viernes, 29 de junio de 2012

EL BULBO... SU HISTORIA




El bulbo… No, el que está a la derecha de la imagen hablando por el móvil no es el bulbo, es Jacobo. El bulbo es esa protuberancia enorme que se ve a la izquierda en la proa del buque y que lleva las iniciales JF que no sé qué sentido tienen, porque el buque es el José María Entrecanales. La utilidad del bulbo de proa es fundamental a la hora de economizar combustible, ya que favorece la hidrodinámica del casco.

El invento se descubrió por casualidad. Resulta que durante la II Guerra Mundial, cuando empezó a desarrollarse con ganas la lucha antisubmarina, se procuraba instalar el sonar de detección de submarinos lo más hacia proa posible con el fin de alejarlo de las turbulencias generadas por las hélices del propio buque. Eso os lo puedo constatar, debido a mi faceta de hidrógrafo. La historia debió ser más o menos así:

1943 A bordo del destructor USS Salaito en alguna parte del Atlántico Norte.

- Capitán de Corbeta Mckenzie: ¿Detecta algo Murphy?

- Sonarista Murphy: Negativo señor, las putas propellers provocan demasiado noise y no escucho un carajo.

- Cap C. Mckenzie: I understand, habrá que resolving the problem…cojones. ¿Qué sugiere?

- Sonarista Murphy: Quizá si montamos el device más hacia la bow, lo mismo listen mejor.

-Cap C Mckenzie: Good idea marinero. Que llamen al manitas Hands¡¡¡

-Cabo especialista Hands: Señor, se presenta el Cabo Hands señor¡¡¡

-Cap C Mackenzie: Le ordeno que tenga una good idea para que el pollo Murphy, listen good a los U Boote boches.

-Cabo Hands: Señor sí señor¡¡¡ Se me ocurre montar el device en la proa con un con un carenado y un par de cojones, señor¡¡¡¡

-Cap C Mackenzie: Buena idea Hands. Y olvídese de chillar tanto que no está en los Marines, la Virgen del Carmen.

Dos días más tarde:

- Capitán de Corbeta Mckenzie: ¿Detecta algo Murphy?

- Sonarista Murphy: Afirmativo señor¡¡¡ Eco al 246, a dos cuartos de milla señor¡¡¡ I geard del carajo the torpedo que acaban de lanzar¡¡¡

- Cap C Mackenzie: Todo a starboard cagando milk¡¡¡
(minutos tensos)

Uf picha, por los hairs…  Para the nex, intente detectar antes al submarino que al torpedo, cojones.


- Murphy: Lo siento señor, es que arrastro una otitis del carajo de big desde hace days.

El caso es que, una vez que el sonarista Murphy se recuperó de la infección de oídos provocada por sacarse el cerumen con el lápiz, se comprobó que el sonar resultaba mucho más efectivo instalado en proa y que sorprendentemente, el buque mejoró sus prestaciones manteniendo la máxima velocidad con menor gasto de combustible, con lo cual, el tío Sam se puso muy contento y dejó de cantar blues sureño y se pasó al twist.

Desde entonces los cascos de los grandes buques se han desarrollado con estos bulbos de proa ya que reducen la resistencia hidrodinámica en un porcentaje que ronda el 15% con el consiguiente ahorro de combustible. Es como llevar a un pequeño submarino en la proa del buque que va abriendo el agua ante el paso del casco del buque. Vamos, que el bulbo es cojonudo, aunque Jacobo lo es más.


lunes, 25 de junio de 2012

ME LLAMO OLDSMOBILE EIGHTY EIGHT


(LA HISTORIA Y LOS NOMBRES DE LOS PERSONAJES SALVO EL DEL COCHE, SON FICTICIOS, AUNQUE EL CONTEXTO HISTÓRICO ES REAL)


Me llamo Oldsmobile Eighty Eight, soy hijo de General Motors y nací en el 58 en la ciudad de Lansing – Michigan. Estoy dotado de un poderoso motor de gasolina V8 que me confería en mis tiempos mozos una potencia de 265 hp necesarios para mover mis casi dos toneladas de acero. Me trasladaron a un concesionario de Virginia Beach donde me compró un Coronel de Inteligencia Militar destinado en la base de Norfolk. Era un regalo para su señora, Sarah O’Sullivan, una sureña estirada y cursi con la que llevé una vida tranquila, más bien aburrida. Que si el té en casa de la mujer del General, que si un acto social con las del ejército de salvación, que si el criquet en el club de Jefes y Oficiales… En fin, la clásica vida de la mujer de un militar de alta graduación a finales de los 50.

Dos años más tarde, en 1960 a la señora O’Sullivan le dio una alferecía cuando en una ocasión, escuchó jaleo en el garaje y se encontró a su adorable hija de cabellos dorados, con las compuertas abiertas sobre mi capot y recibiendo jarilla del hijo del jardinero, negro como el tizón y con un torpedo que ya hubiera querido para sí el Coronel. Desde aquella madrugada la señora O’Sullivan, traumatizada por la visión, me echó la cruz, echó al jardinero y no volvió a conducirme más, de manera que el Coronel decidió venderme a un joven piloto de la US Navy destinado en la base aeronaval de Oceana, a unos 22 km al este de Norfolk.

Al joven oficial no le convencía mucho mi color, pero estaba impecable, olía a rosas menos en el capot, me vendían a buen precio para un oficial recién salido de la academia, y a su novia Peggy Sue le molaba. Mi vida en esa etapa fue un poco más agitada y truculenta. Mientras que el oficial se cualificaba en el manejo de los recién llegados Phantom F-4 llevé una vida de excesos propios de un joven oficial con ganas de comerse el mundo y con una novia pelín guarrilla. Entre semana la cosa se limitaba a los tránsitos entre la casa y la base aérea, pero los fines de semana eran una locura. Cuadró el verano y las borracheras del oficial y sus bacanales con la zorrilla de Peggy pasaron factura a mi tapicería, que quedó hecha una pena a cuenta de los fluidos corporales, la cerveza y la pringue de las palomitas. Además el oficial descuidó mi mantenimiento y lo único que le echaba a mi motor era gasolina.


Afortunadamente para mí, en mayo del 62 al oficial lo destinaron a la base de Da Nang, un lugar a tomar por culo en Asia, donde se fraguaba una guerra bastante importante, así que de nuevo me pusieron a la venta. Esta vez me compró un Sargento mecánico de aviación destinado en la misma base que el oficial. Era afroamericano, corpulento como los C-130 de los que se ocupaba. El Sargento Ronny fue una bendición para mis entrañas. Puso a punto mi maquinaria, eliminó los rasponazos que recibí a cuenta de las borracheras del oficial, y aunque el tipo era soltero, llevaba una vida bastante tranquila dirigida por los consejos de su guía espiritual, el reverendo James Browm… no, afortunadamente para él no tenía nada que ver con el cantante.
A Ronny le gustaba salir a carretera y conducir a buen régimen, como solo sabe hacerlo un buen mecánico, le encantaba conducir mientras escuchaba buen blues.


Corría el año 1964 y a Ronny le llegó la hora de cambiar de destino, le tocó nada menos que una base localizada en el Sur de Europa, concretamente España, para más señas, en la localidad de Torrejón (Madrid). Pensé que sería vendido de nuevo, pero cuando menos me lo esperaba, me vi en el interior de la bodega de un transporte de USAF camino de aquel lugar exótico. Cuando me sacaron de la bodega del StarLifter y me pusieron a circular por las estrechas y maltrechas carreteras españolas, aluciné en colores, tanto como los paisanos de aquel país cuando me veían pasar. Recuerdo aquellos diminutos coches como el 600, que gastaban menos que un Zippo y que pese a su reducido tamaño, los españoles no se cortaban a la hora de meter gente y equipaje en su interior, y recuerdo cómo se frotaban las manos los dueños de las gasolineras cuando Ronny me llevaba a repostar. Les oía decir, ese necesita un camión de la Campsa para circular.


