lunes, 9 de septiembre de 2019


MOCHILAS

- Número 6, soy número 1. Te paso la mochila del trabajo de número 2, que el pobre está desbordado. Pero no le digas que te la he pasado para que no se sienta culpable por que le hagas su trabajo.
- OK.
- Nº 6, soy nº 1, que nº 3 tiene la mochila de la depresión a reventar. Como te veo contento y capaz, te la paso para que le ayudes. Pero no le digas nada al resto no sea que se depriman también.
-Ok.
-Nº 6, soy nº 1.  Que nº 4 se ha quedado sin el agua que da la vida en la cantimplora. Como veo que has podido ahorrar de la tuya, pásamela, que se la paso, a ver si se recupera. Lo de pasársela yo, es por eso de que siga manteniendo la confianza en el líder, y por tanto, la cohesión del grupo, así que mantén la discreción.
-Ok.
-Nº 6, soy nº1. Que número 4 tiene la mochila del divorcio que se le sale por las costuras y tiene que largar. Aguántale el rollo para que se desahogue, pero no digas nada al resto, que bastante tienen con cargar con la mochila de sus problemas, y yo con cargar con la mochila del liderazgo.
- OK.
- Nº 6. Somos del 2 al 5. Que nº 1 está agotado de tanto cargar con la mochila del liderazgo. A ver si hacemos algo entre todos por él, pobrecito, que se te ve muy relajado ahí detrás. ¿Se te ocurre algo? Pero ya sabes, que sea una ocurrencia colectiva, cosa del grupo, para que se sienta reconfortado por todos. Porque claro, nosotros estamos agotados, pero tú no dices esta boca es mía, así que debes estar divino de la muerte… Bueno, un poco cascarrabias sí que eres, no sabemos de qué te quejas, con la de problemas que tenemos los demás… Pero qué haces nº6, ¿Es eso un lanzallamas? ¡¡Número seis!! ¡¡Qué haces!! ¡¡Nooooooooo!!
¡¡Fhssssssssssssssss!!
-OK.



sábado, 7 de septiembre de 2019


LA ENÉSIMA SOBRE LENGUAJE SEXISTA

Escuchaba en Onda Cero una entrevista que Alsina le hacía a una diputada de Unidas Podemos, una tal Yolanda Díaz. Siguiendo las directrices del partido al que representa, manejaba un lenguaje “no sexista”, “inclusivo” o eso dicen ellas, siempre ellas. Ese supuesto lenguaje inclusivo que divulgan, pasa por erradicar el uso del genérico, el que identifica a todos los individuos de la especie humana, nosotros, pero que ellas consideran una imposición del patriarcado.

El caso es, que pude percibir a través de las ondas, que a la diputada podemita le costaba manejarse con ese lenguaje forzado que ella misma se imponía. Por ejemplo:
Se refirió a “nuestro equipo negociador”, pero en milisegundos, debió producirse un corto en la sinapsis de la diputada, que hizo saltar una alarma interior, ua-ua-ua, de la zona craneal que almacena el aprendizaje por condicionamiento. Atendiendo a la alarma, rectificó de corrido diciendo “nuestra equipo negociador” procurando enmendar la frase como si hubiera violado el mantra que practica. En definitiva, se hizo la picha un lío, porque ya me dirán cómo encaja eso de “nuestra equipo”.
En cambio, no dudó ni rectificó, cuando se refirió a “los socios de la derecha”, pudiendo referirse a las socias de la derecha, por eso de seguir con el mantra del nosotras. Si personas como la tal Yolanda se han hecho fuertes en el nosotras, ya que lo del nosotros les produce repulsión ¿Por qué no lo hacen también en el caso de las mujeres con ideas conservadoras? ¿O acaso esas personas no pueden ser consideradas mujeres de pleno derecho?

Da la impresión de que, para las nuevas generaciones de izquierdas, únicamente tuvieran derecho a la consideración del nosotras, las mujeres “progresistas” –y los hombres feminizados por la gracia de los mantras políticos podemitas, como el tal Miguel Urbán, que tiene de femenino lo que un Lada Niva de glamuroso- como si las mujeres de derechas, o sencillamente las que no piensan como las de izquierdas, fueran meros títeres manejados por el patriarcado, o una raza inferior.
Siguiendo con la entrevista del cachondo de Alsina, la tal, respondiendo a otra cuestión, dijo “no me siento agraviada, hombre”… ¿Y por qué no mujer? ¿Se le escapó lo de hombre? Es difícil mantener el mantra ¿eh? Le salió tan natural…

Puestos, o puestas, a abundar en el absurdo, si lo que buscan  es un lenguaje no sexista, podrían empezar por dejar de imponer el nosotras, y relegar el nosotros como si fuera la peste negra, porque al final estamos en lo mismo, se impone un género a otro, y si eso es progresista, que me lo expliquen.
Si no les agrada el uso genérico del masculino  para designar a todos los individuos de la especie humana, podrían recurrir a otros términos para evitar hacerse un lío con  desdoblamientos como el nosotras y el nosotros, y minimizar las dificultades sintácticas y de concordancia. Por ejemplo, referirse a la ciudadanía, en vez de alargar la frase innecesariamente con ciudadanos y ciudadanas. O cuando se refieren a las personas que integran sus partidos, reemplazar el nosotras, por la militancia, por eso de incluir al género masculino, aunque debe ser eso lo que les escuece. Que lo hagan, al menos por ecologismo, porque como escriban libros con tantos desdoblamientos, no va a haber reserva de papel que lo resista, o memoria digital que lo contenga.

