarse sus porritos, porque la vida es bella y el porro es terapéutico contra
los males del sistema educativo opresor. Veamos el rayo verde que se pone el
sol…
El caso es que los profesores-colegas, aquellas jóvenes
promesas que estudiaron con calzador una carrera demasiado fácil de superar
para la importancia que debería tener, y que en materia educativa nos han
dejado en la cola a nivel internacional, empezaron a proliferar, y cada vez era
más frecuente escucharles decir, “no me llaméis de usted” que soy vuestro
colega. Confundiendo el atún con la velocidad, eliminaron ese formalismo tan
“casposo, clasista, y franquista”, como si los profesores de la II República no
hubieran empleado esas buenas formas que se siguen manteniendo en las universidades
más prestigiosas del mundo, en que los interlocutores se hablan de usted para
establecer los límites. Eliminaron la frontera que mantenía a salvo la necesaria
disciplina que fija las normas conductuales para mantener el orden básico
necesario, el respeto más elemental, y ¿Qué pasó? Que los bárbaros acabaron
invadiendo los colegios, los institutos, las universidades, los centros de
trabajo, los estamentos políticos, etc. y la cosa acabó convirtiéndose en un
caos.
Ahora estamos comprobando los resultados de tanta
permisividad, de tanto colegueo… acoso escolar a extremos insospechados, porque
si los estudiantes no respetan a sus padres ni a sus profesores, qué cojones
van a respetar al rarito de la clase. Los casos de violencia de género se
disparan, por mucho que digan que antes era igual solo que no eran visibles, y
no tiene más remedio que dispararse si la referencia para muchos jóvenes es el
reguetón, el perreo, Gran Hermano, el usar a las chicas como moneda de cambio,
como objeto sexual al que hay que dominar y despreciar. Se ha pasado del piropo
de andamio, a la agresión directa en la que un grupo de cabrones somete a una
chica en el portal de su casa mientras lo filman con sus móviles y lo cuelgan
en las redes sociales para rematar la poca dignidad que le pueda quedar a la
víctima.
La telebasura está en auge con su despliegue de miserias,
transmitiendo el mensaje de que lo suyo es denigrase públicamente por dinero en
vez de estudiar o trabajar honestamente. Y la política, que además de ser la
cueva de Ali Babá, se ha convertido en una corrala en la que las estrellas son
aquellos delegados guais que había en mi clase, que se las daban de
revolucionarios, instigando a la mínima oportunidad de huelga con tal de no
coger un libro, para después irse de colegueo a la playa con el “profe” de
ciencias naturales que mostraba su apoyo incondicional a los “insurrectos”.
No digo que antes no hubiese hijos de puta que confundiesen
respeto, con represión y un punto de sadismo, que los había, yo mismo tuve la
desgracia de toparme con unos cuantos. No digo que antes no hubiese matones en
clase, que los había, de los que en mi caso, me libré por mis propios medios
porque bastaba con echarle un poco de agallas al asunto para ganarse el respeto,
incluso de los matones. Pero lo que no había era el descontrol absoluto que
tenemos hoy día, la falta absoluta de valores de los tiempos que corren, ya no
contra lo que llaman “el sistema” para justificar su comportamiento, sino
dentro de los propios núcleos familiares, en los que la gente no respeta ni a
su madre aunque sea una santa, ni qué decir de los abuelos.
Es lo que tiene la eliminación de los formalismos, aunque suene trasnochado, que no creo que lo sea, tratar como a un colega a tus padres o a tus profesores sin establecer la frontera de hasta aquí te dejo llegar para que no me comas por sopa, porque yo estoy para enseñarte, para educarte, no para irme de parranda contigo y que acabes perdiéndome el respeto, porque a fin de cuentas a lo mejor descubres que en mi tiempo libre, yo me emborracho como tú, y para qué me vas hacer caso si somos iguales… colega. Esto es, anda, vete a Parla que hoy no tengo ganas de asistir a clase, Jesucristo Superstar, mañana quedamos en la playa, nos fumamos unos canutitos y hablamos de la trascendencia de la vida, que eso sí que son Ciencias Naturales.
No recuerdo como se llamaba aquel profesor, lo que sí
recuerdo es que no fue él el que despertó en mí el interés por la ciencia,
aunque sí que despertó en los haraganes, el interés por las bebidas
espirituosas y las drogas terapéuticas. Pues anda que no diñaron compañeros
míos en aquellos dramáticos finales de los 70 por no haber aprendido a
establecer límites… colega.
lunes, 2 de enero de 2017
SEGURIDAD DE DISCOTECAS
Estos periodistas de hoy no dejan de sorprenderme con sus
preguntas y sus conclusiones, y no me refiero a los becarios, me refiero a
periodistas de primera línea, de los de máxima audiencia.
A colación del atentado en la discoteca de Estambul, una
conocida periodista de una cadena de TV de las más seguidas, entrevistaba al
familiar de un trabajador de la discoteca herido en la masacre. Primero
preguntó al entrevistado, si las medidas de seguridad de la sala de fiestas eran
suficientes, a lo que el entrevistado respondió, que para lo que se espera
normalmente en una discoteca, sí, esto es, la clásica bronca de discoteca en la
que entran en juego los efectivos de seguridad de la misma, tipos con cierta
fortaleza física y aptitudes en defensa personal, pero que no portan armas de
fuego.
Tras la respuesta del entrevistado, lógica por otra parte,
la entrevistadora realizó la pregunta que me sorprendió - ¿Y cómo es posible
que alguien pudiera entrar en la discoteca armado con un Kalasnikov? -
Vamos a ver, muchacha… ¿A caso esperabas que el portero del
local le pidiera la entrada al terrorista y le requisara el AK-47 y la bolsa
llena de cargadores? ¿A caso esperas que en cada discoteca turca haya un
dispositivo policial controlando el acceso a las mismas?
En fin, preguntas de Perogrullo que dan idea del nivelazo que
tiene el periodismo de los tiempos que corren, al menos en España, periodismo
por otra parte, a la altura del nivel intelectual de sus consumidores, que no
aspiran más que a saciar su sed de morbo y amarillismo. La culpa es mía por
tomarme las tostadas con la caja tonta encendida.
J.M. Arroyo
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