Ronny me siguió cuidando hasta el 1968, pero el destino quiso que también acabara en Da Nang, pues la crisis en el sudeste asiático se agravó y hacía falta personal competente. Desgraciadamente Ronny no pudo llevarme con él y quedé estacionado en un depósito de la base en la zona americana durante varios años hasta que me subastaron.


A un precio humillante me compró un tal Paco Morcillo, un constructor que se estaba forrando construyendo pisos en Benidorm. Corría el año 1975 y la ciudad alicantina empezó a ponerse de moda en el panorama turístico internacional. A Paco le encantaba fardar y con un coche como yo, en aquellos tiempos resultaba fácil en España. A diferencia de Ronny, Paco solía escuchar a un tal Manolo Escobar que cantaba algo así como “dónde estará mi carro” canción que me ponía los pelos de punta porque llegué a pensar que en España era normal que te robaran. Pero Paco tenía un serio problema… era ludópata. Tanto casino a mano lo llevó a la ruina y tuvo que pagar deudas con sus propiedades y no me libré de ser moneda de cambio. Le toqué a un infeliz que creyó haber hecho un buen negocio conmigo sin caer en la cuenta de que mi consumo de combustible no estaba al alcance de su bolsillo, algo que comprobó el primer día que me condujo, así que tuvo que renunciar incluso a venderme porque en aquella España no era factible y menos después de la primera crisis del petróleo del 73.


De nuevo pasé a esperar a un depósito, esta vez cerca del Campello (Alicante). Me echaron una lona por encima y pasé largos años a la sombra mientras mi maquinaria se atrofiaba. Anhelaba al bueno de Ronny y el sonido del blues, pero a saber qué fue de él.
Un día, ya en el siglo XXI, alguien me destapó y se ocupó de remozarme de nuevo. Eché un vistazo a mi alrededor y de aquellos 600 solo quedaban algunos ejemplares que estaban incluso peor que yo. Los coches que circulaban eran pura estética, con motores afeminados y un material que denominan plástico que me inspiraba muy poca confianza, coches sin carácter, aunque rápidos y con algo en su interior a lo que llaman electrónica.


Me remozaron y alguien me compró de nuevo. Era un tipo entrado en años, ya retirado y con dinero. Me tuvo un par de años pero solo me sacaba ocasionalmente en eso que llamaban concentraciones de coches retro. Me resultaba un poco ofensivo, pero al menos pude reencontrarme con algunos de mi especie, Cadillac, Pontiac, Ford… mas, no vi a ningún Oldsmobile.


Me pasaba la mayor parte del tiempo aburrido, encerrado en un garaje, aunque al menos estaba cuidado, hasta que un día eché de menos las visitas del viejo y al mecánico que se ocupaba de mí. Pasaron los días y las semanas y nadie entraba en el garaje, hasta que una mañana bastante lluviosa entró un tipo joven acompañado de un notario y dijo, este tiesto no lo quiero para nada. Después se marchó en un coche de colores chillones, con unos alerones feísimos y nombre japonés. Comprendí que el viejo había muerto y que mi destino quedaba de nuevo en el aire.


Acabé expuesto frente a un desguace en la antigua nacional cerca de Alicante. Esta mañana un tipo se detuvo enfrente con su coche, se bajó y estuvo admirándome un rato a la par que me hacía unas fotos. Por sus pintas, descarté que me fuera a adquirir, pero me sentí agradecido por su mirada respetuosa y por el detalle de detenerse exclusivamente para sacarme algunas fotos.
Dicen que hay algo que se llama Internet en el que se pueden colocar las fotos con la posibilidad de que las pueda ver todo el mundo. Lo mismo Ronny sigue vivo y tiene esto de internet, lo mismo este tipo sube las fotos y Ronny me ve y regresa para recuperarme. Lo mismo ya estoy condenado porque Ronny ya no está, o no le intereso, y estando en un país como España, del que dicen que está en crisis, difícil será que alguien me adquiera con este V8 de gasolina, mi maquinaria sin repuestos y mis casi dos toneladas de acero…


Me llamo Oldsmobile Eighty Eight y nací en el 58.

jueves, 14 de junio de 2012

LOS FTALATOS Y LAS POLLAS DE PLÁSTICO


FTALATOS… Suena raro ¿verdad? Hoy he visto un documental que trataba sobre el impacto medioambiental de los plásticos, y una de las cosas que trataron fue el efecto que producen los ftalatos en el ser humano. ¿Qué son los ftalatos? Pues son unos componentes químicos que se emplean para dar flexibilidad a los plásticos. Nuestros abuelos no tuvieron nunca restos de ftalatos en su organismo porque entonces no había plásticos, pero hoy día ya sabemos la repercusión que tienen en nuestras vidas, sobre todo cuando se trata de recipientes y otras cosas raras.


Pues bien, por alguna razón, evidentemente relacionada con nuestro contacto con los plásticos, los ftalatos se han transferido al organismo de los seres humanos, lo cual es un problema, sobre todo cuando se trata de niveles altos en la sangre materna, que puede afectar a los fetos. La “razón” parece ser la utilización de juguetes sexuales realizados con materiales que contienen ftalatos, sustancias que contaminan el cuerpo de manera gradual, y que en el caso de las madres, acaban transfiriéndose al feto.


¿Qué cómo afecta al feto? Al parecer los ftalatos provocan la disminución de la producción de testosterona en el caso de los niños, feminizando a las criaturas, ya que afecta al aparato reproductor de los varones. Lo de “feminizar” nada tiene que ver con la orientación sexual de la criatura, es simplemente que su órgano reproductor se ve seriamente afectado, reduciéndose la producción de testosterona en favor de los estrógenos.


El uso de ftalatos en los juguetes está regulado, está prohibida su utilización para estos menesteres, de manera que los riesgos de asimilación quedan controlados salvo en el caso de los productos made in China, pero en el caso de los juguetes sexuales no existe regulación alguna. Así que la moraleja que extraigo de todo esto es, que quien con pollas de goma juega, eunuco a su descendencia deja.


Lo que no entiendo es cómo habiendo carne, la gente se empeña en utilizar plásticos… me da que la carne va a menos a medida que los sementales se atiborran de mierdas, se depilan y se ponen cremitas de sabores en la porra, y claro, las señoritas recurren al plástico modelado a base de ftalato, algo que no hace más que agravar el problema, porque después las nuevas generaciones de niños salen con la antena atrofiada y no dan señal, con lo cual, como la cosa siga por esos derroteros, recurrir a las pollas plásticas será una cuestión obligada para darse gusto y tan triste como para los que tengan que recurrir a cremas refrigeradoras de nabos y demás memeces que fabrican hoy día porque no saben utilizar la maza con imaginación.


En fin, me considero un tipo con suerte… los ftalatos no han hecho mella en mí porque mi madre me daba sopa de ajos a los cuatro años y chupé de la teta, y sobre todo mi madre no jugó con cosas raras, al menos de plástico, de manera que la antena funcionó, quizá demasiado pronto, y aun empina con ligero desvío hacia la derecha, de manera que mi señora esposa está la mar de contenta.