Da la impresión de que si esta peña se hace con el poder, quienes nos consideremos masculinos y heterosexuales, podemos acabar en campos de concentración, compartiendo barracón con los gallos acusados de violar gallinas, kí-kirikí. Al paso que vamos no me extrañaría.



miércoles, 4 de septiembre de 2019


IRÁN Y HUMILLARÁN.

Resulta que una delegación del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, se presentó en el Congreso de los Diputados para tratar no sé qué asunto, previa imposición al Gobierno español de las condiciones protocolarias. La exigencia, enviada desde la Embajada de Irán al servicio de Protocolo del Congreso de los Diputados, era que las mujeres que asistieran al acto, no podrían estrechar la mano de los integrantes de la delegación iraní, ni mirarlos de cerca a la cara. Irán, ese país en el que ahorcan públicamente a los homosexuales por el mero hecho de serlo, o lapidan a las niñas mayores de 9 años que han sido violadas. Hay que saber que la mayoría de edad penal en Irán está establecida a los 9 años para las niñas, 6 años antes que los niños, como si no fuera bastante barbaridad condenar a muerte a un adolescente de 15 años.

Pero ante la infame exigencia de los hijos de Ali, por no llamarlos hijos de perra, el gobierno español feminista que te rilas de Pedro Sánchez, se quedó impávido, o debería decir, impávida. En cuanto a Unidas Podemos, no se les ha escuchado decir esta boca es mía, mi cuerpo es mío, ni nada por el estilo, solo siguen a lo suyo, a ver si rascan ministerios para asegurarse la pensión vitalicia.
Entonces aparecen los espabilados de Vox y aprovechan la virada como hábiles marineros que lanzan sus redes en aguas revueltas. Hacen bandera de los derechos de las mujeres y denuncian el despropósito de los iraníes, amenazando con no participar en el humillante acto, golpes de pecho por los derechos de las mujeres y tal y tal Pascual… qué cosas, quién lo iba a decir.

Y ahora a ver quién les dice que no tienen razón, si es lo que tenían que haber hecho los que nos están machacando con el “lenguaje inclusivo”, que no hacen más que despanzurrar la gramática española, del mismo modo que despanzurran la historia, el arte o la misma política.
Al final el asunto quedó en una bajada a medias de pantalones, o de faldas, consistente en pasar directamente al meollo de lo que fueran a tratar, eludiendo el trámite del saludo de cortesía, porque los chiíes de los cojones  no se bajan del burro, o de sus caballos persas, empeñados en imponer su credo arcaico, con absoluto menosprecio a los valores que tenemos aquí. Aunque para menosprecio, el del Gobierno español, que por lo que se ve, se vende por lo que haga falta.

La conclusión que extraigo es, que para esta izquierda hipócrita y oportunista –el mismo oportunismo demostrado por Vox aprovechando la virada- los derechos universales de las mujeres tienen un precio, en este caso marcado por el barril de petróleo o la cotización del gas natural en el NYMEX. Así que, pese a que el gobierno y sus socios de izquierdas se dicen feministas que te cagas, están dispuestos a humillarse por los del turbante o por lo que se tercie en un momento dado. Si en España, siendo los anfitriones, se dejan humillar de esa manera, no quiero ni pensar lo que pasará cuando nuestros representantes van de visita a Irán o a cualquier otro país de la misma ralea.



martes, 3 de septiembre de 2019


CULPA “IN VIGILANDO”

La señora investigada se disculpa. Que ella, a lo mejor no lo vigiló todo, pero que lo que vigiló discurrió por los cauces de la ley.
Esto es; oiga, que yo vigilaba el sector este al atardecer, así, con el sol a la espalda, y solo vi una carreta tirada por bueyes, guiados por el cansino caminar de un labriego. A parte de eso, atisbé un hermoso paisaje. Quizá debí vigilar el sector oeste, pero ya sabe, a esas horas del lubricán, con el solano de frente y el viento de levante, no podía ver ni oír a los contrabandistas, así que no me tomé demasiadas molestias, total, era pa ná oiga. Además, al poco anocheció y no tenía linterna. ¿Lo del tabaco gibraltareño? Pues no entiendo cómo ha llegado a mi bolso Jackie de Gucci. ¿Ah, que se refiere al bolso? Tampoco entiendo cómo ha llegado a mi antebrazo.
Un crack Esperanza Aguirre.
Y esto es lo que hay, la señora solo admite su culpa “in vigilando” y los votantes de estos partidos se quedan tan frescos. Porque no se entiende cómo la gente vota a partidos como el PP o el PSOE, entre otros, con el inventario de corruptelas que tienen a sus espaldas. O quizá sí se entiende y la clave esté en la red clientelar que estos partidos tienen, vótame Agapito y te doy un carguito. Aunque carguitos para todos no habrá y la mayoría de esos votantes ingenuos o tontainas de capirote, se quedarán con dos palmos de narices, pagando los desmanes de los políticos a quienes votaron.
Pues nada, a seguir mirando hacia el Este para que nos den por el Oeste in vigilando.

domingo, 1 de septiembre de 2019


PANCETA TATUADA.

