Le pedí a Lobita que matara a un mosquito que andaba rondando mí cabeza. Me dio dos hostias que me dejaron tibio pero el mosquito seguía revoloteando mi testa. Estoicamente, le pregunté si tenía que pegarme alguna hostia más para rematar la faena. A ella le dio la risa y a mí me picó el mosquito y me quedé con las dos hostias.
Moraleja; a veces es mejor que te pique el mosquito.
miércoles, 13 de septiembre de 2017
sábado, 9 de septiembre de 2017
A GOLPE DE TWITTER.
Los políticos de cualquier condición lo tienen muy fácil hoy día para “movilizar” a las masas, me refiero a movilizarse pero sin levantarse del sofá. Incluso se comunican entre ellos, descalificándose o adulándose sin dar la cara, sin mirarse a los ojos, solo a golpe de twitter. Es incluso la nueva forma de gobernar un país... a golpe de twitter.
Llega uno o una del partido que sea o de la nación que sea, me la pela, y tirando de twitter, suelta una prenda que prende fuego en las redes sociales con una capacidad de propagación que supera a la del éter etílico, reacción en cadena que afecta a esa masa irreflexiva que actúa por impulso, como cuando un perro es replicado por otros perros a nivel de neuronas espejo… ese ladra, pues yo ladro. A partir de ahí, sin molestarse en contrastar, sin reflexionar, sin más, llegan las descalificaciones de todo tipo, las ofensas, las muestras de odio, el fanatismo, las reacciones irracionales, furibundas… a golpe de twitter.
Antes solo había tres opciones para ponerse al día de lo que pasaba en el planeta, escuchar la radio, ver los noticiarios, o leer la prensa, y los políticos estaban obligados a debatir donde les correspondía y del modo que correspondía, de viva voz, en los foros adecuados y dando la cara, no amparándose en un celular. Y a partir de ahí, de un modo menos espontáneo pero más reflexivo, sin esa obsesión por la inmediatez, sin esa obsesión por el minutito de gloria en las redes, el ciudadano que tenía verdadero interés y capacidad para hacerlo, analizaba, contrastaba, y si quería transmitir una protesta o una opinión de cara al público acerca de algo, escribía una carta al director del periódico de marras y se expresaba con educación, porque si no lo hacía, no se la publicaban, tendencias políticas del medio de comunicación aparte.
Hoy día no, hoy cualquier becerro metido a político teclea unas letras desafortunadas para provocar al contrario, que es más fácil que buscar soluciones para que la sociedad funcione, le da al send de las narices, y allá que va la llamarada que prenderá ese depósito de material volátil, el éter etílico (C2H5)20, que son las masas de las redes sociales de hoy, una sociedad inestable emocionalmente, réplica virtual de aquellos que salían a quemar brujas dirigidos por los inquisidores.
Espontáneamente, se dedican a linchar verbalmente a quien sea, a lanzarse las palabras a la cabeza de manera instantánea, a golpe de twitter, porque no hay cojones de hacerlo mirando a los ojos del adversario no sea que éste o ésta, le desarme con una sonrisa o con una hostia bien dada.
El mejor favor que nos podía hacer el Universo, es enviarnos un pulso electromagnético de dimensiones bíblicas que funda los plomos de toda esta mierda de las nuevas tecnologías, y que a partir de entonces haya que tirar de fogata para enviar twitts, o como cojones se escriba, mediante señales de humo. Veríamos cuántos serían capaces de encender un fuego sin ver un tutorial… lo que me iba a reír.
Los políticos de cualquier condición lo tienen muy fácil hoy día para “movilizar” a las masas, me refiero a movilizarse pero sin levantarse del sofá. Incluso se comunican entre ellos, descalificándose o adulándose sin dar la cara, sin mirarse a los ojos, solo a golpe de twitter. Es incluso la nueva forma de gobernar un país... a golpe de twitter.
Llega uno o una del partido que sea o de la nación que sea, me la pela, y tirando de twitter, suelta una prenda que prende fuego en las redes sociales con una capacidad de propagación que supera a la del éter etílico, reacción en cadena que afecta a esa masa irreflexiva que actúa por impulso, como cuando un perro es replicado por otros perros a nivel de neuronas espejo… ese ladra, pues yo ladro. A partir de ahí, sin molestarse en contrastar, sin reflexionar, sin más, llegan las descalificaciones de todo tipo, las ofensas, las muestras de odio, el fanatismo, las reacciones irracionales, furibundas… a golpe de twitter.
Antes solo había tres opciones para ponerse al día de lo que pasaba en el planeta, escuchar la radio, ver los noticiarios, o leer la prensa, y los políticos estaban obligados a debatir donde les correspondía y del modo que correspondía, de viva voz, en los foros adecuados y dando la cara, no amparándose en un celular. Y a partir de ahí, de un modo menos espontáneo pero más reflexivo, sin esa obsesión por la inmediatez, sin esa obsesión por el minutito de gloria en las redes, el ciudadano que tenía verdadero interés y capacidad para hacerlo, analizaba, contrastaba, y si quería transmitir una protesta o una opinión de cara al público acerca de algo, escribía una carta al director del periódico de marras y se expresaba con educación, porque si no lo hacía, no se la publicaban, tendencias políticas del medio de comunicación aparte.
Hoy día no, hoy cualquier becerro metido a político teclea unas letras desafortunadas para provocar al contrario, que es más fácil que buscar soluciones para que la sociedad funcione, le da al send de las narices, y allá que va la llamarada que prenderá ese depósito de material volátil, el éter etílico (C2H5)20, que son las masas de las redes sociales de hoy, una sociedad inestable emocionalmente, réplica virtual de aquellos que salían a quemar brujas dirigidos por los inquisidores.
Espontáneamente, se dedican a linchar verbalmente a quien sea, a lanzarse las palabras a la cabeza de manera instantánea, a golpe de twitter, porque no hay cojones de hacerlo mirando a los ojos del adversario no sea que éste o ésta, le desarme con una sonrisa o con una hostia bien dada.
El mejor favor que nos podía hacer el Universo, es enviarnos un pulso electromagnético de dimensiones bíblicas que funda los plomos de toda esta mierda de las nuevas tecnologías, y que a partir de entonces haya que tirar de fogata para enviar twitts, o como cojones se escriba, mediante señales de humo. Veríamos cuántos serían capaces de encender un fuego sin ver un tutorial… lo que me iba a reír.
miércoles, 23 de agosto de 2017
domingo, 7 de mayo de 2017
CARACENA
Dicen que quien guarda halla, y hurgando por las hojas de un
dietario de mí propiedad del año 1991, hallé esta historia de la que no me
acordaba.
Era martes 26 de noviembre de 1991, y por aquel entonces
trabajaba en una empresa llamada HIDROCARSA, que se dedicaba a trabajos de
topografía e hidrografía a nivel nacional. Según mis anotaciones, aquel día
tocó realizar el levantamiento topográfico de una cañada real conocida como
Cañada del Quejigo, en el término municipal de Alcalá de los Gazules. El equipo
de trabajo estaba formado por uno de los fundadores de la empresa, F. Nuche -
un capitán de navío retirado que llegó a ser subdirector del Instituto
Hidrográfico de Cádiz - por un chaval llamado J. Montiano, y por mí.
El caso es que poco antes de la hora de la comida,
entablamos conversación con un lugareño que pasaba por allí que, al vernos
cargados con los equipos de topografía, se interesó por nuestro trabajo. Era un
señor mayor, 79 años nos dijo que tenía, un personaje muy cordial, lúcido y de
aspecto fuerte como un roble. Le explicamos el trabajo que estábamos
realizando, y aprovechando la virada, le preguntamos si conocía algún lugar
para comer que no estuviese demasiado alejado de la zona de trabajo.
Desplegando toda su amabilidad, se ofreció a invitarnos a comer a su casa, algo
que en principio rechazamos cortésmente, pero insistió tanto, que no tuvimos
más remedio que aceptar.
