lunes, 2 de noviembre de 2015

AGRICULTOR DE PURA CEPA

Lo vi desde cierta distancia, laborando con el viejo John Deere, y a medida que me fui acercando, reparé en algunos detalles que despertaron mi curiosidad.

Es temporada de la recolecta del algodón, y las grandes cosechadoras, evolucionaban de aquí para allá, apilando la cosecha en su jaulas, para después volcarlas en los camiones articulados que se ocupan de distribuir el producto por el resto del territorio nacional. La maquinaria a la que me refiero, era de última generación, de estas que están dotadas de toda suerte de adelantos, incluido el GPS, maquinaria operada generalmente por la nueva generación de agricultores, que si bien, continúan trabajando duro, nada tiene que ver la dureza de su trabajo, con la que tuvieron que sufrir sus progenitores, tanto mujeres como hombres.

Este agricultor tenía el aspecto de ser uno de aquellos. Lo delataban los surcos de su rostro, un rostro arado por la acción del sol durante el tórrido verano, y del frío durante el invierno. Manos recias, encallecidas y con luto en las uñas, comidas de tierra y grasa. La indumentaria al uso de los agricultores de décadas ya lejanas, con su pantalón de tergal, su camisa blanca de cuadros o de rayas, su gorra campera, y unas zapatillas de lona. Su cigarrillo de tabaco negro, de los de liar, y ese temple tan particular, una mezcla de rudeza, resignación y dignidad.

Estaba realizando tareas menores con su viejo tractor, un John Deere de color verde, la única seña de identidad de la marca que le quedaba. Le faltaban los letreros de la marca, todas las luces, incluidos los faros delanteros, y las rejillas de protección del motor. En la parte delantera montaba un mecanismo hidráulico para accionar una pala de carga o similar, que no llevaba, y en la parte trasera, una desbrozadora circular, parecida a la que se utiliza para cortar el césped, pero en este caso más grande y potente, para desbrozar vegetación más recia.

La labor que realizaba era precisamente de desbroce. Estaba desbrozando zonas de cultivo de algodón que no se habían reproducido de acuerdo con los estándares, de ahí que no se requiriera una maquinaria más moderna. Pero con todo, el agricultor realizaba su trabajo con absoluta profesionalidad, de manera metódica. Ese gesto que realizaba con su mano izquierda, no se debía a que fuese a quitarse o ponerse el cigarrillo de la boca, estaba señalando su punto de referencia para mantener el tractor alineado con el patrón de desbroce que estaba siguiendo.

El hombre me sabía allí, observando discretamente cámara en mano, pero él iba a lo suyo. No desperté en él ningún vestigio de vanidad, como sucede cuando apuntas a alguien con una cámara y acaba posando cuando se siente protagonista de la escena. Eso me permitió retratarle en su esencia, tirando de focal para no estar demasiado encima. Me atrajo, como digo, su genuino proceder de agricultor de pura cepa, de vuelta de todo y camino de la extinción, como su viejo John Deere, que no entiende GPS, ni atiende a ITVs, laborando dignamente con todas sus cicatrices.

Después de observarlo durante un rato y de disparar algunas fotos del modo más discreto posible, me levanté y reemprendí mi camino, justo cuando él venía de vuelta encontrada. Fue entonces cuando levanté mi mano para saludarle, y fue entonces cuando él levantó la suya para corresponder a mi saludo, como mandan las buenas formas. Adiós, que tenga usted una buena tarde, agricultor de pura cepa.

J.M. Arroyo


jueves, 1 de octubre de 2015

AUTORRETRATO ELÉCTRICO

La jornada se presentaba aciaga y tenía la aguja mareada, pero me negué a dejarla pasar sin pena ni gloria, así sin más, de manera que decidí salir y dedicarla a la fotografía.

Eché un buen rato tomando instantáneas entre Barbate, Vejer y Conil, donde acabé ya de noche. Cuando creí haber capturado todo el pescado se me presentó otro caladero. Según salía de Conil, buscando la autovía vi caer un rayo por la zona de Medina Sidonia. Había fotografiado poco antes nubes de evolución por aquella parte así que no me sorprendió demasiado. Una vez en la autovía, ya de regreso a casa, la actividad se intensificó y empecé a plantearme la posibilidad de desviarme a la altura de Chiclana para tomar dirección Medina con la intención de buscar la tormenta.

Con esa idea iba cuando observé que  por en NW se iniciaba otro frente tomentoso más activo que en que se desarrollaba por la zona oriental, y ese frente me pillaba de camino a casa, así que me dirigí directamente hacia él con la esperanza de llegar a tiempo de cazar la tormenta colocándome en un lugar con buenas vistas.

Cuando llegué al desvío que suelo coger para llegar a casa, la salida 646 de la A-4 que lleva a la N-IV que accede desde el norte al Puerto de Santa María, me desvié por un carril que conduce al complejo endorreico de Hato la Carne, deteniéndome en un cruce de caminos que domina toda la campiña noroccidental del Puerto y Jerez.
La tormenta se aproximaba descaradamente desde el NW así que lo tuve fácil para orientar la cámara en dirección hacia el lugar donde se producían el mayor número de rayos. Monté el trípode de mierda que tengo sin extender las patas para que no cimbreara con el viento, enfoqué manualmente al infinito con la óptica ajustada a 21,2 mm (aplicando el factor de marras para los que no tenemos una full frame) dejé la ISO en 100 porque no me gusta el ruido en las imágenes nocturnas, f 11 y 30” de exposición… y me puse a disparar.

En esas estaba cuando eché de menos algún elemento más en la composición, así que me puse yo, con tal suerte que en ese mismo instante, a las 21 horas, 41 minutos, 54 segundos computados por la cámara, se produjo el mejor fogonazo de todos los que cacé constituyendo sin duda el mejor autorretrato que me haya hecho jamás, o al menos el más espectacular.
Algunos dirían que Dios quiso iluminarme, y otros que el diablo intentó partirme en dos con un rayo, en cualquier caso me tomé en serio la señal, pues la tormenta se acercaba demasiado y se mascaba la electricidad estática. Seguí realizando fotos, poniendo el coche como elemento en la composición, y me agaché para evitar ser una diana tan evidente, aunque los rayos tenían donde elegir en lugares que estaban más elevados que mi posición. Cuando empezó a llover estaba claro que tenía el frente prácticamente encima, así que decidí desmontar el chiringuito y quitarme de en medio para no tentar al diablo, o a Dios, vaya usted a saber.