Lo que me quedaba por ver. Estábamos cenando en casa, un picadillo con huevas para más señas. El único error, cenar viendo el noticiario.
Es raro que en los noticiarios de ahora no saquen algo relacionado con cuestiones culinarias. En este país nos hemos vuelto muy gourmets, tanto paleto que anda suelto degustando por el mundo, y claro, los medios reflejan la realidad social, o mejor dicho, la inducen. En esta ocasión la cosa iba de panceta y oreja de cerdo al horno, y aquí viene la bomba… tatuada. Yo tenía una rodaja de hueva de merluza a flor de labios, y acabó rodando por el suelo de la impresión. Incluso Lobita reparó en la cara de idiota que se me quedó, algo así como la de Al Bundy, el resignado y mediocre cabeza de familia de la serie “Matrimonio con hijos”.

El caso es que a un cocinero tatuado al extremo, es importante el detalle, se le ha ocurrido innovar tatuando porciones de panceta y orejas de cerdo, empleando tintas vegetales para darle el puntito vegano, y por supuesto, sostenible, que ahora mola mucho. Porque oigan ustedes, la etiqueta sostenible viste que te rilas aunque sea una patraña comercial, pues en este caso, el preparado de la panceta o la oreja porcina, requiere como 24 horas de consumo de energía entre frío y horno, es decir, sostenible por los cojones.

Como si lo viera, vas al restaurante y le dices al binomio chef-tatuador, quiero una deconstrucción de panceta  con un tattoo –mola más decirlo en inglés- que ponga “amor de madre” y al lado, un corazón de Jesús sangrante con alambre de espino, Faustino. Y ahora vas y te lo zampas, pagando un plus sustancioso por eso de la gilipollez del arte efímero. Más valdría pedirle al carnicero un trozo de panceta con el código de barras impreso en tinta de toda la vida, y meterlo en el horno de tu casa.
Pero debe ser que a la gente, como el caso del cocinero este, ya no le queda espacio en el pellejo para estamparse tatuajes, y ahora se crean la necesidad de fagocitarlos. Lo siguiente serán las verduras tatuadas para dar satisfacción al colectivo vegano, lo tengo claro.
Cuánto daño están haciendo las excentricidades de las estrellas del pop, la MTV, los Grammy y Tele5, entre otras armas de destrucción masiva.

martes, 13 de agosto de 2019


LA SANTA INQUISICIÓN DE LAS REDES SOCIALES.

Una buena amiga subió a Instagram la foto de un sapo, feo y repulsivo como mandan los cánones de la naturaleza para este tipo de batracios. Abajo, en el campo donde se escriben los comentarios, anotó ¡No huyas mi príncipe!
Por seguir la broma se me ocurrió escribir; “Bésame si tienes valor” y oh sorpresa, emergió un texto que decía literalmente:

“Acción bloqueada. Esta acción se ha bloqueado. Vuelve a intentarlo más tarde. Restringimos determinado contenido y ciertas acciones para proteger a nuestra comunidad. Avísanos si crees que hemos cometido un error.”

Me quedé perplejo, pendejo. El caso es que no sé por dónde tomármelo y me surgieron algunas dudas. ¿A caso es ofensivo que un sapo rete a una princesa a que le dé un beso? Todo ello, desde el juego con las palabras y eso de las licencias literarias, evidentemente.
Lo mismo, por estar los sapos virtuales en peligro de extinción, hay que protegerlos del contacto directo con los seres humanos, en particular con los labios de una princesa. O quizá el problema sea la princesa en sí misma, producto del heteropatriarcado. Lo mismo si fueran dos príncipes, el beso estaría mejor visto, o al menos no censurable, aunque sería igualmente repulsivo, porque hay que tener tragaderas para besar a un sapo.
Me surgen unas cuantas cuestiones más, pero no es plan de alargar el asunto. A lo que voy es que estamos llegando a unos absurdos inconmensurables. Se censuran juegos de palabras o expresiones, pero se permiten otros desmanes, todo en base a idearios políticos y grupos de poder que pretenden monopolizar la justicia social para manipularla a su antojo, manejando a las masas, empleando entre otras, la herramienta de las redes sociales, la máquina de manipulación social más siniestra y peligrosa jamás creada por el ser humano.