La casa estaba a unos pocos centenares de metros del lugar
donde trabajábamos, aunque no sabría ubicarla después de tanto tiempo,
pues no lo detallo en el dietario. El caso es que se trataba de una pequeña
casa de campo al uso de lo que se estilaba por allí, estas de anchos muros de
piedra encalada, techo a dos aguas de tejas, y una parra que daba sombra a una
pequeña terraza que había en la parte delantera. Entonces el buen hombre nos
contó una anécdota que nos llamó mucho la atención.
Resulta que aquella casa había sido hasta hacía poco, un
antiguo ventorrillo conocido como “Caracena”, hasta ahí nada fuera de lo común
salvo que el nombre era un poco inusual, pero tenía su razón de ser. Nos contó
que en la primera mitad del siglo XIX, el famoso bandolero Pepe el Tempranillo,
acompañado de algunos de sus hombres, apareció por el ventorrillo y pidieron de
cenar. No se sabe si por un casual o por una denuncia, al poco aparecieron los
migueletes, aquellos soldados a los que tuvo que recurrir el rey Fernando VII
para combatir el bandolerismo.
Evidentemente, cuando irrumpieron los migueletes en el ventorrillo,
se entabló un tiroteo entre estos y los bandoleros que tuvieron que salir
arreando, sin especificarnos si hubo o no bajas en cualquiera de los dos
bandos. El caso es que aquel enfrentamiento le dio la cena a más de uno, sobre
todo a los bandoleros, razón por la cual al ventorrillo se le quedó el nombre
de “Caracena” por eso de que resultó una cena bastante cara.
Aquel hombre nos puso de comer un buen par de huevos fritos
con chorizo, pan de leña y agua fresca de pozo. Según mis anotaciones, nos supo
a gloria, y dudo que hoy día se pueda comer algo tan genuino como entonces, me
refiero a la calidad. También anoté que en la casa había un pequeño patio en el
que correteaba un pollo que solo tenía una pata, pero no parecía echarla de
menos.
Aquel hombre, gentil como nadie, rechazó nuestro intento de
abonar la consumición. Era hombre de palabra, de orgullo sano, de una casta
extinta, todo un señor, y se negó en redondo a cobrarnos nada porque lo
consideraría como una ofensa.
En la actualidad, por lo que he podido ver en internet,
existe una venta que se llama “Caracena”, y que está más o menos por la zona en
la que trabajábamos en aquellas fechas, pero después de 26 años dando
volteretas por el país, no reconozco en lugar. Tampoco me suena para nada la
casa que aparece en las fotos, lo cual no es de extrañar, porque la que yo
conocí ya estaba al borde de la ruina. Al parecer cambió de propietario en el
año 2000, nueve años después de aquella entrañable experiencia.
Lo que sí he encontrado es una alusión a por qué la venta se
llama “Caracena”. La versión, más común que la que nos relató aquel buen
hombre, habla de dos viajantes que pararon en la venta y que se pelearon por
unos huevos fritos con papas, acabando la reyerta con la muerte de uno de ellos.
Alguien de la venta comentó “cara le costó la cena” y de ahí lo de “Caracena”
Pero qué queréis que os diga, yo me quedo con la versión de
aquel señor cuyo nombre no llegué a anotar, lo cual lamento horrores. Era un
señor por derecho, y dudo que nos mintiese, además, me resulta mucho más
plausible una escaramuza entre migueletes y bandoleros, que una pelea a muerte
por unos huevos fritos con patatas. Me fío de aquel señor, lúcido y fuerte como
un roble pese a su edad, me fío más de él que de lo que se pueda encontrar por
internet, y me fío de mi dietario, un acierto ese de escribir a diario, porque
de otro modo no recordaría muchas historias, o si las recordase, acabarían
distorsionándose o diluyéndose en la memoria, y en algunos casos sería una
pena.
lunes, 10 de abril de 2017
Las personas en la sombra, las que están en todas partes salvando el culo a los demás pero pasan inadvertidas.
Las que son llamadas para los entierros y para los dramas de cada hijo de vecino, pero no para las fiestas.
Las que son reconocidas momentáneamente, pero pasan inmediatamente al olvido hasta la siguiente tragedia.Las que solo son recordadas, como Santa Bárbara, cuando truena… cuando sale el sol, ni se las ve ni se las espera.
Más que noble o buena persona, se requiere ser tonto para formar parte de este club selecto, en el que las condecoraciones son como las de la CIA, anónimas, solo que sin estrellas en el muro, tan solo un recuerdo efímero como un estornudo, y a veces ni eso.
Las personas en la sombra. Y no, no me refiero a ninguna profesión, pues si al menos cobraran…
jueves, 6 de abril de 2017
SOBRE CUÁNDO SE ELIMINÓ LA FRONTERA DEL RESPETO.
Nos quejamos de la pérdida de valores, de la falta de
respeto que campa a sus anchas en la sociedad actual, y creo que sé cuándo
empezó todo. Recuerdo en mi época de estudiante, que en el instituto había un profesor
“muy guay” que se dejaba tratar por sus alumnos como un colega más. Tenía barba
muy poblada y el pelo largo a lo Jesucristo Superstar. Vaqueros desgastados,
unas chanclas, una camisa un tanto desarreglada y un zurrón de marroquinería,
completaban su “sello de identidad”
Impartía clases de ciencias naturales, al menos en teoría,
porque en la práctica aquellas clases acababan derivando en un batiburrillo de
ideas que versaban más sobre las “injusticias sociales” que sobre naturaleza.
El caso es que aquel “profe” era un colega más, nos daba un dedo, pero los más
descarados acababan cogiendo el brazo entero, él lo consentía, y claro,
aquellas “clases” acababan desmadrándose, hasta el extremo que los profesores
de las clases adyacentes acababan dando golpes en la pared protestando por
tanto alboroto.
Además nos vendió la moto de que él no suspendía a nadie,
que todo el mundo aprobaría su asignatura, que tó el mundo es güeno, que
esforzarse es una forma de represión, de manera que los más haraganes vieron el cielo
abierto y no se molestaron más en abrir un libro. Además molaba mucho aquel “profe”
porque después de clase se iba a la playa con algunos de sus alumnos-colegas a
fumarse sus porritos, porque la vida es bella y el porro es terapéutico contra
los males del sistema educativo opresor. Veamos el rayo verde que se pone el
sol…
El caso es que los profesores-colegas, aquellas jóvenes
promesas que estudiaron con calzador una carrera demasiado fácil de superar
para la importancia que debería tener, y que en materia educativa nos han
dejado en la cola a nivel internacional, empezaron a proliferar, y cada vez era
más frecuente escucharles decir, “no me llaméis de usted” que soy vuestro
colega. Confundiendo el atún con la velocidad, eliminaron ese formalismo tan
“casposo, clasista, y franquista”, como si los profesores de la II República no
hubieran empleado esas buenas formas que se siguen manteniendo en las universidades
más prestigiosas del mundo, en que los interlocutores se hablan de usted para
establecer los límites. Eliminaron la frontera que mantenía a salvo la necesaria
disciplina que fija las normas conductuales para mantener el orden básico
necesario, el respeto más elemental, y ¿Qué pasó? Que los bárbaros acabaron
invadiendo los colegios, los institutos, las universidades, los centros de
trabajo, los estamentos políticos, etc. y la cosa acabó convirtiéndose en un
caos.
Ahora estamos comprobando los resultados de tanta
permisividad, de tanto colegueo… acoso escolar a extremos insospechados, porque
si los estudiantes no respetan a sus padres ni a sus profesores, qué cojones
van a respetar al rarito de la clase. Los casos de violencia de género se
disparan, por mucho que digan que antes era igual solo que no eran visibles, y
no tiene más remedio que dispararse si la referencia para muchos jóvenes es el
reguetón, el perreo, Gran Hermano, el usar a las chicas como moneda de cambio,
como objeto sexual al que hay que dominar y despreciar. Se ha pasado del piropo
de andamio, a la agresión directa en la que un grupo de cabrones somete a una
chica en el portal de su casa mientras lo filman con sus móviles y lo cuelgan
en las redes sociales para rematar la poca dignidad que le pueda quedar a la
víctima.