A posteriori, observando la imagen, he podido comprobar que el rayo cayó a poco más de 4 km de mi posición, en una estación de energía eólica junto a los que paso en muchas ocasiones cuando salgo en bicicleta.
Por aquí se dan pocas tormentas, un fenómeno meteorológico que me fascina, así que no se presentan muchas oportunidades para atrapar relámpagos. El último lo cacé el pasado año desde el WC de casa, con eso lo digo todo. Así que después de esto, puedo sentirme satisfecho, ya no solo con el autorretrato, sino con las que tomé seguidamente y que muestro en esta entrada.


Mereció la pena escapar del tedio y salir a vivir emociones cuanto menos electrizantes, mal rayo me parta si no es cierto lo que digo. A continuación, la secuencia de fotografías.

J.M. Arroyo







domingo, 26 de julio de 2015

KICHI... GREÑAS Vs TRAJE Y CORBATA.

Lo suyo sería que “el Kichi” empezara a destacar por realizar negociaciones, por ejemplo, con el Ministerio de Industria, Energía y Turismo, o con entidades empresariales solventes, susceptibles de generar empleo, en vez de protagonizar estas pantomimas que los “aires renovados” de la política están poniendo de moda, tipo ahora retiro un cuadro y un busto, después arrío una bandera, y además no me peino y paso de ponerme traje de chaqueta. Pero ya que estamos con esto, entraré a saco.

A ver Kichi… Me parece muy bien que en tu tiempo libre, te vistas como te parezca y que no te peines, aunque lo de no peinarse no es cuestión de ser proletario o de no serlo, es más bien una cuestión de estar aseado o no estarlo, porque Kichi, de toda la vida, nuestras madres proletarias, al menos las de antes, nos inculcaron que a los sitios había que ir limpitos y peinaditos, esto es, proletarios pero dignos.
Si fueras un fulano cualquiera, podrías pasar del protocolo, pero resulta que tú ostentas un cargo, que por cierto no has conseguido gracias a la mayoría obtenida por tu grupo, y sucede que tú representas a todos los gaditanos, y que esa responsabilidad, por mucho que te fastidie, exige una presencia, y te voy a explicar por qué.

Cualquier hijo de vecino, proletario sobre todo, sabe que cuando hay que acudir a una entrevista de trabajo, por lo generar hay que empezar por asistir con buena presencia, porque, por si no lo sabes Kichi, el primer filtro que hay que superar en una entrevista de trabajo es el de la buena presencia, por mucho que nos joda. Si acudes despeinado, con pantalones cortos, en chanclas y con una camiseta que predique las “bondades” de la mariguana, en definitiva, hecho un mamarracho, lo más probable será que ni te reciban, así seas experto en física cuántica. Ya sabemos que todo es relativo, pero para bien o para mal, hay unas normas establecidas, aceptadas por una gran mayoría, y si quieres conseguir determinados objetivos, no queda otra que tragar, aunque sea para superar el trámite.

En tu caso sucede lo mismo. Resulta que tú representas a la toda la ciudadanía de Cádiz, no solo a los barrios que te molan y al paisanaje que aplaude tus “hazañas” por pura ignorancia. Al representarnos, entre otras competencias, tendrás que negociar, deberás reunirte con entidades y organismos que funcionan con unas normas establecidas, entre ellas, unas normas de comportamiento elementales en los países civilizados, entre las que se encuentran el decoro, las buenas formas y la buena presencia, por mucho que quieras vincularlo a actitudes propias de la casta, y por tanto, te joda.

El caso es que si acudes a esas negociaciones hecho un mamarracho –mamarracho, palabra por cierto, muy utilizada por el proletariado- te mirarán de arriba abajo y pensarán, menudo esperpento, y seguidamente te tomarán por el pito de un sereno y pasarán de ti, de manera que habrás perdido de antemano las negociaciones, por mucho que te la sude lo que piensen de ti. A mí, que te tomen por el pito de un sereno y que te la sude en lo personal, me la trae al pairo, como si te tiras por los bloques, lo que me jodería es que por culpa de tu actitud chabacana y ordinaria, echaras a perder unas negociaciones, que de ganarlas, supusieran una oportunidad para que, de una puta vez, se genere empleo en nuestra ciudad. Si estás ahí es para servir al pueblo, no para que te la sude y vestir como te salga de los cojones, estás ahí para SERVIR a todo el pueblo y representarlo dignamente, no para contentar a unos cuantos mamarrachos de los que te ríen las gracias y gratificarlos con barbacoas playeras sin control y mucho carnaval.

Por tanto Kichi y admiradores del Kichi, lo de menos es cómo os guste vestir, si os van los pendientes, o si tenéis repulsión al peine, lo que trasciende es que tú has aceptado un cargo que requiere unos mínimos, entre ellos la buena presencia requerida por otros estamentos de los que dependemos, por mucho que te pese, buena presencia que no pasa necesariamente por ponerse traje y corbata, porque hay otras opciones igualmente decorosas… si ya sé que decoroso para ti es un concepto de la casta, pero es lo que hay.

Si no estás dispuesto a pasar, entre otras cosas, por el decoro y la buena presencia, deberías largarte por el bien de todos, porque por esa “estupidez” acabaremos pagando el pato todos los ciudadanos, tus colegas y los demás, y la gran putada final será, que encima tendremos que pagar con nuestros impuestos la puta pensión de la que gozan los políticos cuando se retiran, por nefasta que haya sido su gestión, porque eso sí que lo tenemos claro, tú, yo y el de Pamplona, y es que tú no tendrás los cojones necesarios para ser consecuente con lo que proclamas, y renunciar a los emolumentos correspondientes a tu retiro, y además seguirás cobrando de liberado sindical, esto es, por no dar palo al agua, en vez de dedicarte a la docencia de verdad, aunque visto lo visto, mejor que no entres en un aula, no sea que cunda el ejemplo.

Así que Kichi, aunque sea por respeto al pueblo, a todo el pueblo, adecéntate un poquito, o por lo menos péinate, que peinarse no es cosa exclusiva de los de la casta, es propio de cualquier persona decente, por humilde que sea. Te lo dice un proletario, de los que se parte los cuernos cuando lo dejan trabajar, y que no viste con traje de chaqueta.