Así que dejaros de pollas plásticas, procuraros una vida sana y que le den a los ftalatos… lo digo por el bien de la humanidad.


miércoles, 6 de junio de 2012

VILLA ROSITA – II PARTE

Rosita se asomó por la puerta con un cuchillo de capar cochinos en la mano.

Qu'est-ce que vous désirez? Preguntó con voz quebrada desde el umbral de la porte.

Con las pintas que tiene usted y con el cuchillo en la mano, deseo salir por patas… a ser posible, le contesté.

Je ne l'entends pas garçon… me respondió, a lo que repliqué, pues si no me entiende estamos aviados señora.

Veut prendre un café ? Mon mari est mort dans le grenier, ne se préoccupez pas… me dijo con  risilla malévola.

Con su marido morte en el desván va a entrar son pere señora, nus partons cagando leches de ici pasque usted está acev un cencerre. ¿Vu me comprí?

N'ayez pas peur. Je l'invite à dîner. Je cuisine un chat…

No, si no tengo miedo, lo que tengo es prisa. Otro día me quedaré para cenar… gato. Aurevoir.

Adieu un monsieur, l'a attendu pour une autre occasion, je préparerai un dîner de mort…

Sí, eso es, espera sentada que ya vendré otro día para degustar esa cena de muerte… por los cojones Rosita



martes, 5 de junio de 2012

VILLA ROSITA

Villa Rosita es una maison a cotê de las ruínas de l'Hôtel de France et d'Angleterre, que en tiempos pasados, fue uno de los estandartes turísticos de Salies de Béarn, localidad famosa por sus baños termales. Hasta que se quemó, hace ya muchos años… el hotel.
Había un cartel que ponía "accès interdite". Nos lo saltamos a la torera contando con la eximente de no tener por qué entender lo que ponía, pues éramos españoles con todo lo que conlleva.
Cuando nos acercamos a Villa Rosita, unida al hotel mediante un paso elevado, me sentí observado.
Villa Rosita… Un nombre cándido en apariencia, inocente como una florecilla, pero a medida que nos íbamos acercando a la casa abandonada, un mal rollo tipo Viernes 13 se mascaba en el ambiente.
Empezaron a surgirnos interrogantes. ¿Quién diablos sería Rosita? ¿Por qué su maison está ruinée? ¿Puorqoui el hotel se chamuscó? ¿Por qué después de tanto tiempo, ninguna inmobiliaria ha metido mano para reformar el affaire? ¿Por qué, a pesar de tantos brotes verdes, todo está en ruinas comme dans l`Espagne?
Caminábamos despacio, procurando no hacer ruido. Lobita caminaba a mis seis acongogé. Yo, con la mosca tras la oreille, porque me sentía observado por Charlie… o por el espíritu de la zorra de Rosita. A pesar de tanto mal rollo, y del cartel que ponía accès interdite, proseguimos con el reconocimiento. La misión es la misión.
El silencio era sepulcral, roto solo por el sonido de nuestras pisadas, a pesar del sigilo. De pronto, me pareció escuchar el sonido de una cajita de música, de estas que tienen un mini organillo de cuerda que se acciona cuando se abre la tapa, sonando algo así como piti clin, piti clí, clin clin, piticlin… otra vez piticlin.

Maldita sea, me dije, Rosita se nos va a echar encima de un momento a otro, y yo con estas pintas. Un sudor frío se apoderó de mí. Pensé, esta putanne querrá arrastrarnos al infierno y yo no me he traído la ropa de verano, ni el GPSI (Global Position Sistem Infernal)
Al final, lo que confundí con la cajita de música tipo piticlín, resultó ser la alarma del móvil, pero con todo noté que alguien nos observaba desde la penumbra, como un francotirador al acecho, tras las baldas de una persiana.
Nos retiramos al rato, dejamos atrás Villa Rosita y el cartel en el que ponía accès interdite. Incluso fuera del recinto, me seguí sintiendo observado por esa tal Rosita.Por su puñetero espíritu. Por esa alma atormentada que miraba con envidia porque no podía poseerme, ya que pertenecía la loba que caminaba a mis doce, pues ya estábamos saliendo y para salir, ella era la primera.
Adieu Rosita, bonne chance dans l´enfer…



sábado, 2 de junio de 2012

GLORIA SUPERA EL BACHILLERATO A PESAR DEL SISTEMA
Mi hija Gloria ha terminado satisfactoriamente y con buenas notas el Bachiller y hoy han celebrado en el instituto la ceremonia de graduación, ceremonia que los profesores han tenido el mal gusto de convertirla en una especie de mitin para sus reivindicaciones. Serán muy justas, nadie lo discute, pero no era el momento ni el lugar.
Encima no tuvieron complejos en definirse como grandes profesionales de la enseñanza, con dos cojones… Además de mi hija, en su clase han superado el curso seis chicas más de un total de 25, esto es, se ha graduado el 28 % de la clase… menudo exitazo… como para sentirse orgulloso de ser profesor. Que el alumnado sea mediocre no es excusa para unos profesionales, los buenos marinos se demuestran cuando navegan en mitad de una tempestad, en un estanque todo el mundo es bueno. Mis abuelos fueron maestros, cuando ser maestro de escuela era lo que era, y se ocuparon de enseñar desarrollando su vocación. Que ahora los tiempos se han vuelto a joder está claro, pero así estamos todos, jodidos, algunos mucho y sin trabajo.

Muchas han sido las veces que me he tenido que poner a estudiar con mi hija para explicarle lo que sus profesores no lograron hacerle entender, y hoy, después de haber escuchado sus discursos, simplones, mal estructurados y sin dar la entonación adecuada, descubrí la razón por la cual mi hija muchas veces no comprendía lo que sus profesores le habían intentado explicar.

Que el sistema educativo está en peligro está claro, pero como ya dije en otra ocasión, la cosa se arrastra de lejos, joder, de tan lejos que ya fallaba cuando estudiaba yo.

Si mi hija ha superado el bachiller ha sido gracias a su voluntad de hierro y a los huevos que le hemos echado en casa para ayudarla, algo que no todos los padres están en disposición de poder hacer, por no saber, por no poder, o por no querer. Desde luego por la profesionalidad de los profesores que ha tenido, no ha sido, lo que no quiere decir que todos sean iguales.

Lo que más gracia me hizo fue cuando en el discurso de una de las alumnas, ésta agradecía a una de sus profesoras que les hubiera enseñado que ir a unas elecciones a votar es lo mismo que asistir a un plebiscito… a estas alturas del Bachiller, qué menos que saberlo.

Enhorabuena Gloria, por tu coraje y tu voluntad a pesar de lo que te tocó en suerte. Estoy muy orgulloso de ti.

miércoles, 30 de mayo de 2012

LA JULIA - I PARTE


Esta casa es conocida como La Julia, aunque en algunos planos topográficos figura como casa de San Lorenzo, que está localizada al NW del Término Municipal de Rota, ya próximo al de Chipiona, latitud 36º 41 636’ N longitud 6º 23 470’ W. He podido leer en alguna parte que había sido la casa del guarda de lo que fue coto de caza de Torrebreva, pero hay otra historia sobre la que he oído hablar y que no he podido confirmar documentalmente, aunque sí he encontrado información que podría dar alguna credibilidad a esa historia.
Ciñéndome en primer lugar a los datos que he podido constatar, contaré que aquellos terrenos pertenecieron Antonio de Orleans, Duque de Montpensier, que encandilado por Sanlúcar de Barrameda, acabó afincándose en estas tierras hasta el día de su muerte. ¿Qué cómo llegó hasta aquí? Os contaré un poco de su historia, resumiendo para no aburrir.