La telebasura está en auge con su despliegue de miserias,
transmitiendo el mensaje de que lo suyo es denigrase públicamente por dinero en
vez de estudiar o trabajar honestamente. Y la política, que además de ser la
cueva de Ali Babá, se ha convertido en una corrala en la que las estrellas son
aquellos delegados guais que había en mi clase, que se las daban de
revolucionarios, instigando a la mínima oportunidad de huelga con tal de no
coger un libro, para después irse de colegueo a la playa con el “profe” de
ciencias naturales que mostraba su apoyo incondicional a los “insurrectos”.
No digo que antes no hubiese hijos de puta que confundiesen
respeto, con represión y un punto de sadismo, que los había, yo mismo tuve la
desgracia de toparme con unos cuantos. No digo que antes no hubiese matones en
clase, que los había, de los que en mi caso, me libré por mis propios medios
porque bastaba con echarle un poco de agallas al asunto para ganarse el respeto,
incluso de los matones. Pero lo que no había era el descontrol absoluto que
tenemos hoy día, la falta absoluta de valores de los tiempos que corren, ya no
contra lo que llaman “el sistema” para justificar su comportamiento, sino
dentro de los propios núcleos familiares, en los que la gente no respeta ni a
su madre aunque sea una santa, ni qué decir de los abuelos.
Es lo que tiene la eliminación de los formalismos, aunque suene trasnochado, que no creo que lo sea, tratar como a un colega a tus padres o a tus profesores sin establecer la frontera de hasta aquí te dejo llegar para que no me comas por sopa, porque yo estoy para enseñarte, para educarte, no para irme de parranda contigo y que acabes perdiéndome el respeto, porque a fin de cuentas a lo mejor descubres que en mi tiempo libre, yo me emborracho como tú, y para qué me vas hacer caso si somos iguales… colega. Esto es, anda, vete a Parla que hoy no tengo ganas de asistir a clase, Jesucristo Superstar, mañana quedamos en la playa, nos fumamos unos canutitos y hablamos de la trascendencia de la vida, que eso sí que son Ciencias Naturales.
No recuerdo como se llamaba aquel profesor, lo que sí
recuerdo es que no fue él el que despertó en mí el interés por la ciencia,
aunque sí que despertó en los haraganes, el interés por las bebidas
espirituosas y las drogas terapéuticas. Pues anda que no diñaron compañeros
míos en aquellos dramáticos finales de los 70 por no haber aprendido a
establecer límites… colega.
lunes, 2 de enero de 2017
SEGURIDAD DE DISCOTECAS
Estos periodistas de hoy no dejan de sorprenderme con sus
preguntas y sus conclusiones, y no me refiero a los becarios, me refiero a
periodistas de primera línea, de los de máxima audiencia.
A colación del atentado en la discoteca de Estambul, una
conocida periodista de una cadena de TV de las más seguidas, entrevistaba al
familiar de un trabajador de la discoteca herido en la masacre. Primero
preguntó al entrevistado, si las medidas de seguridad de la sala de fiestas eran
suficientes, a lo que el entrevistado respondió, que para lo que se espera
normalmente en una discoteca, sí, esto es, la clásica bronca de discoteca en la
que entran en juego los efectivos de seguridad de la misma, tipos con cierta
fortaleza física y aptitudes en defensa personal, pero que no portan armas de
fuego.
Tras la respuesta del entrevistado, lógica por otra parte,
la entrevistadora realizó la pregunta que me sorprendió - ¿Y cómo es posible
que alguien pudiera entrar en la discoteca armado con un Kalasnikov? -
Vamos a ver, muchacha… ¿A caso esperabas que el portero del
local le pidiera la entrada al terrorista y le requisara el AK-47 y la bolsa
llena de cargadores? ¿A caso esperas que en cada discoteca turca haya un
dispositivo policial controlando el acceso a las mismas?
En fin, preguntas de Perogrullo que dan idea del nivelazo que
tiene el periodismo de los tiempos que corren, al menos en España, periodismo
por otra parte, a la altura del nivel intelectual de sus consumidores, que no
aspiran más que a saciar su sed de morbo y amarillismo. La culpa es mía por
tomarme las tostadas con la caja tonta encendida.
J.M. Arroyo
jueves, 17 de noviembre de 2016
VUELO 605
A Floyd Cramer lo descubrí de muy joven gracias a Ángel Álvarez, un locutor que tenía un programa de música, “música de la buena”, en una época en la que era difícil encontrarla en España, sobre todo en tiempos de la dictadura. El programa que dirigía se llamaba Vuelo 605, nombre que no fue puesto al azar, pues Ángel trabajó durante un tiempo, de operador de radio en Iberia. Cuando volaba al extranjero, a países como Inglaterra o los Estados Unidos, aprovechaba para surtirse de buena música, música que no era fácil adquirir aquí por ser de importación, sobre todo en los 60/70, música que compartía con su audiencia en su entrañable programa, más entrañable si cabe, por su agradable y extraordinario tono de voz, diría que casi un susurro que se agradecía durante la noche.
Gracias a este asturiano nacido en Oviedo, descubrí a los de la Creedence Clearwater, a la Steve Miller Band, a Peter Green y a tantos otros, pero por alguna razón que desconozco, quien me retrotrae a esa etapa y al programa Vuelo 605, es la cadencia del piano de Floyd Cramer, una cadencia inconfundible, reconocible incluso cuando acompañaba a otros artistas. Igualmente inconfundible era la cadencia de la voz del locutor, como he dicho, extraordinaria, un locutor de los de antaño, con estilo propio pero sin estridencias, no como las mierdas de locutores que se prodigan hoy día, tipo Cárdenas de los cojones.
El programa de Ángel Álvarez está grabado a fuego en los surcos de mi memoria, daba igual que lo escuchase en un transistor de pila de petaca, en onda media o en FM, en mono o en estéreo. Era una especie de hora mágica, quizá porque eran pocos los programas de radio que emitían “música de la buena” un vuelo, el 605, que me transportaba a otros territorios sin moverme de casa. Ángel no se limitaba a poner música, primero contaba la historia de los músicos y de su música, después despegábamos con ella, porque con la historia que nos contaba, la música adquiría otra dimensión. Como dijo una vez en una entrevista que le hicieron cuando las cosas empezaron a cambiar a peor en el panorama radiofónico, en aquellos tiempos la radio se hacía con más entusiasmo, con más sinceridad, ahora solo prima la comercialidad, las emisoras genuinas pasaron a llamarse cadenas, sujetas a férreos intereses comerciales.
Cuarenta y cuatro años duró su vuelo, cuarenta mil discos tenía en su colección que formó disco a disco, en ardua tarea, vuelo a vuelo, colección que compartió con varias generaciones, entre ellas la mía. Despegó a principios de los 60 y se marchó con él en 2004, en un vuelo definitivo, el Vuelo 605 hacia el infinito, un vuelo que no existía en el mundo de la aeronáutica comercial, pero sí en las ondas de radio.
Danny Boy interpretado por Floyd Cramer. Ángel Álvarez… Despega el Vuelo 605
J.M. Arroyo
viernes, 4 de noviembre de 2016
LA AGONÍA DEL “ADRIANO TERCERO”,
AGONÍA DE UN PATRIMONIO.