JM Arroyo

jueves, 9 de julio de 2015

EL KICHI Y LOS DESHAUCIOS

A ver Kichi… El otro día te vi en la TV. Cometí la gilipollez de encenderla y me topé en el noticiario con tu escenita del desahucio, esa en la que los inquilinos dejaron de pagar el alquiler a la casera, una viuda enferma a la que le salía más caro el collar que el perro. Aunque lo de menos, son las razones de unos y otros, pues para eso media un CONTRATO DE ALQUILER y hay una LEY REGULADORA, para solucionar estos asuntos y desvincularlos de otros problemas que no tienen porqué asumir los arrendadores.
El que suscribe, es un arrendatario, esto es, uno de esos parias que no nos hipotecamos en su día y vivimos de alquiler. Por lo que deduzco de tu escenita, el mensaje que trasladas es, que cuando yo no pueda pagar el alquiler por falta de recursos, me atrinchere en la casa que tengo alquilada, y traslade mi problema a mi arrendador.  ¿Por opresor y capitalista?
A ver si va a resultar que mi casero, un trabajador autónomo que se deja el hígado todos los días en un pequeño negocio que, deducidos impuestos, no le da ni para pipas, no va a tener derecho a sacar un extra de 400 pavos, por haber cometido el “delito” de comprar un inmueble cuando las cosas le fueron bien y ponerlo en alquiler, un alquiler razonable. Probablemente, si no le pago el alquiler, la luz y el agua, le cueste el dinero y acabe también en la quiebra y desahuciado. Porque, por si no te has enterado aún, Kichi, al común de los autónomos los crujís a impuestos, a pesar de que es el único colectivo al que no le han regalado nada, a pesar de que ellos  se han creado su propio puesto de trabajo, con más pena que gloria, porque vosotros los políticos, no tenéis cojones de crearlos. ¿Vais a promover también la caza del autónomo? ¿Vais a trasladar los problemas que tendríais que resolver vosotros con inteligencia y saber hacer, al común de los mortales por tener un piso de más?
Primero han sido los bancos opresores, que exprimen a los que se creían más listos que nadie, resultando finalmente que eran idiotas por hipotecarse hasta las cejas para ser propietarios de nada. Ahora por lo que veo, también entran en juego los arrendadores, da igual que sean viudas, pequeños comerciantes o dentistas, porque, a ver, cuál es la razón para que un dentista no pueda arrendar con garantías, una vivienda a otra persona que se compromete a pagar una cantidad determinada al mes, consensuada en un contrato que se firma de manera voluntaria, no a punta de pistola…Kichi.
Debo ser gilipollas por decir esto, porque  como arrendatario, da la impresión de que estoy tirando piedras contra mi propio tejado, pero quizá sea que soy coherente y además tengo vergüenza, a pesar de que las paso putas para pagar el alquiler.
Lo que tienes que hacer Kichi, es hablar con tu colega Susana, esa que ha propiciado con los votos de su partido, que tú hayas conseguido ser alcalde. Pregúntale, por ejemplo, a ver qué pasa con ese porrón de viviendas de protección oficial de la Junta de su Andalucía, que están vacías.  Si no entra en razón, actúa por tu cuenta con lo que tienes. Desaloja la mitad del consistorio, para meter a estos por los que te “partes” la cara. O déjate de carnaval y los metes en el Falla remodelando las instalaciones, a ver si tienes arrestos… “Casa hogar Manuel de Falla” aquí hay que mamá. O tal vez, acondiciona las oficinas del estadio Carranza para meter a los desahuciados y que el Cádiz CF entrene en Puntales... Le cambias el nombre si quieres, “Estadio Hogar del Kichi” aquí hay que mamá.  Arriar una bandera, aunque sea la que representa a todos los españoles, es pan comido en España, pero tocar los carnavales o el fútbol, tocar el Carranza, o el Falla, para eso sí que hay que tener cojones… a lo mejor eso te haría grande de verdad, y no un populista de tercera. Hala, el estadio al carajo, y casas de protección oficial.
En cualquier caso, no te ensañes ahora con la gente por el mero hecho de que tengan dos viviendas en propiedad, que muchos de los que se hipotecaron y ahora defiendes, tenían la suya, se metieron en otra por agonías, y ahora no tienen ninguna. No pretendas incitarme a que, por el mero hecho de que no pueda pagar mi alquiler, por las razones que fuere, putee a mi casero atrincherándome en la casa por todo el morro, haciéndole responsable de mi situación, cuando la responsabilidad es mía, o tal vez tuya, vete a saber.

JM Arroyo




IDEALES Y BORREGOS

  Los ideales, con independencia de la buena o mala fe del idealista que los parió, acaban cumpliendo una función… que la gente no piense demasiado. Da igual que sean de derechas, de izquierdas, anarquistas, nacionalistas, radicalistas, ecopacifistas, trotskistas, o los tropecientos istos, istas, e ismos que se puedan enumerar, que haberlos los hay a patadas.
  El caso es que tener criterio propio para cada una de las situaciones que puedan plantearse en la vida, resulta una ardua tarea, implica un esfuerzo mental considerable, y todo lo que requiere esfuerzo, suele ser malquisto. Además acabas siendo impopular frente a la masa obediente, y la gente quiere todo lo contrario, la gente quiere ser popular, la gente quiere acaparar reconocimiento y aceptación por parte de un grupo, no críticas o rechazo, cuando ser rechazado por determinados colectivos resulta incluso conveniente.
  Lo que suele hacer la gente, es adoptar el ideal que más se aproxima a las ideas propias, o simplemente adoptarlo a secas, con la finalidad integrarse en un grupo para sentirse reconocido y aceptado, adoptando una identidad a todas luces artificial. En definitiva, simplificar el asunto para no tener que pensar en exceso, que pensar demasiado es malo, y crearse una identidad propia, peor aún.
  Los ideales son una creación humana, y como tal, resultan imperfectos, pero quien adopta un ideal, generalmente lo asume en su totalidad, no se suele molestar en cuestionar lo que es susceptible de ser imperfecto, injusto, poco práctico, no adecuado, no razonable, etc. Lo que se dice fe ciega en el ideal.
  Por tanto, las personas que adoptan un ideario, son previsibles, y al serlo, son controlables… y mira tú que patético resulta, que al final lo que se obtiene es una panda de borregos que entra a saco contra todo aquello que no tolera el ideario que han adoptado, con independencia de que sea razonable o no. Además todos tienen un look determinado, que de por sí, da pistas sobre cómo piensan, así de previsibles acaban resultando.
  Es esto lo que buscan los ideólogos, estrechamente vinculados con el poder, gente servil a una “causa” gente sin criterio propio, que no cuestione nada, que asuma sin preguntar. Y cuando me refiero al poder, no me refiero exclusivamente a los que gobiernan, también a los que aspiran a gobernar, lo que incluye a los llamados colectivos ciudadanos, tan en boga últimamente. Mientras más politizada e idealizada esté la sociedad, más controlable será para las distintas fuerzas que aspiran a obtener el poder, o a perpetuarse en él.
  Así veo las cosas, es mi criterio, seguramente erróneo o imperfecto. Ni me considero mejor, ni me considero peor que los demás, simplemente procuro ser coherente, formarme con criterio propio, adoptando lo que considero bueno de unos y de otros, y aceptando la posibilidad de que puedo equivocarme, un reconocimiento que me permitirá rectificar.
  A mí me puede gustar el surf, pero no por eso me tiene que gustar la música de los Beach Boys, las bermudas, las furgonetas VW Camper y las caipiriñas con sombrillita…
Bueno, las furgonetas VW Camper sí me gustan, las cosas como son.