El padre del Duque era Luís Felipe I, el que fue el último rey que tuvo Francia. En 1848 se vio abocado a abdicar y a salir por patas avec la famille porque los de la revolución volvieron a la carga y para entonces ya tenían una destreza tremenda con la maquinita de Monsieur Guillotin, que paradójicamente era contrario a la pena de muerte, de manera que el rey no estaba dispuesto a dar pretextos para que le rebanaran el cuello y se quitó de en medio facilitando el advenimiento de la II República.

Por tanto su hijo Antonio empezó su periplo forzoso con su padre yendo a parar primero a Inglaterra para después pasar a España, instalándose en principio en Sevilla con la que fuera su esposa Luisa Fernanda. Más tarde visitarían Cádiz, El Puerto de Santa María y Sanlúcar de Barrameda, población por la que se quedó prendado, estableciendo su residencia en el Palacio de Orleans y Borbón cuando corría el año 1852.

En 1860 compró el coto de caza de Torrebreva, que convertiría en viñedos, actividad a la que se dedican en la actualidad dichos terrenos. Después de esto, Antonio experimentó el destierro por causas que se salen del tiesto que nos ocupa, así que saltamos ese episodio y pasamos a la parte en la que el Duque regresa a tierras sanluqueñas, pero eso será en la siguiente entrega por no saturar con tanto dato.

LA JULIA - II PARTE.


Como contaba anteriormente, Antonio de Orleans fue desterrado por razones varias que no vienen al caso, y no pudo regresar a España hasta pasados varios años. Corría el año 1876 cuando el Infante regresó a sus tierras de Torrebreva, muriendo en ellas el 4 de febrero de 1890 a casusa de una apoplejía, siendo enterrado en un lugar próximo a La Julia conocido como Corro del Piñón y que en algunos planos de topografía señalan como El Palacio, aunque la toponimia que aparece en los planos no es una ciencia exacta.

Conocí en el lugar, los restos de una casa y una cruz que estaba emplazada entre unos árboles (de los pocos que hay por la zona) que señalaba el lugar del enterramiento, aunque sus restos fueron trasladados al Panteón de Infantes del Monasterio de san Lorenzo del Escorial. Actualmente, la pista forestal que daba acceso a ese lugar ha quedado confinada entre unos invernaderos y no sé si es posible acceder, mas, en cualquier caso, aquello perdió su encanto al quedar rodeado de un mar de plásticos, los maltitos cultivos modernos.

Y es ahora cuando viene la historia que he escuchado de boca de otras personas pero que no he podido constatar. Contaban que Antonio de Orleans tenía una amante que se llamaba Julia, y mandó construir una pequeña casa para ella cuyos restos veis en la imagen. Se habla de la casa del guarda, pero no parece lógico que el Infante encargara la construcción de una casa para el guarda al arquitecto de los Duques de Montpensier, el sevillano Juan Talavera de la Vega, el mismo que diseñó el Palacio de Sanlúcar, o el conocido Costurero de la Reina, en Sevilla. La Julia creo que es de estilo neo-mudéjar, el mismo estilo de los edificios reseñados, así que es posible que fuera un presente para la amante y que con el tiempo acabara siendo la casa del guarda.

Concluyendo, en la realeza lo de tener amantes y soportar astas en la cabeza, ya fueran de toro o de alce, era habitual e incluso consentido, así que no me extrañaría nada que la historia tuviera visos de realidad, y que la apoplejía del señor Duque se hubiera debido a un esfuerzo excesivo durante una sesión de fornicio con la tal Julia.
Con el paso del tiempo… Bueno, eso ya lo cuento en la siguiente foto.

LA JULIA – EPÍLOGO


Descubrí esta casa durante el tiempo que viví en Chipiona. Solía recorrer aquellos campos con la bicicleta para ejercitarme y escapar de mis desdichas, y era raro que no me detuviera en aquel lugar apartado y con hermosas vistas al mar, que ya se jodieron con la construcción de la zona residencian de Costa Ballena. Me gustaba detenerme unos minutos en aquel lugar e imaginar que era propietario de la Julia… evidentemente me refiero a la casa. Sería un lugar perfecto para mí, apartado del mundanal ruido, con el horizonte, al menos entonces, totalmente despejado.

Los atardeceres allí son espectaculares, y el emplazamiento es perfecto. La casa se identifica rápidamente desde lejos por su distintiva torreta y no pasa inadvertida a las miradas curiosas. Ya la conocí en mal estado, pero no tan mal como ahora.
Supongo que cuando el Duque murió, a Julia se le acabaría el chollo, pues es de suponer que además de la casita, el Duque le daría una asignación, pero no creo que la señora esposa del Duque, Doña Luisa Fernanda, consintiera mantener, además de su cornamenta, el sueldo de la mantenida, así que Julia acabaría marchándose a saber dónde, ocupando su lugar el guarda.

Cuando dejó de haber guarda, se jodió el invento para la casa que empezaría a deteriorarse por las razones por las que se deterioran las casas, esto es, la falta de mantenimiento, las condiciones ambientales y el gamberrismo. El campo es un lugar magnífico para defecar, una mierda en el campo no está fuera de lugar, es materia orgánica que acaba regenerando la tierra, pero a los que les daba el apretón optaban por cagarse dentro de la casa, desbaratando la posibilidad de ser utilizada como un refugio acogedor para el paseante en caso de un aguacero. A otros les daba por pintar las paredes, o por pincharse, o por fornicar como cerdos, no por el hecho de hacerlo, sino por elegir un lugar tan insalubre. Algunas veces el interior se llenaba de basura con restos de comida y envases de plástico, episodios que solían coincidir con las campañas de recogida agrícola. Incluso el pozo que tenía la casa quedó cegado por la basura y alguna vez fue tumba de algún pobre galgo asesinado por el hijo de puta de turno.

Triste destino el de la Julia, lejos de conservarse como debiera, ha sido víctima de los tiempos que corren, o mejor dicho, de la gentuza que pasa por el lugar, porque los muros que cayeron fueron tirados a patadas y la basura no la generan las inclemencias meteorológicas ni los animalitos del campo. Si aún se conservan algunos muros y esa torreta, será por puro milagro, o quizá porque el fantasma de Julia realiza cada noche como puede, labores de mantenimiento para que su memoria no caiga en el olvido, al menos del todo. Pobre Julia.





martes, 29 de mayo de 2012

EFECTO INVERNADERO

Dicen que el mundo va a sufrir las consecuencias del efecto invernadero. Ese efecto es similar al que se reproduce dentro de un invernadero como el de la foto, solo que en vez de plástico, la atmósfera de la tierra queda envuelta por un manto gaseoso compuesto de dióxido de carbono, metano, clorofluorocarbonos y otros gases graciosos retienen parte del calor que refracta la tierra y que debería salir al espacio exterior. Estos gases se generan con la intervención humana, que se dedica entre otros asuntos relacionados con el tema, a la fabricación de plásticos para invernaderos… mira por dónde.

Dentro de los invernaderos, las fresas crecen en un ambiente favorable siempre que estén debidamente irrigadas y se las recoja en el momento adecuado, pero a nosotros no nos va recoger nadie, no está claro que vayamos a tener el agua potable asegurada, y en cambio puede que nos hartemos de agua salada por eso de que los polos se están derritiendo y está subiendo el nivel del mar.

