El presidente oscuro lo ha decidido: los adeptos incondicionales a los diferentes partidos y las almas cándidas que no distinguen entre democracia y partitocracia, quedan emplazados para votar el 29 de noviembre. Podrán elegir entre cubos de basura de distinto color, los habituales rojos, azules y verdes de la basura mayoritaria, y otros cubos de colorines aún por decidir, si es que se ponen de acuerdo. Además, se abre la veda para el insulto a discreción, esto es: “zurdos de mierda” “fachas pobres” “me gusta la fruta” “cayetanos” “charos” etc. Ahí, a partirse el pecho por sus amados líderes con la burda réplica del tú más como si no hubiera un mañana. A ser cómplices con el propio engranaje que despoja a la ciudadanía de una representación real.
Pero al igual que los reyes magos son los padres, tengo claro que el problema de la vivienda lo va a arreglar un romano, para más señas, Marco Vitruvio Polión, que era un arquitecto cojonudo con el inconveniente de que la palmó hace 22 siglos. Es decir, el problema de la vivienda se va a arreglar un carajo.
Hala, a ensayar la introducción de la papeleta en el cubo de basura,
malditos bastardos, que estoy loco por ver cómo van a aflorar por doquier los
rascacielos de renta social, un millón nada menos, a doscientos pavos el
alquiler y con el regalo de una mascota para incrementar la manada, así, en un
chasquido de dedos ¡chác, chác! o como cojones sea la onomatopeya.