JM Arroyo



domingo, 1 de febrero de 2015


UNA DE UN PELOTÓN DE CICLISTAS Y LA PERRA QUE CAYÓ A UN CANAL.

Sucedió hoy, durante la mañana del domingo 1 de febrero de 2015. Circulaba en bicicleta el que suscribe, por una vía de servicio agraria con escaso tráfico. Iba absorto en mis pensamientos, negativos para más señas, cuando un pelotón de ciclistas me rebasó como una exhalación, casi de forma insultante para mi ego. Maldita sea, pensé, se van a enterar estos, y me lancé a por ellos…Pero ellos me dejaron tan atrás, que acabé desistiendo.

Volví a mis pensamientos tipo, ya no eres lo que eras, menuda mierda, tal y Pascual, pedaleando sin demasiado brío, hasta que al cabo de unos kilómetros, al negociar una curva suave a derechas, me encontré con dos coches estacionados en la cuneta, el pelotón de ciclistas que me rebasó, bajados de sus monturas, y uno de los ciclistas metido en el interior de un canal de riego que discurre paralelo a la carretera. Se han pegado una hostia, pensé, así que en cuanto llegué a su altura me detuve por si podía echar una mano, pues aunque había muchas manos para ayudar, a veces sucede que la mayoría resultan ser manos pasivas.

Afortunadamente la situación  no era tan trágica como me pareció al pronto. Sucedió que una perrita de raza tunera, cayó en el canal, por suerte sin agua en esos instantes, porque de lo contrario habría acabado engullida más adelante por un colector que conduce a una tubería que discurre bajo tierra. Uno de los ciclistas se deslizó al interior del canal con la idea de sacar a la perra, que estaba bastante asustada. A su vez, una mujer, propietaria de uno de los coches, le tiraba a la perra el cable de una alargadera eléctrica, con el fin, decía, de obligar a la perra a que se fuera hacia donde estaba el ciclista, pero lo único que lograba era asustarla aún más.

El resto de los ciclistas no hacían más que bromear con la situación en la que se encontraba el compañero, filmar la escena con los móviles, y armar barullo, contribuyendo a incrementar el nerviosismo de la pobre perra. Les invité a que dejaran de montar jaleo, le dije a la mujer que dejara de tirarle el cable a la perra, y al que estaba en el canal, que intentara ganarse la confianza del animal poco a poco, empezando por dejarse oler la mano.

La perra, que era bastante inteligente, se fue acercando muy despacio al ciclista, quizá conocedora de que era su única probabilidad de salir de allí, y éste, aun exponiéndose a un mordisco, dado el nerviosismo del animal, aguantó el tipo hasta que logró acariciarla y ganarse su confianza. Lo hizo tan bien, que al final logró cogerla y lanzarla fuera del canal, al lado opuesto de la carretera. La perra se sacudió aliviada, y se fue en sentido contrario al puente que cruzaba el canal, apartándose de la muchedumbre, para detenerse más allá, aunque no se apartaba del borde del canal.

Después de sacar a la perra, tocó sacar al ciclista, un tipo bastante corpulento, y por tanto pesado. Las pendientes que flanquean el canal tendrán un talud 1/1  y podrían superarse sin ayuda con buen agarre, de no ser porque estaban cubiertas de verdín, así que hacía falta echarle una mano. Por fin la puta alargadera eléctrica sirvió para algo. Lo pusimos por doble, se lo lanzamos al ciclista, y entre unos cuantos tiramos de él para sacarlo.

Finalizado el rescate, reemprendimos la marcha en el sentido que llevábamos. El pelotón salió disparado como alma que lleva el diablo, y yo, apenas mil metros más adelante, me dije, date la vuelta que no estás para más y regresa a casa que todavía te quedan 15 km para llegar. El caso es que cuando volví a pasar por el lugar del incidente, me encontré con que la perra seguía en el mismo sitio, al borde del canal, al lado opuesto de la carretera. Junto al único paso que salvaba el canal, estaban estacionados los dos coches de las dos mujeres, que al parecer iban juntas, la mujer del cable y otra. Esta vez la del cable estaba tirándole piedras a la perra para que se apartara del canal, logrando únicamente que se acojonara, así que me detuve para analizar la situación.

Enseguida comprendí lo que pasaba. La perra quería cruzar al otro lado por el puente, sabía que podía ir por ese lugar, pero al ver los coches bloqueando el paso y a una de las mujeres al lado, mientras que por el otro, la otra le tiraba piedras, el animal se lo pensó y optó por ocultarse astutamente tras un matorral.

Me dirigí a la señora y le expliqué lo que pensaba sobre la situación, sugiriéndole que quitaran los coches que bloqueaban el puente para dejar vía libre a la perra. Me hicieron caso en parte, y digo en parte, porque se limitaron a mover los vehículos unos metros más allá, pero la del cable volvió a lo suyo, a conminar a la perra para que se dirigiera al puente, a base de pegarle gritos y tirarle piedras, mientras la perra, oculta en el matorral, estaría pensando que con esa tía tirándole piedras iba a pasar su padre. Así que tuve que decirle a la señora que no se preocupara, que la perra estaba escondida haciendo lo que haría cualquiera a quien le tiraran piedras. Logré convencerlas para que se marcharan y yo hice lo propio, aparentemente, porque en realidad no estaba dispuesto a desentenderme  de cualquier forma del pobre animal.