domingo, 7 de julio de 2019


EL SERRALLO

Ocasionalmente Lobita y yo nos pasamos por el Serrallo, sito en la popular plaza del Mentidero, en Cádiz. Dicho así, la cosa puede prestarse a confusión, a poco que se sepa qué es un serrallo. Digamos que casualmente podría dar lugar a un tema de conversación muy de mentidero, esto es, del qué dirán, mira esos dos dónde se meten, hay que ver qué poca vergüenza María, y que lo digas Manué.
Habrá a quien serrallo le suene a serrín, y deduzca que si decimos que vamos al serrallo, piense en una carpintería o en una serrería… Irán a encargar un tablón pensará. De hecho yo desconocía el significado de la palabra, y si lo conozco ahora es porque me picó la curiosidad, un bicho que anida en mí desde que nací. Pero quien conozca las acepciones del término, podría pensar, estos dos  se van de cortesanas, de putas hablando en castizo, porque palacio turco no se conoce en el lugar.
Y es que resulta que serrallo (del turco saray, y del italiano seraglio) es una palabra que se utiliza generalmente para denominar a los palacios de los sultanes otomanos, muy dados a los harenes y a la poligamia. De hecho, el serrallo era la zona donde residían las concubinas de los sultanes.
Pero en Cádiz no se conoce palacio otomano alguno, por tanto, no hay posibilidad de encontrar un harén con su serrallo propiamente dicho, siendo harén la primera acepción que encontramos en el diccionario, de la palabra serrallo. Así que, por descarte, debemos recurrir a la segunda acepción, más común y extendida, vinculada a la profesión más antigua del mundo:
Serrallo (2º acepción, masculino) Sitio donde se comenten graves desórdenes obscenos.
¡Madrepariós! Juro por los muertos del corsario Paco Drake, que cuando vamos al Serrallo, es para tomarnos una cervecita con alguna tapa, porque aquello es eso, un bar de tapas, no una casa de citas. No sé a santo de qué se les ocurrió llamar Serrallo al bar, máxime cuando aquello no tiene pinta de palacio otomano, y aunque en principio no tiene pinta de burdel, podría serlo a poco que se le coloquen algunas luces rojas y unas cortinas de tonos lascivos.
La próxima vez que vayamos tengo que preguntar a los camareros si saben qué es un serrallo, porque tengo mis dudas de que conozcan su significado. Me da que cuando lo sepan, con la guasa que tienen mis paisanos, se va a liar en la barra la marimorena. Lo mismo salgo revoleado por la puerta, o quizá me salgan con eso de tómate otra servesita, cabesa, invita la casa, que aunque Lobita me llame "ese señor de Cuenca" algo sé de los míos.

sábado, 6 de julio de 2019


EL CUCURUCHO DE LOS COJONES.

Algunas veces, cuando paseamos por la tarde por el casco antiguo de Cádiz, solemos comprar un helado en Los Italianos de la calle Ancha. Yo suelo decantarme por el topolino, una bola de helado de nata, de las de toda la vida, cubierta de una fina capa de chocolate, todo muy aerodinámico y de fácil lamido, sin que tengas que pringarte entero. Además contiene la cantidad justa de helado para que te sacie sin llegar a la jartura (Hartura para los castellanohablantes).
El caso es que ayer decidimos tomarnos el helado en la zona del paseo marítimo ya entrada la noche, en una heladería de marca renombrada, aunque prefiero Los Italianos. Pedimos un cucurucho, el más pequeño. Nos llevó un rato decidirnos para elegir entre notable variedad, resultándome incómoda tanta sobre estimulación y tanta mezcla extraña de colores y sabores. Al final me decanté por la misma composición del topolino, nata con láminas de chocolate, solo que en este caso era en plan de tropezones.

Insistí en lo del más pequeño, confiado en que me iban a servir una bola de las de toda la vida, pero la chica tiró de paleta y empezó a untar manteca a granel, metiéndola en el barquillo a presión, casi al límite de su resistencia estructural. Después expandió la cabeza del helado hacia arriba y hacia los lados a modo de antorcha de la estatua de la libertad, adquiriendo el “helado pequeño” unas dimensiones que indicaban todo lo contrario.

Como Lobita tardaba en decidirse, la chica que nos atendía me sirvió a mí primero. Después procedió con el de Lobita y empezaron los problemas con mi cucurucho. Dentro del local hacía algo de calor pese a que era una heladería, y los bordes de la antorcha que me sirvió la chica, empezaban a colapsar. Una vez acabó con el helado de Lobita, procedí a pagar, pero la espera del cambio se prolongó un poco, pues había cola en la máquina registradora. El helado empezaba a escurrir por los bordes alarmantemente y me puse a dar lamidos de desesperación mientras sujetaba la cartera con la otra mano. Por fin me dio el cambio, y con la mano libre lo metí en la cartera a la vez que daba lametones a la puñetera catarata de helado.

Fuera soplaba poniente fresco y Lobita optó por sentarse en una silla dentro de la terraza porque tenía frío, pero yo me decanté por salir fuera con la esperanza de que con el fresco, se demorara el derretimiento del casquete polar. Pero nada, aquello chorreaba para su puñetera madre.
Me senté en un banco del paseo y me abrí de piernas para evitar que el goteo del helado cayese sobre mis partes nobles poniendo el suelo perdido. Empecé a atacarlo con la cucharilla como si estuviera escarbando una trinchera en pleno tiroteo, pero no daba a bastos. El aspecto del helado pasó de ser de pelo revuelto a lo afro, a pelo lacio, por eso de que estaba derritiéndose, diría que el puñetero cucurucho lloraba de pena, como Bambi cuando mataron a su madre.

El barquillo apenas se veía y empezaba a humedecerse comprometiendo su consistencia. Aquello no era un helado, era un sauce llorón. Qué angustia comerse aquello a toda pastilla, el helado pequeño de la historia interminable. Qué pringoteo, qué manera de palear a contrarreloj con la cucharita, cuando lo que necesitaba era un bulldozer para contener aquella avalancha, madrepariós. Además me salía el helado por las orejas, y los puñeteros tropezones de chocolate que daban el punto al helado, no acababan de emerger, estaban en lo más profundo de aquella sima.