Volviendo a las fresas, hasta hace poco las recogían jornaleros originarios de países del este o africanos, por eso de que los trabajadores locales se volcaron en el ladrillo y decidieron que las fresas sólo las querían ver en el supermercado, esas que comprarían estirando las abultadas hipotecas que pidieron aprovechando el boom inmobiliario, hipotecas que eran en principio para comprar el adosado, pero con las que ya puestos, también compraron el Audi, hicieron la piscina y se fueron de viaje al Caribe. Pero se acabó el ladrillo, les salió el cemento por la culata, y los trabajadores locales se han visto obligados a volver a la fresa entrando en conflicto con los que ocuparon sus puestos cuando se marcharon.

Mas, ahora resulta que entra en liza un nuevo competidor parido por unos avispados cerebritos, una máquina robotizada que recoge las fresas en un plis plás y con un coste inferior al que requiere la contratación de jornaleros, que ya de por si cobraban poco, de manera que ahora sobrarán la mayoría de ellos, ya sean de los países del este, africanos o de Lepe.

La maquinita fresera de los cojones, una especie de Jornaleitor sin escrúpulos, recogerá miles de fresas cagando leches e inundará las fruterías de los supermercados de allende los mares, pero a los jornaleros no los recogerá nadie, tendrán que salir a la fuerza del invernadero de plástico que les daba de comer, y en cambio, no podrán salir del invernadero gaseoso que nos envuelve a todos y nos cocerá a fuego lento, así que me pregunto ¿para qué producir tantas fresas si al final, entre una cosa y otra, no va a quedar nadie que pueda consumirlas?

Al ser humano no hay dios que lo entienda ni madre que lo aguante.


sábado, 26 de mayo de 2012


SKYNET

Skynet… el título para esta foto se le ocurrió a un buen amigo llamado Víctor Crespo. En la ficción, Skynet era la inteligencia artificial que acabó controlando a las máquinas y volviéndolas contra el hombre, en la famosa saga Terminator. En la vida real, Skynet es una red de satélites propiedad del Reino Unido, que para el caso guarda relación.

El asunto es que me surge una duda, ¿hasta qué punto la tecnología es una aliada del ser humano y no su destructor potencial? No cabe duda de que la tecnología nos ha facilitado mucho las cosas en la vida cotidiana, e incluso en el trabajo, pero ¿no os da la impresión de que empezamos a ser rehenes de esa tecnología, y que incluso esta tecnología empieza a prescindir de su creador, que en definitiva es el ser humano?

Ya que la foto la tomé en Huelva, voy a poner un ejemplo. Una empresa onubense especializada en robótica, ha inventado una máquina recolectora de fresas totalmente automatizada, capaz de recolectar con un solo hombre y en unas horas, lo que una cuadrilla recoge en tres días. Los inventores venden la cosa como algo beneficioso porque reactivará el mercado de la fresa sin depender de un posible descenso de la mano de obra… qué cosas, en los tiempos que corren y hablando de descenso de la mano de obra como si la gente no necesitara trabajar, y como si todo el mundo pudiera estudiar ingeniería robótica.

Sin duda el mercado de la fresa se reactivará, pero ¿de quién es ese mercado? De los terratenientes, obviamente. ¿Quiénes sobran en el reparto del pastel? Los jornaleros. Las máquinas en principio deberían facilitar el trabajo de los obreros, pero no arrebatárselo, pero eso sucede porque el mercado en el que nos movemos es insaciable y exige más por menos, más producción por menos coste, más producto por menos mano de obra.

Las máquinas sustituyen la mano de obra humana, que no es que sea cara, sino incómoda. Las máquinas no se quejan, no reclaman derechos, no se sindicalizan, no enferman ni se mueren, no exigen una pensión ni piden vacaciones. Las máquinas están ganando la partida en silencio, solo hay que echar cuentas. La tripulación de un buque mercante de tipo medio en la década de los setenta podía ser de 25 personas, hoy día, el Emma Maerks, uno de los mercantes más grandes del mundo, apenas lleva 12.

Si hablamos de las otras máquinas, las destructoras, las que dominan las finanzas del mundo, las que nos vigilan, me pregunto a expensas de qué nos quedamos si algún día se produce un fallo, o lo que resulta más inquietante, si producen ese “fallo” deliberadamente. ¿Acabarán las máquinas sobreviviendo al ser humano? No sé si llegarán a tomar el control de todo como en Terminator, pero está clara una cosa, si el hombre se auto aniquila, durante algún tiempo puede que queden máquinas en activo que nos sobrevivan, por ejemplo los satélites, y curiosamente una de las redes de satélites que existen en la actualidad se llama SKYNET…

DEQUICADO A VICTOR CRESPO.

jueves, 24 de mayo de 2012


EL FRANCOTIRADOR

El francotirador pasea su mirada potenciada por los aumentos de la óptica de su fusil, capaz de acercar a su objetivo lo suficiente como para sentir su aliento. Su mirada fulminadora y fría se desliza entre las trincheras, por las calles de una ciudad, o entre la maleza de un bosque, en busca de un alma a la que mandar al infierno, siguiendo la premisa de una bala, un muerto.

Con pulso firme, respiración tranquila y prácticamente inmóvil, como un crótalo al acecho listo para asestar su mordedura letal, el francotirador tiene en sus manos la decisión de discriminar o ejecutar… en ese momento es como si fuera el dios de ese mundo infernal en el que habita.



El francotirador no puede permitirse tener conciencia, ni remordimientos, porque cada noche tiene que acostarse con cada uno de los rostros que se tiñen de sangre tras su visor. Los hay que duermen sin complejos porque llevan odio o sadismo en su sangre, y los hay que cada noche se levantan sobresaltados, empapados en un sudor frío como la misma muerte que provocan, sintiéndose observados en la penumbra por los fantasmas de todos aquellos que cayeron bajo sus disparos.

El grado de crueldad del francotirador depende de si es un sujeto pragmático que se ciñe a los acuerdos internacionales para matar de manera políticamente correcta, o es un sádico que disfruta segando vidas sin distinción de sexo o edad.
El francotirador que sigue las reglas internacionalmente establecidas para el “buen matar”, busca al enemigo de mayor graduación, o al que porta la radio, o al que dispone del arma con más potencia de fuego, o mejor aún, busca al francotirador que está diezmando a sus compañeros de armas, esperando a que cometa un error. El francotirador policial busca la cabeza del atracador de la recortada para que no se cepille a los rehenes.

El francotirador sádico dispara a lo que se le pone a tiro, para sembrar el terror o para su propio regocijo, como sucedía en la Sniper Alley o Avenida de los Francotiradores, el nombre que le dieron al Bulevar Mese Selimovica de Sarajevo. Francotiradores serbios apostados en los edificios de aquella ruinosa ciudad, convirtieron la avenida en una macabra galería de tiro provocando 1030 heridos y 225 muertos de los que 60 eran niños…

El francotirador… menudo elemento ¿verdad? Los hay en todos los ejércitos y fuerzas de seguridad, regulares, o irregulares, sirviendo a los estados, sirviendo a causas que a veces consideramos legítimas o sirviendo de herramienta para el genocidio, un horror se mire como se mire.