Las mujeres se fueron finalmente con sus coches y yo me oculté al otro lado de la curva para observar discretamente lo que hacía la perrita. Su reacción fue inmediata, en cuanto vio despejado el terreno, cruzó el pequeño puente y se puso a olisquear junto a la carretera. Evidentemente no era la situación ideal, una perra al pie de una carretera, así que me dirigí hacia ella sin prisas, haciéndome el distraído para no asustarla. La perra enseguida me detectó, pero al ver que yo iba a lo mío, no me consideró una amenaza. Pasé por su lado haciéndome el sueco, me paré como si nada, la perra se acercó, me olió y siguió a lo suyo, más contenta que unas pascuas,  adentrándose por fin en el campo, alejándose de la carretera y del canal, en dirección hacia donde sin duda quería ir.

¿Adoptarla? No podría hacerme cargo de ella. Tampoco tenía pinta de estar perdida o mal alimentada. En este caso, una adopción sería quizá lo más parecido a un apresamiento, el apresamiento de un ser que es feliz libre. Sin duda correrá sus riegos, pero en esas estamos todos. La tía del cable, que tenía dentro del coche a un perrito gilipollas que no paraba de ladrar, dijo que no podía hacerse cargo de la perra. Me dieron ganas de decirle que mejor así, porque entonces sí que estaría perdida. Perdería su instinto, se extraviaría cualquier día y acabaría de nuevo en el canal, pero esta vez sin solución de continuidad.

Emprendí el regreso a casa. Al cabo del rato, un tipo me dio una pasada, pero esta vez me dije no, este no se me escapa. Me pegué a su rueda, y cuando llegaron las pendientes, pedaleé de pie y lo rebasé. Quizá fue cosa del incidente la perra, que me alegró el día y me dio el subidón. Después de todo se siguen dando buenas acciones, como la del chaval que se metió en el canal para sacarla, e incluso la intervención de la mujer del cable, que aunque no atinara con sus acciones, no dejó de hacerlo con buena intención. Y sobre todo, la sensación de alivio y de gozo de la perra, que lejos de traumatizarse, siguió a lo suyo, como si nada hubiera pasado, retozando por el campo. Son estas pequeñas historias las que rompen la monotonía de los días aciagos,  las que hacen que pensemos que, después de todo, la vida es bella.

 


 

martes, 27 de enero de 2015


EL KIOSCO DE LIBROS

Me llamó la atención por una razón, la ausencia de rejas. Cuando  me aproximé, lo comprendí… se trataba de libros. ¿Quién va a robar un libro? Los libros agonizan en las librerías, la gente huye de ellos como de la peste, así que, para qué poner rejas. Si los libros pudieran fugarse por sí mismos,  tal vez colocarían rejas, más que nada para evitar el riesgo de contaminación cultural, no sea que a la gente le dé por leer, escape de la red que los atonta, y opte por tener criterio propio.

No había rejas, ni tampoco había nadie dentro para dar salida a esos libros. Un sábado por la tarde… ¿Quién va a perder el tiempo libre leyendo un sábado por la tarde?  Los bares y los comercios de otra variedad, sí estaban abiertos a tutiplén, es lo que busca la gente, consumir sin más… ¿Para qué mantener abierto un kiosco de libros, aunque para su lectura sólo se requiera un carné de biblioteca?

Me dieron ganas de romper el cristal y robarlos todos, llevarme aquel tesoro devaluado. A fin de cuentas ¿Para qué  molestarse en detener a un ladrón que roba un kiosco de libros del  que no se ocupa nadie? El kiosco municipal quedaría libre de ese lastre constituido por libros, podría dedicarse a otros menesteres más rentables, menesteres que justifiquen la colocación de unas rejas y la de alguien que se ocupe del cotarro, trabajando 12 horas al día, fines de semana incluidos, vendiendo quizá litronas,  telefonía móvil o maría para consumo propio… a saber.

El menudeo de libros no conduce a nada, es mejor el menudeo de elementos que arrinconan la voluntad de las personas. Fue ese el destino que corrió la librería que había enfrente de este kiosco de libros, una de las mejores librerías de la ciudad, que acabó diluida en un local que quedó vacío, abocado a convertirse en un chino de todo a un euro, donde venderán de todo… menos libros.

Unas buenas rejas, un empleado que se deje explotar, y a seguir tejiendo esa red que atrapa a las mentes, neuronas dormidas que no interesa despertar. La lectura puede despabilar a las personas y eso resulta pernicioso para los intereses del sistema.

jueves, 8 de enero de 2015


PERROS BOBOS, QUE NO LOBOS.
A diario,  cada vez más, me encuentro con carteles de aviso de perros extraviados, dramáticos llamamientos tipo, es como de la familia, mayday, mayday,  se nos desmorona el hogar, encuentren a mi perro Canelo, o a mi perra Sisí, no, no,  mi perra me la robaron porque su chip jaquearon… etc. Y tal como miras la foto del perro o la perra, no te extraña  que se haya perdido, pues eso no es un perro, ni una perra, es una  patética criatura a la que le arrebataron su instinto y convirtieron en pantomima. Es una pena que se haya perdido el perrito, pero es lo que conlleva su idiotización.

La gente se ha empeñado en transformarlos en seres a su imagen y semejanza, y la sociedad actual ya sabemos cómo está. A los perros se les viste, se les permite dormir en el sofá, se les limpian las caquitas,  se les lleva al centro veterinario para que les hagan la manicura o un lavado de pelotas,  los llevan a fiestas u hoteles para perros… y al psicólogo canino. En definitiva, los vuelven gilipollas y claro, se pierden, aunque estén a la vuelta de la esquina.

Antaño cualquier  perro era un animal listo de cojones, al que ya podían soltar en Pamplona, que se las arreglaba para regresar a su casa en Setenil de las Bodegas… se plantaba en la puerta, pegaba cuatro ladridos cagándose en tu descendencia y de paso se meaba en la puerta para recordar a su amo que ese también es su territorio.  Podías soltarlo en el monte, que no se extraviaban, o dejarlos al cuidado de la casa, durmiendo en el jardín, sin que por ello fueran infelices.  Para infelices los de ahora, que mimetizan las neuras y los miedos de sus amos, y se cagan por un petardo de mierda, mientras que los gatos, que no van al psicólogo ni borrachos, se descojonan de ellos. Aún quedan perros listos, perros y perras que no se estresan por un petardazo, ni se pierden, ni se traumatizan por dormir en el jardín… pero a este paso.