Al final acabé pringado hasta tal extremo, que tuve que bajar a la playa a lavarme las manos y el hocico en una fuente pública. Tiré medio barquillo porque aquello era ya cartón mojado, y acabé con un empacho de helado de los chungos, sin haberlo disfrutado para nada, puñetero cucurucho de los cojones que me ha quitado las ganas de helado para todo el verano.
Y Lobita como si nada.  



jueves, 27 de junio de 2019


AMNESIA ANTERÓGRADA.

Me ha sorprendido la celeridad con la que el PSOE ha exigido a Otegi y sus secuaces de Bildu, un arrepentimiento sincero por las atrocidades cometidas por ETA en el pasado reciente. Sobre todo después de ver el lamentable espectáculo dado por ese animal sin escrúpulos, nada menos que en la televisión pública, haciendo declaraciones tan cínicas como “lo siento de corazón si hemos generado más dolor a las víctimas del que TENÍAMOS DERECHO A HACER”... Hijo de perra cruzada con hiena con el corazón podrido.
¡Ah no! Que para lo que se dio prisa el PSOE fue para intentar sacar a la momia, del Valle de los Caídos. Tanta prisa se dieron, que tropezaron, la momia aún sigue allí y nunca un muerto estuvo tan presente. ¿Me pillan el chiste?
Va a ser que la memoria histórica del PSOE es muy limitada, parecida a la pérdida de memoria de quienes padecen amnesia anterógrada. Es decir, se acuerdan de lo que pasó en el 36 aunque no estuviesen allí, pero no se acuerdan de lo que pasó anteayer a pesar de fueron testigos directos, tanto, que tienen a las víctimas, incluso del propio PSOE, clamando al cielo delante de sus narices. ¿Habrase visto tamaña ignominia?  
También  tienen cortita la memoria ecológica, y a Pedrito me remito, vaya si la tienen limitada. A colación de la inauguración del tren para pudientes, nos larga en Granada un discurso en plan maternal, por eso de que es muy feminista, esto es; niño que te doy una colleja solidaria como seas malo machirulo y no cumplas con los preceptos ecológicos interplanetarios, que si el calentamiento global y el compromiso adquirido, que si el Ártico se va por el desagüe y los pingüinos están pidiendo asilo en el Oceanográfico de Valencia, que si la invasión de la carabela portuguesa en las playas de Vinarós, etcétera.
Pero después de descorrer la cortinita que oculta la placa que reza, “Semos cojonudos, habemus AVE”, a Sánchez se le pasa el apretón ecológico, o pierde la memoria, y tira de Falcon y de helicóptero para regresar a la Moncloa, no sea que Pablito se impaciente, que está frenético el pobre por pillar cacho de sillón a pesar de ser el último de la fila. El calentamiento global y los patosos pingüinos pueden esperar ante los intereses de Estado, te lo juro por Snoopy.
Pues nada, no me cansaré de decirlo, seguid votando malditos bastardos, probablemente en breve, otra vez. ¿Habrase visto tomadura de pelo más grande en alguna otra parte?


martes, 18 de junio de 2019


LÁGRIMAS DE COCODRILO

Me ha conmovido verla llorar –modo sarcasmo activado- cuando le preguntaron sobre los insultos que tuvo que soportar por parte de los independentistas, democráticos, tolerantes y pacíficos ellos. Me refiero a Colau.
Cuando el entrevistador le preguntó qué pasó por su cabeza al verse insultada a grito limpio por la jauría indepe que la rodeaba, dijo entre sollozos que pensó en sus hijos. Cuan sensible es esa mujer, sobre todo cuando la afectada es ella.
No mostró la misma sensibilidad cuando esa misma jauría hostigó a los integrantes de otros partidos políticos por defender otras ideas dentro del marco de la legalidad vigente, o a los jueces por hacer cumplir la ley, o cuando acosaron a los miembros de las fuerzas de seguridad y a sus familias, incluidos niños y niñas.
Dicen que donde las dan las toman, y Colau ha tomado su dosis, pero lejos de mostrarse digna, ha pretendido congraciarse con sus vilipendiadores colgando de nuevo un lazo amarillo, poniendo una vez más el ayuntamiento al servicio de los ideales de una parte de la población, en detrimento de la otra mitad que se limita a cumplir con la ley y reclama los derechos que le otorga la Constitución.
Si quienes la vilipendiaron hubieran sido integrantes o simpatizantes de partidos políticos que no son de su agrado, o simplemente gente cabreada por tanta tomadura de pelo, no habría dudado en calificarlos de fascistas y de machistas.   
Ay Colau, qué poco me conmueven esas lágrimas de cocodrilo.




EL PELUCHE

Nos detuvimos en un semáforo y Lobita me dijo, mira a estribor. Apoyados en el muro del puerto de Cádiz, allá por Canalejas, un chico y una chica de veinte y pocos. El chaval hablaba por teléfono, sujetándolo con la mano diestra. Con el brazo izquierdo sujetaba un peluche más grande que él, una especie de unicornio de color rosa con mechones lilas hasta donde pude observar.
La chica, sentada sobre una rodilla del chico, se empleaba a fondo en hacerle carantoñas… No, al chico no, al peluche. Diríase que el peluche era un ser vivo a juzgar por los mimos que estaba recibiendo. Para mí que constituían un triángulo interespecie, sujetos a la dinámica del poli amor, en el que el unicornio era el macho Alfa, o la hembra Beta, vete a saber.
¡¡Tuuuuuuuttt!! ¡¡Tuuuuuuuttt!!! El semáforo se puso en verde y el de atrás tenía poca paciencia, pero tuve que asumir mi cuajo y hacerle una señal de disculpa con la mano. Cuando eché un vistazo al retrovisor, vi la cara de idiota que se me quedó después de contemplar la escena del unicornio. Me hizo perder la noción del tiempo y del lugar en el que me encontraba. Nos vamos al carajo.