El “Adriano Tercero” popularmente
conocido como “El vaporcito de El Puerto” era una pequeña motonave botada en
1955 en los astilleros de San Adrián (Vigo), la última de la saga de estas embarcaciones
perteneciente a Motonaves Adriano S.L. que cubrió la línea marítima entre El
Puerto de Santa María y Cádiz. Operaron desde principios del siglo XX, hasta el
30 de agosto de 2011, fecha en que súbitamente esta pequeña naviera cesó su
actividad en tristes circunstancias. Las motonaves antecesoras fueron el
Adriano I y el Adriano II, siendo la tercera motonave la vencida, nunca mejor
dicho. Mis vínculos con el vaporcito los relataré en otra ocasión, ahora prefiero
centrarme en el mollar de la cuestión, bastante penosa por cierto.
El vaporcito – en realidad
impulsado por un motor diésel - cubría con dignidad la línea entre El Puerto y
Cádiz, pero los tiempos cambian determinados por eso que denominan progreso, y
a partir del 2006 le salió una dura competencia, pues se inauguró la línea de
catamaranes del Consorcio de Transportes de la Bahía de Cádiz, más rápidos y
eficientes, aunque menos pintorescos y con menos historia. Con todo, el
vaporcito seguía siendo un activo de cara al sector turístico, y de hecho fue
declarado BIC (Bien de Interés Cultural) en 1999, pero de poco le serviría.
El 13 de julio de 2010 me crucé con el Adriano III mientras realizaba una batimetría en aguas de la bahía a bordo de la embarcación "Carla". Era mediodía y el vaporcito se dirigía hacia Cádiz. Saqué la cámara y disparé una secuencia de fotos sin imaginar que al verano siguiente acabaría hundiéndose en su puerto de destino.
El 30 de agosto de 2011, el
Adriano III navegaba rumbo al puerto de Cádiz realizando el penúltimo turno de
la jornada. Era una tarde tranquila y soleada que para nada hacía presagiar
una catástrofe, hasta que entrando por la bocana del puerto, sorprendentemente colisionó
de proa contra la escollera del espigón de la antigua desgasificadora, golpe que dañó la obra viva y provocó una vía
de agua. El patrón consiguió navegar con la motonave herida de muerte los 1400
metros que le faltaban para llegar al muelle Reina Victoria, y allí pudieron
evacuar con tiempo a las 80 personas y tres tripulantes que viajaban a bordo,
tras lo cual el Adriano III se fue a pique de proa sobre las seis de la tarde,
a pesar de la intervención de los bomberos que nada pudieron hacer con las
bombas de achique.
Las causas de la colisión no
estaban claras, o tal vez sí. El patrón declaró que tuvo problemas con el
timón, pero algunos pasajeros denunciaron que iba dormitando o distraído. Lo
que estaba claro es que el patrón, que debía haber entrado pegado a la Punta de
San Felipe dejando la roja por babor bien lejos, se fue directo hacia ella
pegando el costalazo.
El Adriano III deshecho en el deshecho Varadero del Guadalete (El Puerto de Santa María) 30 octubre de 2016.
Para ser un BIC no se dieron
mucha prisa en reflotarlo, el famoso vaporcito permaneció veinte y ocho días
hundido en la dársena, pegado al cantil del muelle Reina Sofía. El 27 de
diciembre fue reflotado y trasladado al astillero de Navantia en San Fernando,
donde no hicieron nada con él, y el 28 de noviembre fue trasladado al Varadero
del Guadalete, en El Puerto de Santa María, con la promesa de que le meterían
mano para que estuviera reparado con el fin de que pudiera realizar su primer
viaje coincidiendo con el Bicentenario de la Pepa.
La Pepa… era como si la Pepa lo
fuese a poner todo en marcha, la Pepa iba a ser la pera, pero todo quedó en
agua de borrajas, pues el puente homónimo no se concluyó en los plazos
previstos, y los plazos para reparar el vaporcito tampoco se cumplieron, es
más, ni siquiera le metieron mano. Los
carpinteros de ribera manejaban unos plazos de entrega que no se ajustaban con
los del armador de Motonaves Adriano, y acto seguido, el barco cambió de
propietario. Éste prometió que sería reformado y adaptado con nuevos adelantos,
que cubriría los puestos con los antiguos tripulantes, que navegaría en la
primavera del 2012, y blá, blá, blá... Pero llegó el 2014 y el Varadero del Guadalete se cerró y demolió el con el Adriano III
confinado en su interior tal cual aparece en las fotos, dejado como un proyecto
inviable por un atajo de incompetentes.
El puente del Adriano III, la que fuera atalaya a la bahía, durante más de treinta años, de "Pepe el del vapor". Los restos parecen , más que lamentarse, maldecir. El que fuera el vaporcito, se ha convertido en una una especie de holandés errante varado en un triste solar.
En febrero del 2016 decidieron desguazar
al BIC, esto es, decidieron pasar del patrimonio, por muy histórico que fuera,
por muy vinculado que estuviera a la historia de la bahía de Cádiz en general,
y de El Puerto de Santa María en particular. En el lote del olvido también
entró el Varadero del Guadalete, el último que quedaba, y los carpinteros de
ribera, profesión que también debería considerarse BIC, como sucede en países
como Francia o Inglaterra, donde en vez de poner siglas de bolígrafos baratos
de cara a la galería, se emplean a
fondo para conservar su patrimonio histórico. Aun así, ni siquiera han sido
capaces de cumplir los plazos para darle la escodada final al vaporcito, para
destruirlo sin más, pues a fecha de hoy, a primeros de noviembre de 2016, ahí
sigue su triste estructura.
No fue el patrón el que mandó a
pique ese museo vivo, aquello fue un accidente incruento que se hubiera
resuelto taponando una vía de agua al día siguiente, no a los 28 días, fue la
desidia de los que podían haber hecho algo por el BIC y no hicieron nada. Fue
en vano que en su día Paco Alba escribiera la letra y la música “Hombres del
mar” dedicada al insigne vaporcito, o que el mismo Rafael Alberti se hiciera
por unos instantes con la rueda del timón, cedida por “Pepe el del Vapor”, Don José
Fernández Sanjuán, el que fuera patrón legendario de la motonave cuyo rostro aún
recuerdo. Marino de los de antaño, marino hasta su fallecimiento en julio de
1998 cuando contaba 89 años, ya que, aún jubilado, seguía subiendo a bordo para
hacer las travesías, pues como él aseveraba, era lo que le daba la vida. Pepe
el del Vapor, medalla al Mérito Naval, el patrón que vestía de luto permanente porque
tuvo la desdicha de sobrevivir a una hija, al menos se ahorró conocer el triste
final de su barco, algo que quizá lo hubiera matado.
Vista de popa del barco en el solar baldío del Varadero del Guadalete.
El caso es que allí yace el
cadáver del Adriano III, en un varadero cadáver, en un pueblo cadáver, despojado
sistemáticamente de su historia, despojado de su flota pesquera, de sus motonaves,
de sus varaderos, de sus carpinteros de ribera, de sus bodegas, algunas de
cuyas fachadas se caen en pedazos, de sus yacimientos arqueológicos poco
mimados como el aparecido en el lugar en el que hubo otro varadero, el de
Pastrana, en la zona del Corribolo junto al puente de la N-IV y la línea de
ferrocarril, varadero cerrado en los ochenta a cuenta de la reconversión naval,
que más que fortuna, trajo penuria.
La agonía del Adriano III se ha
convertido en la metáfora de la agonía del patrimonio de El Puerto, y por
extensión, la agonía del patrimonio de España, mancillado día sí y día también
por gestores mediocres que solo entran en la política para saquear y abandonar
a su suerte aquello que no les reporta nada en su lucro personal, todo ello con
el consentimiento de una sociedad, la española, poco sensibilizada con su
historia, a menos que la cosa vaya de vinitos, tapitas y folclore.
El 1 de noviembre del corriente,
nos dimos una vuelta en el insípido catamarán de fibra de vidrio, más rápido y
eficiente, más seguro, pero menos pintoresco. Fuimos a Cádiz cubriendo el
trayecto en 25 minutos aproximadamente, frente a los 40 largos que tardaba el
vaporcito. Tanto a la ida como a la vuelta, pasamos frente al lecho de muerte
del Adriano, encaramado aún en el carro, único vestigio del varadero.