Lo que está claro es que los perros acaban siendo lo que son sus amos, por tanto, si los perros y perras de hoy en día se pierden, se asustan con cualquier cosa, o atacan sin motivo a todo lo que se mueve, las cuentas están  claras, sus amas y amos tienen un problema, un problema mental,  y por lo que se ve, esta sociedad está pero que muy enferma.

 

 

sábado, 6 de diciembre de 2014


FRENESÍ BULÍMICO

En breve comenzará el frenesí bulímico y muchos  harán gala de sus excesos. Ya no conformes con disfrutar de la comida, alardearán de lo que comen fotografiando platos y copas, y escribirán eso de, si ustedes gustan, que queda tan “educado”. Paralelamente, alternando entre comilona y comilona, harán gala en el FB de sus niveles de sensibilidad social, subiendo algún copia y pega de esos que buscan despertar conciencias, escenas de mendigos que de pronto son sorprendidos por una buena acción orquestada de antemano, acciones que en el fondo no dejan de ser una pantomima  para tranquilizar, entre exceso y exceso, las conciencias del personal.  

Qué buenos somos, qué concienciados estamos con los más desfavorecidos. Lo estamos tanto, que hemos subido un “videoyutube” sensiblero en el que un mendigo de la Quinta Avenida, comparte su pizza con un yupi aburrido que quiere ponerlo a prueba. El  hijoputa del yupi le dice al mendigo que tiene hambre, y el mendigo, pobre desgraciado, va y le da el mejor trozo… Cuanta bondad hay en el mundo, y qué abiertos estamos a ello…

Pero ahora sigamos comiendo, sigamos con la fiesta, mostremos al mundo en fotos nuestro cochinillo al horno y nuestras copas de champán, que el mendigo ya tiene su trozo de pizza y el cabrón del yupi ha despertado por un instante, con su experimento de mierda, nuestras conciencias de mierda. Ya estamos tranquilos, hemos cumplido, saciémonos pues… Cuanta mala leche y cuanta hipocresía.

Recuerdo que mi abuela, que tenía tanto de buena como de sabia, solía decirnos que no presumamos de lo que tenemos o de lo que comemos,  que si no estamos dispuestos a compartirlo, nos limitemos a disfrutarlo, porque queda feo alardear de lo que poseemos, habiendo otros que no poseen nada. No era una cuestión de sentimiento navideño, era una cuestión de sentido común, de educación, de saber estar.

No procede que una inmensa mayoría de personas esté sumida en la miseria hasta el extremo de no poder comer lo necesario y que encima, los que pueden hacerlo, alardeen de ello. El que quiera compartir, que lo haga, y el que no, que coma, pero que calle… sería lo suyo, por una cuestión, si no de sensibilidad, al menos de clase, porque para caer en  catetadas siempre se está a tiempo.

 

 

 

lunes, 17 de noviembre de 2014


Palabras presas
Las palabras de aquel buen hombre quedaron confinadas entre cuatro paredes mugrientas, las cuatro paredes de un cuartucho apenas iluminado por la tenue luz de una bombilla de cuarenta vatios, luz que en ocasiones parpadeaba coincidiendo con el sonido de unos desgarradores gritos que provenían del final de un oscuro pasillo.
Las palabras de aquel buen hombre quedaron confinadas para después ser transformadas en gritos aterradores, todo porque una mañana tuvo la osadía de pronunciar en voz alta la palabra libertad.
JM Arroyo

miércoles, 5 de noviembre de 2014


UNA DE CAMPITOS, HUERTECITOS Y GALLINITAS.

Muchas veces he  leído u oído decir a urbanitas desencantados y  desencantadas con su estilo de vida, que les gustaría hacerse con una casita en el campo y dedicarse a cultivar un huerto,  cuidar gallinas y  ordeñar vaquitas , tolón tolón, dejando a  un lado la vida que llevan, como si eso fuera tan simple. Lo más curioso es quienes suelen decir eso, tienen un puesto de trabajo - del que sin duda no disfrutan  - pero que les permite tener acceso a una vivienda con su agua corriente y su electricidad, y se surten de todo y más en los centros comerciales.

 Además hacen vida social cada fin de semana, tomándose sus copitas y toda la pesca, y de vez en cuando, se visten de Decatlhon y se marcan una rutita por el campo, de estas balizadas para no perderse. Será eso, el paseíto campestre, lo que supongo les hará pensar en lo idílico que debe ser, según ellos y ellas, aquello de la casita de campo, cultivar lechugas, obtener huevos frescos de las gallinas y leche pura de vaca,  de cabra, y puestos a tener, por qué no, algún cerdito.

Esto me recuerda a la historia del argentino que emigró a Canadá, que al principio estaba encantado con ver nevar, pero que al final acabó tan hasta los cojones de la nieve y de todo lo que implica, que optó por regresar a su tierra, a pesar de la humedad, el calor y los mosquitos.

Lo del campito quizá empezara de manera parecida… “Qué bonito es ver amanecer en el campito, escuchar el trinar de los pajaritos y disfrutar del revoloteo de las gallinas, encantadas de entregarme sus huevos frescos… Esto es lo más lindo que he visto en mi vida.”

Pero al cabo, no digo de las semanas, sino de los días, acabarían cayendo en la cuenta de un modo traumático, de lo que supone la vida en el campo. Quizá levantarse a las cuatro de la madrugada para  empezar ordeñando las vacas, surtirlas de pienso, y limpiar los excrementos y las meadas, con ese pestazo a mierda que cauteriza las fosas nasales. Tres cuartos de lo mismo con las gallinas…y de lechugas nada, porque la granizada que cayó a media noche  las ha dejado hechas un colador. De ver amanecer, tampoco, porque se ha entablado un temporal del carajo y el sol lleva días sin salir, acojonado con la que se ha montado procedente de las Azores.

Y ahora que ha escampado,  ponte a abonar, y a bregar con la plaga del gusano cogollero que se está zampando las mazorcas de maíz, con lo que  costó que agarrasen. Además, hay que reparar el techo del cobertizo donde guardas el pienso, la leña y la mula mecánica, que por cierto te recuerda que hay que ir a por gasoil porque tiene el tanque seco. Pero resulta que el camino está embarrado a más no poder y cualquiera sale con el Dacia de mierda que compraste, porque para el Land Rover no te llegaba. Como no había bastante, ahora la cabra, la puta de la cabra, la madre que la parió, que se ha pillado la coccidiosis y el veterinario no da a bastos… putos protozoarios.