lunes, 17 de junio de 2019


REACCIÓN 5G Vs TECNOLOGÍA 4G

Caminaba con Lobita por el malecón del castillo de San Sebastián a esto de la caída del sol, que es lo suyo. Delante nuestra, una pareja de jóvenes de la era digital, que ya habíamos visto en otro lugar selfieándose a destajo con ayuda de un palo telescópico, extrajeron del referido palo selfie tres diminutas patitas que se desplegaban a modo de trípode, colocándolo en mitad del paseo con la intención de sumar otro selfie a su extenso repertorio.
Al contemplar la escena, antes incluso de que la chica se sentara en el murete del malecón para posar junto a su compañero, mi cerebro entró en acción a velocidad 5G. En menos de lo que suena un cuesco una vez realizada la presión intraabdominal, mis neuronas hicieron los cálculos;

Dimensiones de las patas que constituyen el trípode, unos 12 cm. Radio de la circunferencia de apoyo, 7 cm. Altura del mástil desde el vértice del trípode hasta la base del soporte del móvil, 80cm. Altura total contando con el dispositivo 4G, 107cm. Superficie del móvil,84 cm cuadrados. Peso aproximado, 155 gramos. Orientación de la superficie del móvil, NNW. Dirección del viento, NW. Velocidad del viento, unos 12 nudos. Resultado; soporte altamente inestable. 80% de probabilidades de que se caiga.
Apenas se sentó la chica, el dispositivo 4G empezó a cimbrear. Le dije a Lobita, el móvil se va a caer. Un par de segundos después se precipitó de plano contra el pavimento adoquinado y los dos jóvenes pusieron cara de estupefacción, que de haberla captado la cámara del dispositivo 4G, habría sido de lo más trending Instagram que te rilas.
La abrumada pareja recogió el móvil del suelo y evaluó los daños con la preocupación marcada en el semblante, preocupación mezclada con sonrojo por lo ridículo de la situación. Por suerte, resistió el impacto. Al pasar junto a ellos no me pude contener;
-¿Pero cómo se os ocurre usar ese trípode de mierda para haceros un autorretrato?– Risas de ambos, aunque posiblemente estuviesen cagándose en mis castas para sus adentros.
Acto seguido me ofrecí para dispararles la foto que pretendían hacerse con el 4G, ofrecimiento que aceptaron. Encuadré de manera que la pareja quedase en el tercio derecho de la imagen, para que en los otros dos tercios se viese la costa de Cádiz, destacando el pirulí y la luna llena que asomaba por levante. Quedaron encantados y agradecidos, eran personas simpáticas aunque con un poco de cuajo.
La conclusión que extraje de la anécdota, es que quienes no nacimos con la tecnología digital, tuvimos que arreglárnoslas para discurrir por nosotros mismos, lo que benefició nuestra capacidad para sacar conclusiones con relativa rapidez ante situaciones que darán lugar a un resultado obvio. Pero muchas de estas criaturas que nacieron de la mano de la tecnología digital, parece que en algunos aspectos se han abandonado a ellas, dejando que sus capacidades y decisiones dependan de la generación del dispositivo móvil que tengan en sus manos, a estas alturas de 4G y en breve, de 5G.
Pero a menos que el móvil les hable con antelación para decirles, oye, que si me colocas en este trípode de mierda con el viento que hace, me voy a caer al suelo por razones obvias, seguirán cometiendo torpezas de este tipo, que en el menor de los casos les supondrá un incremento del gasto al tener que cambiar la pantalla del móvil, o comprar uno nuevo. A partir de ahí, sumemos no saber orientarse en una ciudad, utilizar el móvil en lugares inadecuados incluso con riesgo de la propia vida y de la de los demás, dependencia enfermiza del aparatito que los lleva a entrada en pánico si se descogorcia, etc.




viernes, 14 de junio de 2019


CUERPOS APILADOS COMO ATUNES

Cuerpos humanos inertes en una playa del sur, apilados ordenadamente para la estiba, como si fuesen atunes. En la distancia, casi imperceptible a causa de la bruma arenosa y líquida generada por el viento de levante, paseaba ajeno al drama un hombre con su perro.
No había nadie más en aquella playa, solo el hombre con su perro, los cuerpos inertes y mi presencia, testigo mudo e invisible en aquel paisaje costero de dunas y océano revuelto, paisaje exento de edificios, de barcos o de cualquier otro elemento creado por el hombre.
Fue un sueño, pero ha sido tan real que tengo mis dudas, aunque es evidente que estos escenarios de muerte se han producido muchas veces, y se seguirán produciendo. Mi subconsciente solo se ha valido de esa evidencia y ha ordenado la escena, entre macabra y poética. Porque aquello parecía un cuadro, una fotografía en blanco y negro algo sobre expuesta, en la que la vida y la muerte compartían espacio armónicamente.
No tomo medicación afortunadamente, pero el día que la tenga que tomar, alucinaré en colores.