Vista del varadero tomada desde uno de los catamaranes que cubre actualmente la línea marítima El Puerto-Cádiz. Triste destino y una historia que empieza a desdibujarse en la memoria de los paisanos de un país sin memoria histórica, salvo para echar basura sobre ella.
Al regreso, una niña que iba a mi
lado lo señaló con el dedo y dijo, mira ese barco papá, y el padre, mirando con indiferencia respondió, sí, es un barco viejo, a la par que alguien bromeó replicando, es la casa de Chanquete, aquel personaje ficticio… Estuve a punto de
explicarles que aquel barco viejo no era cualquier barco, que no era el escenario
de una ñoña serie televisiva, que era ni más ni menos que el antecesor de la
insulsa nave en la que estaban a bordo, era nada menos que el vaporcito de El
Puerto, cualquier cosa… Pero pensé, para qué, si en el fondo a la mayoría de la
gente de este país le importa un carajo eso del patrimonio, una de las razones
por la que el vaporcito está hecho unos zorros. Estoy seguro que ese paisano,
que miró con desdén aquellos restos, solo pensaba en desembarcar para tomarse
la cervecita, las tapitas y que al “barco viejo”, que le den. Solo algunos extranjeros
centraron el objetivo de su cámara en el viejo cascarón y dispararon algunas
fotos, intuyendo quizá, que en su día debió ser lo que en realidad fue, una
motonave pequeña pero legendaria. Seguro que en su país no habrían permitido
que el vaporcito acabara así.
J.M. Arroyo
jueves, 16 de junio de 2016
PALABRAS SINCERAS PARA CLAPTON.
Quien te mandó Clapton, por qué
te uniste a la dinámica de quienes aseguraban que la creatividad venía
inspirada por una tal Cocaine y sus parientes Heroína, María, Etílico… El caso es que entonces ya lo sabías, eras
consciente de ello y nos transmitías el mensaje con aquella versión de una
letra compuesta por JJ Cale que muchos tontos interpretaban en sentido
contrario, quizá embriagados por la cadencia de los acordes… “She don´t lie, she don´t lie, she don´t lie,
Cocaine.”
El mensaje estaba claro en
aquellos tiempos, entonces, cómo es posible que la gente se sorprenda todavía,
que no encaje lo obvio, que no sepan o quieran sumar dos más dos, que no caigan
en la sencilla cuenta de que las drogas no ayudan a crear, solo a destruir talentos
como el tuyo a corto o a largo plazo. Cómo es posible, con todo lo que sabemos
ya, que la gente no tome nota de esa realidad… Quizá sea porque se deslumbran
con el esplendor que irradian los genios como tú, y por su falta de talento o
de perspectivas, se agarran a la parte fácil, al “beneficio” cortoplacista que
a la par los destruye. Tal vez piensen, si lo hace Clapton debe ser bueno, de
ahí debe manar su inspiración, subidón, subidón. Pero esa gente se engaña así
misma o se deja engañar por los demás, como debió pasarte a ti, no es Cocaine,
pues como dice la letra… “She don´t lie,
she don´t lie, she don´t lie, Cocaine.”
La inspiración manaba de ti no de
las drogas, manaba de Eric Clapton, tú
mismo los has corroborado cuando aprovechaste esa prórroga milagrosa, esa escapada de los
infiernos, esa segunda oportunidad que no tuvieron otros, oportunidad en la que
prescindiste de la malnacida de Cocaine y de otras pestes, sin que por ello
dejaras de deleitarnos con tu voz y tu Fender “Blackie”, tocando con los
mejores con esa discreción, con ese respeto por los demás y esa tranquilidad
que te caracteriza, mano lenta, precisa como un reloj suizo, que arranca notas
rítmicas que hacen imposible que permanezcamos hieráticos.
Pero ahora qué hacemos Eric, no
me jodas, cómo sobrellevamos eso de que siendo aún joven, estés enterrado en
vida porque tu vida es la música y resulta que ya no puedes tocar ni en el porche
de tu casa a causa de una neuropatía degenerativa, en tu caso debida a qué… Dos
más dos cuatro, encaja lo obvio Clapton, ajusta las cuentas de la factura que
te han pasado los malos hábitos y a ver qué te sale. Al menos si sirviera de ejemplo, no solo tu
talento también tu mal ejemplo y tu rectificación posterior. Maldita Cocaine, y
mira que lo sabías… “She don´t lie, she don´t lie, she don´t lie, Cocaine.”
Con todo habré de perdonártelo,
pues a fin de cuentas, aunque no me iba tu rollo psicodélico de los 70 en lo
que a modus vivendi se refiere, me llega tu música y las historias que cuentas
en tus letras, en las propias o en las que magistralmente versionabas, como esas
verdades sobre Cocaine a las que muchos no atienden “…Si ya todo acabó y te
quieres ir; cocaína… No olvides esto, no puedes regresar; cocaína… Ella no
miente, ella no miente, ella no miente; cocaína.”
Tu música me acompañó en los mejores
y en los peores momentos y me seguirá acompañando probablemente hasta el fin de
mis días, y es de buena condición ser agradecido, pero también sincero. Quién
te mandó Clapton, a ti y a tantos como tú que palmaron prematuramente de mala
manera, y lo que es peor, de forma innecesaria, genios con talento innato para
la música, pero a la vez cobardes o tal vez inconscientes, torpes o faltos de
una personalidad consolidada que los llevó a dejarse arrastrar por las modas,
las tendencias o la necesidad agradar para ser aceptado en el grupo.
Que te quiten lo bailao dirán
algunos para justificar lo injustificable, pero qué quieres que te diga Eric,
me apena la noticia, y más me apena que aun así muchos no se apliquen el cuento
y sigan en sus trece tonteando con Cocaine y otras pestes… “She don´t lie, she
don´t lie, she don´t lie, Cocaine.”
Solo me queda desearte buena
suerte pese a los tiempos duros y darte las gracias por llenar mis huecos con
tu buena música amigo Clapton, y ya que estás como estás, pedirte que traslades
al mundo cual es el resultado de dos más dos, recalcar que ella no miente y sus
parientes tampoco, que las secuelas son claras incluso de las drogas que
parecen más livianas, y que no inspiran nada, al contrario, solo disipan el
verdadero talento por mucho que quieran contarnos los que están presos de ellas
y solo buscan justificaciones para no afrontar sus problemas, estadios que
tienen meridianamente claros quienes estudian las adicciones. Además ya lo dice
la letra… “She don´t lie, she don´t lie, she don´t lie, Cocaine.”… She don´t
lie; all drougs.
JM Arroyo
lunes, 13 de junio de 2016
CUIDANDO LA ESTÉTICA URBANÍSTICA.
Estaba dando un paseo por la
Punta de San Felipe y me fijé, como tantas veces desde mi infancia, en los dos
cañones y en la hélice que adornan el dique de abrigo. Antes había dos hélices
y cuatro cañones, pero ya solo quedan los que se ven en la fotografía.
Desconozco el origen de esa hélice, y sobre los cañones, he leído que podrían
datar del siglo XVIII o tal vez del XIX, remanentes del asedio que sufrió Cádiz
en 1810, pues los franchutes salieron por patas dejando atrás toda su
artillería.
Los de la foto son dos de los
ciento y pico de cañones que se pueden ver distribuidos por los rincones del
casco antiguo, de manera que Cádiz bien podría llamarse la ciudad de los
cañones. Estos dos cumplen una función meramente decorativa, pero en la mayoría
de los casos, tratándose de cañones de menor calibre, una vez retirados del
servicio activo se emplearon para proteger las esquinas de las calles a modo de
guardacantones, con la finalidad de mitigar los daños que provocaban los carros
y carretas al doblarlas.