Y que te dan las nueve de la noche y no hay manera de sacar agua del pozo porque se ha ido la luz, una de tantas veces, y en uno de esos putos picos de tensión, se ha quemado el motor. De llamar al técnico olvídate que es sábado.  Prepara la cena, que ya vas tarde, y prepárala a la luz de las velas, que para el folleteo estarán la mar de bien, pero lo que es para cocinar, como que no. Para colmo de males acabas de tropezar con una gallina que se ha escapado del gallinero y te has dado de bruces con el perol… el pucherete al carajo.

Ahora toca lavarse con palangana, que seguimos sin agua y lo que queda. La que cae,  lo hace  fuera de nuevo, jodiendo el resto de la plantación. Te vas al catre apestando a abono, pero te la suda porque estás molido o molida. Son las doce de la noche y dentro de cuatro horas te tienes que levantar. Y mañana domingo, pero eso será en Móstoles, porque lo que es aquí, como si no existieran. Ni domingos, ni vida social, ni leches, te ha quedado faena por hacer, que se te acumulará para mañana.

Qué pasa ahora, por qué ladran los perros. A levantarse tocan y a coger la del 12 con posta lobera, que no es la primera vez que te roban y aquí, en el puto campito, no hay seguratas, ni policías, y los civiles no abarca tanto. Falsa alarma, son los jodidos topos que cada día se acercan más a las cuatro zanahorias que has plantado y que te han costado más que lo que valen en la frutería.

Los muertos del campito, quien te mandaría  meterte entre frutales, con lo bien que estabas en la urbe, con tu trabajo de mierda, con tu rutina de mierda y con tu vida social de mierda.

Y es que resulta que la vida fácil no existe, salvo para aquellos que se aprovechan del esfuerzo que realizan los demás, y que si la vida en una ciudad tiene sus condicionantes, la vida en el campo tiene muchos más, y lo más probable es que cualquier  urbanita de tres al cuarto no esté a la altura de las circunstancias.  Deja a un yorkshire solo durante una noche, no ya en la selva, sino en un parque público, y cuéntame lo que pasó. Así que menos lobos Caperucito o Caperucita, quédate en tu casita y deja el campo para la gente curtida, que te irá mejor comprando las zanahorias en el Mercapollas más cercano.

En la foto, un labriego revisando el riego al atardecer, empapado y desde las cuatro de la mañana en planta.


 

jueves, 23 de octubre de 2014


El contramaestre…con todas las de la ley.

Se le notaba en el porte, seguro de sí, con la mirada de la milla, milla náutica para más señas, esa forma de mirar que se anticipa a los hechos,  mirada que se adelanta a la rotura de la ola traicionera,  mirada que no pierde la virada. Y por la noche, con las luces largas puestas, para ver de lejos.

 Era el más limpio, el más sano, el que manejaba el cotarro en el puerto pesquero de Barbate. A diferencia del resto, este se mostraba seguro, se sabía el puto amo. Los demás mantenían las distancias conscientes de sus limitaciones, pobres gatos tullidos, que ya recibieron bastante castigo como para plantar batalla. Será otro el que lo haga cuando este decline, cuando apunte su ocaso, pero mientras tanto él es el jefe, el que cuenta el pescado, el que lo reparte y se lleva la mejor parte.

El contramaestre… con todas las de la ley.

 


domingo, 28 de septiembre de 2014


GATO PORTUARIO

Para más señas, de Barbate, que no de Franco. Allí estaba, en la explanada del puerto pesquero, antesala del Estrecho, dormitando con los dos gatos que se ven al fondo, dándose calor, y quizá aunando fuerzas para superar una tara que les relacionaba a los tres y que los diferenciaba del resto de los gatos que marcaban territorio en aquellos muelles, y era que los tres estaban tullidos.  Debía ir con ellos también  eso de la unión hace la fuerza, que  Dios los crea y ellos se juntan, y algunas frases más de marras y amarras, esa manía que tenemos de atarlo todo con frases lapidarias.

Este debía ser el gato más espabilado de los tres, o quizá el más sociable, o tal vez al que le restaban más fuerzas. Antes de esta, disparé al trio algunas fotos más, y fue a él a quien picó la curiosidad que mató a otros gatos, acercándose a mí, aunque con cierta cautela inicial, para comprobar qué diablos hacía aquel humano con ese ojo tan grande en sus manos.

La aproximación la realizó en tres fases. Las dos primeras fueron con paso felino configuración depredador, aunque a quién iba a engañar el pobre si ni siquiera tenía mirada felina por estar casi ciego, debido a vete a saber qué afección en los ojos. En la tercera fase fue cuando se sentó y bostezó, quizá sintiéndose más cómodo y seguro al verme, no por encima, sino casi por debajo de su nivel.

Fue el bostezo que congelé lo que hace singular el instante, teniendo en cuenta sus circunstancias, pues el gato, debido a su aspecto, era más de inspirar lástima que simpatía.  En cambio, aquí está, con gesto simpático, optimista y distendido pese a sus circunstancias, una lección más que nos da la naturaleza.
Mereció la pena haberme tirado cuerpo a tierra para realizar la foto, pese a que apoyé la rodilla derecha, a pelo y con mis pelos, sobre una descomunal y fresca cagada de gaviota, otra lección más de la madre naturaleza, ésta bastante más ácida y repulsiva que la anterior… como la vida misma.

 


domingo, 14 de septiembre de 2014


OCHO MINUTOS Y DOCE SEGUNDOS.

Es un tema musical largo, intenso, como los recuerdos que me trae. Habrán pasado ya trece o catorce años, de cuando los tres de marras, Juanma, Nano y yo, fuimos a la presa del Hundidero, cerca de Montejaque (Provincia de Málaga)  para rapelar  los cerca de 70 metros de altura que tenía aquella malograda  obra de ingeniería que se comenzó en 1920 y se abandonó  en tiempos del fascista Franco en la década de los 50, una presa que jamás fue puesta en servicio porque el agua que se pretendía embalsar, se filtraba por la roca de naturaleza kárstica que flanqueaba la presa.