Pero no seamos hipócritas, también sirven a nuestros propios intereses, porque en el momento en que veamos amenazadas nuestras lindas casitas adosadas por el acoso de un país vecino, o tengamos a nuestra madre retenida por un atracador en un banco recortada en mano, reclamaremos la presencia de “nuestro” francotirador para que le vuele la tapa de los sesos, porque somos así de mezquinos y tendemos a que nos hagan el trabajo sucio, para después marginar al que barre. Hay tantos ejemplos en la historia de la humanidad…

El francotirador… que puta es la guerra.

sábado, 19 de mayo de 2012

LA DKV QUE ME TRANSPORTÓ AL PASADO

Cuando vi la DKW desde lo alto de una colina cercana a Velamazán (Soria), no pude resistirme a acercarme para tomar algunas instantáneas y quedarme a observarla integrada en ese entorno por el que parecía no haber pasado el tiempo.
Me atraen estos viejos cacharros, y a pesar de su estado de abandono, aun son capaces de transportarme al pasado, a mi infancia, cuando mi percepción del mundo adquirió su mayor dimensión. Las carreteras me parecían más largas, los paisajes infinitos, las ciudades más distantes y diferentes. Los pueblos eran pueblos donde olía a pan recién hecho, a leña, y la gente era amable, educada y daba los buenos días.

Aun quedaban sierras con rincones sin explorar en las que campaban los lobos, los osos, los linces, los buitres leonados, la cabra montés…
Aun quedaban playas vírgenes con botes de pesca varados en sus blancas arenas, que salían al amanecer para faenar, regresando al atardecer cargados hasta las trancas de caballas, corvinas, doradas y mil especies que vendían en la misma playa si se terciaba, por no hablar de aquellos pescadores que lanzaban sus redes en las cristalinas aguas a pie de orilla.
Las DKW y las AVIA, las EBRO, las Austin… transportaban el pescado fresco, la leche fresca, la fruta fresca, la carne fresca, el frescor y el sabor que se ha perdido con tanto transgénico y tanta mierda congelada y plastificada.

Cuando me metí en mi coche y vi los plásticos, la electrónica, los airbag, tomé conciencia de la realidad. Las cosas funcionarán mejor pero han perdido su encanto… el mundo de pronto parece que se ha encogido y se ha uniformado tanto que resulta impersonal, y lo que se considera exótico, está tan explotado que ha perdido su esencia, del mismo modo que pierde su esencia la contemplación de un león en un zoológico.

Las ciudades se han desbocado, los pueblos se han contaminado de las ciudades y la gente no da los buenos días ni a punta de pistola. Los paisajes se han deteriorado o se han convertido en parques temáticos en los que hay más guardas con todo terrenos que animales. Las playas son de hormigón y escollera y no se pesca un carajo, solo se ven sombrillas y apesta a crema solar. Las furgonetas Iveco, las Mercedes, las Citroën Jumper o las Ford, transportan productos fabricados en China, bebidas light y comida enlatada... Lo malo es que el futuro que nos vaticinan me gusta aun menos… hay que joderse.


miércoles, 16 de mayo de 2012

EL DESPROPÓSITO DE LAS RUTAS MARCADAS Y LO QUE QUEDA DEL MOLINO DEL CANTO


Lo que ahora llaman la ruta de los molinos, está localizada en una zona llamada Patriste (o Patrite) a unos 5 km al este de Alcalá de los Gazules (Provincia de Cádiz – España) dentro de lo que actualmente se considera Parque de los Alcornocales. Hace como 32 años solía venir de acampada con mis amigos por esta zona, cuando apenas era conocida salvo por los lugareños y los muy amantes de la naturaleza. Estos molinos hidráulicos ya no se utilizaban pero se conservaban muy bien, y algunas de sus puertas estaban abiertas, de manera que cuando las condiciones meteorológicas eran muy malas, solíamos refugiarnos en ellos, entre otras cosas porque estaban provistos de chimeneas.

Nunca hicimos la clásica pintada de Pepito y Juanito pasaron por aquí, nunca dejamos una lata tirada en el suelo, nunca forzamos las puertas de los molinos que estaban cerradas, y año tras año, durante los casi 10 que anduvimos merodeando por allí, aquellos molinos se conservaron perfectamente.

Un día asfaltaron la carretera que conducía hasta las inmediaciones del sendero de los molinos, construyeron un camping en las inmediaciones, y la Junta de Andalucía colocó un cartel enorme en el que se lee “La ruta de los molinos” señalizando las veredas para llegar a los mismos. Un fin de semana me dio por ir para echar un vistazo y mostrar a mi familia los lugares en los que forjé la amistad con mis amigos de toda la vida, y lo que encontré me rompió el alma.


La puta carretera asfaltada, que muere justo al lado de la cancela donde empiezan los senderos, estaba atestada de vehículos, muchos de ellos con chavales con la música a toda leche y borrachos como cubas, un botellón rural promovido por los niñatos del vecino pueblo, una plaga que se extiende por todos los rincones del planeta. Ya de mala leche, continué a pie con mi hija Gloria y con mi mujer, siguiendo el sendero señalizado por la dichosa Junta de Andalucía, temiéndome lo peor. De entrada, para evitar intrusiones a determinadas zonas, alambraron áreas que conocí libres al tránsito y que se conservaron sin necesidad de vallas. Cuando llegamos al primer molino, siguiendo un rastro de botellas, latas y plásticos desperdigados por el sendero, descubrí que estaba completamente derruido. Se trataba del Molino de los Partidores. La única imagen que conservo de aquel molino es un dibujo que hice hace muchos años de aquel lugar y que muestro aquí, un dibujo del alzado y la planta con sus características y acotaciones.

Ya de muy mala hostia, continuamos caminando hasta llegar al molino del Canto, que es lo que podéis ver en la foto de arriba, o mejor dicho, lo que queda del molino. Destrozado, sucio, y con las clásicas pintaditas del cabrón de Pepito y de Juanito, que querían dejar constancia de su paso por este lugar a pesar de que son unos mamarrachos…
Y allí sigue ese cartel enorme, verde fosforito, de la Junta de los cojones “La Ruta de los Molinos” de la que solo queda el cartel, la señalización y la mierda que dejaron unos insensibles para llegar, ver y destrozar…

Hay quien defiende que esos lugares hay que darlos a conocer, que hay que crear talleres y aulas para explicar al urbanita que existen esas cosas y que, para que se sientan como en su casa, hay que plagar la zona de carteles con el fin de que no se pierdan, para que sepan lo que ven y por dónde van, carreteras que lo acerquen lo más posible y que no se cansen andando, y un camping, y una venta, todo muy sostenible. Y aún así, siendo ya todo lo anterior una aberración, aparecen los golfos, las jaurías de guarros, que llegan cómodamente a la zona para arrasar, para ensuciar, para alterar la paz y el equilibrio natural de la zona, todo auspiciado por los organismos oficiales que contemplan el asunto como una manera de hacer negocio, no más.

Qué queréis que os diga… hace 32 años no había carteles indicadores, ni carretera asfaltada. Para llegar al sendero había que patearse 12 km a pie, con la mochila a cuestas y localizando las zonas a base de planos y de explorar, bebíamos agua del Río del Montero y durante los secos veranos, de los manantiales que resistían el crudo estivo, manantiales que conocíamos a base de mucho explorar y pasar sed. Tenía que gustarte mucho, y si te gustaba era porque amabas la naturaleza y la respetabas, y pensabas que querías regresar al lugar de nuevo y encontrarlo virgen una vez más, y por esa razón los molinos seguían en pie, los senderos estaban impolutos y se respiraba algo diferente de los lugares de donde proveníamos, aire puro y paz.

lunes, 14 de mayo de 2012

EL PASO

El paso está anegado, embarrado, el paso entre el desasosiego que produce la oscuridad y la confortable calidez de la luz.

El paso está anegado, embarrado, con las huellas aún marcadas de los que lo intentaron cruzar.