Esto aporta singularidad a la
ciudad y forma parte del patrimonio histórico de Cádiz, ciudad milenaria como
pocas, pero mucho me temo que los responsables de proteger ese patrimonio, en
este caso las instituciones locales, no ponen todo el celo que debieran en
mantenerlo lozano y vistoso. Sin que sirva de precedente, no es culpa exclusiva
del Kichi, pues de lo que estoy hablando, a mi juicio, no se ha preocupado
ninguna alcaldía como debiera, al margen del carácter vandálico de algunos
paisanos, asunto que también tiene miga. Aunque el valor histórico de los
cañones y la hélice no es comparable ni de lejos a los hallazgos fenicios o
romanos, convenientemente preservados en los museos, la autoridad competente trata el patrimonio
expuesto en la urbe como si tuviéramos un cuadro de Goya colgado detrás de la
puerta de un trastero, con el cubo de la basura debajo.
Para intentar explicar lo que
quiero decir, me voy a basar en la fotografía que he tomado expresamente para
exponer esto:
1) La
hélice no es de bronce, debe ser de acero, y de toda la vida la he visto
pintada de negro, pero está claro que han pasado de repintarla desde hace mucho
tiempo.
2) Habiendo
plazas de estacionamiento de sobra justo al lado, el sujeto de la moto no tuvo
otro sitio donde estacionar que en la acera, al lado de la hélice y de los
contenedores de basura.
3) Está
claro que la acera tampoco tiene que digamos mucho mantenimiento a juzgar por
el brío con el que nacen los matojos.
4) A
alguien se ocurrió colocar los contenedores justo delante de la pieza de
artillería, como si no hubiera otro lugar para ubicarlo.
5) Sin
duda premeditadamente, el lumbreras de turno que ordenó colocar la papelera
dijo, ahí, justo entre los dos cañones queda divina.
6) Mira
que hay sitio y formas para colocar la caja de registro y el cableado para que
no desentone con la pieza de artillería, o en su defecto, bien podían haber colocado
la pieza en otro sitio.
7) Ya
que las piezas se pintaron de negro, al igual que sucede con la hélice, bien
podrían darle una manita de pintura. No creo que arruine el presupuesto de un
ayuntamiento, o en este caso el de la Autoridad Portuaria, pues el dique forma
parte de su jurisdicción.
En definitiva, la estampa es
deprimente. Esto mismo sucede por toda la ciudad, rincones con encanto o de
interés histórico, que se echan a perder por culpa de un contenedor o de una
papelera mal ubicada, y por otros detalles discordantes con la estética del
lugar. Reparo en estas cosas especialmente cuando pretendo fotografiar uno de
esos lugares… encuadras y compruebas que el dichoso contenedor, la maldita
papelera, la caja de registro, la moto mal aparcada, o todo a la vez, arruinan
lo que podría ser una imagen atractiva.
Si los del Ayuntamiento de Cádiz
quisieran trabajar en asuntos que merezcan la pena, en vez de tener, por
ejemplo, un gabinete de prensa sobredimensionado que solo sirve para que unos
cuantos parásitos chupen del bote, podrían crear una especie de supervisor de
estética urbanística, esto es, un tipo que se dedique a patear las calles para evitar
despropósitos como el de la foto, y se ocupe de distribuir el mobiliario urbano
integrándolo de manera que aquello que tenga valor intrínseco por su historia o
por su atractivo paisajístico, reluzca sin interferencias.
Para bien o para mal, Cádiz
depende en gran medida del turismo, y no es baladí que presente una imagen
lustrosa y atractiva para quienes vienen a visitarla, y por qué no, que resulte
atractiva para la propia ciudadanía, aunque la gaditana no se caracterice
precisamente por respetar su propio patrimonio… y que no me tiren de la lengua
mis paisanos que como tire de fotos, peto la red.
Siguiendo con el ejemplo, el
supervisor de marras y su equipo evitarían que los contenedores de basura y las
papeleras se colocaran de cualquier forma y en cualquier lugar, lo mismo que
los carteles o determinadas señales de tráfico que cumplirían la misma función
colocadas quizá de otra forma. Hablar de mantener la fisonomía del casco
histórico evitando hacer construcciones que desentonen con la pauta general,
tampoco estaría mal, y ya puestos, prescindir de “monumentos” de última
generación tipo estructuras oxidadas o de acero inoxidable que no transmiten un
carajo, abortos de pájaros metálicos y demás, sobre todo si se hacen como
añadidos a elementos con historia propia, como la barbaridad que hicieron con
el castillo de Matrera.
JM Arroyo.
domingo, 5 de junio de 2016
LA DICTADURA DE LAS BICICLETAS.
Si estuviésemos en cualquier país
del norte de Europa, este debate no tendría razón de ser, porque los países
norteños generalmente basan sus relaciones en el respeto de las normas por
parte de todos… pero estamos en España.
Aquí se ha puesto de moda la
bicicleta, lo cual está bien, ya iba siendo hora. Lo dice alguien que lleva
toda la vida usando la bicicleta y que entre los años 70 y los 80 se marcaba
rutas de más de 500 km por carreteras
nacionales y secundarias, con una BH de barra que pesaba un quintal, sin cambio
de piñones y con la mochila a la espalda.
Ante el goteo incesante de
accidentes mortales de ciclistas, provocados generalmente por los
automovilistas, se lanzó por fin una intensa campaña de concienciación para que
entre otras cosas, los conductores mantengan la distancia de seguridad en los
adelantamientos, y se está promoviendo la implantación de carriles bici, lo cual está bien, siempre que se haga adecuadamente y no a
trancas y barrancas como sucede en algunas localidades.
Llegó Decathlon con sus surtidos
de bicicletas y sus accesorios para todas las economías, dicho sea de paso, a
costa de la explotación laboral en otros países, y puso de moda más que nunca
el ciclismo. Las asociaciones ciclistas españolas comenzaron a hacer fuerza por
la causa, en principio noble, y empezaron a ganar batallas legales en pro de
sus derechos. Pero ahora entra en juego esa parte tan propia de la idiosincrasia
española, esa en la que exigimos para nosotros lo que no estamos dispuestos a
otorgar a los demás. En España somos muy dados exigir nuestros derechos sin
cumplir con nuestras obligaciones y eso es lo que está sucediendo con el asunto
de los ciclistas, algunos de los cuales, salvo honrosas excepciones, exigen a
golpe de pedal sin respetar los derechos de los que van a pie e incluso
circulando en otros vehículos. Desgraciadamente son más que menos, es cuestión
de ponerse en una esquina y contabilizar.
A esto se suma la incompetencia
de las administraciones, como sucede con las alcaldías. En el caso de las que
se denominan “progresistas”, como algunos gilipollas creen que montar en bici
es de izquierdas, para ganar adeptos con acciones facilonas, buscan una
“solución rápida” creando infraestructuras ineficientes por incompletas y mal
planificadas. El caso es que algunos los aplauden encantados sin darse cuenta
de que lo que han hecho es expulsar a unos para dar cabida a otros, generando
un conflicto de intereses, en vez de crear una solución global que beneficie a
todos por igual.
Esto da lugar a carriles bici como
el de la foto que adjunto, delimitado con pintura en el acerado del Campo del
Sur de Cádiz. Las tres cuartas partes de la acera están destinadas para la
circulación de ciclistas, y un cuarto dividido en dos, que no da ni para el
ancho de un carrito de bebé, ha de repartirse entre las farolas, las cornisas
de las paradas de autobús, y los viandantes… Un reparto de locos.
Y así algunos ciclistas, crecidos
por la conquista de sus derechos, se olvidan de los derechos más elementales de
los demás, esto es… allá que voy con mi bici por el carril de marras, piticlín,
piticlín, quítate de en medio anciano, mira por dónde vas. Y cuando me dé por
circular por la calzada, pobre del conductor que no me sobrepase sin respetar
el 1.5 m, que voy filmando para
denunciar a los infractores. Pero si paso con mi bicicleta a dos centímetros de
la oreja de un crío, que se conciencie él y su madre, de que tienen que caminar
por la franja de medio metro que se les ha asignado para caminar por la acera,
piticlín, piticlín… Lo que no sabe el gilipollas de la bicicleta es que en uno
de los extremos del puto carril hay un cartel, sin duda insuficiente, que
indica que la prioridad es del peatón, y lo que tampoco sabe el muy cretino o
la muy cretina, es que los pasos de peatones se cruzan caminando, no en
bicicleta.