¿A caso no queda claro que se reparten el poder? Trocean vuestros votos a tirones, como en una trifulca de hienas. Seguid votando malditos bastardos.

jueves, 13 de junio de 2019


PECECILLOS DE PLATA.

La lepisma saccharina, popularmente conocida como pececillo de plata, es un insecto que me resulta entrañable por su relación con los libros. Los imagino correteando entre relatos de ficción, relatos históricos, biografías, poemas, mapamundis, manuales técnicos, comics… mientras se alimentan del almidón que contienen los encolados y el papel viejo de los libros. Hoy descubrí uno enrome, como de un metro y medio sin exagerar, agazapado bajo el tomo II del diccionario de la RAE, el de la H-Z donde se encuentra la L de lepisma y la P de pez. Lo que deben saber esos insectos.
También habitan los cuadros, así que deduzco que les debe gustar el arte pictórico, y ahora que lo pienso, encuentro sentido al hecho de que un pececillo de plata se oculte en una rendija del tabique de la bañera a pesar de que no hay cuadros ni libros, aunque sí silicona para alimentarse. Seguramente esperará expectante, la aparición de la maja desnuda que cada jornada se acicala, coqueta y pulcra ella, ante el espejo.
Pero la lepisma de la bañera huye despavorida cuando irrumpo yo, sobre todo cuando mi irrupción va pareja a una alerta química por CH4, y es que resulta que mi llamada de la naturaleza suele ser de lo más volátil. En esos casos incluso huye despavorida la maja desnuda, y a veces tienen que cortar el tráfico aéreo hacia la base de Rota, por acumulación de metano en la zona. Sajeraos que son la maja, el pececillo de plata y los de la base aeronaval, que declaran un NBQ por menos que suena un cuesco.
Pero volviendo a los pececillos de plata, los veo y les respeto su espacio a pesar de lo feos que son. Puede que devoren los libros, pero lo hacen de forma sostenible y con estilo. Les dan un preciso toque de envejecido que los hace más interesantes, pues aunque el olor y el tacto de un libro nuevo también tienen su cosa, me atrae más el ligero aroma a moho de los viejos,  y el tacto ligeramente áspero de las hojas amarillentas. Estoy seguro de que algo tienen que ver los pececillos plateados en ese proceso de cura, pues los libros son como los buenos vinos, ganan con el paso del tiempo.



   

martes, 11 de junio de 2019


DESPLUME A 5G

Pasó en Atlanta en 2018 y este año le ha tocado a Baltimore, cuidad del Estado de Maryland (Pamplona). Unos ciberdelincuentes han inoculado un virus informático cifrador de sistemas, que controla todo aquello que depende de la Red, que es bastante, y han pedido un rescate en billetes coins de esos. El caso es que tienen a los baltimoreños, o como sea el gentilicio, trincados por los lereles cibernéticos, y no pueden realizar gestiones por correo electrónico o abonar las facturas como no sea de forma presencial, y tienen bloqueados los datos relativos a la gestión de la ciudad, los cuales podrían perderse definitivamente si no ceden al chantaje, que no es moco de pavo.
Lo mismo que hacen esto, los puñeteros hackers pueden irrumpir en los sistemas que gestionan el suministro de agua o de electricidad, o la gestión de los hospitales, o el control de las vías ferroviarias, o del control de tráfico de una ciudad importante… o de las entidades financieras.
Esto es, allá que voy con mi dinero de plástico a sacar pasta y me dice el cajero que tururú, que se ha caído el sistema, que no hay nada en papel que certifique que tengo pasta en la entidad, y que hasta que no se aclare el tema con los esparce virus, no sueltan un euro. Como yo, millones de personas, unos en los cajeros, otros intentando pagar la cuenta con sus Smartpollas…  Oiga que esto no furula y no puede llevarse la compra, es que no tengo nada para cenar, pues lo siento mucho, cagu en el Mercadona que lo quemo to, tumultos en la calle, el circo montado, estado de sitio y demás.
Pues dentro de poco lo mismo, pero a 5G, es decir, que nos pueden desplumar, dejarnos en pelotas en un plis plás, sin pasta, sin agua, sin luz y sin dientes en cuestión de milisegundos.
Llegado a este tema, el 5G, aprovecho para comunicar a mis amistades y familiares con dispositivos 4G o 5G, que se abstengan en lo posible de enviarme cosas al teléfono, porque sigo empelando un 3G de mierda que no da para mucho y se peta con cualquier GIF, emoticono última generación, o foto de alta resolución. Para que lo entiendan, es como si pretendiesen aterrizar con un Jumbo 747 en el aeródromo de Trebujena, o atracar el Queen Mary 2 en el puerto de Conil. Gracias.

lunes, 10 de junio de 2019


CARRIL PERRO.