El paso está anegado, embarrado, algunas huellas se detienen en el borde sombrío del paso y vuelven a internarse en la oscuridad.

El paso está anegado, embarrado, algunas huellas se pierden en la mitad sin volver a aflorar en ninguno de los sentidos, pasos que se
hundieron en el intento por cruzar.

El paso está anegado, embarrado, algunas huellas se adivinan al otro lado, los pasos afortunados de los que lograron cruzar.

El paso está anegado, embarrado, algunos se resignaron y se dieron la vuelta, otros lo intentaron pero fracasaron, otros lograron cruzar.

El paso está anegado, embarrado, nosotros lo estamos cruzando, con fango hasta en las cejas, empapados de incertidumbre, dando la espalda a la oscuridad y con la mirada puesta en la reconfortante luz, nuestra esperanza.

El paso está anegado, embarrado, estás al otro lado de la luz, en el umbral de la oscuridad… ¿Te atreves a cruzar?


domingo, 13 de mayo de 2012

NAVEGACIÓN TRANQUILA (De cuando navegaba)


La jornada ha sido larga y cansada, pero por fin el sol se diluye en la atmósfera rompiendo en mil colores. Es hora de regresar a puerto. El sonido de las aves se propaga por la ría, tranquila en el reparo de la pleamar. La proa de nuestra embarcación corta con limpieza las aguas teñidas con los colores del firmamento, y el ronroneo del motor desahogado apenas molesta. Una brisa suave transporta el olor a marisma que invade nuestros sentidos y los colores del horizonte por el que se ha puesto el sol, nos mantienen absortos y en silencio. En instantes como este debería detenerse el tiempo… ¿te gusta navegar?

sábado, 12 de mayo de 2012


EN SECO

Así andamos muchos, en seco, proa contra proa, mirándonos las caras, sin agua alrededor. Así andamos muchos… y muchas. Se me ocurren muchos nombres, me vienen a la mente muchas caras, caras taciturnas, desesperanzadas, con ojos inexpresivos o inyectados en sangre por la impotencia… es todo tan próximo que apabulla, tan cotidiano que casi no sorprende.

Que cada palo aguante su vela… ¿pero qué vela? ¿Pero qué palo? Si las velas están hechas trizas y los palos podridos, y aun de no estarlos, no nos dejan mares para navegar. Amarras lacias, sin amarrar, total para qué si no nos va a llevar la mar.
Así andamos muchos, sin poder andar, sin poder navegar, porque nos sacaron del agua, nos dejaron vendidos y ahora nos pudrimos en seco, si acaso, sobre charcos de lodo y herrumbre de nuestros propios cascos.

Mala sombra la de esos corsarios desgraciados, hijos de los hijos de los hijos de Barbanegra, bucaneros hijos de perra que ahora piratean ataviados con trajes de Armani, a golpe de teléfono, a golpe de soborno, desecando mares, y propiciando que así andemos muchos, sin andar, sin poder navegar… en seco.


miércoles, 9 de mayo de 2012

EL NIÑO Y EL MAR























La imagen me retrotrae a mi infancia, a uno de mis escenarios de juegos favoritos. Cuántas historias imaginé en las que me vi inmerso con más realismo que el que puedan dar las frías videoconsolas. Fui submarinista de Cousteau, pirata de Barbanegra, piloto en la Guerra del Pacífico, náufrago junto a Crusoe… fui tantas cosas que se fueron desvaneciendo con el paso del tiempo y la pérdida de la inocencia. El niño y el mar… hoy le toca a él. Que lo disfrutes chaval.

martes, 8 de mayo de 2012

LAS FLORES ALCANZAN SU APOGEO EN PRIMAVERA
ELLA LO MANTIENE TODO EL AÑO
ELLA ES MI PRIMAVERA


CAZA SUCIA

No, no voy a realizar un alegato animalista de esos que se gastan algunos, discursos absurdos y pasados de rosca tipo adopta un conejo y ejecuta al cazador, porque ese tipo de actitudes es tan reaccionaria como maltratar a un pobre perro o torturar por placer al conejo en cuestión.

El ser humano es omnívoro, es decir, se alimenta de carne, de vegetales y de otras mierdas artificiales basadas en la química, por tanto cazar no tiene por qué ser una aberración. De hecho la poca carne relativamente sana que podemos comer es la proveniente de la cacería. Por otra parte, la cacería también sirve para regular la reproducción descontrolada de algunas especies, por ejemplo la liebre, que chinga que es un gusto, y si no se controlara su población, los vegetarianos lo tendrían crudo porque no habría huerto que lo resistiera. Además, no es mala idea que alguien sepa cazar, porque el día que se vaya al carajo el sistema y se cierren los supermercados, a ver quien es el guapo que nos surte de proteínas. Los individuos “civilizados” nos estamos convirtiendo en papanatas inútiles dependientes del sistema, anormales que se ahogan con un hueso de aceituna y que claman al cielo cuando se quedan sin internet mientras el resto del mundo sobrevive al límite, así que más nos vale que alguien se dedique conservar costumbres básicas para la supervivencia para cuando nos toque, pues no estamos exentos de ello.


Dicho esto, lo que no puede ser es lo que veis en la imagen. Los cazadores suelen argumentar que son los primeros en defender el ecosistema por su propia subsistencia, lo mismo que suelen decir los pescadores, pero lo cierto es que uno pasea por el campo y se encuentra regueros de cartuchos tirados por el suelo, con componentes metálicos y plásticos que de biodegradables tienen lo que yo de hermanita de la caridad, y lo que es peor, los perdigones, en muchos casos fabricados con plomo, un metal bastante toxico que queda diseminado por los campos de cultivo de los que nos alimentamos afectando también a otras especies.
Para más vergüenza, estos que he fotografiado estaban en un puesto de caza, esto es, un tenderete hecho con maleza para cazar camuflados a la espera, una forma de cazar propia de pusilánimes, porque desde mi perspectiva, la caza hay que buscarla pateando monte a la descubierta, para dar oportunidades al animal.
Si estás fijo en un sitio disparando a placer como a los patitos de feria, cuando acabes la matanza recoge la mierda que has tirado al suelo… pedazo de cabrón. Así te reviente un cartucho en la cara y llegue la perdiz o la liebre y te meta los cartuchos de postas por donde no brilla el sol.

lunes, 7 de mayo de 2012


RELATO DE UNA VOMITERA COLECTIVA 2ª PARTE

En la foto estoy con el casco de acero M-1 de origen americano, que en la época utilizábamos las tropas de Infantería de Marina y unidades paracaidistas. Si os fijáis, debajo se aprecia el casco de fibra. Quedaros con el cante para comprender la historia que continua…







La ropa y los atalajes de los equipos que llevábamos encima agobiaban como nunca, un sudor frío se escurría por la frente bajo el peso de nuestros cascos de acero tipo M- 1 de origen americano, la clave para el momento de la vomitera.
El casco M-1 constaba de dos partes, un casco interior de fibra, que incluía los atalajes de ajuste de la cabeza, y el casco exterior de acero, que contenía las correas con el barbuquejo y la funda mimetizada. La técnica en caso de vomitar dentro del carro consistía en quitarse el casco, retirar la parte de fibra y vomitar en la parte de acero, utilizándolo como escupidera.



Yo lo tenía claro, sabía que más pronto que tarde acabaría largando, y que después de vomitar, generalmente uno se siente mejor, así que me dije, para qué alargar la agonía Cabo Pepe si no sabemos cuánto tiempo vamos a estar dando bandazos. Miré a izquierda y derecha para ver las caras pálidas del personal, que aguantaba estoico la situación conteniendo casi la respiración.