Cádiz tiene “carril bici” por
todas partes, pero a los transeúntes que les den. Es más, donde no hay carril,
les permiten circular por las aceras… Pero vamos a ver. ¿No se han ajustado las
normas para que los coches no puedan adelantar a menos que puedan respetar el
metro y medio de marras? Entonces para qué tienen que circular los ciclistas por las
aceras.
Luego está la otra derivada, los
carriles bici que se habilitan en el extrarradio y que no utiliza ni dios, pues
los “ciclistas expertos” que son los que se aventuran a las afueras de la
ciudad, prefieren ir jodiendo el tráfico por la calzada, esto es, vamos en
pelotón colegas que estamos en nuestro derecho y molamos mazo con nuestros
maillots, para qué vamos a facilitar la circulación en hora punta colocándonos
en fila india. Que le den al camionero del Mercabrevas, si se tiene que tirar
conduciendo dos horas más por ir a 30 km/h.
Ahora eso sí, que no te falte de
nada en el centro comercial, “ciclista experto”, que no te falten los repuestos
para la bici no sea que no puedas ejercer tu derecho a montar en ella, o la
bebida energética que te revienta el hígado, esa que te mata lentamente pero
sin la cual parece que no puedes vivir. Quieres que prime tu derecho al
deporte, frente al derecho al descanso de los que tienen que trabajar duro para
que tú, “ciclista experto”, tengas de todo en los comercios. Lo que no te has
planteado es que a lo peor resulta que te llevan por delante y acabas
desangrándote en una cuneta, y que la ambulancia que tiene que recogerte, lo
mismo tropieza con un atasco que han provocado cuatro como tú empeñados en ir
en pelotón, esto es, doscientos camiones en caravana, en uno y otro sentido, y los
de la ambulancia jugándose el tipo para recoger a tiempo a un insolidario como
tú.
En cuanto a la ecología del
ciclismo, esa es otra… A diario me encuentro por los carriles restos de bebidas
energéticas, cámaras usadas, botes anti pinchazos, baterías de linternas y toda
suerte de porquerías derivadas de la industria ciclista, de manera que el
ciclismo es sano para el ciclista pero por la actitud de esta gentuza, acaba
siendo insano para el medioambiente. Y
así vamos, jodiendo a golpe de pedal, de día y de noche, imponiendo nuestra
dictadura, la de las dos ruedas a pedales, y ya está, aquí hay que mamar,
español, español, español (Incluidas todas las comunidades autónomas)
Para finalizar, una advertencia
para el del piticlín, piticlín del carril bici… como un día me roces con el
manillar, te meto el timbre por donde no brilla el sol, y cada vez que tengas
que ir a tirar lastre al WC, te vas a enterar de lo que jode el piticlín,
piticlín, nunca mejor dicho.
JM Arroyo
miércoles, 1 de junio de 2016
UNA SESIÓN FOTOGRÁFICA DE MUERTE
CON CHARLIE.
Fue un domingo de mayo por la
tarde. Decidí echar un rato haciendo fotografías en un antiguo polvorín del
ejército de tierra que está desafectado y a la espera de un futuro aún
incierto. El polvorín, ubicado en la Sierra de San Cristóbal (El Puerto de
Santa María) está compuesto por una red de túneles excavados en la tierra, una
especie de madrigueras a lo bestia que se están desmoronando debido a la
erosión, por lo que caminar por determinadas zonas resulta peligroso, sobre
todo para quienes no conozcan el terreno y la existencia de esas bóvedas en
estado tan precario. Por esta razón, un guardia de seguridad dotado de una moto
todo terreno y de un pastor alemán, custodia el recinto cuyo vallado está
destruido casi en su totalidad, por lo que aquello es un coladero y ha sido
objeto del vandalismo. Aunque resulte sorprendente, aún se encuentran por el
suelo vainas percutidas del calibre
7.62x51 de los que usaba el fusil CETME, y restos de las fundas de plástico de
cohetes anti-carro C90 CR–RB (M3) Instalaza, además de las trazas de alambradas
de espino que antaño protegían las zonas más sensibles cuando estaba operativo.
Puede que haya incluso restos arqueológicos, porque la zona está muy cerca del yacimiento de Doña
Blanca.
Foto de los respiraderos del polvorín. Toda esa zona está hueca, lo que convierte en peligroso el tránsito.
Me llevé conmigo a Charlie, la
calavera de pega que decora una de mis estanterías, porque quería hacerle una
sesión fotográfica “de muerte” en una de las piscinas abandonadas del recinto, parcialmente
inundadas en esta época debido al agua de lluvia.Para entrar al antiguo polvorín hay
que darle las vueltas al guardia de seguridad, algo nada complicado porque
aquello está inserto en un bosque de pinos y matorrales, con elevaciones y
depresiones en donde es fácil emboscarse en tanto el perro no detecte al
intruso y se ponga a ladrar. Salvo en
ese caso, el guardia no suele hacer la
ronda a pie porque la zona es demasiado extensa, la hace con la moto, lo cual
delata su presencia y lo limita a circular por determinados carriles.
Normalmente no se ve a nadie por allí desde que perdió el interés para los
vándalos que robaron y destrozaron a mansalva, pero en esta ocasión, justo de tras
mía, entraron tres tipos equipados cámaras de fotografía, trípodes, mochilas
mega guais con toda suerte de accesorios, y como no me gustan las injerencias,
les di el esquinazo los seguí distancia sin dejarme ver. Tampoco era plan
que me viesen metido en faena con Charlie y me confundiesen con el
coleccionista de huesos.
Tardó poco el guardia de
seguridad en detectarlos, pues iban vestidos con ropa chillona, hablando en voz
alta y formando ruido al pisar la maleza y los escombros de las edificaciones
abandonadas, porque andaban como los patos. El guarda los
largó de allí, así que de nada les sirvió tanta artillería. Yo en cambio seguí
a lo mío pues no detectaron mi presencia por discreto, tanto en el aspecto como
en las formas, pues a quien se le ocurre ir de furtivo con colores chillones y
de palique… Hay que tener mucha mili que se dice, y más campo.
Al cabo de poco, tras dar un
rodeo con vistas a evitar al guardia de seguridad y a su imponente pastor
alemán, llegué a la piscina que está junto a otras dependencias del antiguo
acuartelamiento, y me introduje en ella por la parte que estaba seca. En ese
instante algo pegó un salto y se ocultó entre unas maderas que estaban en la
esquina opuesta. Pensé que se trataba de una rata, pero descubrí que era una
cría de liebre que debió caer dentro de la piscina, lo cual suponía su
sentencia de muerte, pues allí no tenía apenas qué comer salvo unos ramajes que
afloraban en la parte húmeda de la piscina.
La cría de liebre "escondida" entre las piedras y las maderas que había en la piscina.
Le hice una foto y a continuación
intenté atraparla con la intención de sacarla de allí con cuidado de no dañara,
pero se escurrió entre mis manos y para mi sorpresa, se introdujo en el agua
nadando hasta la zona más profunda. No sabía que las liebres nadasen tan bien.