Debo ser de los pocos gilipollas que utilizan el carril bici cuando circulo en bici, pero a veces me siento confuso. Hoy he tenido uno de esos días.
La primera confusión la tuve por una cuestión de colores. En Cádiz o en El Puerto, el carril bici está pintado de verde, pero en Puerto Real, por la zona de la Universidad, está pintado de rojo. El carril verde, que discurre paralelo al carril rojo, está destinado a los peatones, pero la duda la solventé con la señalética que lleva impresa el carril bici, aunque eso no quita que la gente circule por donde le sale de los lereles, lo que implica tener que pasar de un carril a otro cada dos por tres y al final ya no sabes por qué carril estás circulando.
Otra confusión la tuve al cruzarme con un tipo que también circulaba en bici en sentido contrario. Iba justo por el centro del carril en rumbo de colisión conmigo, y si no me aparto del puto carril, se hubiera pegado de morros conmigo a pesar de que yo iba pegado a mí derecha. En un primer instante me dije, lo mismo es un carril bici de sentido único y voy contra mano, pero cuando vi la cara que tenía el gilipollas, algo así como la de Steve Urkel pero en blanco, comprendí que se trataba de un problema de circulación de las neuronas del sujeto, y que a buen seguro, de haber colisionado conmigo, habría dicho aquello de ¿He sido yo?
Pero la confusión más llamativa la tuve en el paseo marítimo de Puerto Real en su tramo occidental. Allí el carril bici, de un par de metros de anchura, ni es verde ni es rojo, solo está delimitado por unas líneas discontinuas amarillas, trazadas sobre un acerado de unos 10 metros de ancho que permite discurrir sin problemas a transeúntes y ciclistas… al menos en teoría.
El paseo en cuestión estaba prácticamente vacío, apenas cuatro personas y otro ciclista aparte de mí, que dejé atrás. En estas observé que una mujer de mediana edad y de cierta estatura, caminaba por fuera del carril bici en sentido contrario al mío. Hasta ahí, bien. El problema era que llevaba un perro sujeto por una correa extensible, le había dado como cinco metros de carrete al perro, y éste circulaba justo por el centro del carril bici, abarcando la tipa y el perro más de la mitad del paseo. Pensé, ya recogerá carrete, pero cuando le vi el careto a la tipa, mirándome con cara de mala hostia como si yo fuese un violador en serie, tuve claro que no iba a ceder un ápice y realicé una maniobra de evasión para abandonar el carril, evitar el atropello, y una posible discusión, que tal y como están las cosas, para nada me convenía. No era plan de vérmelas con una animalista empoderada o algo por el estilo.
Más adelante me encontré a un tipo que charlaba con otro, ambos fuera del carril bici, pero el primero tenía un perro, también sujeto por una correa kilométrica, que estaba sentado en mitad del carril. El dueño del perro tampoco hizo ademán de apartar al perro porque conversaba animosamente con la otra persona, y como no tenía ojos en la espalda, no me vio venir, aunque también tengo mis dudas de que se hubiese apartado.
Con todo, una sombra de duda  me embargó ¿Será un carril perro y voy jodiendo la marrana con la puta bicicleta? El caso es que ya no sé a qué atenerme, creo que voy a buscar tutoriales sobre el uso de los carriles bici, porque visto lo visto, se me antoja complejo. Quizá el problema esté en que me empeño en hacer las cosas bien y procuro cumplir con las normas, y me temo que eso no es factible en el país de porque yo lo valgo, y mucho menos en el sur del sur de ese país.


APP PARA EL CONTROL DE LOS HUEVOS.

No salgo de mi asombro una y otra vez. Metido en faena con las labores domésticas, escuché por la radio que han sacado un artilugio inteligente para controlar los huevos en la nevera. El cacharro, dotado de unas luces led y no sé qué, se coloca en la huevera, y con un código de colores con distintas intensidades y frecuencias de parpadeo, avisa de qué huevos están a punto de caducar y cuales son más frescos. Además está conectado a una APP que, estés donde estés, te va avisando del estado de los huevos.
Un suponer; estás en plena escalada del monte Urriellu por su pared más chunga, y de buenas a primeras salta una alarma, bip, bip, bip, que te avisa de que el huevo colocado en la cuarta posición de la fila del fondo, está a punto de caducar… muy práctico. Eso sí, para que el cacharro funcione, cada vez que se repongan los huevos, hay que meterlos en la base de datos de la APP con el fin de que siga la trazabilidad de los mismos.
No sé cómo nos las habremos arreglado antes para controlar la frescura de los huevos, quizá colocando los antiguos más a mano, y los más frescos detrás, y en caso de duda, recurrir al truco del vaso de agua y la flotabilidad del huevo. Pa habernos matao.






NOS VAMOS AL CARAJO

Acabaron rematando el telediario con una noticia que hizo que la taza del café casi se me cayera encima de los huevos. Hablaron de los “humans puppies”, un colectivo de colgados que se disfraza de perros y se comporta como tales, con olisqueamiento de sieso incluido. El caso es que el fenómeno social se está extendiendo, hasta el punto de que algunos ya reclaman que sean considerados como seres transespecie.
Está claro, nos vamos al carajo, con este panorama, sería un alivio que los dos científicos que pronostican el fin de la humanidad para el 2050 tuvieran razón.


ENTRE GASOLINERAS Y TANGAS

En Euskadi la policía capturó a una peligrosa banda de atracadores, de estos que destrozan locales y gasolineras sin miramiento alguno, y tal como los entregaron a la justicia, el juez de turno los puso en libertad.
Por otro lado detuvieron a un gilipollas que robó cuatro tangas de un tendedero, y puede que le caiga un año de prisión por cada tanga.
La pregunta que me hago es, cuánto le caería si en vez de tangas hubiesen sido calzoncillos de cuello vuelto. Total, puestos a ser absurdos...