El caso, y a lo que voy, es que después de pasar una jornada intensa,  en contacto con la naturaleza y descargando adrenalina, llegó la hora de emprender el regreso a casa. Circulábamos por las sinuosas carreteras de la serranía de Ronda a bordo de mi añorado todo terreno, y puse en marcha el reproductor de CDs para tener música de fondo mientras conversábamos animosamente sobre la fantástica jornada que habíamos pasado juntos, lamentando que no pudiéramos repetirlo en más ocasiones de las que las malditas responsabilidades nos permitían.  Pero la charla enmudeció cuando alguien subió el volumen del reproductor y empezó a sonar este tema… “Same old blues”.


La carretera con sus curvas, parecía mecer el coche, cuyo motor enmudeció ante el lamento de la guitarra de Eric Clapton, Slowhand para los amigos. Fueron  ocho minutos y doce segundos que nos trasladaron a otra dimensión mientras caía la tarde y las sombras de los árboles se alargaban, fragmentando sus hojas, la luz en miles de destellos. Me dio la impresión de no haber estado conduciendo durante esos ocho minutos y doce segundos, para mí, que el Mitsu se condujo solo mientras mi mente se dispersó… Aquello fue la intemerata.

Cada vez que escucho este tema, el lamento de esa guitarra, que me transmite  incluso más que la voz de Eric y la letra se la canción, me traslado a aquel día, a ese pasado anhelado, a esos sublimes ocho minutos y doce segundos en los que puedo afirmar de manera categórica, que me sentí inmensamente feliz.

En la foto, de izquierda a derecha, los tres de marras… Juanma, Nano y el que suscribe.
 
 



sábado, 6 de septiembre de 2014


QUIEN A BUEN BOTE SE ARRIMA...

Quien a buen bote se arrima, buena sombra le cobija. No es exactamente así, pero resulta que este bote no daba para mucho más que para dar sombra a los perros orilleros.

La pesca ya no es lo que era, se pesca poco y mal… me dijo el pescador. Y continuó… La bahía está hecha unos zorros, con tantos residuos en sus aguas, diluidos y sin diluir, y además esquilmada por la pesca abusiva.  Apenas quedan caladeros, y los que quedan, están lejos y pertenecen a otros países que los administran con mano dura cobrándose la revancha por nuestros abusos en el pasado. Otros caladeros están infectados de piratas, aunque no se sabe quiénes  lo son más, si los de las chalupas que han cambiado las nasas por los Kalasnikov para secuestrar  barcos, o las flotas pesqueras de las multinacionales, que arrasan aquellos caladeros surtiendo de materia prima a los países pudientes para que confeccionen  sushi, sopas de aletas de tiburón y demás pachangas orientales tan de moda hoy en día. Y hablando de piratas, por aquí cerquita los tenemos también, los piratas de Gibraltar, que se dedican a piratería de otra variedad pero que también afecta a las pesqueras.

El pescador siguió con su monólogo… Tenemos que tirar los precios en las subastas, tanto, que sale más a cuenta vender las capturas de extranjis, que en las lonjas. Apenas nos llega para cubrir gastos y encima nos suben el gasóleo. Hay que remendar una y otra vez las artes, porque no podemos plantearnos comprar unas nuevas, y lo de llegar a final de mes nos suena a chiste. Entre tanto, el intermediario  cuadriplica   el valor de las capturas, convirtiendo nuestro trabajo honesto y sacrificado, en un ultraje para el consumidor de infantería, y en un capricho al alcance de unos pocos. Luego nos escupen en la cara que el pescado es caro.

Al linchamiento que sufrimos, se suman las administraciones. Nos crujen a impuestos, nos sancionan hasta por mear por la borda,  nos exigen licencias hasta para encender una cafetera, y nos obligan a realizar cursos para “cualificarnos”, a nosotros, que nacimos navegando y meamos agua de mar.  De modo que llega un listo, monta una academia auspiciada por la administración, de estas que se dedican a recibir subvenciones que luego acaban en las cuentas de los mangantes de turno, y con las cuatro perras que dejan para justificar los cursos, pretenden actualizar nuestros conocimientos que estarán avalados por un titulillo de mierda que no vale ni para tomar por sentina. Esta es la proa, esta es la popa y esto de la foto es un traje de supervivencia que ustedes no tendrán abordo en su puta vida, porque cuesta la mar de caro, pero si se hunden con su chalupa, podrán recordar lo bien que les habría venido tener uno… so desgraciados. Y en esas andamos compadre.

Así que he optado por retirarme y que el bote de mis desdichas se pudra a merced de las mareas, del viento de levante y del viento de poniente, aquí, en la marisma de la Casería de San Fernando. Que lo aprovechen los perros orilleros para descansar en su sombra o refugiarse del viento tumbaditos a sotavento.
Total, ya no procede ni hundirlo por cuestión de dignidad marinera, porque apenas lo intentes te piden los papeles de hundir botes, y la hemos cagado… capaces son de meternos en el penal de la Carraca por no cumplir las normas impuestas por los que roban a destajo y se van de rositas, de rositas de los mares en yates de lujo.
Hay que joderse compadre, hay que joderse.
 
 

martes, 2 de septiembre de 2014

SUEÑOS ROTOS (Dibujo digitalizado)

Partí de un dibujo que realicé a lápiz, y a partir de ahí todo derivó en un sinfín de capas para colorear, insertar elementos, generar efectos, y volverme loco reorganizando capas en PS. Me animó a la aventura mi sobrino Francisco, que se maneja bien en este territorio  y me sugirió que hiciera algo.

La base como digo, fue el dibujo a lápiz escaneado previamente, pero también tocó dibujar con el ratón utilizando la función pincel combinada con la tecla Mayúsculas, que permite trazar rectas y crear curvas uniendo pequeños segmentos, así como figuras geométricas que debidamente combinadas, dan lugar a otras formas.

 El tema es original, nacido del flujo de mis neuronas, y puede que tenga algún sentido, que signifique algo… al menos es lo que sugiere mi amada esposa que para eso está estudiando psicología, o mejor dicho, para eso me conoce mejor que nadie.

Probablemente tenga un significado, pero en principio no me lo planteé, simplemente di rienda suelta al lápiz, y luego a las aplicaciones del software de retoque fotográfico con el que también se puede dibujar.

Por lo demás, seguramente la cosa parecerá una especie de batiburrillo de técnicas, pero es lo que pasa cuando tienes que irlas descubriendo sobre la marcha, no es más que el sino del autodidacta.