Hace poco libré de una muerte segura a una perra que cayó en un canal de riego,
operación de rescate que me obligó a tirarme al agua sucia y helada, pero en
esta ocasión no estaba por la labor de meterme en las aguas putrefactas de esa
piscina por una cría de liebre, así que recurrí a la astucia, ya que la
situación no era tan crítica como la de aquella perra que tuvo un final feliz.Pensé que si me apartaba a un
extremo de la piscina, la liebre acabaría regresando a la parte seca, y que estaría
más fatigada y por tanto menos ágil, lo que facilitaría su captura. Y así
sucedió. Regresó a la orilla, intentó ocultarse entre los ramajes, pero pude
atraparla sin que apenas opusiera resistencia. Acto seguido la liberé fuera de
la piscina y siguió su camino a saber dónde. Sin proponérmelo, me paso la vida
rescatando animales en apuros que se cruzan en mi camino, van tres en lo que va
de año, y siempre me quedo con la duda de si estoy haciendo lo correcto por eso
de interferir en la selección natural. No hace mucho fue una cría de gorrión
que no tuvo un final feliz. Debió caer de un nido y mi error fue intentar
recuperarlo en casa, pero cascó al cabo del rato mientras le intentaba dar de
comer, así que para quien se vea en esas, lo mejor es dejarlo cerca del lugar
donde cayó y que la naturaleza provea.
Después del “rescate”, Charlie y
yo nos pusimos a lo nuestro. Con ayuda de un palo metido en una de sus cuencas,
lo introduje en el agua que estaba llena de maderos flotando, de musgo y cosas
desagradables que venían al pelo para lo que pretendía, hacer una “sesión de
muerte” en un ambiente lúgubre, y me dediqué a disparar no sin problemas. La
pobre Canon 50D, que ha soportado lo indecible, está sacando a relucir sus
achaques, entre otros, el del botón de disparo a veces falla y tengo que
resucitarlo con unas gotas de propanol, todo un descubrimiento para limpiar
componentes electrónicos porque no deja residuos.
Charlie sumergido en la piscina
Charlie fue un regalo que me hizo
mi primo Roger hace lo menos 40 años, él seguro que ni lo recuerda. Me lo traje
de Francia y desde entonces ha formado parte de mi casa allá donde la tuviera,
siendo testigo mudo de las tres cuartas partes de lo que llevo vivido… si
Charlie hablara. También ha sido protagonista de sesiones de fotografía
realizadas por mi hija Gloria, así que Charlie es toda una institución. Cuando
casque, quiero que coloquen mi cráneo junto al de Charlie para darle
conversación, y que ambos pasen a manos de Gloria que estará encantada… cosas
de la complicidad entre padre e hija.
Después de la piscina, realicé
algunas fotos en unas dependencias abandonadas del acuartelamiento y eché un
vistazo a las cámaras excavadas en tierra, la mayoría selladas para impedir el
acceso debido al riesgo de derrumbe. El lugar bien merece un reportaje, más que
fotográfico, de filmación, para poder tener una visión de conjunto. Podría ser
interesante hacerlo antes de que acabe por desaparecer sin pena ni gloria, como
suelen acabar las cosas en este país tan poco dado a conservar.
Finalizada la sesión fotográfica,
Charlie y yo emprendimos el regreso con
menos cuidado que al entrar, pues la misión ya estaba cumplida y poco me
importaba que me pillara el guardia, además seguro que tendríamos una buena
conversación y el pastor alemán acabaría siendo mi colega, pues me llevo
bastante bien con los perros. Pasé cerca de la caseta donde estaban ubicada
junto a una torre de comunicaciones, y cuando me situé del lado de donde venía
el viento, el perro debió detectarme pese a que no tenía visión directa, y se
puso a ladrar, aunque eso no deja de ser una suposición, pues lo mismo ladraba
por otra cosa. El caso es que mediaban ya más de 50 metros y yo caminaba entre
setos y árboles a un par de minutos de la salida, así que era improbable que me
alcanzaran a menos que el guardia soltara al perro.
Charlie en los restos de una chimenea.
Y así discurrió esa sesión fotográfica
de muerte y por otra parte, de vida, pues sacamos del atolladero a la cría de
liebre, a saber para qué, pues lo mismo después acabó entre las garras de una
lechuza o se la zampó el pastor alemán del guardia de seguridad… qué puta es la
vida ¿Verdad Charlie? Cómo sonríe el hijoputa.

Una garita, y al fondo la torre de comunicaciones junto a la que está la casa del guardia de seguridad.

Una garita, y al fondo la torre de comunicaciones junto a la que está la casa del guardia de seguridad.
JM Arroyo
viernes, 29 de abril de 2016
LA VENTA DEL BIDÉ
(Conversación entre dos comerciales de sanitarios)
Como si los escuchara…
Comercial 1 (en prácticas)- ¿A dónde
vamos hoy?
Comercial 2 (veterano)- A Rota… Vamos a
ver si le vendemos un bidé a un americano.
C1- ¿A un americano?
C2- Si, a uno del cuerpo de marines que
quiere aprovechar la subida del dólar para comprarle un bidé a su querida
Caroline.
C1- ¿Su mujer?
C2- No, su perra de raza lulú o como
cojones se llamen los caniches cursis esos de las trencitas…
C1- Ver para creer… un marine con un
caniche.
C2- No te confundas, la perra tiene la
medalla de plata por sus acciones localizando minas en Afganistán. En su última
acción le arrancó los huevos a un terrorista talibán.
C1- Joder con la perra… Pues menos mal
que tenemos algo que vender, con lo jodía que está la cosa. Llevamos una semana
que no vendemos un puto azulejo.
C2- Pues sí, qué me vas a contar. Tuve
que convencer al marine de que el bidé era una bañera para perros, aprovechando
el diseño más cool de la nueva gama de bidés que ha sacado Porcilacosa.
C1- ¡¡Joder!! Con razón te han hecho el
empleado del mes. Por cierto, llevamos el Clio en reserva…
C2- Ya… No te preocupes, llevo aceite
de colza para echarle al gasoil que nos queda… un truco de la mili.
C1- Ah… La verdad es que me alegro de
tenerte como instructor de ventas… qué monstruo.
C2- No sé qué decirte… Hace algún
tiempo cerré un trato que no sé si cobraremos algún día y puede costarme el
puesto.
C1- No jodas… ¿cómo es posible?
C2- Pues sí… con un ayuntamiento de
cuyo nombre no me quiero acordar, que ha remodelado los servicios para los
ediles y todos esos que rodean al Alcalde en las altas instancias. Firmaron la
compra de doce yacusis, otros doce WC tipo CALO (Chorro Asistido de Limpieza de
Ojete) y seca manos cromados con aire perfumado, así como azulejos de gama alta
con película de absorción de estrés, lo último de Porcilacosa… Vamos… la venta
del año.
C1- Joder, pero si eso es cojonudo
¿Dónde está el problema?
C2- En la crisis y en lo que han robado…
no pagan porque dicen que estamos en crisis, aunque no cuentan lo que han
robado. Me dijo el jefe de compras del
ayuntamiento, que para compensar, le han bajado el sueldo a las limpiadoras y
que la Policía Local patrulla en bicicleta para ahorrar combustible, pero que
aun así no tienen líquido para pagar nada, aunque sigan comprando para ellos…
No hay para pagar los retretes de lujo, ni para pagar a los restaurantes donde
suelen darse el atracón, ni para pagar a las agencias de viajes que han
financiado sus salidas de hermanamiento con Cuba y Maracaibo, ni para pagar a
la madre que los parió, pero siguen disfrutando de todos esos servicios.
C1- Jo… Menos mal que tenemos la
posibilidad de vender el bidé…
C2- No estés tan seguro… lo mismo el
marine se cosca y nos mete en Guantánamo por estafar al tío Sam, o nos suelta a
Caroline para que nos deje eunucos…
C1- Ya… hasta vender bidés se está
convirtiendo en una actividad de alto riesgo.
C2- Sa jodío… estoy pensando en volver
a la Legión Extranjera. Me iba mejor en Djibouti patrullando el desierto con el
puto quepí blanco en la coronilla.
C1- ¿Tú en la Legión Extranjera?
C2- Si yo te contara…
C1- Qué monstruo…
J.M. Arroyo
Suscribirse a:
Entradas (Atom)