Pensé, lo siento por vosotros campeones, pero el menda va a liberar presión de la caldera. Fue echar mano del casco, cuando los dos aguerridos comandos que me flanqueaban, uno abuelo a pique de licenciarse y el otro de mi quinta, pegaron un respingo y palidecieron aun más. El veterano me dijo… ni se te ocurra… y yo le contesté… no me queda otra abuelo… acto seguido largué.
La reacción que provoqué fue tremenda, una auténtica liberación para mí, y para los demás, que de manera automática echaron mano de sus respectivos cascos y empezaron a largar por esa boquita todo el rancho que nos dieron en el Velasco. A partir de ese momento el hedor se hizo insoportable, una atmósfera explosiva que acabó por provocar el vómito de los que más se resistían.
El teniente, que iba junto al portón en la parte de popa, hacía verdaderos esfuerzos por mantener el tipo, mientras los carristas, que recibían luz y aire fresco del exterior, sonreían divertidos acostumbrados a esas escenas tragicómicas que se producían en esa especie de submundo de la LVTP… la discoteca.

Por fin iniciamos nuestra oleada, navegando en la misma dirección que el oleaje, condición que mitigaba un poco el meneo. Al cabo de unos minutos empezamos a notar cómo las cadenas del carro tocaban fondo hasta que la tracción dependió exclusivamente de ellas. Se acabó el meneo del mar pero comenzó un meneo de otra variedad, el propio de la conducción todo terreno a gran velocidad. El carro iba a toda leche, pegando unos botes tremendos, y nosotros sujetando nuestros cascos M-1 llenos de vómito procurando que no se nos vertiera encima.
Se detuvo el carro y el Jefe dio el aviso de que iba a iniciar la apertura del portón trasero. El teniente nos dio las últimas instrucciones para el despliegue mientras una bocanada de aire fresco entró como una bendición a medida que se abría la compuerta. El rugido de los motores de los LVTP, el de los carros de combate M-48 y del par de helicópteros AH-1G Huey Cobra de la 7ª Escuadrilla de la Armada (Desactivada en 1984) que nos proporcionaban apoyo aéreo, apenas nos dejaba escuchar a nuestro oficial, pero lo que nos preocupaba en ese momento era soltar nuestra incómoda carga… el vómito.

La escena que vino a continuación resultó patética. El teniente salió primero y empezó a gritar…¡¡¡desplegaros por los flancos del carro!!! La primera baja que tuvimos fue uno de los compañeros que resbaló sobre la compuerta por culpa del vómito que escurría por el suelo y se jodió un tobillo. El resto salimos detrás atontados aun por tanto meneo, volcando el asqueroso contenido en el suelo y poniendo de nuevo el casco de fibra en el interior del de acero para después colocárnoslo en nuestras cabezas.

¡¡¡Cuerpo a tierra coño!!! ¡¡¡Cuerpo a tierra por los flancos del puto carro!!! gritaba desgañitado el oficial, mientras la tropa nos tirábamos de bruces al suelo cagándonos en la marina, sin reparar si quiera en los pinchazos que nos provocaban los malditos cardos del Retín, intentando recuperar el resuello tras la dichosa oleada de desembarco, con el olor a vómito instalado en nuestras pituitarias, que nos acompañó el resto de la larga jornada hasta que pudimos limpiar nuestros cascos con agua…veinticuatro horas más tarde.

La pregunta que me hago es, cómo harán ahora los infantes para vomitar… ¿llevarán bolsitas de plástico?... porque el casco de kevlar que llevan no tiene doble fondo…Y… ¿qué harán las mujeres que llevan la cabellera larga cuando se les impregne de bilis, restos de macarrones con tomate y tierra?
Por algo nos pelaban al cero… como a la teniente O’Neill.

sábado, 5 de mayo de 2012


RELATO DE UNA VOMITERA COLECTIVA - 1º Parte

La fotografía (de pésima calidad por limitaciones técnicas) la tomé en 1983 desde lo alto de la proa del transporte de ataque Velasco (ya desguazado) que tenía sus fauces abiertas para recibir a este carro tipo LVTP -7 (Landing Vehicle Tracked Personnel) un vehículo oruga anfibio destinado al transporte de soldados, en este caso infantes de marina. Lo que a continuación os relato es una de las experiencias más asquerosas, vivida en primera persona, a las que puede someterse un soldado de infantería de marina.


Amanecimos en la Ensenada de Zahara y estábamos a bordo del transporte de ataque Velasco, después de tres días dando bandazos por el Golfo de Cádiz que ya nos hizo vomitar lo suyo. Era día D y se aproximaba la hora H de hijoputada en la que realizaríamos el desembarco en la playa frente a la Sierra de Retín.

Nos había tocado desembarcar a bordo de un carro anfibio LVTP-7, la peor de las opciones disponibles. Formábamos un comando de 12 hombres liderados por un teniente, aunque la capacidad total del carro era de 25 hombres totalmente equipados sin incluir a los tres tripulantes que ocupaban cúpulas independientes para el conductor, el artillero y el Jefe de carro.


Las dos primeras cosas que nos enseñaron en el adiestramiento para operar con estos carros, eran cómo abandonarlo por las trampillas superiores en caso de que se hundiese, y sobre todo cómo vomitar dentro del carro, un acto reflejo que se daba por sentado.
Entramos por la compuerta posterior del LVTP-7 y nos colocamos sentados en las tres hileras de asientos corridos. A mí me tocó en la hilera central, hacía proa, entre un veterano y un chaval de mi quinta. La alarma de cierre de la compuerta empezó a sonar y pronto nos quedamos a oscuras en el interior de esa especie de lata de sardinas blindada. La única luz natural que entraba era la proveniente de las escotillas de los carristas, nuestro habitáculo sólo estaba iluminado por una tenue luz roja.

Al poco notamos como el carro avanzaba estruendosamente con las cadenas por la cubierta inferior del buque, para inmediatamente después, notar el brusco chapuzón al salir por la compuerta de proa del Velasco y entrar en el agua. A partir de ese momento, propulsándose el carro por los 2 hidrojets accionados por cardanes y deflectores hidráulicos, empezó la fiesta… Rock and Roll como dicen los americanos.

Íbamos casi a oscuras, en el interior de un objeto flotante que se balanceaba incontroladamente hacia todos los lados, con un insoportable calor, el aire viciado por un pestazo tremendo a gasoil y a humanidad, los ingredientes perfectos para una vomitera. La cuestión no era si vomitaría alguien, sino quien vomitaría primero, y la pregunta que más nos inquietaba era qué oleada de desembarco nos había tocado.
Los desembarcos, al menos en mi época, se hacían por oleadas. La primera oleada era el primer grupo que se lanzaba hacia tierra, y en caso de guerra, eran los que más probabilidades tenían de palmar por eso de encontrarse toda la morterada del fuego enemigo. Pero estábamos en paz y salir los primeros era una bendición, mas, no era el caso.

Nos tocó la tercera oleada y eso quería decir que teníamos que esperar en una zona mar adentro navegando en círculos hasta que nos tocara salir hacia tierra, es lo que se llama hacer la pescadilla (Las pescadillas se suelen freír mordiéndose la cola) Lo íbamos a pasar mal cuanto menos, pero yendo en la tercera oleada, lo pasaríamos peor, sobre todo cuando navegábamos atravesados a la mar con el viento de levante haciendo de las suyas.


Continuará.